Aller à la navigation  |  Aller au contenu  |  FR  |  ES

Líneas
Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

| 2014 Partie 1 - Crise de la représentation

Kevin Perromat

El apocalipsis que nunca llega. Crisis y representaciones de la crítica literaria actual

Article
Article

À la «crise de la culture» tant de fois proclamée s’ajoutent différentes voix qui alertent avec insistance de la «crise de la critique», qui serait liée à un prétendu déclin de la littérature et des disciplines humanistes. Plusieurs signes sont évoqués : d’une part, l’espace accordé à la critique littéraire ne cesse de diminuer dans les suppléments culturels les plus influents et, de l’autre, sur le Net, les blogs se sont incorporés aux rubriques culturelles des publications en ligne; aussi, les définitions littéraires et le rôle des critiques eux-mêmes sont inlassablement mis en question. Cette discussion concerne le statut discursif de la critique, sa fonction et l’autorité des jugements critiques. Cependant, cette représentation habituelle de la «crise» de la critique cache d’autres interprétations possibles, considérablement plus optimistes, qui à leur tour soulignent la multiplication des modalités d’écriture, des réseaux, des lecteurs et des textes. Cet article mène une réflexion sur les raisons et l’opportunité de ces visions catastrophistes, plus concrètement sur le rôle attribué à la critique dans un contexte de transformations majeures de la littérature, ainsi que des discours et des champs culturels qui s’y rattachent.

A la reiterada «crisis de la cultura», se han sumado con insistencia las voces que alertan de la «crisis de la Crítica», que relacionan con un supuesto declive imparable de la literatura y de las humanidades. Entre las señales que justificarían esta alarma se apunta que el espacio acordado a la crítica literaria en los suplementos literarios de los periódicos más influyentes no haya dejado de reducirse y, en Internet, los blogs se incorporen a las secciones culturales de las cabeceras más ilustres, mientras se cuestionan reiteradamente las definiciones del hecho literario y la necesidad misma de los críticos dentro del sistema literario. Este debate concierne el estatus discursivo de la Crítica, su función y la autoridad de los juicios críticos. Sin embargo, esta representación usual de la «crisis» de la crítica esconde otras interpretaciones considerablemente más optimistas que hacen hincapié, por el contrario, en la multiplicación de nuevas modalidades de escritura, canales, lectores y textos. El presente trabajo reflexiona sobre el porqué y la oportunidad de estas representaciones catastrofistas, en particular en el rol desempeñado por la crítica literaria en ellas, en el contexto actual de crisis y de las transformaciones sustanciales de la literatura, los discursos y campos culturales relacionados.

Texte intégral

1Vivimos tiempos de crisis. La crisis impregna todos los discursos, más allá de los mercados financieros y los traumáticos cambios en la vida de millones de personas. También en el mundo de las Letras, en los últimos años, hemos asistido a una serie de renegociaciones en los modos de producción, difusión y control de los textos literarios. En lo que concierne a este último aspecto, a la reiterada «crisis de las Humanidades», se han sumado con insistencia las voces que alertan de la «crisis de la Crítica», que muchos relacionan con una supuesta decadencia de la cultura en general y de la literatura en particular. Mientras, en los kioscos, los suplementos literarios de los periódicos más influyentes no han dejado de adelgazar y, en Internet, los blogs se incorporan a las secciones culturales de las cabeceras más ilustres, se cuestionan reiteradamente las definiciones del hecho literario y la necesidad misma de los críticos dentro del sistema literario (o, simplemente, del Sistema).

  • 1 Remito por comodidad al resumen de esta noción ofrecid...

2No obstante, si tomamos un poco de perspectiva y expandimos nuestro campo de análisis, podemos comprobar sin dificultad que muchas de las tesis y de los diagnósticos alarmantes proferidos hoy en día se corresponden, casi literalmente, con otros de décadas atrás. Es más, se podría afirmar, sin exagerar demasiado, que apenas hay novedad en estas declaraciones, que se producen de manera periódica y con argumentos similares, al menos desde la Escuela de Fráncfort y la Teoría crítica (Adorno, Marcuse, etc.). Es más, según esta misma tradición de pensamiento, la crisis más que una excepción sería una constante tanto para el capitalismo (que sólo avanza a partir de nuevas «situaciones de crisis») como para la Modernidad1 y, por extensión, para la Crítica.

3Estos debates, que son periódicos en la historia de la Crítica literaria, pueden ser agrupados grosso modo en tres ámbitos. El primero concierne el estatus discursivo de la Crítica literaria: ¿género literario, discurso académico o periodismo especializado? ¿Bajo qué autoridad: la académica, la profesional o desde la modesta pericia del connaisseur, cuando no desde la pasión del amateur? El segundo, su función: ¿Orientador de los buenos gustos literarios?, ¿regulador de la producción escrita?, ¿emisor de juicios proféticos de los cánones futuros, en construcción? El tercero cuestiona la autoridad de los juicios críticos: ¿Desde dónde se realiza esta labor de crítica? ¿Desde qué intereses? Las distintas respuestas aportadas por críticos y autores conforman la historia de la Crítica literaria como disciplina académica o humanística, pero también como actividad (praxis) con funciones que han variado considerablemente según los contextos donde se desarrollaba. Piénsese por ejemplo en la enorme diferencia entre las funciones morales y que se atribuían a la actividad crítica como la entendían los ilustrados del siglo xviii o la misma actividad en los comienzos del siglo xx, una vez consumada la profesionalización de las Letras producida en el siglo anterior.

4Ahora bien, ¿si las preguntas son tan antiguas, por qué volver a plantearlas ahora? O, si nunca dejaron de plantearse, ¿qué nuevos sentidos adquieren en la situación actual de crisis? Este es el objeto del presente trabajo: prescindiendo de elucidar si realmente la cultura, la literatura o la crítica están en crisis como tantas voces alertan, en las siguientes páginas, trataré de ofrecer un contexto que permita comprender mejor el sentido y oportunidad de los diferentes pronunciamientos en torno a la crítica literaria. ¿Qué significados adquieren los distintos llamamientos a refundar los principios de la crítica literaria como disciplina, género discursivo y como actividad dentro de la producción literaria y editorial en este contexto preciso? ¿Qué definiciones de la cultura y de la praxis literaria sobreentienden aquellos que llaman a detener un apocalipsis que, sin embargo, como señalan sus oponentes, nunca acaba de llegar? ¿Son diferentes de aquellos que se muestran, por el contrario, optimistas? De entrada, parece que unos y otros no aluden a las mismas crisis ni parecen entender lo mismo cuando se refieren a la «crítica». A fin de cuentas, resulta obvio que la digitalización y globalización de la cultura no sólo han tenido consecuencias negativas en la producción cultural y literaria. Nunca hasta ahora había sido tan eficaces los canales de difusión y el acceso a textos y a autores. Nunca tampoco se había hecho tanta crítica literaria en su forma más básica: nunca se había escrito tanto acerca del arte y la literatura. Asimismo, la pretendida crisis de la crítica, parece referirse en ocasiones exclusivamente a la variante periodística –a pesar de la estrechas relaciones entre críticos, autores y académicos dentro del complejo sistema literario formado por el mercado, la crítica y la Universidad–, por lo que podría tener más que ver con una indiscutible crisis de los grupos mediáticos y editoriales, subproducto por su parte de la actual crisis económica. Conviene, pues, aclarar de entrada la problemática polisemia de «crisis» y «crítica», oculta con frecuencia en un debate en el que, por otra parte, unos y otros sobreentienden valores estéticos relacionados con coordenadas ideológicas muy determinadas: lo que para unos es una saludable democratización de la cultura, para otros se trataría más bien de una universalización y estandarización de formas de escaso valor artístico. Pero, ¿realmente difieren tanto las definiciones y valores estéticos de unos y otros? A esta cuestión está dedicada la última parte de este trabajo, pues las facetas más aludidas de la crisis (caída de ventas, pretendida mediocridad general de la producción cultural, supuesta incompetencia profesional de ciertas formas de la crítica, etc.) no sólo podrían ocultar interpretaciones de signo contrario, sino ocultar la debilidad de «las razones de la Crítica», de los fundamentos teóricos de la Crítica literaria en tanto disciplina humanística, al desviar la atención a otras crisis concomitantes. Nos encontraríamos entonces frente a una crisis teórica y crítica similar a la vivida en el Arte contemporáneo durante el siglo pasado: la obsolescencia de los antiguos criterios de valorización estética (originalidad, coherencia, autenticidad, etc.), habría dejado a la Academia y a la crítica literaria profesionalizada en una posición de desventaja frente al poder de consagración simbólica del Mercado; una crisis que, si nos atenemos a lo sucedido con las artes plásticas, no tiene por qué significar una sentencia de muerte, sino los signos precursores de transformaciones capitales.

