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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

10 | 2017 Roman Noir: espaces urbains et grands espaces

Jafet Israel Lara

El complot mongol de Rafael Bernal. La redefinición del espacio en la novela negra mexicana

Article

Dans la littérature policière classique mexicaine, l’espace de fiction était consigné dans deux endroits : Mexico – et les petites villes qui l’entouraient – et les villes provinciales. Quels que soient les scénarii, l’enquête policière se développait en respectant les paramètres de l’espace clos du roman d’énigme jusqu’au moment où fut publié Le Complot mongol (1969) de Rafael Bernal. Cet article vise à démontrer que du roman de Bernal a émergé un roman noir mexicain dans lequel le traitement de l’espace a laissé de côté les sites fermés pour placer l’action dans les rues de Mexico, donnant aux scénarii une atmosphère de mystère propre au genre noir.

Dentro de la literatura policíaca clásica mexicana el espacio de la ficción se vio consignado a dos emplazamientos: la Ciudad de México y los pequeños pueblos alrededor de ella y ciudades de provincia. En cualquiera de estos escenarios la investigación policíaca se desarrolló bajo los parámetros del espacio cerrado de la novela enigma hasta la publicación de El complot mongol (1969) de Rafael Bernal. Este artículo tiene como objetivo demostrar cómo a partir de la novela de Bernal surgió una novela negra mexicana con un tratamiento del espacio que dejó de lado los emplazamientos cerrados para ubicar la acción en las calles de la Ciudad de México, dotando a los escenarios de una atmósfera de misterio propia del género negro.

Texte intégral

1Dentro de la literatura policíaca clásica mexicana, el espacio de la ficción se consignó a dos escenarios posibles. El primero fue el de la Ciudad de México y resultó ser el más popular. El segundo era el de los pequeños pueblos alrededor de la capital de México, que en la actualidad forman parte de ella, y las pequeñas ciudades provinciales.

2Sin embargo, ya fuera en el escenario urbano capitalino o en la provincia, la investigación policíaca siempre se desarrolló bajo los parámetros del espacio cerrado de la novela de enigma. Esta situación espacial cambió radicalmente en 1969 con la publicación de El complot mongol de Rafael Bernal.

3En los últimos años, El complot mongol ha cobrado una importancia de la que en el momento de su publicación careció, debido al enfrentamiento de su autor con la clase política que gobernaba México a finales de la década de los sesenta. El texto es visto en la actualidad como el punto de partida para el inicio de una novela negra mexicana, también conocida como neopolicial, que se desarrolló a lo largo de la década de los setenta.

4Buena parte del análisis actual sobre la novela de Rafael Bernal estriba en su personaje principal, un pistolero que sobrepasa los sesenta años y que está al servicio del aparato represor mexicano, en la utilización de un lenguaje coloquial, inédito hasta ese momento salvo en la obra de Juan Rulfo, en la aparición de una agresividad y violencia exacerbadas o en la aguda crítica en contra del gobierno mexicano.

5El propósito de este estudio es abordar cómo Rafael Bernal rompió en buena medida el paradigma del género a través de la desautomatización del espacio prototípico del policíaco clásico, ya que dejó de lado los emplazamientos cerrados y los escenarios campiranos para ubicar la acción en el exterior, en las calles de la Ciudad de México, haciendo que el investigador tuviera que realizar un recorrido por diversos emplazamientos.

6Ahora bien, el primer paso para el análisis espacial en El complot mongol es llevar a cabo una revisión teórica del espacio dentro de la novela policíaca, lo cual permitirá vislumbrar el tratamiento de este elemento dentro de la novela de enigma o policíaca clásica.

Apuntes teóricos. El espacio en la novela policíaca

  • 1 Antonio Garrido Domínguez, El texto narrativo, Madrid:...

7De acuerdo a Garrido Domínguez, el espacio va más allá de ser el soporte de la acción; se convierte en un componente de la estructura narrativa que adquiere una enorme trascendencia respecto a otros elementos como el tiempo y los personajes1. Un fenómeno que tanto en el género policíaco como en la novela negra adquiere un significado especial debido a que el espacio está relacionado con el concepto de seguridad, vital en la existencia humana. La acción comienza a partir del espacio en donde yace la víctima y en donde existen indicios del delito. El escenario del crimen:

  • 2 Mª José Álvarez Maurín, Claves para un enigma. La poét...

Se convierte en la prueba de la transgresión del orden y del dominio temporal del caos y las fuerzas del Mal. Al resolver el misterio, el detective restaura de nuevo el control sobre las amenazas del mundo exterior, y una vez restablecido el orden, puede regresar a la tranquilidad de su hogar, cuya paz también ha sido alterada con la intromisión del mundo exterior en la rutina privada del protagonista.2

  • 3 Iván Martín Cerezo, Poética del relato policíaco: de E...

8El canon genérico policíaco requiere de un ambiente en el que coexistan un sistema de garantías contra el delito y un sistema de salvaguardia frente a la injusticia, los cuales aportarán en buena medida un modo de vida basado en la seguridad, la tranquilidad y la previsión. El resultado es que el espacio asume un papel esencial. Por un lado, es en él donde transcurren los hechos y se mueven los personajes. Por otro, el espacio aparece semiotizado caracterizando a los personajes que lo habitan3.

  • 4 Ibid., p. 78.

9El escenario donde el crimen se realiza se encuentra ligado a las exigencias internas del propio relato policíaco con lo que la elección de lugares donde se cometen los delitos posee una mayor significación de lo que pudiera pensarse. El delito se convierte en una amenaza a los cimientos de la sociedad y cuando se concreta en los lugares considerados como más seguros, la reacción de los seres humanos se vuelve más pavorosa4.

10Esta situación fue aprovechada durante el período clásico de lo policíaco, en donde prevalece el enigma del cuarto cerrado. En esta etapa del género, la víctima siempre aparece en una habitación que ha permanecido cerrada, por lo que aparentemente es imposible explicar cómo el asesino ha podido acceder a ella y desaparecer sin dejar rastro alguno. El misterio gira alrededor de la transgresión de un espacio aparentemente inexpugnable.

  • 5 Mª José Álvarez Maurín, op. cit., p. 58.

11La focalización de la acción en un único espacio concreto y delimitado, que concentra el número de sospechosos y pistas en un lugar determinado y único, ejerce de gran ayuda al propio discurso policíaco clásico, dado que evita la dispersión de la atención. Así, el relato es abstraído de la complejidad y confusión de la sociedad circundante evitando, al mismo tiempo, consideraciones sobre los problemas derivados de injusticias sociales. Finalmente, ese espacio cerrado y solitario en el que se ha cometido el delito aumenta la inquietud social asociándolo a espacios malditos típicos de la novela gótica5.

