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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

| 2014 Partie 2 - Etudes analytiques

Christine Orobitg

La inversión de los paradigmas masculino / femenino en la poesía lírica de Francisco de la Torre

Article

Notre travail se propose d’analyser comment la poésie de F. de la Torre inverse les paradigmes du masculin et du féminin pour créer un univers poétique original, régi par l'absence, la nuit et le froid, et où le sujet poétique masculin s'identifie à des êtres féminins caractérisés par la faiblesse, le manque, la viduité. Le traitement des paradigmes masculin/ féminin dans la poésie de F. de la Torre pose aussi la question de la relation que cette écriture entretient avec les modèles, les codes culturels et littéraires -issus, pour la plupart, du pétrarquisme- et, par conséquent, la question de la réécriture. Enfin, ces jeux d'inversion du masculin et du féminin peuvent être reliés à l'antithèse qui oppose le genre lyrique au genre épique: en prenant ses distances vis-à-vis des codes et du cosmos épique, dominé par les représentations viriles et solaires, F. de la Torre choisit de dignifier le lyrisme et crée un univers poétique personnel, intimiste, nocturne, où règnent les représentations de la féminité.

Our contribution explores how the poetry of F. de la Torre inverts the paradigms of masculinity and femininity to create an original literary universe, dominated by night and cold, where the masculine poetic voice is identified with female beings characterized by weakness, lack, widowhood. The treatment of the paradigms masculine / feminine in the poetry of F. de la Torre also raises the question of its relationship with the literary models and codes – derived, for the most part, from Petrarchism - and, therefore, the question of rewriting. Finally, the inversion of masculine and feminine paradigms may be related to the antithesis between lyric and epic: rejecting the codes of epic, dominated by virile and solar representations, F. de la Torre dignifies the lyricism and creates a personal poetic world, where reign representations of night, intimate and feminity.

Estudiaremos en nuestro trabajo cómo la poesía de F. de la Torre invierte los paradigmas de lo masculino y femenino, para crear un universo poético original, en que reinan la ausencia, la noche y el frío, y en que el sujeto poético masculino se identifica con seres femeninos, que simbolizan la flaqueza, la ausencia, la viudez. El tratamiento de los paradigmas masculino/ femenino en la poesía de F. de la Torre plantea asimismo la cuestión de la relación con los modelos, los códigos culturales y literarios –procedentes, en su mayor parte, del petrarquismo– y por ende, la cuestión de la reescritura. Por fin, estos juegos de inversión de lo masculino y lo femenino pueden ser relacionados con la antítesis que opone la épica a la lírica: alejándose de los códigos del cosmos épico, en que dominan las representaciones viriles y solares, F. de la Torre opta por dignificar el lirismo y crea un universo poético personal, intimista, nocturno, en que dominan las representaciones de la feminidad.

Texte intégral

  • 1 Obras del bachiller Francisco de la Torre, Madrid: Imp...

  • 2 Soledad Pérez Abadín Barro, «Francisco de la Torre, un...

  • 3 Luis José Velázquez, Poesías que publicó D. Francisco ...

  • 4 Soledad Pérez-Abadín Barro, «Un nuevo dato sobre Franc...

  • 5 Nicolás Antonio, Bibliotheca Hispana Nova, ed. facsími...

1Poco se sabe de Francisco de la Torre, salvo que su obra fue editada por Quevedo en 1631, en el marco de la polémica antigongorina1. El manuscrito que contiene sus poesías obtuvo la licencia de impresión el 19 de marzo de 15882. La falta de informaciones sobre nuestro poeta ha engendrado las conjeturas más variadas sobre su identidad y biografía. Luis José Velázquez consideraba que F. de la Torre era un seudónimo de circunstancia adoptado por Quevedo (quien comparte el mismo nombre que nuestro poeta) pero dicha hipótesis fue rebatida por Fernando Allué y Morer. Adolphe Coster consideró, por su parte, que el nombre de F. de la Torre era un seudónimo de Juan de Almeida, rico y culto rector de la Universidad de Salamanca; James Fitzmaurice-Kelly y Narciso Alonso Cortés suponen que Lope y F. de la Torre se conocieron; Antonio Rodríguez Moñino afirma que, según sus cálculos, F. de la Torre debía tener 54 años en 1588; Jorge de Sena afirma, por su parte, que F. de la Torre nació entre 1530 y 1535, y que su nombre sería el seudónimo de Miguel Termón; Alberto Blecua sitúa la producción literaria de nuestro poeta en los años 1570-1580; Antonio Blanco Sánchez lo identifica con un jesuita, nacido en 1521 y muerto en 1583; por fin, Antonio Alatorre identifica a nuestro poeta con un Francisco de la Torre nacido en Santa Fe de Bogotá3. El permiso de imprimir, hallado por Soledad Pérez-Abadín Barro en el Archivo General de Simancas expone que F. de la Torre era «vecino de Salamanca»4. La adscripción a la patria salmantina es asimismo confirmada por Lope, y Nicolás Antonio5.

  • 6 Francisco de la Torre, Poesía completa, ed. de María L...

  • 7 María Luisa Cerrón Puga, En busca del poeta perdido, p...

2Algunas de las hipótesis más convincentes sobre el entorno cultural de F. de la Torre han sido formuladas por María Luisa Cerrón Puga, a quien debemos la moderna edición de sus textos6. Esta rechaza la tesis del seudónimo, sitúa la redacción de los poemas entre 1553 y 1572, y afirma la pertenencia del autor al círculo salmantino constituido alrededor de Juan de Almeida, Francisco Sánchez de las Brozas, y Fray Luis de León7.

  • 8 Soledad Pérez-Abadín, «Francisco de la Torre, un proye...