Crisis, ¿qué crisis?

5Como ya he señalado, las llamadas de atención y las alarmas se han multiplicado en los últimos tiempos. Si los mensajes no son novedosos, el incremento en su frecuencia y la urgencia con la que se emiten sí parecen ser significativos. Para mi exposición mencionaré algunos fenómenos que me parecen evidenciar esta progresiva dramatización de las representaciones en clave de crisis de la actividad crítica y literaria.

  • 2 Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, M...

6En primer lugar, la proliferación de escritos (libros, artículos, monografías) que alertan sobre el «estado crítico de la Crítica». Este tipo de discurso suele relacionar dicho estado con una crisis generalizada de la cultura y de los valores humanistas. El más ilustre ejemplo lo encontramos en el penúltimo libro de Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo 2, que no es sino el espolón de ataque de otras muchas voces que se muestran igualmente pesimistas sobre el estado actual de la Literatura y de la Crítica literaria. La tesis central del libro se apoya en la firme creencia de que la «civilización occidental» (es decir mundial) está en declive, y que esto es debido a la «cultura del entretenimiento» y al abuso de las nuevas tecnologías; una de cuyas consecuencias sería la pérdida del espíritu crítico, y, por ende, la decadencia y arrumbamiento de la crítica literaria. Según Vargas Llosa, el declive de nuestra civilización dará paso, si esto no ha sucedido ya, a la «civilización del espectáculo» que da título al libro. Entre otros horrores, tras el cataclismo, la verdadera cultura, la literatura de calidad, se verá obligada a adoptar formas subterráneas y marginales, en beneficio de las formas audiovisuales de entretenimiento:

  • 3 Ibid., p. 47.

Los amantes de la anacrónica cultura libresca, como yo, no deberían lamentarlo, pues si así ocurre, esa marginación tal vez tenga un efecto depurador y aniquile la literatura del bestseller, justamente llamada basura no sólo por la superficialidad de sus historias y la indigencia de su forma, sino por su carácter efímero, de literatura de actualidad, hecha para ser consumida y desparecer como los jabones y las gaseosas.3

7La literatura basura («del bestseller») es, de manera evidente, como los videojuegos, la música popular, las películas de superhéroes, cualquier tipo de arte comercial y un largo etcétera de fobias llosianas, una versión degradada de la cultura. Doy un ejemplo entre muchos posibles:

  • 4 Ibid., p. 214.

[Casi nadie] cree ya que la literatura sirva para gran cosa, salvo para no aburrirse demasiado en el autobús o en el metro, y para que adaptadas al cine o a la televisión, las ficciones literarias –si son de marcianos, horror, vampirismo o crímenes sadomasoquistas, mejor– se vuelvan televisivas o cinematográficas. Para sobrevivir, la literatura se ha tornado light –noción que es un error traducir por ligera, pues, en verdad, quiere decir irresponsable y, a menudo, idiota.4

  • 5 Ibid., p. 15-32.

  • 6 La literatura de izquierda [2004]. Cáceres: Periférica...

8La obra de Vargas Llosa se inserta en una consolidada tradición discursiva en la que sin dificultad se pueden incluir otros nombres como los de Thomas S. Eliot, Theodor Adorno, Harold Bloom, George Steiner, Guy Debord, Gilles Lipovetsky y Jean Serroy –la mayoría de estos autores es citada profusamente por Vargas Llosa en su obra. Para muchos de ellos, aunque ciertamente no para todos, ni por las mismas razones, buena parte de los males que acechan al arte en general provienen de los fenómenos asociados a la Globalización y a la denominada «democratización de la cultura» (es decir, el conjunto de políticas y prácticas encaminadas a lograr un acceso más amplio del conjunto de la sociedad al saber y a la cultura), que habría sido defendida por una parte de la crítica literaria. Frente a ésta, para estos autores, la (buena) cultura fue, es y será siempre minoritaria y elitista5. En este sentido, la supuesta debilidad de las formas canónicas de cultura es también el resultado colateral de políticas educativas concretas como la ampliación del acceso a los estudios superiores o la inclusión de literaturas marginales o populares en los planes de estudio. Resulta sintomático que esta constatación sea independiente de la supuesta orientación política de sus defensores. Algunos años antes, a pesar de situarse a priori en las antípodas ideológicas de Vargas Llosa, el crítico argentino Damián Tabarovsky deducía los mismos males del ascenso de las «clases medias bobas» y la expansión democrática de la cultura, y los asociaba también a un ejercicio defectuoso de la crítica, llegando a conclusiones similares o incluso más radicales que las del premio nobel, puesto que, en su opinión, el futuro de la «verdadera literatura» es el de una «literatura sin público», sin reconocimiento crítico o académico y sin mercado posibles6.

9En España, uno de los más ardientes defensores de este tipo de tesis es Jordi Llovet, profesor de Filología catalana, catedrático de Literatura comparada y crítico literario en el suplemento cultural Babelia del periódico madrileño El País. Llovet publicó en 2011 un libro titulado Adiós a la universidad, con el subtítulo El eclipse de las Humanidades, donde, además de saldar cuentas personales con su Universidad –de la que se jubilaba, lo que explica el título–, proporcionaba su particular diagnóstico de las crisis (cultural, teórica, docente, crítica, etc.) de las Letras, en el que relacionaba la decadencia cultural con la de las instituciones (sociedad civil, Universidad, Crítica literaria, entre otras) que, a su juicio, deberían haberlas salvaguardado en virtud precisamente a la capacidad crítica que les era propia:

La «sociedad del espectáculo», uno de los elementos que mejor definen el fenómeno de la postmodernidad, se ha aferrado a la universidad como un creyente se aferra, para al sacrificio, a la oveja más mansa. Las conferencias que se convocan de continuo en las facultades de Letras del país dan idea de la escasa imbricación de la universidad con los problemas de la sociedad […] de la vida pública o de la educación, cuando no se refieren a cuestiones puramente grotescas. Sirvan de muestra unos cuantos ejemplos […]

10Aquí Jordi Llovet cita los títulos de una serie de conferencias que tuvieron lugar en su universidad. No reproduciré aquí lista completa, pero me gustaría mostrar algunos ejemplos de lo que este profesor considera estudios «superfluos» o «grotescos» y, en todo caso, causa concomitante del eclipse del pensamiento crítico y de las artes:

  • 7 Jordi Llovet, Adiós a la universidad. El eclipse de la...

«Malleable Identity: The Adaptation of a Chinese Family to Australia in Clara Law’s Floating life»; «Los fenómenos glotales en situación de contacto lingüístico: maya y español de Yucatán» […] «Gay, queer, gender…? Paradigmas teóricos en la crítica y representación de la diversidad sexual»; «The Road to Automated Lexicography»; «Del ciberfeminismo a la plasticidad del cuerpo»…7

  • 8 Ver especialmente en The Western Canon. The Books and ...

  • 9 Jordi Gracia, El intelectual melancólico. Un panfleto,...

11Los ataques de los críticos como Llovet o Vargas Llosa tienen objetivos de preferencia dentro de la Teoría y la Crítica literarias (estos sí estrechamente relacionados con sus posiciones ideológicas), entre los que se encuentran el Feminismo, la Crítica de género, el Post-colonialismo, la Deconstrucción y los Estudios culturales. Lo que Harold Bloom denomina con desprecio la «Escuela del Resentimiento» y otros, más reductores todavía, la French Theory8. Así hubo lógicamente quien se sintió aludido por las críticas de Llovet, y pocos meses después aparecía como respuesta oficiosa (el libro de Llovet no es mencionado explícitamente en ningún momento) El intelectual melancólico de Jordi Gracia9, también catedrático de la Universidad de Barcelona y crítico asimismo en Babelia.

12La acidez de la respuesta de Gracia radica en considerar las posturas de Llovet o Bloom como una patología habitual de los académicos decrépitos, fruto de los celos profesionales («nadie les hace caso») y de su obsolescencia crítica: «Se saben ineptos para traducir los nuevos códigos culturales urbanos y literarios, y los deploran por nuevos e incomprensibles, como si les estuvieran retando a muerte». Y añade que la susceptibilidad por los cánones y la autoridad perdidos esconde la angustia de un paisaje percibido como amenazante:

  • 10 Ibid., p. 20-21.