12El hecho es que la irracionalidad del crimen invade el ambiente de paz imperante en la sociedad, rompiendo la tranquilidad y la sensación de seguridad que proveen los espacios cerrados. Los muros que supuestamente deben mantener fuera la amenaza externa demuestran ser ineficaces ante el crimen. Una situación que adquiere un matiz de mayor gravedad cuando el asesinato se comete en la casa de la víctima.

  • 6 Iván Martín Cerezo, op. cit., p. 79.

13El quebrantamiento del espacio prototípico de seguridad individual, el hogar familiar, sobredimensiona el delito debido a que la víctima llega a compartir con el criminal el mismo sitio. Ubicar a estos dos personajes en el mismo lugar es una de las claves del éxito de la narrativa policíaca6.

  • 7 Joan Ramón Resina, El cadáver en la cocina: la novela ...

14Si el crimen es una incógnita por despejar, un signo en busca de una hipótesis, el lugar donde se cometió provee de significación. El escenario donde la víctima fue asesinada y su cuerpo abandonado pierde su cotidianeidad, al convertirse en símbolo de muerte, en espacio de destrucción humana, una suerte de epifanía de maldad7.

15El espacio del delito, la escena del crimen, resulta ser trascendental ya que da inicio al proceso de enfrentamiento irracionalidad-racionalidad representado por el propio criminal y el investigador. Además permite el comienzo del proceso de investigación policial, el cual discurrirá por distintos escenarios que serán propiamente los de la investigación y que se convertirán en los espacios de la justicia, del intento por restaurar el orden social roto por el delito, pauta final del discurso policíaco.

  • 8 Ibid., p. 146.

16Dentro del período clásico policíaco la mayoría de los crímenes suceden en las grandes ciudades, aunque también ocurren en ambientes campiranos, lo que pone de manifiesto la importancia de la urbe como un espacio idóneo del crimen, pues «brinda la ocasión de ocultar no sólo la individualidad, sino también la inhumanidad en la muchedumbre de formas humanas»8. No obstante, la ciudad no se manifiesta directamente en el período clásico del género.

  • 9 Mª José Álvarez Maurín, op. cit., p. 57.

17Para Álvarez Maurín, desde la aparición del policíaco en Los crímenes de la calle Morgue, los relatos policíacos clásicos poseen dos espacios de acción. Por un lado, el macrocosmos urbano en donde yacen las bajezas humanas, los deseos de venganza y la amenaza del crimen. Por otro, el microcosmos del espacio cerrado en donde ocurre el delito. La combinación del macrocosmos y del microcosmos llevó a plantear que la amenaza y el caos del mundo exterior irrumpían en un escenario concreto, la escena del crimen, el cual se convirtió en una minúscula representación de la perturbación y la anarquía de la ciudad9.

  • 10 Mempo Giardinelli, El género negro. Ensayos sobre la ...

18Con la llegada del realismo noir norteamericano, la primitiva novela negra, la relación del crimen con el espacio cerrado cambió radicalmente debido a la agitación social en las grandes ciudades, la pobreza, la marginación racial o las altas tasas de delincuencia. Los crímenes comenzaron a ser mucho más violentos, dejando ver los aspectos más negativos de la sociedad norteamericana anterior a la Segunda Guerra Mundial. El resultado fue una literatura que se caracterizó «por la dureza del texto y de los personajes, así como por la brutalidad y el descarnado realismo»10.

  • 11 Iván Martín Cerezo, op. cit., p. 80.

19A partir del nuevo realismo, la exigencia de los espacios cerrados y de carácter privado cambió radicalmente. La acción se trasladó a espacios abiertos y se convirtió en referencia de lugares exteriores públicos, con lo que la ciudad adquirió un protagonismo que hasta entonces no tenía. Esto se dio porque el investigador requería «moverse libremente por estos espacios para dar constancia de las desigualdades sociales, del crimen, de la delincuencia existente en estos espacios abiertos»11.

20La ciudad adoptó rápidamente un ideario distinto, en donde la maldad, la anarquía y el crimen dotaron a los centros urbanos de un ambiente más duro en donde se fusionaban las pasiones humanas más violentas creando un paisaje urbano violento. El centro urbano dejó de estar detrás de bastidores y se convirtió en elemento central ya que no sólo ocurría el crimen en la ciudad, sino que ella misma parecía agitarlo. La urbe llegó a ser en el realismo noir un gigantesco y violento laberinto del que el ser humano no podía escapar.

21Con la novela negra se hizo más evidente lo conspicuo de la ciudad, a tal punto que, dentro de la dimensión realista que se propugnaba, muchos de los textos se convirtieron en relatos del ambiente, los lugares y los diferentes tipos de ciudades. Ahora, la ciudad no sólo era el escenario de la acción, sino la personificación del crimen, la violencia, la hipocresía y otras bajezas morales humanas.

22Este proceso evolutivo que significó el paso de los escenarios cerrados propios de la novela enigma a los lugares abiertos de la primitiva novela negra se dio en todas las literaturas policíacas y negras de los diversos países en donde surgieron lo policíaco y el género negro. México no es la excepción, aunque el proceso, al igual que en otros países, fue bastante lento.

Los escenarios en la novela policíaca mexicana clásica

  • 12 Francisca Noguerol, «Entre la sangre y el simulacro: ...

23La narrativa policíaca mexicana anterior a 1969 posee una estructura narrativa que se ajusta al modelo whodunit, el cual plantea una pregunta –¿quién lo hizo?– que sólo puede ser resuelta por un detective, generalmente amateur y más perspicaz que la policía y que logra discernir las claves del misterio criminal investigado, el cual ocurre frecuentemente en un espacio cerrado12.

24El primer texto policíaco mexicano se remonta a las primeras décadas del siglo xx con Vida y milagros de Pancho Reyes, el detective mexicano de Alfonso Quiroga. En las dos historias que componen el libro, el espacio de acción del detective es distinto: en el primero se mueve por la Ciudad de México, mientras que en la segunda lo hace en Torín, una pequeña ciudad del norte del país. Sin embargo, en los dos relatos, la acción sucede en espacios cerrados: los lugares donde las víctimas fueron asesinadas.

25Durante la década de los treinta aparecieron revistas literarias como Misterio y Detectives y Bandidos, las cuales incluían relatos policiales y criminales cuya acción ocurría exclusivamente en la Ciudad de México. La mayoría de los textos tenían como eje espacial tabernas, hoteles de dudosa reputación o cabarets, es decir la acción acontecía en lugares cerrados y sólo en raras ocasiones los hechos sucedían en las calles.

26En la década de los cuarenta la narrativa policíaca comenzó a popularizarse en México con dos novelas del español Enrique Gual: El crimen de la obsidiana (1942) y El caso de los Leventheris (1945). Lo paradójico es que ninguno de los textos está ambientado en México. En el primero los hechos acontecen en una mansión en España, mientras que en el segundo el crimen y la investigación transcurren en un tren durante el trayecto Escocia-Inglaterra.