3Como María Luisa Cerrón Puga, Soledad Pérez-Abadín Barro descarta definitivamente la tesis del seudónimo e invita a recentrarse en los pocos datos de que disponemos, subrayando que, lo único que se puede afirmar, de momento, es que el proceso editorial que hubiera debido culminar en la impresión de las obras de F. de la Torre (y en el cual el permiso de impresión de 1588 es una de las etapas claves), se vio interrumpido por razones que todavía se desconocen, siendo reanudado, en 1631, por Quevedo8.

  • 9 F. de la Torre, Poesía completa, introd. de María Luis...

4No se sabe si nuestro poeta pudo viajar a Italia pero en todo caso Italia viajó hacia él, a través de las numerosas antologías poéticas, publicadas en Venecia –como la de Gabriel Giolito de Ferrari–, cuya huella es visible en su poesía9.

  • 10 Gethin Hughes, The Poetry of Francisco de la Torre, T...

5Aunque Lope lo equipara con Garcilaso (Laurel de Apolo, silva III, v. 526-529: «humíllense las cumbres del Parnaso/ al divino Francisco de la Torre,/ celebrado del mismo Garcilaso,/ a cuyo lado dignamente corre»), la poesía de Francisco de la Torre ha suscitado poco interés por parte de la crítica. Fuera del estudio de Gethin Hughes y de las páginas introductorias que María Luisa Cerrón Puga le concede en su edición crítica, en que señala los vínculos de filiación que la poesía de nuestro autor mantiene con el petrarquismo italiano10, la crítica se ha interesado esencialmente por la cuestión de su identidad.

6No se trata aquí de escarbar en los misterios de su biografía, ni de estudiar las fuentes de su poesía, en su mayoría identificadas por María Luisa Cerrón Puga en su edición crítica. Nuestro trabajo se propone estudiar cómo la poesía de F. de la Torre invierte los paradigmas de lo masculino y femenino, para crear un universo poético profundamente personal. También será interesante analizar lo que implican estos juegos de inversión de lo masculino y de lo femenino. Aunque nos situamos claramente aquí en el dominio de la hipótesis, no deja de ser fecundo relacionar la antítesis de lo masculino y de lo femenino que habita el universo poético de F. de la Torre con la antítesis de la épica y la lírica. Creador de un cosmos poético original, en que el yo poético se adscribe a la esfera femenina, F. de la Torre invierte los valores y modelos poéticos, se aleja del canon épico, rico en representaciones viriles y solares, para dignificar el lirismo, optando por una poesía intimista, nocturna, en que dominan las representaciones relacionadas con lo femenino. Por fin, el tratamiento de los paradigmas masculino y femenino en la poesía de F. de la Torre plantea asimismo la cuestión de la relación con los modelos, los códigos culturales y literarios –procedentes, en su mayor parte, del petrarquismo– y por ende, la cuestión de la reescritura.

La inversión de lo masculino y lo femenino en la poesía de F. de la Torre: feminización del yo poético y masculinización de la dama

  • 11 Elena Santos, «Transformación de un tópico en F. de l...

7La crítica Elena Santos subraya que la poesía de F. de la Torre se caracteriza por una actitud de debilidad y pasividad: «Se queja [F. de la Torre], una vez más, de la dicha perdida, con la constante postura negativa, pasiva que le caracteriza, actitud de víctima suplicante, que resulta en algunos poemas imagen de debilidad». Y añade: «no se encuentra [en la obra de F. de la Torre] casi nunca un rasgo de rebeldía, de fuerza»11.

8Pero lejos de considerar dicha flaqueza como un defecto, es interesante relacionarla con el uso de los paradigmas masculino/femenino, que se revela particularmente original en la poesía de nuestro autor. En efecto, de manera tan notable como personal para la época, F. de la Torre invierte en su escritura poética los paradigmas de lo masculino y de lo femenino, feminizando al yo poético –voz poética masculina que, de acuerdo con los códigos literarios petrarquistas, corteja a una dama o pastora, desdeñosa, ausente y lejana– y masculinizando al , a la dama amada, deseada y requerida, destinataria de los poemas.

Una dama solar, guerrera, activa y agresiva

  • 12 F. de la Torre, Poesía completa, op. cit., p. 75.

9De la Torre se inscribe en la tradición petrarquista para usarla de manera personal y luego alejarse de ella. Verdadero tópico del petrarquismo, el tema de la dama solar o dama sol es ampliamente utilizado por nuestro poeta. El soneto II del Libro I compara la llegada de la dama a la aparición del sol12 y, de manera similar, en la Égloga VIII de La Bucólica del Tajo, Lícida y Fílida son asimiladas al sol:

  • 13 F. de la Torre, La Bucólica del Tajo, en Poesía compl...

Lícida mía, más que el Sol hermosa
Fílida mía, más resplandeciente
que al salir del Oriente la mañana.13

10Pero la poesía de F. de la Torre va más allá del tópico. En ella, la dama solar se ve dotada de una serie de atributos masculinos y representada como un ser poderoso, agresivo, virilizado, que hiere al yo con dardos, picas y saetas. Así, los sonetos XIII y XXVIII del Libro I describen a la dama como un potente sol cuyos rayos, asimilados a afilados dardos, traspasan a un yo poético que «huye», se doblega y se somete ante la arrolladora potencia de la dama:

  • 14 F. de la Torre, op. cit, p. 92.

Arrebató mi pensamiento altivo
una visión del cielo soberano,
y herido de un ardiente rayo humano,
huyó del fuego deshonrado y vivo.
14

11Caracterizada por la luz, el fuego, la energía, la dama sol vence y aniquila al yo poético:

  • 15 F. de la Torre, ibid., p. 125.