No hay ya libros que regulen el tráfico de las ideas ni nadie circula por las autopistas que fueron suyas: han cambiado las señalizaciones, han abierto variantes nuevas y el paisaje se ha transformado irremediablemente poblándose de arquitectura espuria, horteramente vistosa y tontamente neobarroca (que es el síntoma definitivo de la claudicación del buen gusto).10

  • 11 Umberto Eco, «Cahier de doléances», Apocalíticos e in...

  • 12 Manifiesto subnormal, Barcelona: Kairós, 1970; Panfle...

  • 13 Alcalá de Henares (Madrid): Centro de Estudios Cervan...

  • 14 Los mercaderes en el templo de la literatura, Madrid:...

13Lo inesperado no es la repetición de las tradicionales trifulcas generacionales, sino que se olvide que siempre ha sido así. En efecto, basta un vistazo a un libro escrito en los años 60 para comprobar que las críticas apocalípticas no hacen más que repetir punto por punto un viejo recetario. Me refiero obviamente a Apocalípticos e integrados (1965), donde Umberto Eco exponía el cahier de doléances de los críticos apocalípticos. En la estela de Adorno o de Eliot, acusaban, entre otras cosas, a la cultura de masas (y a los críticos que la aceptaban como objeto legítimo de estudio o le otorgaban valores estéticos positivos): de producir una cultura comercial, homogénea, culturalmente invasora, no original y simulada; de nivelar toda las formas culturales en detrimento de las formas más minoritarias o vanguardistas, e impidiendo la valoración de la cultura de mayor calidad; de producir una visión acrítica y conformista de la realidad, y otros muchos males11 que se han reiterado hasta la saciedad en los últimos cuarenta y cinco años, inclusive por buena parte de los críticos mencionados más arriba. Así, por ejemplo, un espíritu crítico similar, sin embargo desde las antípodas de la valoración política y estética, inspiraba alguno de los escritos de Manuel Vázquez Montalbán como Manifiesto subnormal (1970) o el Panfleto desde el planeta de los simios (1985)12. Otro tanto se puede decir de otras obras más recientes, las tres publicadas originalmente en 2004, el citado estudio de Tabarovsky, La literatura de izquierda; La vieja diosa. De la Filología a la posmodernidad. (Algunas notas sobre la evolución de los estudios literarios) de Joaquín Rubio Tovar13; y Los mercaderes en el templo de la literatura de Germán Gullón14. Las distintas crisis económicas desde la Escuela de Fráncfort parecen haber pautado con una melodía muy parecida las distintas ediciones de la crisis de la crítica literaria, asociada recurrentemente a una crisis o una decadencia más generales de los valores de la sociedad (postguerra, mayo del 68, final de la Guerra fría, o incluso la crisis del corralito en Argentina para el caso de Tabarovski, y, por supuesto, la crisis económica actual).

  • 15 Especialmente optimistas sobre el futuro de la Litera...

  • 16 Ver por ejemplo su artículo «Hacia una lectura trasat...

  • 17 El novelista argentino rebatía punto por punto al ata...

  • 18 Especialmente optimista, por contraste con lo que se ...

14Puede que el apocalipsis cultural esté cercano, pero ha sido anunciado demasiadas veces. Efectivamente, a pesar de todas las advertencias y extremaunciones, el tiempo parece dar la razón al optimismo que una vez tras otra vence todas las batallas, como sostienen otros críticos y autores, como los mencionados U. Eco y J. Gracia, pero también muchos otros como Terry Eagleton15, Ignacio Echevarría, Edmundo Paz Soldán, Vicente Luis Mora16, Guillermo Martínez17 o Cristina Rivera Garza18, por no citar más que a algunos destacados «integrados» desde los más variados horizontes y procedencias (Bolivia, EE.UU., Gran Bretaña, México, España, Argentina): la literatura sigue viva, se siguen escribiendo novelas y haciéndose críticas de ellas. Es más, la progresiva democratización de los gustos y de los estilos, la supresión de las distinciones entre formas elevadas y bajas de cultura son en buena medida la expansión de la lectura y crítica literaria en manos de autores cibernéticos, en ocasiones anónimos o, para escándalo de los críticos conservadores, declarados autodidactas o aficionados. Para estos autores, en definitiva, no existe una crisis de la crítica asociada a las nuevas escrituras, sino una crisis de la crítica ligada a los antiguos modos de expresión.

15Llegados a este punto, podemos hacer una primera recapitulación. En primer lugar, la crisis es múltiple y, aunque tienda a confundirse en sus distintas acepciones, podemos observar cómo se asocia reiteradamente la visión de la «crítica literaria en estado de crisis» a crisis más generales y, sin embargo coyunturales: económicas, sociales, académicas, culturales, morales, etc. En estos panoramas pesimistas, se le suele atribuir un papel negativo a la crítica literaria, que habría contribuido a la decadencia general al no desempeñar correctamente su misión en el conjunto de las disciplinas sociales y humanísticas. No obstante, es preciso señalar que fuera de estas crisis concomitantes, los críticos más optimistas encuentran fácilmente argumentos, subrayando los aspectos juzgados positivos de las nuevas situaciones, puesto que reconocen nuevas modalidades de escritura, allí donde otros no perciben sino formas degeneradas y ecos de las otras supuestas crisis. Estas representaciones enfrentadas de la crítica se apoyan, por consiguiente, en una polisemia o, si se prefiere, en una ambigüedad resultante sobre la distinta interpretación sobre qué puede ser considerado (verdaderamente) como crítica.

Crítica, ¿qué crítica?

  • 19 Para una visión global contemporánea de las interacci...

16Bajo el término de «crítica literaria» se suelen agrupar tres acepciones diferentes que tienden a confundirse (dejo de lado otras nociones, que no me interesan ahora). La primera de estas nociones haría referencia a la actividad en sí misma, en su aspecto más cotidiano y trivial realizada por todo tipo de individuos; la segunda concerniría al ámbito universitario y académico; mientras que la tercera correspondería al ámbito mediático y editorial. Como he dicho, estas nociones están interrelacionadas y se confunden. Por ejemplo, cuando Harold Bloom concede una entrevista al suplemento literario de un periódico donde descalifica a un escritor latino o a una escritora afroamericana, estaría desempeñando las tres nociones simultáneamente. El principal interés de esta distinción reside en que es capaz de explicar la aparente paradoja de que, mientras todo parece apuntar hacia un optimismo justificado para la primera de estas nociones (la mera actividad discursiva), las actuales crisis universitaria y de los medios de comunicación (especialmente escritos) explican la legítima y reiterada inquietud de los integrantes de los subcampos de la crítica académica y periodística, puesto que, aunque parece innegable que los discursos críticos en torno a las obras literarias se han multiplicado en los nuevos soportes y canales textuales (independientemente del alcance y el valor que se les otorgue), abundan las advertencias de que las instituciones académicas y la crítica profesional (esencialmente periodística) tienen una influencia cada vez menor en el destino final de las obras literarias19.

  • 20 Frédéric Martel, Mainstream. Enquête sur la guerre gl...

  • 21 Ver especialmente las conclusiones de Martel: Ibid., ...

17El periódico español El País y su suplemento cultural y literario, Babelia, pueden servir como casos emblemáticos de este último aspecto. La publicación como es notorio, experimenta actualmente una terrible incertidumbre económica debido a una (fallida) expansión extremadamente ambiciosa y las trasformaciones mundiales de los mercados culturales, audiovisuales y mediáticos. Como muchas otras industrias culturales o de creación, El País se convirtió en un holding editorial y mediático, Grupo Prisa (donde publica Vargas Llosa), similar al grupo Clarín (Argentina) o a otros muchos, como los descritos por Frédéric Martel en su libro Mainstream. Enquête sur la guerre globale de la culture et des médias20. Desde la óptica de Martel, que concibe la actividad de estos cárteles como una especie de «guerra de civilizaciones por otros medios», los periodos de crisis presentan, además de peligros, extraordinarias oportunidades de negocio, como ilustran las agresivas políticas expansivas seguidas por los ejecutivos que presiden sus consejos de administración: por las que los medios crecieron hasta llegar a ser holdings mediáticos para, tras innumerables fusiones y adquisiciones, convertirse en cárteles casi monopolísticos a escala planetaria21. En este contexto general, la crítica literaria en sus distintas modalidades mediáticas ha adquirido un valor particular específico dentro de estas estrategias empresariales tanto por sus repercusiones a medio y a largo plazo en el prestigio simbólico de los bienes y canales culturales, como otras consecuencias más inmediatas en el mercado cultural: una obra sin eco crítico mediático, tiene muchas posibilidades de volverse «invisible» tanto para el Mercado, como para la Academia que eventualmente podría suplir una ausencia inicial de público.