27Fue en 1946, con Asesinato en la plaza, cuando Gual eligió la Ciudad de México como espacio principal de la historia al ubicar la acción en el toreo de Cuatro Caminos, la antigua plaza de toros de la capital mexicana, y en un hotel del centro histórico.

28La capital del país fue también el escenario de La muerte sabe de modas (1947), cuya acción se produce en Coyoacán, concretamente en los lugares donde se alojaban y fueron asesinados tres norteamericanos que pretendían montar un negocio en México. Al igual que Asesinato en la plaza, El caso de la fórmula española (1947) tiene como espacio central de la historia el toreo de Cuatro Caminos.

29La Ciudad de México fue también para Antonio Helú el espacio central dentro de los cuentos que componen su libro de relatos La obligación de asesinar (1946), protagonizado por el ladrón-investigador Máximo Roldán y su asistente Carlos Miranda. Historias que transcurren en espacios cerrados como la oficina de contabilidad de una fábrica –Un clavo saca a otro clavo–, la sala de recreo de la YMCA –El misterio de las tres bolas de billar–, la habitación de una lujosa residencia –El fistol de la corbata–, el escondite de un grupo de ladrones –Cuentas claras– o el salón de la casa de una familia perteneciente a la burguesía mexicana –La obligación de asesinar–.

  • 13 Si bien Muerte a la zaga y Las cosas hablan aparecier...

30En el caso de María Elvira Bermúdez, la escritora de Durango optó por ubicar sus relatos tanto en la Ciudad de México como fuera de ella. Sin embargo, todas las historias se dan en espacios cerrados. En Mensaje inmotivado (1948), Armando H. Zozaya investiga el asesinato en la mansión de un millonario en la capital mexicana, mientras que María Elena Morán, en Precisamente ante sus ojos (1951), hace lo propio con una carta que ha desaparecido en la casa de su tío en la capital. En Muerte a la zaga la investigación a cargo de Zozaya se da en un barco en el trayecto Veracruz-Tampico. Por su parte, en Las cosas hablan, Moran resuelve el acertijo criminal en la habitación de un motel a las afueras de Ciudad Juárez13. Incluso en Diferentes razones tiene la muerte (1953), la única novela de Bermúdez, la acción no transcurre en la capital, sino en la villa de Coyoacán, en la actualidad una de las delegaciones de la Ciudad de México, concretamente en un cortijo cerrado en donde se desatan los asesinatos protagonizados por el primer psicópata en la historia de la novela policíaca y negra mexicana.

31Si Bermúdez intenta sacar el crimen del escenario urbano, José Martínez de la Vega opta por emplazar los delitos en la capital del país, aunque lo hace en un punto geográfico en concreto del que su investigador Péter Pérez, un vagabundo que depende de la ayuda vecinal para sobrevivir, nunca saldrá: el histórico barrio de Peralvillo, al norte de la Ciudad de México. En los relatos protagonizados por este observador bohemio, que resulta ser una caricatura de Sherlock Holmes, la acción se reduce a dos espacios cerrados: la accesoria, una habitación que tiene una entrada distinta y con uso separado del resto del edificio principal, donde vive Péter Pérez y el lugar donde se encuentra la víctima de cada caso y a donde la policía lleva al investigador.

32Para Rafael Bernal, otro de los padres fundadores del género policíaco mexicano, aunque la Ciudad de México es un lugar importante para la investigación policíaca, el modelo de espacio cerrado evita apreciar los exteriores de la capital, tal y como ocurre en De muerte natural (1946), relato que transcurre exclusivamente en un hospital.

33Si bien Bernal procura ubicar la acción policial en sitios alejados de la ciudad de México, la fórmula espacial del cuarto cerrado es la misma en sus textos. En Un muerto en la tumba (1946), el crimen se comete dentro de una tumba prehispánica en Montalbán, Oaxaca, mientras que la solución del enigma ocurre en la hacienda de un senador. Aunque la historia principal de El extraño caso de Aloysius Hands (1946) acontece en un pueblo de Texas, los asesinatos y la resolución de los crímenes se dan en habitaciones u oficinas. En La muerte poética (1947), toda la acción se da en un teatro de una ciudad de provincia.

3422 horas (1955) de Margos de Villanueva, otra de las grandes novelas policíacas del período clásico mexicano, tiene como espacio de acción a la capital del país, pero en muy pocos momentos se logra vislumbrar a la ciudad dado que los escenarios cerrados serán el eje espacial principal: la mansión de la víctima donde se interroga a todos los sospechosos, la comisaría de policía o la casa del investigador.

35Aunque en los diversos relatos que aparecieron en las revistas Selecciones Policíacas y de Misterio y Aventura y Misterio y en novelas como Desnudarse y morir (1957), La muerte las prefiere desnudas (1960), ambas de Juan Miguel de Mora, o Los albañiles (1963), de Vicente Leñero, es posible apreciar los exteriores de la Ciudad de México, ésta carece de relevancia debido a que la estructura discursiva policíaca clásica se centra en lugares cerrados como casas, bibliotecas, departamentos, tiendas, hoteles u obras en construcción.

36Al analizar los textos que conforman el período clásico de la literatura policíaca mexicana se vislumbran los dos rasgos esenciales de la novela de enigma que Noguerol señala. El espacio cerrado está asociado casi siempre a un investigador amateur que nada tiene que ver con los cuerpos policiales en México, salvo en ayudarlos a resolver los crímenes. Lo llamativo es que el detective privado tampoco aparecerá en este período.

  • 14 Ilan Stavans, op. cit., p. 67.

37La ausencia de investigadores privados, típicos en la primitiva novela negra norteamericana, se debe a que bajo el clima de corrupción generalizada en México y Latinoamérica, la presencia de un investigador privado incorruptible no es verosímil para el lector. Tampoco se puede olvidar que en el constante clima de agitación y de frágil equilibrio civil, en el que las asonadas militares todavía están presentes en la sociedad mexicana de la primera mitad del siglo xx, la frontera entre el bien y el mal carece de concreción y oscila con el clima del momento14.

38Respecto a los agentes policíacos profesionales, su presencia en la narrativa policíaca mexicana clásica se reduce a escasos papeles secundarios, en donde se deja en evidencia su ineptitud. Sólo en 22 horas –el comisario José Silvestre– y Los albañiles –el inspector Munguía– los investigadores principales serán policías.

  • 15 Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero, «Una m...

39Esa ausencia casi total de personajes policíacos responde a la visión negativa que tienen las sociedades latinoamericanas de los cuerpos de seguridad: una policía represora y violenta en sus acciones que genera más caos que orden y seguridad, todo en aras de proteger a una clase política dictatorial y corrupta15.

  • 16 Paco Ignacio Taibo II, «La ‘otra’ novela policial», L...