Con cuyos encendidos rayos rojos
traspasando mi vista deseosa
hasta donde su propio ser reposa,
furiosa rinde todos mis despojos.
15

  • 16 F. de la Torre, ibid., p. 87.

12En otros poemas, el amor es una guerra en la que el yo, flaco y endeble, se rinde ante una dama solar, dominadora y victoriosa. El soneto X del Libro I escenifica un «real de amor desbaratado/ de rotas armas y despojos lleno» en el cual la dama es una guerrera agresiva y triunfante, un «enemigo vencedor amado»16.

  • 17 Ver al respecto el repertorio de María del Pilar Mane...

13Estas imágenes encuentran su origen en los tópicos, medievales y corteses, recuperados por la lírica petrarquista, de la «guerra de amor», de la dama guerrera17. Pero F. de la Torre no se limita a una mera repetición de motivos literarios heredados: al contrario, en la poesía de nuestro autor, estas imágenes se repiten hasta adquirir un carácter sistemático y formar una cosmogonía original en la que se invierten los atributos, masculinos y femeninos, del yo poético y de la dama amada. El yo poético se ve dotado de una serie de características tradicionalmente consideradas como femeninas –pasividad, flaqueza, frialdad– mientras que a la dama corresponde una esfera masculina, rica en representaciones viriles de acción, calor, luz y agresividad.

Los dobles femeninos del yo poético

14De manera no menos reveladora, el yo poético masculino, enunciador del poema, se asimila a una serie de seres femeninos, que se diseñan como confidentes y, sobre todo, como dobles literarios y verdaderos alter ego del sujeto lírico.

  • 18 Sobre el topos de la tórtola viuda: María Rosa Lida d...

15La delicada y dulce tórtola se identifica como una transposición poética del yo 18. El poeta se dirige a ella y le dedica la Canción 1 del Libro I:

  • 19 F. de la Torre, op. cit., p. 109.

Tórtola solitaria, que llorando
tu bien pasado, y tu dolor presente,
ensordeces la selva con gemidos;
cuyo ánimo doliente
se mitiga penando
bienes asegurados, y perdidos:

si inclinas los oídos
a las piadosas y dolientes quejas
de un espíritu amargo
(breve consuelo de un dolor tan largo)

con quien, amarga soledad, me aquejas,
yo con tu compañía
y acaso a ti te aliviará la mía.
19

  • 20 F. de la Torre, ibid., p. 195 y 205.

16La tórtola viuda aparece asimismo en otros dos poemas. La mitad de la Endecha II del Libro II está dedicada a la «Tórtola cuitada / que el montero fiero / le quitó la gloria / de su compañero», compañera y doble poético del pastor que se lamenta a orillas del Duero. La Endecha VIII del Libro III se dirige, por su parte a la «Viuda sin ventura, / tórtola cuitada, / mustia y asombrada / de una muerte dura», que aparece caracterizada como confidente y proyección literaria del yo 20.

17El sujeto lírico también se identifica con la yedra viuda, que ha sido arrancada del árbol y cuya pérdida llora. Enteramente dedicada a este tema, la Canción 1 del Libro II invierte las categorías de lo masculino y lo femenino, asociando el yo poético a la frágil yedra, y la dama perdida al robusto tronco que la sostenía:

  • 21 Francisco de la Torre, ibid., p. 150.

Verde y eterna yedra,
viuda y deslazada
de las ramas del olmo, honor del prado;
a la desierta piedra
del yerto monte dada;
tu bellísimo tronco en flor cortado:
si del dichoso estado
en que un tiempo viviste,
conserva la memoria
algún rastro de gloria
en la dureza deste crudo y triste,
lloremos juntamente
tu bien pasado y tu dolor presente.
21

  • 22 Sobre el tema de la yedra entrelazada al roble (o la ...

18De nuevo, nuestro texto se sitúa en la problemática de la reescritura, de la imitatio-emulatio, creando, a partir de los tópicos, su propio espacio de originalidad. En la pareja roble / yedra (u olmo / vid) heredada de la tradición poética22, nuestro poeta hubiera podido escoger el roble. Pero el yo poético no se identifica al fuerte árbol, orgullosamente erguido, imagen de virilidad triunfante, sino que se asimila a la tierna y femenina yedra. La dama se ve asociada a la verticalidad del árbol, mientras que el yo entra en correspondencia con la horizontalidad de la yedra, esparcida por el suelo:

  • 23 Francisco de la Torre, op. cit., p. 150.

Lloremos, desdichada,
lágrimas piadosas,
pues le place por tu mal al Cielo.
Tú, por la tierra echada,
yerbas, que sin honor produce el suelo,
muestras tu desconsuelo
no levantando arriba
la corona gloriosa,
con quien la cumbre hermosa,
vencida y humillada, vivió altiva.
23

  • 24 Sobre el ciervo: Maria Rosa Lida de Malkiel, La tradi...

19La cierva herida es otro de los dobles poéticos del yo. Una vez más, la imagen encuentra su origen en el legado literario: procedente de la tradición grecolatina, es empleada por la poesía petrarquista italiana24. Pero F. de la Torre feminiza la imagen. El Canzionere de Petrarca asimila el yo poético a un ciervo (y no a una cierva):

Et qual cervo ferito di saetta,
col ferro avelenato dentr'al fianco,
fugge, et più duolsi quanto più s'affretta,
tal io, (…). (Petrarca,
Canzionere, 209, v.9-12)

et in un cervo solitario et vago
di selva in selva ratto mi transformo. (Petrarca,
Canzionere, 23, v.157-158)

20En cambio, en F. de la Torre, el ciervo es siempre cierva. A ella dedica nuestro poeta toda la Canción II del Libro II:

  • 25 Francisco de la Torre, op. cit., p. 166.