  • 22 Ibid., p. 484-485.

18Por otra parte, estas estrategias de control y construcción del valor simbólico de las obras literarias (explícitas como veremos a continuación) no escapan a contradicciones y ambigüedades inherentes debidas a la tensión irresoluble entre los intereses propios e impropios a la disciplina y discursos de la crítica literaria. Esto es particularmente visible en el hecho de que el principal objeto en disputa entre estos gigantes mediáticos, a diferencia de las editoriales universitarias o minoritarias, es abiertamente la «cultura mainstream», aquella que gusta y es consumida por el mayor número posible de personas y sociedades22. Ahora bien, se da la aparente paradoja de que, desde el punto de vista de la crítica literaria institucional y mediática, este tipo de cultura popular es denigrada igual e invariablemente, con escasísimas excepciones, tanto por los críticos que podríamos calificar, en la tradición de Eco, apocalípticos (convencidos del declive de la civilización y de la cultura) como por otros más integrados (o menos pesimistas). Así, por un lado, encontramos la previsible denuncia de un Vargas Llosa:

  • 23 Vargas Llosa, op. cit., p. 35.

Esta loable filosofía [la democratización de la cultura] ha tenido el indeseado efecto de trivializar y adocenar la vida cultural, donde cierto facilismo formal y la superficialidad del contenido de los productos culturales se justificaban en razón del propósito cívico de llegar al mayor número. La cantidad a expensas de la calidad. Este criterio, proclive a las peores demagogias en el dominio político, en el cultural ha causado reverberaciones imprevistas, como la desaparición de la alta cultura, obligatoriamente minoritaria por la complejidad y a veces hermetismo de sus claves y códigos, y la masificación de la idea misma de cultura.23

19Pero también este tipo juicio es también habitual en los críticos escépticos con los escenarios apocalípticos, a pesar de todos los prejuicios de sus adversarios. De este modo, Jordi Gracia, el profesor y crítico antes citado, coincide en lo esencial con el nobel peruano en el juicio estético y moral de las obras mainstream:

  • 24 Jordi Gracia, op. cit., p. 89-90.

Repetir ofendidamente la vergüenza de que los públicos disfruten con Ruiz Zafón, con Stieg Larsson o Federico Moccia o con divulgadores historiográficos o esotéricos muy populares seguirá dejando intacta la evidencia de que en la jerarquía más alta de valores contemporáneos no figuran esos nombres, y nadie se equivoca ahí. Nadie quiere decir nadie con una preparación básica algo más exigente que el mero bachillerato, alguien con una preparación universitaria que haya dejado de disfrutar sólo con John Grisham o con Dan Brown.24

  • 25 Ignacio Echevarría, «Críticos embobados», suplemento ...

  • 26 Ibid., p. 90-91.

20Opinión a la que podríamos sumar otras, como la de Ignacio Echevarría de que «la baja exigencia de la industria editorial [se debe a la] permanente situación de tener que proveer con libros infames a un público idiotizado»25. En estos tres ejemplos, tomados sin ningún afán exhaustivo, tanto Vargas Llosa como Jordi Gracia o Ignacio Echevarría se muestran completamente de acuerdo en las jerarquías de valores tradicionales (un best-seller no tiene en ningún caso el mismo valor que una obra canónica) y en las funciones de la crítica (determinar el valor literario de las obras), aunque difieren diametralmente en el diagnóstico global del fenómeno –lo que permite seguir calificando al primero de «apocalíptico» y a los segundos de «integrados»–. En efecto, para Jordi Gracia: «[en la actualidad] los ciudadanos son más felices y más críticos porque están mejor informados y viven mejor»26.

  • 27 Ibid., p. 89.

21Gracia señala asimismo el paradójico hecho de que «la denuncia de la marginación de saberes del humanismo clásico se realiza una y otra vez desde las plataformas editoriales y mediáticas más potentes y prestigiosas y no desde rincón alguno del sistema, acosado o desatendido»27. Ciertamente, desde una perspectiva estrictamente comercial y cuantitativa, Vargas Llosa o Harold Bloom son indiscutiblemente autores de best-sellers. Incoherencia que se repite en el caso de las plataformas mediáticas que llegan a denigrar en los suplementos literarios de las cabeceras periódicas, lo que comercializan y promocionan las editoriales del mismo grupo empresarial. Precisamente, El País (Grupo Prisa) publicó en 2011 dentro del suplemento literario Babelia, un reportaje, «Radiografía de la crítica literaria», donde se recogían las respuestas a un cuestionario enviado a distintas personalidades del campo: editores, directores y críticos de los suplementos literarios (Letras Libres, Diario Ñ, Babelia, The Guardian, etc.). Es interesante observar la manera en que Winston Manrique Sabogal, el crítico de El País responsable del reportaje, resumía en tres categorías las opiniones más frecuentes sobre las causas de la supuesta crisis de la crítica literaria:

1. La reducción de páginas y espacios dedicados a la crítica, las directrices o filosofía de cada medio sobre la clase de textos que quiere brindar y la aparente mayor concesión al mercado en detrimento de la calidad.
2. La revisión del ejercicio de la propia crítica a la cual le faltaría independencia, valentía, compromiso, rigor (ser menos complaciente) y profundidad (dar más elementos de valoración).
3. La pérdida de la influencia de la crítica literaria justo ahora cuando más se necesita en una era de sobreinformación y proliferación de canales que distorsionan y tienden a igualar el arte, a lo cual
se suma la confusión ante la democratización de la crítica desde la plaza virtual. 28

  • 29 En una entrevista reciente, Echevarría atribuye el co...

22Como ya he apuntado más arriba, no parece que el primero de estos aspectos se deba a factores intrínsecos a la actividad crítica. El segundo, en cambio, refleja una de los reproches más habituales contra la crítica periodística: su parcialidad. Sucede, además, que El País fue objeto de una polémica notoria por el despido fulminante, hace algunos años, del ya mencionado Ignacio Echevarría, director de Babelia por aquel tiempo, supuestamente por haber osado criticar negativamente una novela editada por Alfaguara (editorial también de Prisa), aunque la versión del diario se centraba en el lenguaje y tono empleados por Echevarría29. Quizás por estos antecedentes, el reportaje contiene un texto enmarcado que contiene las normas genéricas para realizar «una crítica equilibrada», con el título «Ni golpear, ni babear»:

  • 30 Winston Manrique Sabogal, art. cit.

1. Situar al autor, decir quién es y lo que representa el libro en su obra.
2. Ubicar el libro y juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria.
3. Argumentos razonados y con ejemplos para que el lector pueda comprender y evaluar.
4. Informar, educar y entretener.
5. Poca sinopsis y trama.
6. Informar sobre el estilo, el significado y la carga simbólica del libro.
7. Decir lo que piensa el autor sobre el tema del libro.
8. Decir lo que el crítico piensa sobre lo que el autor del libro dice sobre el tema del libro.
9. Ni golpear ni babear, una opinión ponderada y una fundamentación mesurada son más convincentes que un exabrupto.
10. Prohibir los adjetivos publicitarios, quien debe concluirlos es el lector.30

23El tercer aspecto destacado por Manrique Sabogal hace referencia a los nuevos espacios de la crítica que escapan al mundo periodístico: blogs, twitter, las páginas personales de Amazon.com y el largo etcétera consabido. En un utilísimo artículo, al que remito, publicado en la revista Caracteres (Octubre 2012), «La crítica literaria española frente a los nuevos medios y el cambio», la profesora Genara Pulido Tirado analizaba esta «Radiografía de la crítica literaria» y la relacionaba con los nuevos formatos en línea de los medios tradicionales. Según la profesora Pulido Tirado, los grandes medios y editoriales habrían comprendido por fin las virtudes de la interacción, atracción y comercialización de estos nuevos canales. Así Elpaís.com, imitado posteriormente por otros medios, creó la sección «Boomeran(g)», en la que escriben y publican críticas autores y críticos en sus blogs respectivos: Julio Ortega, Sergio Ramírez, Edmundo Paz Soldán, Jorge Volpi, Cristina Rivera Garza, etc.