40Pues bien, ese paradigma del género centrado exclusivamente en el espacio cerrado, y en un investigador amateur, entrará en crisis dado que, al nacer de la imitación de sucesos y protagonistas de la matriz anglosajona, el policíaco mexicano clásico, y en general el latinoamericano, tan sólo se diferenciará por un cambio superficial de escenarios y por la derivación en español de los nombres, teniendo también una aclimatación forzada y arbitraria16.

  • 17 Amelia S. Simpson, Detective Fiction from Latin Ameri...

41Con la publicación en 1969 de El complot mongol de Rafael Bernal ese paradigma policíaco clásico comienza su declive. El escritor mexicano introdujo una serie de elementos propios del realismo noir norteamericano, la primitiva novela negra, para dar inicio a una novela negra mexicana y su visión crítica de México17. El espacio, concretamente la Ciudad de México, se convirtió en un componente narrativo clave en el desarrollo de la historia, pero también en el propio protagonista, el cual no se encuadra con el prototipo de detectives como Zozaya o Batanes.

Los espacios en El complot mongol

42Lo primero que llama la atención de la novela de Rafael Bernal es que nada tiene que ver con el discurso policíaco clásico cuya propuesta se resume del siguiente modo: un crimen se ha cometido y es necesario investigarlo para reinstaurar el orden social roto. Filiberto García, un agente de la policía política mexicana, recibe la orden de investigar el rumor sobre un posible complot chino para asesinar al presidente de los Estados Unidos en su visita a México. Con la ayuda del agente soviético Ivan Laski y del norteamericano Richard P. Graves, García iniciará una compleja labor de espionaje.

  • 18 Joseph M. Towle, «El complot mongol ayer y hoy: Una p...

43A primera instancia, la novela parece moverse más en el territorio del espionaje. El protagonista tiene que investigar un rumor asociado a intrigas internacionales que, en un momento dado, amenazan la estabilidad mundial, con lo que el texto se convierte en un referente de la paranoia existente durante la Guerra Fría. Sin embargo, El complot mongol va más allá del espionaje. El texto combina elementos de diversos géneros estableciendo una de las particularidades de la novela negra: su capacidad de aglutinar elementos de diversos cánones genéricos como lo psicológico, lo criminal o lo policíaco18.

44A esta ruptura con el discurso policíaco clásico Bernal le sumó otra más. Filiberto García no es un investigador al uso como sus antecesores –profesional policíaco como José Silvestre o amateur como Armando H. Zozaya–, sino más bien es un sicario al servicio de la policía política mexicana, tal y como él mismo se define:

  • 19 Rafael Bernal, El complot mongol, México: Joaquín Mor...

¡Pinche Coronel! No quiero muertos, pero bien que me manda llamar a mí. Para eso me mandan llamar siempre, porque quieren muertos, pero también quieren tener las manos muy limpiecitas. Porque eso de los muertos se acabó con la bola y ahora todo se hace con la ley. Pero a veces la ley como que no alcanza y entonces me mandan llamar.19

45Aunque Rafael Bernal no especificó a qué agencia de seguridad del Estado pertenecía el protagonista, la configuración del personaje –un pistolero que se encarga de las ejecuciones extrajudiciales de oponentes de los gobiernos postrevolucionarios– ayuda a determinar que Filiberto García forma parte de la Dirección Federal de Seguridad, el brazo policial más temible del aparato de seguridad mexicano. De este modo, se hace patente que el personaje forma parte del entramado represor estatal.

  • 20 Persephone Braham, Crimes against the State, Crimes a...

46En el contexto mexicano, los crímenes en contra de las personas se refieren a la sistemática persecución de ciudadanos por parte del gobierno, el cual, bajo el amparo de la modernidad, llevará a cabo una cacería hacia los oponentes, reales o imaginarios20. Una represión que es encabezada por la élite gobernante y que en El complot mongol es representada por El Coronel y el licenciado Rosendo de Valle.

47Junto a esa visión rupturista de la historia y del prototipo de investigador, un represor en toda regla, Bernal introdujo una gran acción física en la historia, peleas, persecuciones y tiroteos, todo ello ligado a una violencia y agresividad que hasta ese momento había sido inexistente en el policíaco mexicano:

  • 21 Rafael Bernal, op. cit., p. 45-46.

El hombre soltó la cachiporra y le cayó encima. No era malo para pelear. La cachiporra rodó hasta la puerta. El hombre se le montó encima, buscando la garganta con las manos abiertas. Ya las tenía colocadas cuando García le clavó el cuchillo en el estómago. El hombre dio un quejido, sin soltar la garganta. En ese momento Martita le golpeó la cabeza con la cachiporra que había recogido del suelo. García volvió a clavar el cuchillo y el hombre rodó y quedó tirado boca abajo, en la alfombra.21

  • 22 Azucena Rodríguez Torres, «El complot mongol: constru...

48Otro componente importante de cambio fue la transformación de los códigos lingüísticos. El lenguaje en la novela de Bernal es un referente del contexto social y la época en la que se mueve el protagonista, lo cual permite a la historia tener un mayor realismo, contribuyendo eficazmente a la construcción de los personajes y a establecer una clasificación de los mismos a través de la presencia o ausencia de ciertos elementos lingüísticos. De esta manera, los personajes que pertenecen a la élite dominante manejan un código estándar, que refleja su educación universitaria, y que se adecúa al orden político postrevolucionario; en contraste, aquellos personajes que provienen de un estrato social bajo, los excluidos del poder, utilizarán expresiones coloquiales utilizadas por el pueblo llano22 :

  • 23 Rafael Bernal, op. cit., p. 115.

Como que me madrugó, el fregado. Y ora haciéndole al Centauro del Norte. Si soy del mero Yurécuaro, Michoacán, hijo de la Charanda y de padre desconocido. Y si nos les gustó, vayan todos, absolutamente todos y chingen a su madre. ¡Pinche Charanda! Y Martira ahí en mi casa viéndome la carota. De a mucho beso y apapacho, pero viéndome la carota.23

49Al emplear toda una serie de coloquialismos típicamente mexicanos, Bernal rompió con lo que hasta ese momento caracterizaba al canon genérico policíaco en México, el cual poseía un lenguaje lejano al habla popular. Toda una serie de palabras y expresiones coloquiales se incorporaron al texto: maje, chales, jíjole, quiébrense a ese desgraciado, me clavé, meros, cuate, aguzadito, difuntos, no tener madre, chamacona, haciendo el zonzo, que se frieguen, chingada, a toda madre, puritito pendejo, sabrosón, salir del huacal, fierrada y pinche, entre otras expresiones.

  • 24 José R. Valles Calatrava, La novela criminal española...