Doliente cierva, que el herido lado
de ponzoñosa y cruda hierba lleno,
buscas la agua de la fuente pura
con el cansado aliento y con el seno
bello de la corriente sangre hinchado;
débil y descaída tu hermosura.
25

21En el soneto XXXI del Libro II, la voz poética masculina que corteja a la dama es comparada con la cierva herida y desangrada, que busca el agua:

  • 26 F. de la Torre, ibid., p. 189.

Filis, no busca desangrada cierva
con más ardor el agua, cuya pura
vena mitiga el fuego que la dura
flecha del cazador llevó en la hierba,
como mi alma a ti.
26

22El mismo motivo poético reaparece en la Oda IV del Libro I:

  • 27 F. de la Torre, ibid., p. 103.

¿Viste, Filis, herida
cierva de la saeta, que temiendo
nuevo daño, la vida
cara pierde vertiendo
la roja sangre que dilata huyendo?
27,

  • 28 F. de la Torre, ibid., p. 205 y 258-259.

23en la Endecha VII del Libro III («llora Filomena/ cierva herida brama») y en la Égloga V de la Bucólica del Tajo 28.

24Como en los poemas dedicados a la yedra mustia y viuda, el poeta insiste en todos estos textos en la debilidad de la cierva herida, destinataria del poema y doble poético del yo. La cierva no le interesa sólo como herencia literaria, sino como representante, encarnación privilegiada de cierta feminidad, flaca y frágil, con la cual la voz poética se identifica.

25Todas estas imágenes cobran sentido en sí mismas, pero también en la relación que mantienen unas con otras, formando una verdadera red de significación, un universo poético estructurado por la antítesis fundamental de lo masculino y lo femenino, universo en el cual la voz poética masculina se atribuye la esfera femenina. Mientras la dama es fuerte árbol, o sol potente y ardiente, que brilla en lo alto del cielo, el yo poético se asimila a la yedra que se arrastra, oscura y lánguida, por el suelo. Mientras la dama es guerrera, bélica cazadora, arrojadora de picos y saetas, el yo se equipara con la cierva herida y exhausta, que rinde sus últimos suspiros.

26La creación de dos cosmos contrapuestos –un cosmos masculino, de luz, calor, sol y agresividad, atribuido a la dama, y un cosmos femenino, de flaqueza y pasividad, atribuido al yo poético– se prolonga en la creación de un paisaje poético original.

La construcción de un paisaje poético original

27La poesía de Francisco de la Torre sobresale asimismo por la creación de un universo poético muy personal. Tomando sus distancias respecto a los cánones del tradicional locus amoenus, heredado de Horacio o Virgilio, y encarnado de manera modélica, en la España de la segunda mitad del siglo xvi, por las églogas garcilasianas, Francisco de la Torre pone en escena, en numerosos textos, un paisaje nocturno e invernal, dominado por el frío, la noche y la luna.

La noche y la temática nocturna

28La poesía de F. de la Torre revela una verdadera fascinación por la noche, a la que dedica numerosísimos poemas, como los sonetos VII, XVI, XX del Libro I. La noche también es tema privilegiado del soneto XV del Libro II y de la Endecha IX del Libro III:

  • 29 F. de la Torre, ibid., p. 211.

Sombra de la tierra,
noche tenebrosa,
cuyo fin reposa
mi afanada guerra.
29

29Como la cierva, la tórtola o la yedra, la noche es destinataria del poema, cómplice y confidente del yo. Aunque algunos poemas, como el soneto XXXII del Libro II o la Endecha VI del Libro III, evocan las estrellas, la noche de F. de la Torre es con frecuencia una noche oscura y turbia:

  • 30 F. de la Torre, ibid., p. 95.

Turbia y escura Noche, que el sereno
cerco del cielo tienes escondido,
el mar revuelto, el suelo entristecido,
y el aire de noturnos monstruos lleno.
30

  • 31 F. de la Torre, ibid., p. 102.

[…] ¡Cuántas llena
de escuridad y espanto la serena
mansedumbre del cielo me has turbado!
31

  • 32 Sobre el « nocturnismo », Claude-Gilbert Dubois, Le m...

30La omnipresencia de la noche puede ser relacionada con el manierismo32, pero es interesante considerar que la noche y la temática nocturna entran en resonancia con otras representaciones recurrentes de universo poético de F. de la Torre, como el frío, el invierno, la ausencia de la dama-sol.

El frío y la temática invernal

  • 33 F. de la Torre, op. cit., p. 147 y 261.

31Lejos de la dama-sol, la voz poética masculina se ubica en un paisaje nocturno y helado. Varios poemas de F. de la Torre, como el soneto 11del Libro II o la Égloga VI evocan el «monte yerto», la «montaña yerta», o la «helada, yerta sierra endurecida»33.

32Aunque la Bucólica del Tajo se inscribe más en la tradición de la égloga, construyendo espacios que siguen, grosso modo, las pautas del locus amoenus, los paisajes de F. de la Torre destacan, al contrario, por su hostilidad, su esterilidad, su temática invernal. El locus amoenus horaciano, virgiliano o garcilasiano se troca en locus horridus, hecho de ausencia, de carencia. En el Libro III, la Endecha III está enteramente dedicada al invierno:

  • 34 F. de la Torre, ibid., p. 197.

Riguroso invierno
cuya faz nevada
tiene deshojada
la del campo tierno;
cuyas blancas sienes
de color nevado
me han a mí turbado
mil serenos bienes.
34

33El poeta siente una predilección particular hacia los paisajes invernales, inmóviles, «yertos», poblados de vegetales mustios y de flores marchitas. Así, por ejemplo, la Oda I del Libro I describe las flores y árboles ajados por el frío invierno:

  • 35 F. de la Torre, ibid., p. 82-83.