Image 10000000000001900000013A48427EEA6826B8AA.jpg

Fig 1. Captura de pantalla (20/05/2013) «Algunas plantas» entrada del 19/10/2012 en el blog Lector Malherido: http://lectormalherido.wordpress.com/2012/10/19/algunas-plantas/

24La integración de los blogs en los medios tradicionales, incluso en línea, obliga a realizar trasformaciones más o menos considerables no sólo de contenido sino también de forma. Tomemos el que es considerado como uno de los blogs más influyentes en España, Lector Mal-herido, pseudónimo del escritor y crítico Alberto Olmos. Si observamos la captura de pantalla [Fig. 1], podemos comprobar cuán lejos está el Lector Mal-herido de las normas de una «crítica equilibrada». Para empezar, la fotografía de carácter abiertamente erótico, por no decir sexista, no parece guardar mucha relación con el contenido del post. La pestaña marcada como merchandising parece obedecer, como la ilustración, a intereses comerciales explícitamente rechazados por el código deontológico. Más grave aún, el contenido y tono del texto se parecen demasiado a esos exabruptos que se condenaban en el «código de buenas prácticas de la Crítica». Y, sin embargo, esta manera descarada de burlarse de los lectores es sin duda la clave del éxito del blog:

  • 31 «Algunas plantas», entrada del 19/10/2012 en su blog ...

Al igual que los tríos, las orgías a 7 y las despedidas de soltero, los post sobre varios libros no funcionan. El lector es unicejo, unicaja, universitario y, por defecto de su facultad de letras, no puede pensar en más de un binomio a la vez, a/b, título/autor, reseña, juicio sumario. Aun así, vamos el viernes, este viernes a alborotar las lecturas pasadas, pero recientes, que no me dieron para un post, no porque los libros no den para un post todos ellos, pues a fin de cuentas hasta el Frenadol da para un post […].31

Image 1000000000000190000001A55EE1971F2B14FCA1.jpg

Fig. 2. Captura de pantalla (20/05/2013) del blog-sección Lector Malherido, en eldiario.es: http://www.eldiario.es/lectormalherido/mejores-novelas-espanolas_6_81951812.html

25El resultado de la migración del blog y la adaptación a un formato más convencional tiene efectos considerables, como se puede apreciar en la siguiente imagen del blog integrado en el periódico electrónico español Eldiario.es [fig. 2]. A pesar de estas restricciones, hasta los blogs literarios más convencionales aportan una libertad y una diversidad temática inusuales en las columnas de las secciones escritas. La interacción con los lectores y las otras muchas posibilidades de las nuevas textualidades electrónicas –tanto como su no adecuación a los formatos y prerrequisitos librescos– han llevado a los críticos más optimistas o «integrados» a vislumbrar aquí el futuro de la literatura. En estas coordenadas se posiciona Cristina Rivera Garza, por ejemplo, cuando sostiene:

  • 32 Op. cit., p. 229.

En las pantallas verticales que dominan nuestras vidas, no sólo es posible escribir sino también, fundamentalmente, leer. Tener acceso abierto a obras de difícil adquisición es uno de los grandes privilegios del lector contemporáneo. De las publicaciones en blogs al intercambio de libros en formato pdf, de la compartencia de ensayos y artículos a través de links, o de vídeos en YouTube, la distribución cultural parece estar fraguando veredas, virtuales y no virtuales, que escapan a los circuitos estrictos del capital: el dinero o los derechos de autor.32

  • 33 «Con la tinta aún húmeda», entrada del 1 de febrero d...

26Además, como cualquier otro género electrónico, la Crítica disfruta de los serendípicos mecanismos de trasmisión virales propios a las dinámicas de las redes sociales. Así, la entrada más visitada del blog literario del escritor peruano Iván Thays lo ha sido hasta la fecha por un comentario despectivo hacia gastronomía patria, lo que le valió las iras irreprimibles de muchos internautas peruanos, pero lo que también se tradujo en un aumento considerable de la visibilidad de su blog [fig. 3]33.

Image 1000000000000190000000F631E84F3E67C16234.jpg

Fig. 3. Captura de pantalla (20/05/2013) del blog de Ivan Thays, alojado en el Boomeran(g), de El País: http://blogs.elpais.com/vano-oficio/2012/02/la-tinta-humeda.html

27Más allá de la dimensión anecdótica, podemos sacar algunas conclusiones parciales. Por un lado, es significativo el hecho de que la incorporación de blogs de crítica literaria parezca desbordar los marcos profesionales concretados en los códigos deontológicos, incluso cuando éstos se presentan como fruto del consenso y del sentido común (como en el ejemplo de Babelia). Además, los blogs de crítica literaria son por definición subjetivos y genéricamente impuros (no en balde este género proviene del discurso autobiográficos); extraños lugares donde pueden convivir la literatura (alta y baja), con excursos gastronómicos, material erótico y el ánimo de lucro más descarado. Los factores que determinan la difusión de la crítica en Internet no sólo no están basados en criterios literarios o propios a la Crítica literaria académica, tampoco en los criterios tradicionales de la crítica literaria periodística (objetividad, profesionalidad, imparcialidad, desinterés, etc.). De manera análoga al modo en que la supuesta «crisis de la crítica» es sistemáticamente asociada realidades económicas o sociales (crisis económica, crisis mediática, crisis universitaria, «crisis de la civilización o de la cultura») hasta el punto de confundirse con ellas; la indistinción de los distintos tipos de crítica dificulta la percepción de las fragilidades que, por el contrario, son, esta vez sí, propias al discurso de la crítica literaria profesional o académica, pero ajenas a la crítica como actividad subjetiva o amateur, la que, en definitiva, parece ser propia de los nuevos espacios y formatos. Esta confusión es habitual en aquellos que se pronuncian sobre el estado y el futuro de la crítica literaria, sean sus posiciones pesimistas u optimistas; en cualquiera de los casos, la polisemia de la «crítica literaria», mencionada anteriormente, no sólo es causa de este tipo de contradicciones, sino que oculta además la que podría ser la verdadera crisis propia de la crítica «seria», profesional o académica: la obsolescencia de un marco conceptual, de una escala de valores estéticas propios de la Modernidad, pero caducos frente a las nuevas modalidades de escritura. Desprovistos de estas garantías teóricas, la crítica institucional (profesional o académica) pierde buena parte de su razón de ser, del aparato discursivo que sustentaba su autoridad, frente a la crítica no profesional. En la siguiente y última parte, examinaremos cómo se ha intentado reforzar esta autoridad particular de los discursos especializados: las razones que serían propias de la Crítica literaria, y en qué medida traducen también, paradójicamente, una aceptación implícita de crisis en estos valores y argumentos, su carácter impuro –es decir, ajeno a los estrictos intereses de la Crítica como disciplina– o su alcance relativo a limitaciones insalvables inherentes a la actividad crítica (necesariamente individual).

Las razones de la crítica

28A primera vista, las opiniones de los entrevistados en la «Radiografía de la crítica literaria» de Babelia tienden más, como he señalado, a posiciones integradas, por conservar la expresión de Eco, a un relativo optimismo con respecto al porvenir de la crítica. Como ya he señalado, varias de las opiniones más repetidas inciden en la multiplicación exponencial del número de obras publicadas en los diferentes soportes contemporáneos, y de juicios valorativos sobre ellas. Este incremento de la oferta literaria y crítica suscita tanto interpretaciones positivas, como a otras más cautas, que advierten, por ejemplo, del dudoso valor de la crítica realizada por aficionados, como podría ser el juicio amateur de los usuarios de Amazon, frente al cual, Jorge Aulicino preciaba las virtudes de la «crítica informada»:

  • 34 Winston Manrique Sabogal, art. cit.

La democratización de la crítica, la opinión, la información –esto implica el espacio virtual interactivo– requiere más que nunca puntos de referencia. El periodismo profesional no puede ser reemplazado por la información amateur. Aun en la Red. Primero, porque el periodismo es un trabajo colectivo con profesionales. Producir información, justamente por impulso de la globalización, requiere equipos, recursos humanos, tecnología, que cada uno por sí mismo no está en condiciones de tener. Los lectores pueden encontrar crítica muy buena dentro o fuera de los grandes medios, pero la calidad de esa crítica se deberá siempre a lo mismo: la calidad de lectura y de la escritura del crítico.34

29Sin embargo, a la «crítica informada» le acechan otros peligros, como el de su independencia. En este sentido, Ignacio Echevarría se pronunciaba recientemente en favor de la posibilidad efectiva de la crítica literaria, incluso a pesar de las presiones editoriales y las restricciones comerciales:

  • 35 Ignacio Echevarría, entrevista «Una mala crítica es u...