50Finalmente, otro de los elementos clave que dio paso a la irrupción de una novela negra moderna en México fue el espacio, el cual dejó de ser el simple escenario donde ocurría el crimen. El espacio urbano se convirtió en el marco de acción de El complot mongol por dos razones que, en general, acompañan el tratamiento del espacio por parte de la novela negra, tal y como lo comenta Valles Calatrava. Primero, porque en la ciudad hay una variedad de personajes, sitios y ambientes que retratar, sin olvidar la mayor tasa de criminalidad en las ciudades y la variedad de delitos. Segundo, porque la novela negra no puede sustraerse a la presencia del componente urbano que es la pieza básica de la organización vital y social, el lugar donde se condensa el nudo esencial de toda clase de relaciones del mundo actual24.

51Ahora bien, al ubicarse dentro de la novela negra, el papel del espacio en El complot mongol es mucho más complejo dado que la ciudad es el escenario global en donde ocurren los hechos. Este espacio global dentro del texto puede ser dividido para su estudio en tres grandes secciones: la de la investigación del complot, la biográfica y la de la intimidad del personaje, todas unidas entre sí por la figura de Filiberto García.

52La primera sección incluye cada uno de los escenarios por los cuales transita Filiberto García a lo largo de la historia, es decir, la investigación del supuesto complot chino. Los sitios por los que transita el protagonista son doce y casi todos se concentran en el centro histórico de la Ciudad de México, aunque el escritor mexicano les dará una importancia variada, dado que algunos lugares serán descritos con mayor especificidad que otros.

  • 25 Glen S. Close, Contemporary Hispanic Crime Fiction: A...

  • 26 Gabriel Trujillo Muñoz, Testigos de cargo, Tijuana: C...

53El espacio de investigación se concentra casi de manera exclusiva en el centro histórico de la ciudad, incluida la colonia Guerrero. García recorre lugares marginales, sórdidos y misteriosos, como las oficinas de la Dirección Federal de Seguridad o el barrio chino, escenarios urbanos siniestros tipificados como los bajos fondos y que son recurrentes dentro del espacio del hard boiled norteamericano25. Un hecho que denota el rasgo eminentemente urbano de la novela, en la que la Ciudad de México es un participante y testigo que siempre acompaña a Filiberto García, un macroescenario laberíntico de violencia y peligrosos encuentros para el forzado investigador26.

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Fig. 1 – Escenarios donde transcurre la acción en El complot mongol de Jafet Israel Lara, 2017, ©Google Maps

54En apenas unas cuantas líneas, Bernal lleva al protagonista de su casa a su lugar de trabajo, algún edificio ubicado en la plaza de la República cercana al Paseo de la Reforma, herencia arquitectónica del emperador Maximiliano I de México, en donde se ubica la sede central de la antigua Dirección Federal de Seguridad. Allí, García recibirá la misión de investigar el rumor sobre el complot:

  • 27 Rafael Bernal, op. cit., p. 9.

La noche empezaba a invadir de grises sucios las calles de Luis Moya y el tráfico, como siempre a esas horas era insoportable. Resolvió ir a pie […]. Anduvo hasta la Avenida Juárez y torció a la izquierda, hacia el Caballito.27

55Ateniéndose a los reglamentos de seguridad internos de México vigentes en la década de los sesenta, Rafael Bernal opta por no dar ningún detalle descriptivo de ese edificio que alberga a la policía secreta, el brazo policial más temible del aparato de seguridad mexicano que siempre estuvo rodeado de historias de misterio, torturas y asesinatos. La falta de descripción da como resultado que el sitio tenga un cariz de misterio y miedo.

56El lugar en el que más se prodiga el escritor mexicano al describirlo es el barrio chino de la Ciudad de México, eje espacial de la investigación, y que el protagonista conoce a la perfección debido a que lo frecuenta asiduamente para participar en juegos de mesa ilegales:

  • 28 Ibid., p. 24.

Un barrio de una sola calle de casas viejas, con un pobre callejón ansioso de misterios. Hay algunas tiendas olorosas a Cantón y a Fukien, algunos restaurantes. Pero todo sin el color, las luces y banderolas, las linternas y el ambiente que se ve en otros barrios chinos, como el de San Francisco o el de Manila. Más que un barrio chino, da el aspecto de una calle vieja donde han anclado algunos chinos, huérfanos de dragones imperiales, de recetas milenarias y de misterios.28

57En medio de humildes tiendas, de casas ilegales de juego y de los fumaderos de opio que pueblan el barrio chino, Filiberto García comienza el recorrido desconocido de la investigación. La primera parada fuera del barrio chino es el café Cantón, ubicado a escasas calles de la Alameda. De ahí, la acción y los personajes se ubicarán en el habsbúrgico Paseo de la Reforma, concretamente en un restaurante afrancesado y en el histórico café París, lugar donde los intelectuales mexicanos de la primera mitad del siglo xx se reunían.

58Si bien la descripción hubiera realzado la imagen de los escenarios, particularmente los históricos, Rafael Bernal no los describe en ningún momento. El escritor simplemente los cita como emplazamientos en donde el protagonista se reúne con el agente norteamericano Graves y el soviético Laski, siguiendo las directrices de su misión.

59Para Bernal, las descripciones de los espacios servirán para crear la atmósfera idónea de suspenso e intriga y aumentar la tensión narrativa, siendo el paso previo para la acción física, elemento típico de la novela negra, en consonancia con el género de espionaje. Ejemplo de ello es cuando entra al departamento de la amante de unos de los supuestos conspiradores:

  • 29 Ibid., p. 125, 126.

Entraron y García encendió la luz. La sala comedor estaba en el mismo desorden. Sólo había una cosa distinta. El cadáver de Anabella Ninziffer, de Wichita Falls, alias Anabella Crawford, estaba tirado sobre el sofá […]. García cerró la puerta y apagó la luz. Por la ventana abierta entraba la claridad de la calle y la luz rojiza e intermitente de un anuncio luminoso. Cuando se encendía, se iluminaban los ojos abiertos de Anabella. Se sentaron en el comedor, cerca de la ventana desde la cual pudieran vigilar la calle.29

60La atmósfera de suspenso se enlaza con la narración ágil y fluida acorde con la acción física, herencia del primitivo realismo noir norteamericano de la primera mitad del siglo xx, que rodea al investigador mexicano en peleas, persecuciones y tiroteos, ligadas a una violencia que hasta ese momento había sido inexistente en el policíaco mexicano:

  • 30 Ibid., p. 141.

La puerta se abrió de golpe y sonó una ráfaga de ametralladora. Los tres chinos parecieron saltar con todo y sus sillas y quedaron amontonados cerca de la ventana. Un hombre entró, la ametralladora en la mano, buscando. Graves, desde el comedor, disparó una vez. El hombre se tambaleó, cayó de rodillas, trató de alcanzar la ametralladora para disparar de nuevo. García se adelantó y le golpeó la cabeza con la culata de la pistola […]. En el edificio se había armado un pandemónium: gritos llamando a la policía, puertas que se abrían y cerraban. García, Graves y Laski bajaron la escalera corriendo.30

61Rafael Bernal hace de la investigación una suerte de procesión en la que los lugares por los que transita Filiberto García conforman parte de un ecosistema en el que la belleza del centro histórico de la Ciudad de México, con sus palacios y antiguas casonas, queda oscurecido e ignorado, incluso en pleno día.