Aquellas despojadas
plantas, que son estériles abrojos
solían adornadas,
de cárdenos y rojos
ramos lucir ante tus bellos ojos.
Vino del Austro frío
invierno yerto, y abrasó la hermosa
gloria del valle umbrío
y derribó la hojosa
corona de árboles umbrosa.
35

34Como la canción dedicada a la yedra, los poemas sobre el invierno abundan en imágenes que expresan la caída, la flaqueza, la horizontalidad, oponiéndose al universo de la dama, hecho de sol, luz, energía, calor y verticalidad.

Un espacio de características femeninas: frío, pasividad, flaqueza y nocturnidad en el sistema de representación

35Las características del universo al que se acoge el yo poético masculino, son, en el sistema de representación áureo, claramente identificadas con el paradigma femenino. No insistiremos aquí en los vínculos entre luna y feminidad, suficientemente evidentes y bien conocidos. Recordaremos en cambio los vínculos que existen, en el sistema de representación, entre el frío, la noche, la flaqueza, la pasividad, la inmovilidad, y el paradigma femenino.

  • 36 Juan Pérez de Moya, Filosofía secreta, ed. de Carlos ...

36La noche es percibida como femenina. Mientras el día es asimilado a Apolo, a la fuerza viril y solar, la noche aparece en el sustrato cultural áureo como un universo que ostenta características femeninas como la ausencia de luz, de calor y energía. Y como lo expone Juan Pérez de Moya, la Noche es mujer, es divinidad femenina: «píntanla vestida de negro y con tetas negras», asimilada al frío y a la humedad («llamóse Noche a nocendo, que quiere decir dañar, porque la humedad de la noche es dañosa a los hombres; lo cual parece claro en los que tienen sarna o calenturas, o otras enfermedades, las cuales se agravan y fatigan más de noche que de día»)36.

  • 37 Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios, ed. de G...

  • 38 Ver sobre el tema: Aristóteles, De la generación de l...

  • 39 Christian Andrés, «La nature de la femme: Aristote, T...

37El frío y más allá, la pasividad y flaqueza aparecen como rasgos característicos de la feminidad. Según Huarte, la complexión femenina es naturalmente fría y húmeda mientras que la del hombre es caliente y seca: «Por donde tengo por cierto, y es imposible, ninguna mujer ser templada ni caliente: todas son frías y húmidas»37. Estas representaciones entran en confluencia con la física aristotélica –teorizada en el De la generación de los animales– que define al hombre como principio activo y motor, siendo la mujer materia pasiva, inmóvil, ser imperfecto y, por vía de consecuencia, ser incompleto, flaco e inferior al hombre38. Aristóteles extiende estas ideas al universo entero, exponiendo que la tierra es femenina, es decir, pasiva y material, mientras que el cielo y el sol son masculinos39. Como bien se ve, la visión del mundo clásica y áurea asimila el sol, la actividad, el calor, la fuerza y la verticalidad al paradigma masculino, mientras que la mujer, pasiva, húmeda y fría, es asimilada a la Luna, al universo nocturno, a la oscuridad, a la materia, a la horizontalidad y a la incompletud.

La reivindicación del frío, el invierno y la noche

38Profundamente original, el universo poético de F. de la Torre encuentra su explicación y su coherencia en la temática de la ausencia, que se revela polisémica. En efecto, la ausencia de la dama –lejana o cruel, que desdeña los requerimientos del yo poético– se ramifica en una multitud de otras ausencias: ausencia de sol, de calor, de vigor, de energía productiva, que desembocan en un espacio poético marcado por la esterilidad, el frío y la noche.

39Pero lo original es que este cosmos nocturno e invernal no es sólo deplorado –de acuerdo con los códigos de la tradición petrarquista–, sino también asumido y escogido por la voz poética. Lejos de añorar los espacios solares y cálidos del locus amoenus, el yo poético reivindica este universo hecho de ausencia, flaqueza y esterilidad, como propiamente suyo. Como la tierna cierva, como la tórtola viuda o la flaca yedra privada de su árbol, el invierno es cómplice, protector del yo y destinatario de la queja lírica:

  • 40 F. de la Torre, op. cit., Libro III, Endecha III, p. 197

Riguroso invierno,
[…] A ti sólo agora
me vuelvo llorando,
que si te hallo blando
todo se mejora.40

40De la misma manera, la noche y la oscuridad se convierten en un universo escogido y reivindicado. Incluso la noche más tenebrosa no aparece exenta de cierta belleza, exaltada por la Endecha IX:

  • 41 F. de la Torre, ibid., Libro III, Endecha IX, p. 211.

Sombra de la tierra,
Noche tenebrosa,
cuyo fin reposa
mi afanada guerra.
Tú que acompañada
del coro luciente
de la Luna ardiente
sales ofuscada,
y entre las tinieblas
de tu cara escura
muestras la hermosura
de tus turbias nieblas.
41

  • 42 F. de la Torre, ibid., Libro II, soneto XV, p. 158.

41A diferencia del «enemigo día»42, la noche es acogedora, protectora, amiga:

  • 43 F. de la Torre, ibid., Libro I, soneto VII, p. 81.

Enciende ya las lámparas del cielo,
amiga y esperada Noche, en tanto
que un voto, un sacrificio, un altar santo
te consagra Damón con puro celo.
43

  • 44 F. de la Torre, ibid., Libro I, soneto XX, p. 102.