El crítico intransigente que se va estrellando cada dos por tres con el medio en el que actúa, y saltando de una tribuna a otra, puede ser muy ejemplar y muy admirable, pero termina no resultando útil a nadie. De modo que yo soy no sólo bastante comprensivo con las estrategias posibilistas –que no claudicantes–, sino que creo que a menudo son las únicas eficaces. El País me parece en la actualidad un periódico detestable (como lo son, aunque de otra manera, todos los demás), pero parece plausible colaborar con él en la medida en que uno vea la forma de actuar dentro de los márgenes dados, y quizá subvertirlos. La crítica siempre ha solido ejercerse desde la resistencia al medio que la aloja, con el que ella misma emplea sus filos llegado el momento. Hay muchos modos de hacerlo, se trata de discurrirlos, y de hacer elocuentes los propios límites.35

30Otros autores, desde posiciones todavía más críticas, han explicado con crudeza la necesidad de los «profesionales de la lectura» para regular eficazmente el mercado de los bienes culturales. Así lo expresaba Germán Gullón:

  • 36 Germán Gullón, Los mercaderes en el templo de la lite...

Los críticos literarios intentamos vigilar el mercado. Unos propiciaron la literatura, otros permanecemos a la puerta de la casa de la literatura cerrando el paso a la legión de personas que escriben hoy día.36

  • 37 Gabriel Zaid, Los demasiados libros. México D.F.: Edi...

31Ahora bien, los condicionantes del mercado van más allá de una mera imposición jerarquizada de valores o de puntuales intereses empresariales o económicos. El mercado literario puede simplemente determinar el alcance, el radio de acción, es decir el objeto mismo de la Crítica literaria, tanto mediática, como académica. Los críticos mismos son conscientes del valor relativo de su trabajo. Prolifera, por ejemplo, el síndrome de los «demasiados libros»37: a la constatación de la imposibilidad material de tener una visión global y significativa por el exceso de producción se le añade la falta de acceso material a toda la producción literaria por las limitaciones del mismo mercado. No son infrecuentes, por lo tanto, afirmaciones como la siguiente del ya citado Alberto Olmos:

  • 38 Alberto Olmos «Las mejores novelas españolas de 2012»...

Los críticos, llamados a descubrir y reconocer, a elaborar una revisión apasionada e independiente del panorama literario, han acabado siendo tan sólo los que levantan la bandera de cuadritos al final de la carrera. Si el Premio Nacional de Narrativa nunca se concede en España a una obra que no haya salido de un gran grupo editorial, los mejores libros del año tampoco son ajenos a ese filtro inicial que supone dónde han sido publicados. A esa primera criba hay que añadir los amigos escritores del crítico y los editores amigos del crítico: ambos le hacen llegar sus libros (escritos, publicados), lo que puede dar al cabo la sensación de que en una lista de mejores del año hay algunos títulos a contracorriente, cuando no son más que cameos.38

  • 39 La llamada «crítica económica» de cultura ha abordado...

32Me gustaría terminar este repaso sumarísimo con el último de los fenómenos que parecen confirmar la crisis de la crítica académica o institucional (en oposición a la proliferación de otro tipo de críticas), y que coincide con el diagnóstico de la encuesta de El País. Me refiero a la pérdida de influencia y autoridad de la Crítica clásica en el mundo literario, otra opinión recurrente en autores y críticos de todas las tendencias. En mi opinión esta merma no es achacable únicamente a la transformación de las industrias creativas y los modos de consumo de los bienes culturales, sino que responde a debilidades de la Teoría literaria, que a su vez se transmiten a la Crítica. Un aspecto de la vida literaria donde es más visible esta fragilidad teórica se encuentra en su parte más mundana y comercial: las polémicas en torno a los premios literarios39, cuyo ejemplo más emblemático es sin duda la polémica en 2012 con motivo del premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a Alfredo Bryce Echenique. Como se recordará, la polémica se dividió en dos bandos antagónicos en cuyas filas respectivas militaban escritores y críticos de renombre. Jorge Volpi, uno de los más destacados defensores, se indignaba por la aparición de argumentos extraliterarios:

  • 40 Jorge Volpi, «El premio FIL y la Inquisición literari...

Si bien entre los críticos del Premio se cuentan académicos y escritores cuya opinión siempre respeto –y cuyas críticas me invitan a la reflexión–, apenas sorprende que los miembros más aguerridos de la inquisición literaria pertenezcan a ese vasto sector que, sin haber escrito jamás una línea perdurable, medra en los márgenes de nuestra vida cultural. Ellos, que nunca se pronuncian ni llaman a firmar desplegados ante las grandes injusticias y descalabros morales del país –de la corrupción de nuestros políticos a las muertes de la guerra contra el narco– en cambio se empeñan en convertir en causa justa la moralidad de un escritor. ¿Por qué concentran su indignación en este caso? Tal vez porque no toleran a alguien que, a diferencia de ellos, fue capaz de crear una obra más allá de sus pecados y sus faltas.40

33Lo que me interesa aquí es la mezcla de razones esgrimidas entre la ética, la moral y la estética; precisamente el mismo tipo de argumentos empleados explícitamente por Harold Bloom, Tabarovsky, Vargas Llosa o Jordi Llovet. El tipo de razones que no se razonan, puesto que son evidentes. La ausencia de motivación teórica explícita de los juicos literarios puede deberse a razones materiales de espacio, pero es también uno de los rasgos de la crítica en estado puro. Por otra parte, ¿cuáles podrían ser estos argumentos estrictamente literarios? Para tratar de responder a este interrogante, consideremos el siguiente extracto, que es, sin lugar a dudas, un fragmento de crítica bien informada –aunque dudosamente aprobaría el «código Manrique Sabogal» de equilibrio crítico; y es también una buena muestra de ella:

  • 41 Roberto Bolano, «Derivas de la pesada», Entre parénte...

Osvaldo Soriano […] fue un buen novelista menor. Con Soriano hay que tener el cerebro lleno de materia fecal para pensar que a partir de allí se pueda fundar una rama literaria. No quiero decir que Soriano sea malo. Ya lo he dicho: es bueno, es divertido, es, básicamente, un autor de novelas policiales o vagamente policiales, cuya principal virtud, alabada con largueza por la crítica española, siempre tan perspicaz, fue su parquedad a la hora de adjetivar, parquedad que por otra parte perdió a partir de su cuarto o quinto libro. No es mucho para iniciar una escuela. Sospecho que el influjo de Soriano (aparte de su simpatía y generosidad, que dicen fueron grandes) radica en la venta de sus libros, en su fácil acceso a las masas de lectores.41

34Que Roberto Bolaño estaba bien informado en materia literaria parece indudable. Pero, ¿es éste un modelo de buena crítica literaria? Se le podrían objetar las formas, pero en realidad lo que sucede es que las afirmaciones de Bolaño se basan en la persuasión y no en la argumentación. Esto es visible en otro ejemplo, más canónico, a partir de la definición de la «mala literatura», perfectamente inverificable en el plano teórico, que proporcionaba Vargas Llosa en La orgía perpetua:

  • 42 Mario Vargas Llosa, La orgía perpetua (Flaubert y Mad...

[…] una literatura para el consumo, ejecutada por profesionales de mayor o menor habilidad técnica, que se limitan a producir de manera serial y según procedimientos mecánicos, obras que repiten el pasado (temático y formal) con un ligero maquillaje moderno y que, en consecuencia, predican el conformismo más abyecto ante lo establecido.42

  • 43 Ver Antoine Compagnon, Le démon de la Théorie. Littér...

  • 44 Terry Eagleton, op. cit., p. 59-105.

  • 45 Ver su libro de ensayo Rapport de police. Accusations...

  • 46 Uncreative Writing. Making Language in the Digital Ag...

  • 47 «Crisis y transformación». Entrevista con Agustín Sca...