62Dentro del proceso de investigación, Bernal realiza una analogía entre los escenarios de la acción de espionaje, los cuales poseerán significados en concreto. De este modo, cuando se hace relación a Mongolia, lugar en donde se detectó por primera vez el rumor sobre el complot para matar al presidente norteamericano, esta nación adquiere una forma de lejanía y peligro que se ve conjugada con China, la amenaza comunista en contra de la paz del mundo, y Hong Kong, el eje central de la corrupción. Constantinopla-Estambul es el símbolo de las actividades de espionaje. Rusia, desde la visión nacional-comunista del espía Laski, es el gran paraíso comunista. Cuba se convierte en la manzana de la discordia, ya que es por ella que se desata un conflicto entre comunistas soviéticos y chinos. Finalmente, los Estados Unidos se erigen como el eterno enemigo burgués.

63Conforme Filiberto García se va moviendo por los distintos emplazamientos que va imponiendo la investigación, surge a nivel interno la siguiente sección espacial: la biográfica. García rememora cada uno de los espacios por los que ha atravesado a lo largo de su vida desde que saliera de su pueblo natal.

64Durante la Revolución mexicana combatió en Coahuila; en Ciudad Juárez mató a un delincuente norteamericano; en Tampico estuvo destinado como agente; en Tijuana abatió a un grupo de narcotraficantes mexicanos y norteamericanos; en las selvas de Campeche eliminó a agentes comunistas cubanos; en San Luis Potosí formó parte de la policía estatal; en Tabasco asesinó a un opositor político; en la denominada región de la Huasteca, ubicada entre los estados de Hidalgo, Tamaulipas, Veracruz y San Luis Potosí eliminó a otro opositor; en Irapuato liquidó a un conocido sicario. El mismo Coronel, superior de García en la Dirección Federal de Seguridad, resume sus actuaciones en lugares específicos:

  • 31 Ibid., p. 15.

Estuvo en la Revolución con el general Marchena y luego, después de aquel incidente con la mujer, ingresó en la policía de San Luis Potosí. Cuando el general Cedillo se levantó en armas, usted estuvo en su contra. Ayudó al gobierno Federal en el asunto de Tabasco y en algunas otras cosas. Ha trabajado bien en la limpieza de la frontera y su labor fue buena cuando los cubanos pusieron ese cuartel secreto.31

65Al igual que ocurre en la anterior sección, Rafael Bernal no se detiene en ningún momento para realizar alguna descripción de los sitios por los que el agente mexicano ha tenido que pasar. Los sitios están enmarcados bajo acciones precisas que consisten, casi todas, en la eliminación física de los enemigos del Estado, tanto nacionales como extranjeros.

66Esta sección espacial, reducida a los recuerdos del protagonista que aparecen a lo largo de diversos momentos, responde a la conformación de la identidad de Filiberto García como un pistolero al servicio del Estado mexicano, un elemento represor de los distintos gobiernos emanados de la Revolución Mexicana. Los lugares a los que el protagonista hace referencia son sólo evocaciones que ayudan a construir esa identidad:

  • 32 Ibid.

Maté a seis pobres diablos. […] Iban a liberar las Américas desde su cuartel en las selvas de Campeche. Seis chamacos pendejos jugando a los héroes […].32

67Finalmente se llega a una sección espacial en donde es posible vislumbrar más allá de la figura de asesino o sicario en la que se ha erigido Filiberto García: el de la intimidad. Dicha sección se corresponde con dos espacios en concreto: su hogar y su lugar de procedencia.

68El primero responde al tiempo presente en el que vive el protagonista y se vincula con la Ciudad de México. García vive en un departamento que se encuentra en el centro histórico de la capital mexicana y que denota parte de la enorme complejidad del personaje, dado que no deja ver ningún rasgo de su personalidad ni de sus relaciones sociales. Un espacio que, aunque amueblado, no deja ver gustos, fobias o pasiones:

  • 33 Ibid., p. 8.

El pequeño apartamento estaba inmaculado, con sus muebles de Sears casi nuevos. No nuevos en el tiempo, sino en el uso, porque muy pocas gentes lo visitaban y casi nadie los había usado. Podía ser el cuarto de cualquiera o de un hotel de mediana categoría. No había nada allí que fuera personal; ni un cuadro; ni una fotografía; ni un libro; ni un sillón […].33

  • 34 Iván Martín Cerezo, op. cit., p. 77.

69Este escenario de intimidad se corresponde a la perfección con el trabajo del agente mexicano debido a que se convierte en una especie de piso franco de espías al que sólo él tiene acceso y que denota una absoluta carencia de identidad. Como bien señala Martín Cerezo, el espacio caracteriza al personaje que lo habita y eso se hace patente con Filiberto García y su hogar34. No obstante, ese escenario sufre una transformación con la irrupción de Marta, la joven china de la que el protagonista está encaprichado.

70Al irrumpir Marta en ese espacio de intimidad tan cerrado, la transformación se da en dos niveles: físico y emocional. La joven se preocupa por la limpieza del departamento, como cuando limpia los rastros de sangre dejados en la alfombra durante el enfrentamiento de Filiberto García y Luciano Manrique. Una presencia que ha terminado por apoderarse de un espacio impersonal dotándolo de una femineidad asociada con el ideario de hogar. Ese cambio en el lugar también se hace evidente en el plano emocional del protagonista.

  • 35 Rafael Bernal, op. cit., p. 149.

71Al inicio de la historia, García es un hombre que posee un código de conducta y trabajo que lo hace ser frío y deshumanizado, como constatan los demás personajes que interactúan con él. El protagonista es un machista que sólo ve a las mujeres como objetos sexuales: «Creo que nunca he visto a una mujer durmiendo, por lo menos una mujer tan bonita. Por lo general, cuando ya se van a dormir, yo me voy. Ya no las necesito»35.

72No obstante, la llegada de la joven china trastoca esa muralla de calculada frialdad dejando ver un cambio emocional en el que García se deja ver como un hombre verdaderamente enamorado:

García la abrazó y la besó con fuerza. Le temblaban las manos y sentía un hueco en el vientre. Se dejaron caer hacia atrás en la cama. Marta olía a noche tibia, a cama y a mujer. García se incorporó lentamente, sin dejar de verla.

–No, Martita, así no conviene. Vamos a tener mucho tiempo, cuando se acabe este asunto […].

  • 36 Ibid., p. 151-152.