¡Cuántas veces me has engalanado,
clara y amiga Noche! […].
44

42La escritura poética se convierte en himno a la noche, cuya amenidad se expresa a través de una imagen recurrente, la del manto protector:

  • 45 F. de la Torre, ibid., La Bucólica del Tajo, Égloga V...

La noche amiga que el silencio eterno,
con los dobleces de su manto tiende
en los ya graves ojos de la tierra,
las luminarias del Olimpo enciende.
45

Ellas [las estrellas] saben amar, y saben ellas
que he contado su mal llorando el mío
envuelto en los dobleces de tu manto.

  • 46 F. de la Torre, ibid., Libro I, soneto XX, p. 102.

Tú, con mil ojos, Noche, mis querellas
oye y esconde; pues mi marago llanto
es fruto inútil que al amor envío.
46

43El soneto XV del Libro II muestra bien esta inversión de mundos, modelos y valores. En él, el día, universo solar y apoliniano de luz y energía viril, es «enemigo», mientras que la femenina noche, es «amiga», destinataria y tierna protectora de la palabra poética del yo:

Noche, que en tu amoroso y dulce olvido
escondes y entretienes los cuidados
del enemigo día; y los pasados
trabajos recompensas al sentido.

Tú que de mi dolor me has conducido
a contemplarte, y contemplar mis hados,
enemigos y ahora conjurados
contra un hombre del cielo perseguido:

  • 47 F. de la Torre, ibid., Libro II, soneto XV, p. 158.

así las claras lámparas del cielo
siempre te alumbren, y tu amiga frente
de beleño y de ciprés tengas ceñida.
47

44En el último terceto, el sujeto poético rechaza el sol, haciendo de la noche su confidente y su territorio predilecto:

  • 48 F. de la Torre, ibid., Libro II, soneto XV, p. 158.

Que no vierta su luz en este suelo
el claro Sol mientras me quejo, ausente
de mi pasión. Bien sabes tú mi vida.
48

45Finalmente, lejos de ser hostiles, la noche, el invierno, la oscuridad, se hacen acogedores. Estos espacios marcados por la ausencia (ausencia de la dama, que se traduce, poéticamente, en ausencia de sol, luz y calor) se convierten finalmente en territorios poéticos de la voz lírica masculina, que se los apropia, de la misma manera que se reconoce en los seres femeninos –cierva, yedra, tórtola– marcados por la pérdida, la flaqueza, la humildad.

Universo épico vs universo lírico: la rehabilitación del lirismo

  • 49 Francisca Aramburu, El héroe y el cosmos, Murcia, Uni...

46Podemos interrogarnos, finalmente, sobre las posibles implicaciones de esta inversión de valores, de universos y de esferas. En un convincente ensayo dedicado a la poesía épica francesa y, en particular a la Chanson de Roland, Francisca Aramburu subraya la importancia de la blancura, del brillo, de la temática solar y de la verticalidad en la construcción del héroe épico y del universo épico. La poesía épica –considerada, en la jerarquía de los estilos, como el género superior, el reino del estilo sublime– se caracteriza por una «supervaloración de lo luminoso» y en ella, «lo luminoso es sinónimo de bello»49.

47Al cosmos épico –cosmos masculino, armado y viril, caracterizado por la verticalidad, el sol, y la luz–, F. de la Torre opone un universo personal en el cual dominan nocturnidad, feminidad, flaqueza, horizontalidad y humilitas. La Canción I del Libro II evoca a la yedra, verdadero doble poético del yo, que, arrancada del fuerte roble que la sostenía, se arrastra por el suelo (humus):

  • 50 F. de la Torre, Poesía completa, op. cit, II, Canción...

Agora, derribada
con tus hojas enlazas
la seca tierra que tu bien encierra.
50

  • 51 Fernando de Herrera, Anotaciones, en Garcilaso de la V...

48Este universo que se alza como alternativa y sustituto del modelo épico es el universo del lirismo. La poesía lírica fue, en sus orígenes, considerada como un género inferior, humilde, es decir cercano al humus, a la materia inferior, oscura y femenina que constituye, según el De generatione animalium aristotélico, el origen de las cosas. Herrera subraya en sus Anotaciones a Garcilaso, la inferioridad de la lírica ante la épica («Después de la majestad heroica dieron los antiguos el segundo lugar a la nobleza lírica, poema nacido para alabanzas y narraciones de cosas hechas, deleites y convites») y recuerda que la jerarquía de estilos heredada de la Antigüedad consideraba la poesía lírica como un género bajo, humilde, oscuro, caracterizado, según Herrera, por «viles y abatidas consideraciones»51. Lo mismo resalta López Pinciano, quien identifica el estilo lírico a la bajeza del ditirambo y de la zarabanda. La lírica trata de «cosas acá menos levantadas»:

 El Pinciano dixo: Por lo que he oydo, dithirámbica, zarabanda y lírica todo es una misma cosa.

  • 52 Alonso López Pinciano, Philosophía Antigua Poética, ed...

En lo essencial, que es la forma dicha de la imitación con los tres géneros, no ay duda alguna respondió Fadrique, sino que todas los piden o consienten; mas diferéncianse en la materia de que tratan, poque la dithirámbica trata de los loores de Baco, y la zarabanda, de los exercicios de Venus, y la lírica dexa a los dioses y trata de cosas acá menos levantadas […]; y la lírica trata otras cosas varias humanas, las cuales son su materia, ansí como amores, rencillas, combites, contiendas, votos, exhortaciones, alabanças de la templança y de hechos dignos, canciones, pretensiones, negocios y cosas desta manera.52

49Considerada en sus inicios como inferior, la lírica cobra en el Renacimiento una nueva dignidad, gracias a la relevancia y al peso de nuevos modelos: Petrarca, los petrarquistas italianos y, en España, Garcilaso, príncipe de los poetas, abundantemente glosado y erigido en modelo a partir de 1570 gracias a las ediciones comentadas de Francisco Sánchez de las Brozas, el Brocense (Obras del excelente poeta Garcilaso de la Vega. Con anotaciones y enmiendas de..., Salamanca, 1574), y la de Fernando de Herrera (Obras de Garcilaso de la Vega con anotaciones de..., Sevilla, 1580).