35Ahora bien, ¿con qué criterios objetivos se podría medir el grado (el valor) de originalidad formal de una obra?, ¿y su conformismo ante lo establecido? Comprensiblemente, los autores y críticos que creen en las jerarquías estéticas han intentado esquivar este problema de la demostración del valor estético de diversas maneras. H. Bloom, por ejemplo, sostiene que estamos «naturalmente» inclinados a reconocer el carácter magistral de las obras de Shakespeare, y niega cualquier determinismo ideológico en este fenómeno que, además, considera universalmente cierto. Por su parte, Jordi Gracia, autor nada sospechoso de conservadurismo, sostiene, como hemos visto, que cualquiera con un mínimo de educación sabe que El Quijote es una obra maestra y Harry Potter no. Otros autores, antaño más relativistas, como Antoine Compagnon o el mismo Umberto Eco, apelan a un «sentido común»43, el cual, como se sabe, es en sí mismo inefable. Incluso Terry Eagleton, en su libro After Theory, se convierte en un inesperado defensor de los criterios morales como fundamento de la Crítica literaria, aunque en las antípodas de Vargas Llosa. Eagleton asocia el descrédito de la moral con el descrédito de la Teoría literaria y hace una reivindicación de ambas44. No es extraño que, ante estas posiciones de la crítica autorizada, autores como Marie Darrieusecq reprochen a los profesionales de la Crítica y de la Literatura el abandonar las razones estrictamente literarias –en su opinión las únicas legítimas–, por una suerte de complejo de inferioridad frente a otras disciplinas como el Derecho, la Economía, la Estadística o la Moral45. Por el contrario, la profesora argentina de Yale Josefina Ludmer declaraba en una entrevista el final de la autonomía literaria (así como de valores específicamente literarios) y llegaba incluso a proclamar la «muerte de la crítica literaria clásica»46. En este estado de cosas, el profesor, crítico y poeta estadounidense Kenneth Goldsmith afirma, repitiendo una vez más el gesto de las vanguardias del siglo pasado, «[una obra maestra] lo es si yo digo que lo es»47.

36Ahora bien, ¿son suficientes para la Crítica y la Teoría literaria unas razones estéticas que bien son evidentes (indemostrables), bien se basan en elementos extraliterarios, axiomas morales (subjetivos) o en el tan mentado «sentido común» (inefables)? La respuesta a esta pregunta excede ampliamente el tema del presente artículo. Lo que parece claro es que a pesar de las eventuales insuficiencias teóricas y limitaciones impuestas por las industrias y los medios culturales a su ejercicio, la literatura y la crítica literaria están aún muy lejos de su apocalipsis, a pesar de los continuados gritos de alarma, de la reiteración y del paroxismo de las representaciones de la crisis en la crítica literaria. Muchas de estas representaciones no son sólo canónicas, sino recurrentes y tautológicas; más bien parecen responder a tensiones sistemáticas, reflejos sintomáticos de otras crisis (económica, teórica, cultural, mediática, editorial, universitaria, etc.), antes que evidencias de una inherente «crisis de la crítica» en el conjunto de prácticas que ésta engloba, sino en sus modalidades más institucionales, las que entrarían en la «crítica clásica». No obstante, tampoco es posible descartar un cambio de paradigma que, como proponen algunos, salve los discursos de la Crítica, aunque desprovistos quizás de pretensiones universales u objetivas. A fin de cuentas, aunque hayamos renunciado a probar la belleza de una obra artística y sea más que probable que nunca tengamos una definición ni una base sólida o consensuada para mostrar lo que es mala y buena literatura, es innegable que esto no ha sido hasta ahora, ni hay visos de que esto vaya a cambiar, mayor obstáculo para que críticos y profanos sigan juzgando, elogiando y censurando los textos que leen.

Bibliographie

Bloom, Harold, The Western Canon. The Books and the School of the Ages [1994], New York: Riverhead Books, 1995, 546 p.

Bolaño, Roberto, Entre paréntesis, 2ª ed, Barcelona: Anagrama, 2006, «Derivas de la pesada», p. 23-30.

Cárcamo-Huechante, L. E., Fernández Bravo, A. y Laera, A. (Comps), El valor de la cultura. Arte, literatura y mercado en América Latina, Buenos Aires: Beatriz Viterbo, 2007, 287 p.

Compagnon, Antoine, Le démon de la Théorie. Littérature et sens commun, Paris: Seuil, 1998, 338 p.

Darrieusecq, Marie, Rapport de police. Accusations de plagiat et autres modes de surveillance de la fiction, Paris : P.O.L.-Folio, 2010, 444 p.

Eagleton, Terry, After Theory, New York: Basic Books, 2003, 231 p.

_____________, The Event of Literature, New Haven and London: Harvard University Press, 2012, 252 p.

Echevarría, Ignacio, «Críticos embobados», suplemento El Cultural de El Mundo del 30/11/2012. Disponible en: <http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/31890/Criticos_embobados> (consultado el 20/05/2013)

_____________, «Una mala crítica es un ajuste de cuentas legítimo», entrevista en la sección cultural DiarioKafka.es, de eldiario.es, publicado el 13 de febrero de 2012, disponible en <http://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/Ignacio-Echevarria_0_79092193.html> (consultado el 20/05/2013)

Eco, Umberto, Apocalípticos e integrados [1965], 2ª ed, traducido por Andrés Boglar. Barcelona: Editorial Lumen, 1997, 366 p.

English, James F., The Economy of Prestige. Prizes, Awards and the Circulation of Cultural Value, Cambridge-Massachussets, London: Harvard University Press, 2005, 409 p.

Goldsmith, Kenneth. Uncreative Writing. Making Language in the Digital Age. New York: Columbia Univesity Press, 2011, 260 p.

Gracia, Jordi, El intelectual melancólico. Un panfleto, Barcelona: Anagrama, 2011, 101 p.

Gullón, Germán, Los mercaderes en el templo de la literatura, Madrid: Caballo de Troya, 2004, 251 p.

Hardt Michael y Negri, Antonio, Imperio [2000], traducción de Alcira Bixio, Barcelona: Paidós, 2005, 504 p.

Llovet, Jordi, Adiós a la universidad. El eclipse de las Humanidades, Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2011, 408 p.

Ludmer, Josefina. «Crisis y trasformación». Entrevista con Agustín Scarpelli en Revista Ñ suplemento cultural de Clarín (Argentina). 01/11/2012. Disponible en: <http://www.revistaenie.clarin.com/edicion-impresa/Josefina-Ludmer-Entrevista_0_799720067.html> (consultado el 28/03/2014).

Manrique Sabogal, Winston, «Radiografía de la crítica literaria», Babelia, El País, 26 de noviembre de 2011, disponible en: <http://elpais.com/diario/2011/11/26/babelia/1322269936_850215.html> (consultado el 20/05/2013)

Martel, Frédéric, Mainstream. Enquête sur la guerre globale de la culture et des médias, 2ª ed, Paris: Flammarion, 2010, 581 p.

Martínez, Guillermo, La fórmula de la felicidad, Buenos Aires: Seix Barral, 2005, 232 p.

Olmos, Alberto [Juan Lector Malherido], «Algunas plantas», entrada del 19/10/2012 de su blog Lector Malherido, disponible en: <lectormalherido.wordpress.com/2012/10/19/algunas-plantas/> (consultado el 20/05/2013)

_____________, «Las mejores novelas españolas de 2012», blog Lector Malherido, en diarioKafka.es en eldiario.es, disponible en: <http://www.eldiario.es/lectormalherido/mejores-novelas-espanolas_6_81951812.html> (consultado el 20/05/2013)

Ortega, Julio (Coord.), Nuevos hispanismos interdiscplinarios y trasatlánticos, Madrid, Franfurt am Main: Iberoamericana-Verbuert, 2010, 316 p.

Pulido Tirado, Genara, «La crítica literaria española frente a los nuevos medios y el cambio» Revista Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital, Vol. 1, no 2, noviembre de 2012, disponible en: <http://revistacaracteres.net/revista/vol1n2noviembre2012/la-critica-literaria-espanola-frente-a-los-nuevos-medios-y-el-cambio/> (consultado el 20/05/2013)

Rivera Garza, Cristina, Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, México D.F.: Tusquets, 2013, 300 p.

Rubio Tovar, Joaquín, La vieja diosa. De la Filología a la posmodernidad (Algunas notas sobre la evolución de los estudios literarios), Alcalá de Henares (Madrid): Centro de Estudios Cervantinos, 2004, 516 p.

Tabarovsky, Damián, La literatura de izquierda [2004], Cáceres: Periférica, 2010, 163 p.

Thays, Iván, «Con la tinta aún húmeda», entrada del 1 de febrero de 2012 en el blog del autor Vano oficio, alojado en el Boomeran(g) de El País, disponible en: <http://blogs.elpais.com/vano-oficio/2012/02/la-tinta-humeda.html> (consultado el 20/05/2013)

Vargas Llosa, Mario, La civilización del espectáculo, México D.F.: Alfaguara, 2012, 227 p.