–Eres un hombre verdadero, Filiberto. Por eso te quiero tanto. No quieres que esto sea una cosa sin importancia […].36

73Ese espacio de intimidad físico-emocional que representa el departamento, y que deja ver parte de la identidad del pistolero mexicano, se complementa con otro que está ubicado en el pasado más remoto de Filiberto García. Este escenario se corresponde con el pueblo natal, Yurécuaro, Michoacán, al sur del país, célebre en la actualidad por los enfrentamientos entre el crimen organizado, cárteles de la droga, fuerzas de seguridad del Estado y grupos de autodefensa.

74A lo largo de la historia García realiza algunas evocaciones de situaciones o incidentes que vivió en Yurécuaro como las clases de catequismo en la parroquia local o su primer amor. El pueblo responde exclusivamente a eventos ocurridos durante la niñez y la adolescencia; el tiempo anterior a la Revolución mexicana, el de la dictadura porfirista, la denominada como Belle Époque decimonónica de México. De cierto modo, se establece una correlación entre ambas denotando un tiempo de felicidad e inocencia roto por el conflicto civil que se cobró más de un millón de víctimas.

75Yurécuaro se convierte en el punto anterior a la pérdida de la inocencia de Filiberto García, a unos sueños que en nada tenían que ver con ser un soldado revolucionario y posteriormente un sicario al servicio de un estado represor. El regreso al pueblo a través de sus recuerdos no es sólo la evocación del pasado, sino un vano intento por regresar a un espacio que es la referencia de la paz, la tranquilidad y la inocencia infantil.

76Pues bien, justo al final de la novela, cuando el amargo desenlace alcanza al protagonista, se lleva a cabo una última comparación entre los dos espacios que, a su vez, condicionan también dos tiempos; Yuréacuaro, el tiempo pasado, está en contraposición a la Ciudad de México, el presente:

  • 37 Ibid., p. 218-219.

García seguía caminando. Las manos me están pesando, demasiado, como si llevara piedras en ellas […]. Me están pesando las manos, como muchas muertes juntas. Tengo ganas de sentarme aquí en la banqueta… en una piedra del campo, como antes en la orilla del camino […]. En Yurécuaro me sentaba en una piedra junto a la vía del tren. No me pesaban las manos. Podía aventar piedras y estrellarlas contra las rieles. Podía subirme a los naranjos y bajar la fruta robada. No me pesaban las pinches manos37.

Conclusiones

77En la novela de Rafael Bernal tanto el crimen como la investigación no tienen un escenario específico, sino que se trata más bien de un enorme rompecabezas en donde las piezas se encuentran desperdigadas por zonas específicas de la ciudad. Una urbe que es en realidad una megalópolis que se convirtió en el escenario ideal del naciente neopolicial mexicano.

  • 38 Ilan Stavans, opcit., p. 97 y 119.

78A partir de El complot mongol, los escenarios prototípicos del realismo noir surgirán con fuerza dentro de la Ciudad de México, consolidando a la novela negra mexicana en la década de los setenta y los ochenta gracias a la obra de autores como Paco Ignacio Taibo II y Rafael Ramírez Heredia. La novela hará de la capital de México el espacio dominante dentro del neopolicial mexicano, con sus nichos de misterio y sus laberintos de pasiones, escenarios externos llenos de basura, drogas, violencia, sangre y crimen que influirán notablemente en la narrativa y el lenguaje señalando las miserias de la sociedad mexicana38.

  • 39 Paula García Talaván «La novela neopolicial latinoame...

79El cambio en el tratamiento del espacio que llevó a cabo el escritor mexicano resulta ser del todo original dentro de una narrativa policíaca mexicana que se mantenía, hasta finales de la década de los sesenta, bajo el paradigma del discurso clásico centrado en aspectos como quién cometió el delito, el investigador cerebral amateur y el espacio cerrado. Un cambio original no sólo en el marco mexicano, sino también en el resto de Iberoamérica, ya que la pérdida de importancia del enigma y del espacio cerrado se entiende en un contexto en el que la policía era, y sigue siendo, un cuerpo represivo más que un órgano dedicado a la investigación y a la resolución de los problemas de los ciudadanos39.

  • 40 Ibid., p. 75.

80De este modo, la calle, el exterior dentro de la ciudad, se convirtió a partir de El complot mongol en el nuevo espacio de acción de la narrativa policíaca en México. Un cambio que en el resto de Iberoamérica fue seguido de cerca dado que sirvió como referente de los movimientos «de los barrios más problemáticos y de la periferia, donde los casos de violencia y de marginalidad son más graves y evidentes»40.

81Ahora bien, ¿por qué se da ese cambio justamente en 1969? ¿No era más lógico que, dada la cercanía con Estados Unidos, la influencia de la primitiva novela negra norteamericana se notara en el policíaco mexicano antes de 1969? Esa falta de evolución en la narrativa policíaca mexicana se debe básicamente a factores políticos.

  • 41 José F. Colmeiro, La novela policiaca española. Teorí...

82La novela negra es una poderosa herramienta que denuncia los abusos cometidos sobre los estamentos más débiles de la sociedad, criticando con agudeza la inmoralidad que supuso el fenómeno de la corrupción en distintos niveles41. Los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana tuvieron un alto componente represor, por lo que la popularización de un género literario que denunciara sus excesos y corrupción era una amenaza a su propia existencia.

  • 42 Rafael Bernal, op. cit., p. 83, 112.

83La originalidad de El complot mongol estriba, en realidad, en el propio contexto. Las condiciones sociales de México en las décadas anteriores a 1969, el fracaso de la revolución como gobierno debido a sus múltiples escándalos ligados a la corrupción y a la traición al pueblo mexicano, se convierten en una parte importante de la trama. Se denuncia abiertamente al estado, aunque dicha denuncia la realiza un elemento represor, el propio Filiberto García: «¿y qué ha hecho el gobierno por mí? ¡Pinche sueldo que paga! Si no fuera porque uno se aguza, con o sin gobierno, se lo lleva el tren, con todo y la lealtad»42.

84Esa evolución en la narrativa policíaca mexicana que representa el texto de Rafael Bernal responde en buena medida a un marco histórico-social en donde la represión estatal es constante y encuentra su punto más álgido en la matanza de estudiantes en la plaza de las tres culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968.

85Así pues, la publicación en 1969 de El complot mongol significó todo un hito dentro de la literatura en México, ya que simbolizó un cambio radical dentro de la narrativa policíaca. Se señaló con claridad la enorme decepción hacia un sistema corrupto, dirigido por una clase política posterior a la Revolución y que se aferró al poder. En la novela es patente la intransigencia del gobierno que de manera brutal eliminaba físicamente a cualquier oponente real o imaginario, tratando en lo posible de mantener formas democráticas y de respeto a la oposición:

  • 43 Ibid., p. 13.