50El universo de Francisco de la Torre, profundamente original por la importancia que concede a la noche, a la flaqueza, a lo femenino, puede y debe relacionarse con el auge y la nueva valoración del lirismo. A los paradigmas épicos de luz, masculinidad, fuerza militar y verticalidad, F. de la Torre sustituye otros paradigmas y otra forma de heroísmo: el de la lírica y de la palabra poética.

Conclusión

  • 53 M.L. Cerrón Puga, introd. a F. de la Torre, Poesía co...

51La poesía de F. de la Torre se inscribe claramente en una perspectiva de imitatio respecto al petrarquismo –en particular, respecto al petrarquismo italiano– pero la presencia y la operatividad de los modelos italianos no impiden la elaboración de una voz lírica personal y de un universo poético original. Como bien lo formula M. L. Cerrón Puga, «un Aldana, un Figueroa, un Francisco de la Torre no tienen parangón con la mayoría de los petrarquistas italianos pues son mucho mejores, son poetas antes que petrarquistas, o poetas y petrarquistas; supieron apropiarse del código lingüístico pero no para supeditarse a él sino para todo lo contrario, para desviarse de la norma y hacer avanzar así la cadena literaria»53.

52Sin dejar de lado los modelos italianos que tanto le inspiran, F. de la Torre crea un universo literario original, en que la inversión de los atributos masculinos y femeninos, el diseño de un espacio poético en que la presencia y la operatividad de elementos relacionados con el paradigma femenino –la noche, el frío, la luna– ocupa un espacio esencial.

53Por fin, más allá de las deudas literarias, la poesía de F. de la Torre, al insistir en la importancia de la queja, la carencia, la flaqueza –expresadas de manera privilegiada mediante un conjunto de referentes femeninos–, sugiere que la palabra poética no puede formularse en la abundancia, en la presencia, sino en la ausencia, la incompletud, la insatisfacción, en una perpetua tensión hacia un espacio de plenitud tan lejano como deseado.

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Notes

1 Obras del bachiller Francisco de la Torre, Madrid: Imprenta del Reino, a costa de Domingo González, mercader de libros, 1631. Sobre el uso, por Quevedo, de la poesía de F. de la Torre en la controversia antigongorina: Peter M. Komanecky, «Quevedo’s notes on Herrera: the involvement of Francisco de la Torre in the controversy over Góngora», Bulletin of Hispanic Studies, 52, 1975, p. 123-133.

2 Soledad Pérez Abadín Barro, «Francisco de la Torre, un proyecto editorial frustrado», Criticón, 90, 2004, p. 5-33.

3 Luis José Velázquez, Poesías que publicó D. Francisco de Quevedo y Villegas (...) con el nombre de Bachiller Francisco de la Torre. Añádese en esta segunda edición un discurso en que se descubre ser el verdadero autor el mismo don Francisco de Quevedo, Madrid: Imprenta de Música de Eugenio Bieco, 1753. Fernando Allué y Morer, «Un soneto de Francisco de la Torre», Poesía hispánica, 1972, n° 233, p. 24-25. Adolphe Coster, «Sur Francisco de la Torre», Revue Hispanique, LXV, 1925, p. 74-132. James Fitzmaurice-Kelly, «Notes on three Spanish sonnets», Revue hispanique, XII, 1905, p. 257-260; Narciso Alonso Cortés, «Algunos datos sobre Hernando de Acuña y Francisco de la Torre», Hispanic Review, IX, 1941, p. 43-44. Antonio Rodríguez Moñino, Construcción crítica y realidad histórica en la poesía española de los siglos XVI y XVII, Madrid: Castalia, 1968, p. 20. Jorge de Sena, Francisco de la Torre e D. Joao de Almeida, Paris: Fondation Calouste Gulbenkian, 1974, p. 77. Alberto Blecua, «El entorno poético de Fray Luis de León», en Academia literaria renacentista I, Salamanca: Universidad de Salamanca, 1981, p. 85. Antonio Blanco Sánchez, Entre Fray Luis y Quevedo. En busca de F. de la Torre, Salamanca: Atlas, 1982. Antonio Alatorre, « Francisco de la Torre y su muy probable patria: Santa Fe de Bogotá », Nueva Revista de Filología Hispánica, 47,1, 1999, p. 37-72.

4 Soledad Pérez-Abadín Barro, «Un nuevo dato sobre Francisco de la Torre: la real provisión documentada en el Archivo de Simancas», Bulletin Hispanique, 2003, p. 405-423.

5 Nicolás Antonio, Bibliotheca Hispana Nova, ed. facsímil, Madrid: Visor, 1996, Tomo I, p. 486: «Salmantinus fuit ut credimus, & Lupus». Sobre el tema: Soledad Pérez Abadín b, p. 5-9.

6 Francisco de la Torre, Poesía completa, ed. de María Luisa Cerrón Puga, Madrid: Cátedra, Letras Hispánicas, 1984. María Luisa Cerrón Puga, El poeta perdido: aproximación a Francisco de la Torre, Pisa: Giardini Editori, 1984.