__________________, La orgía perpetua. Flaubert y «Madame Bovary», Alcalá de Henares: Fondo de cultura Económica de España/ Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 1995, 262 p.

Vázquez Montalbán, Manuel, Manifiesto subnormal, Barcelona: Kairós, 1970, 159 p.

_________________________, Panfleto desde el planeta de los simios, Barcelona: Crítica, 1995, 145 p.

Zaid, Gabriel, Los demasiados libros, México D.F.: Editorial Océano, 1996, 152 p.

Volpi, Jorge, «El premio FIL y la Inquisición literaria», entrada del 7/10/2012 en el blog del autor, alojado en el Boomeran(g) de El País, disponible en: <https://www.elboomeran.com/blog-post/12/12682/jorge-volpi/el-premio-fil-y-la-inquisicion-literaria/> (consultado el 20/05/2012)

Notes

1 Remito por comodidad al resumen de esta noción ofrecido por Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio (2000), traducción de Alcira Bixio, Barcelona: Paidós, 2005, p. 94-96 y 283-302.

2 Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, Madrid: Alfaguara, 2012.

3 Ibid., p. 47.

4 Ibid., p. 214.

5 Ibid., p. 15-32.

6 La literatura de izquierda [2004]. Cáceres: Periférica, 2010, p. 23, 26.

7 Jordi Llovet, Adiós a la universidad. El eclipse de las Humanidades, Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2011, p. 245-246.

8 Ver especialmente en The Western Canon. The Books and the School of the Ages [1994], New York: Riverhead Books, 1995, «Preface and prelude», p. 1-11.

9 Jordi Gracia, El intelectual melancólico. Un panfleto, Barcelona: Anagrama, 2011.

10 Ibid., p. 20-21.

11 Umberto Eco, «Cahier de doléances», Apocalíticos e integrados, 2ª edición, traducción de Andrés Boglar, Barcelona: Tusquets, 1997, p. 56-60.

12 Manifiesto subnormal, Barcelona: Kairós, 1970; Panfleto desde el planeta de los simios, Barcelona: Crítica, 1995.

13 Alcalá de Henares (Madrid): Centro de Estudios Cervantinos, 2004.

14 Los mercaderes en el templo de la literatura, Madrid: Caballo de Troya, 2004.

15 Especialmente optimistas sobre el futuro de la Literatura y de la Crítica son las conclusiones de algunos de sus últimos libros, como After Theory (New York: Basic Books, 2003) o The Event of Literature (New Haven and London: Harvard University Press, 2012).

16 Ver por ejemplo su artículo «Hacia una lectura trasatlántica de Borges: El Aleph en el espejo y el espejo como Aleph en la Literatura española» en el volumen coordinado por Julio Ortega, Nuevos hispanismos interdiscplinarios y trasatlánticos, Madrid, Franfurt am Main: Iberoamericana-Verbeuert, 2010, p. 267-288.

17 El novelista argentino rebatía punto por punto al ataque de Tabarovsky contra el mercado literario y la academia argentinos en «Un ejercicio de esgrima», recogido en La fórmula de la felicidad, Buenos Aires: Seix Barral, 2005, p. 157-208.

18 Especialmente optimista, por contraste con lo que se acaba de exponer, resulta el volumen de ensayos de esta última, Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, México D.F.: Tusquets, 2013.

19 Para una visión global contemporánea de las interacciones entre Medios, Mercado y Academia ver los artículos recogidos en el volumen coordinado por L. E. Cárcamo-Huechante, A. Fernández Bravo y A. Laera, El valor de la cultura. Arte, literatura y mercado en América Latina, Buenos Aires: Beatriz Viterbo, 2007.

20 Frédéric Martel, Mainstream. Enquête sur la guerre globale de la culture et des médias, 2ª ed., Paris: Flammarion, 2010.

21 Ver especialmente las conclusiones de Martel: Ibid., p. 527-565.

22 Ibid., p. 484-485.

23 Vargas Llosa, op. cit., p. 35.

24 Jordi Gracia, op. cit., p. 89-90.

25 Ignacio Echevarría, «Críticos embobados», suplemento El Cultural de El Mundo del 30/11/2012.

26 Ibid., p. 90-91.

27 Ibid., p. 89.

28 Winston Manrique Sabogal, «Radiografía de la crítica literaria», Babelia, El País, 26 de noviembre de 2011, disponible en: <http://elpais.com/diario/2011/11/26/babelia/1322269936_850215.html> (consultado el 20/05/2013)

29 En una entrevista reciente, Echevarría atribuye el conflicto no sólo al hecho de que la novela perteneciera al mismo grupo mediático, sino también a las posiciones políticas (nacionalistas) del novelista reseñado, Bernardo Atxaga, y al clima político español del momento, en el que el grupo terrorista vasco ETA había declarado una tregua: «Una mala crítica es un ajuste de cuentas legítimo», entrevista en la sección cultural DiarioKafka.es, de eldiario.es publicado el 13 de febrero de 2012, disponible en <http://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/Ignacio-Echevarria_0_79092193.html> (consultado el 20/05/2013)

30 Winston Manrique Sabogal, art. cit.

31 «Algunas plantas», entrada del 19/10/2012 en su blog Lector Malherido, disponible en: <lectormalherido.wordpress.com/2012/10/19/algunas-plantas/> (consultado el 20/05/2013)

32 Op. cit., p. 229.

33 «Con la tinta aún húmeda», entrada del 1 de febrero de 2012 en el blog del autor Vano oficio, alojado en el Boomeran(g) de El País, disponible en: <http://blogs.elpais.com/vano-oficio/2012/02/la-tinta-humeda.html> (consultado el 20/05/2013)

34 Winston Manrique Sabogal, art. cit.

35 Ignacio Echevarría, entrevista «Una mala crítica es un ajuste de cuentas legítimo», art. cit.

36 Germán Gullón, Los mercaderes en el templo de la literatura. Madrid: Caballo de Troya, 2004, p. 28.

37 Gabriel Zaid, Los demasiados libros. México D.F.: Editorial Océano, 1996.

38 Alberto Olmos «Las mejores novelas españolas de 2012», blog Lector Malherido, en diarioKafka.es en eldiario.es, disponible en: <http://www.eldiario.es/lectormalherido/mejores-novelas-espanolas_6_81951812.html> (consultado el 20/05/2013)

39 La llamada «crítica económica» de cultura ha abordado la función de los certámenes literarios dentro de interacción general entre Medios, Academia y Mercado a la hora de producir capitales simbólicos y económicos. La obra clásica al respecto es The Economy of Prestige. Prizes, Awards and the Circulation of Cultural Value, de James F. English (Cambridge-Massachussets, London: Harvard University Press, 2005).

40 Jorge Volpi, «El premio FIL y la Inquisición literaria», entrada del 7/10/2012 en el blog del autor, alojado en el Boomeran(g) de El País, disponible en: <https://www.elboomeran.com/blog-post/12/12682/jorge-volpi/el-premio-fil-y-la-inquisicion-literaria/> (consultado el 20/05/2012)

41 Roberto Bolano, «Derivas de la pesada», Entre paréntesis, 2ª ed., Barcelona: Anagrama, 2006, p. 25.

42 Mario Vargas Llosa, La orgía perpetua (Flaubert y Madame Bovary) [1975], Alcalá de Henares: Fondo de cultura Económica de España/ Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 1995, p. 251.

43 Ver Antoine Compagnon, Le démon de la Théorie. Littérature et sens commun. Paris: Seuil, 1998, donde este investigador resume los argumentos de Eco y los suyos propios, entre otros, en favor del «sentido común» para evitar los excesos de la Crítica y de la Teoría literarias.

44 Terry Eagleton, op. cit., p. 59-105.

45 Ver su libro de ensayo Rapport de police. Accusations de plagiat et autres modes de surveillance de la fiction. Paris : P.O.L.-Folio, 2010, p. 129-134.

46 Uncreative Writing. Making Language in the Digital Age. New York: Columbia Univesity Press, 2011, p. 220.

47 «Crisis y transformación». Entrevista con Agustín Scarpelli en Revista Ñ suplemento cultural de Clarín (Argentina). 01/11/2012. Disponible en:

Pour citer ce document

Kevin Perromat, «El apocalipsis que nunca llega. Crisis y representaciones de la crítica literaria actual», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, Crises et représentations, Partie 1 - Crise de la représentation, mis à jour le : 10/12/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1297.

Quelques mots à propos de :  Kevin  Perromat

Kevin Perromat - Maître de conférences

Université de Picardie-Jules Verne

kevin.perromat@u-picardie.fr