Ahora, no queremos muertos, o, por lo menos, no queremos dar la orden de que los maten. Nomás como que sueltan la cosa, para no cargar con la culpa. Porque ahora andamos de mucha consciencia. ¡Pinche consciencia! Ahora como que todos somos hombres limpios hasta que tienen que mandar llamar a los hombres nada más para que les hagan el trabajito.43

  • 44 Patrick Blaine, «Noir as Politics: Spanish Language H...

86El texto de Bernal representa el cambio clave de la narrativa mexicana clásica hacia el neopolicial moderno tanto en un sentido estético como en uno crítico, ya que es la primera novela neopolicial en México y Latinoamérica que abiertamente destapa «the true state of sociopolitical relations, power structures, and contemporary injustice in Latin America»44.

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Notes

1 Antonio Garrido Domínguez, El texto narrativo, Madrid: Síntesis, 1993, p. 207.

2 Mª José Álvarez Maurín, Claves para un enigma. La poética del misterio en la narrativa de Dashiell Hammett, León: Universidad de León, 1994, p. 58.

3 Iván Martín Cerezo, Poética del relato policíaco: de Edgar Allan Poe a Raymond Chandler, Murcia: Universidad de Murcia, 2006, p. 76-77.

4 Ibid., p. 78.

5 Mª José Álvarez Maurín, op. cit., p. 58.

6 Iván Martín Cerezo, op. cit., p. 79.

7 Joan Ramón Resina, El cadáver en la cocina: la novela criminal en la cultura del desencanto, Barcelona: Anthropos, 1997, p. 144.

8 Ibid., p. 146.

9 Mª José Álvarez Maurín, op. cit., p. 57.

10 Mempo Giardinelli, El género negro. Ensayos sobre la literatura policial, México: Universidad Autónoma Metropolitana, 1996, p. 15.

11 Iván Martín Cerezo, op. cit., p. 80.

12 Francisca Noguerol, «Entre la sangre y el simulacro: últimas tendencias en la narrativa policial mexicana», in: José C. González Boixo (dir.), Tendencias de la narrativa mexicana actual, Iberoamericana: Madrid, 2009, p. 170-171.

13 Si bien Muerte a la zaga y Las cosas hablan aparecieron en el libro de relatos Muerte a la zaga (Tucson: Hispanic Book Distributors Incorporated, 1985), los dos cuentos se publicaron por entregas en el periódico El Nacional durante la década de los sesenta, tal y como señala Ilan Stavans (Antiheroes: Mexico and Its Detective Novel, Madison: Fairleigh Dickinson University Press, 1997, p. 93).

14 Ilan Stavans, op. cit., p. 67.

15 Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero, «Una mirada al neopolicial latinoamericano: Mempo Giardinelli, Leonardo Padura y Paco Ignacio Taibo II», Anales de Literatura Hispanoamericana, 2007, no 36, p. 50.

16 Paco Ignacio Taibo II, «La ‘otra’ novela policial», Los cuadernos del Norte, 1987, no 19, p. 37.

17 Amelia S. Simpson, Detective Fiction from Latin America, Madison: Fairleigh Dickinson University Press, 1990, p. 92.

18 Joseph M. Towle, «El complot mongol ayer y hoy: Una perspectiva desde los EE. UU.», in: Joserra Ortíz (ed.), El complot anticanónico: Ensayos sobre Rafael Bernal, México: CONACULTA, 2015, p. 59.

19 Rafael Bernal, El complot mongol, México: Joaquín Mortiz, 2011, p. 13.

20 Persephone Braham, Crimes against the State, Crimes against Persons: Detective Fiction in Cuba and Mexico, Minneapolis: University of Minnesota Press, 2004, p. 11.

21 Rafael Bernal, op. cit., p. 45-46.

22 Azucena Rodríguez Torres, «El complot mongol: construcción de una novela», Fuentes humanísticas, 2002, no 13, p. 50.

23 Rafael Bernal, op. cit., p. 115.

24 José R. Valles Calatrava, La novela criminal española, Granada: Universidad de Granada, 1991, p. 63.

25 Glen S. Close, Contemporary Hispanic Crime Fiction: A Transatlantic Discourse on Urban Violence, New York: Palgrave, 2008, p. 45.

26 Gabriel Trujillo Muñoz, Testigos de cargo, Tijuana: CONACULTA-Centro Cultural Tijuana, 2000, p. 48.

27 Rafael Bernal, op. cit., p. 9.

28 Ibid., p. 24.

29 Ibid., p. 125, 126.

30 Ibid., p. 141.

31 Ibid., p. 15.

32 Ibid.

33 Ibid., p. 8.

34 Iván Martín Cerezo, op. cit., p. 77.

35 Rafael Bernal, op. cit., p. 149.

36 Ibid., p. 151-152.

37 Ibid., p. 218-219.

38 Ilan Stavans, opcit., p. 97 y 119.

39 Paula García Talaván «La novela neopolicial latinoamericana», Cuadernos americanos, 2014, nº 148, p. 75.

40 Ibid., p. 75.

41 José F. Colmeiro, La novela policiaca española. Teoría e historia crítica, Barcelona: Anthropos, 1994, p. 62.

42 Rafael Bernal, op. cit., p. 83, 112.

43 Ibid., p. 13.

44 Patrick Blaine, «Noir as Politics: Spanish Language Hardboiled Detective Fiction and the Discontents of the Left», Fast Capitalism, [en línea] [8.1], 2011: disponible en <https://www.uta.edu/huma/agger/fastcapitalism/8_1/blaine8_1.html> (consultado el 27 de noviembre de 2017).

Pour citer ce document

Jafet Israel Lara, «El complot mongol de Rafael Bernal. La redefinición del espacio en la novela negra mexicana», [En ligne], Numéros en texte intégral /, Roman Noir: espaces urbains et grands espaces, mis à jour le : 24/12/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/abay/2417.

Quelques mots à propos de :  Jafet Israel  Lara

Doctor en Estudios Culturales por la Universidad de Sevilla. Es investigador de tiempo completo para el grupo de investigación «Literatura, transtextualidad y nuevas tecnologías» de la Universidad de Sevilla. Entre sus publicaciones sobresalen artículos como «Los dispositivos hipertextuales en el videojuego español. El caso de Castlevania Lord of Shadows», «Con sangre en las manos. La construcción de la novela negra española y mexicana a partir de dos antihéroes sangrientos: Pepe Carvalho y Filiberto García», «Desencanto revolucionario y espionaje en El complot mongol», «Heavy Rain y Beyond: dos almas. Dramas interactivos en la narración transmedia», «Santos Trinidad y No Habrá Paz Para Los Malvados. Del hard-boiled primitivo al día después de la postmodernidad policíaca», «Entre química y literatura. Intertextualidad en el programa narrativo de El disparo de argón».

Jafet Israel Lara - Universidad de Sevilla - ijmaigret@gmail.com