7 María Luisa Cerrón Puga, En busca del poeta perdido, p. 50 y 85.

8 Soledad Pérez-Abadín, «Francisco de la Torre, un proyecto editorial frustrado», p. 29-30.

9 F. de la Torre, Poesía completa, introd. de María Luisa Cerrón Puga, p. 24.

10 Gethin Hughes, The Poetry of Francisco de la Torre, Toronto: University of Toronto Press, 1982. Francisco de la Torre, Poesía completa, op. cit., ed. de María Luisa Cerrón Puga, introducción, p. 22-33 (Las Obras como cancionero petrarquista).

11 Elena Santos, «Transformación de un tópico en F. de la Torre», Prohemio, IV 1973, p. 413.

12 F. de la Torre, Poesía completa, op. cit., p. 75.

13 F. de la Torre, La Bucólica del Tajo, en Poesía completa, p. 283 y 284.

14 F. de la Torre, op. cit, p. 92.

15 F. de la Torre, ibid., p. 125.

16 F. de la Torre, ibid., p. 87.

17 Ver al respecto el repertorio de María del Pilar Manero, Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento, Barcelona: PPU, 1990.

18 Sobre el topos de la tórtola viuda: María Rosa Lida de Malkiel, «Transmisión y recreación de temas grecolatinos en la poesía lírica española», Revista de Filología Hispánica, I (1939), p. 26-83.

19 F. de la Torre, op. cit., p. 109.

20 F. de la Torre, ibid., p. 195 y 205.

21 Francisco de la Torre, ibid., p. 150.

22 Sobre el tema de la yedra entrelazada al roble (o la pareja vid y olmo): E. George Erdmann, «Arboreal figures in the Golden Age sonnet», Publications in Modern Language Association, 84, 1969, p. 587-595; M. P. Manero, Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento, Barcelona: PPU, 1990, p. 373 y siguientes; Aurora Egido, «Variaciones sobre la vid y el olmo en la poesía de Quevedo: Amor constante más allá de la muerte», en Homenaje a Quevedo, Universidad de Salamanca, Academia Literaria Renacentista, 1982, p. 213-232.

23 Francisco de la Torre, op. cit., p. 150.

24 Sobre el ciervo: Maria Rosa Lida de Malkiel, La tradición clásica en España, Barcelona: Ariel, 1975, p. 52-57; Eugenio Asensio, Poética y realidad en el Cancionero Peninsular de la Edad Media, Madrid: Gredos, 1970, p. 51-53; Egla Morales, El ciervo y la fuente. Mito y folklore del agua en la lírica tradicional, Madrid: Porrúa, 1981; M. P. Manero, Imágenes petrarquistas…, p. 270-275.

25 Francisco de la Torre, op. cit., p. 166.

26 F. de la Torre, ibid., p. 189.

27 F. de la Torre, ibid., p. 103.

28 F. de la Torre, ibid., p. 205 y 258-259.

29 F. de la Torre, ibid., p. 211.

30 F. de la Torre, ibid., p. 95.

31 F. de la Torre, ibid., p. 102.

32 Sobre el « nocturnismo », Claude-Gilbert Dubois, Le maniérisme, París: PUF, 1979, p.140-142 y 203.

33 F. de la Torre, op. cit., p. 147 y 261.

34 F. de la Torre, ibid., p. 197.

35 F. de la Torre, ibid., p. 82-83.

36 Juan Pérez de Moya, Filosofía secreta, ed. de Carlos Clavería, Madrid: Cátedra, 1995, p. 641-642.

37 Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios, ed. de Guillermo Serés, Madrid: Cátedra, 1989, p. 612.

38 Ver sobre el tema: Aristóteles, De la generación de los animales, Libro I, cap. XIV, 729b-730a.

39 Christian Andrés, «La nature de la femme: Aristote, Thomas d’Aquin et l’influence du Cortesano dans la comedia lopesque», Bulletin Hispanique, 91, 1989, p. 259.

40 F. de la Torre, op. cit., Libro III, Endecha III, p. 197

41 F. de la Torre, ibid., Libro III, Endecha IX, p. 211.

42 F. de la Torre, ibid., Libro II, soneto XV, p. 158.

43 F. de la Torre, ibid., Libro I, soneto VII, p. 81.

44 F. de la Torre, ibid., Libro I, soneto XX, p. 102.

45 F. de la Torre, ibid., La Bucólica del Tajo, Égloga VII, p. 275.

46 F. de la Torre, ibid., Libro I, soneto XX, p. 102.

47 F. de la Torre, ibid., Libro II, soneto XV, p. 158.

48 F. de la Torre, ibid., Libro II, soneto XV, p. 158.

49 Francisca Aramburu, El héroe y el cosmos, Murcia, Universidad de Murcia, 1989. Ver por ejemplo p. 18, 22, 55.

50 F. de la Torre, Poesía completa, op. cit, II, Canción I, p. 150-152

51 Fernando de Herrera, Anotaciones, en Garcilaso de la Vega y sus comentaristas, ed. de Antonio Gallego Morell, Madrid: Gredos, 1972, p. 391-392.

52 Alonso López Pinciano, Philosophía Antigua Poética, ed. de Alfredo Carballo Picazo, Madrid: C.S.I.C., 1953, III, p. 97-98.

53 M.L. Cerrón Puga, introd. a F. de la Torre, Poesía completa, p. 23.

Pour citer ce document

Christine Orobitg, «La inversión de los paradigmas masculino / femenino en la poesía lírica de Francisco de la Torre», [En ligne], Numéros en texte intégral /, Les paradigmes Masculin/Féminin, Partie 2 - Etudes analytiques, mis à jour le : 10/12/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/abay/1013.

Quelques mots à propos de :  Christine  Orobitg

Christine Orobitg

christine.orobitg@univ-amu.fr

Aix-Marseille-Université - UMR TELEMME