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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

| 2014 Partie 2 - Représentations littéraires de la crise

Xavier Escudero

Declaración de un vencido (1887) de Alejandro Sawa: novela-requisitoria de un yo fin de siglo en crisis

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Le roman autobiographique Declaración de un vencido (novela social) publié en 1887 par Alejandro Sawa (1862-1909), romancier, chroniqueur et bohème, connu pour ses amitiés avec Paul Verlaine, Rubén Darío et Valle-Inclán, offre le témoignage virulent d’un jeune homme de lettres idéaliste, Carlos Alvarado Rodríguez, arrivé à Madrid pour se former et se faire un nom. Le récit de son expérience se place sous le signe de l’échec qu’il impute à une société impitoyable et déshumanisée. Roman de la crise, augurant celle de 1898, Declaración de un vencido saisit le lecteur par l’agonie de son protagoniste, Carlos Alvarado Rodríguez, révolté, en état de crise constante (« No tiene idea de la crisis que me trabaja » confesse-t-il) et qui finira par se suicider. Dans ce roman autobiographique, Alejandro Sawa, à peine âgé de 25 ans, désire mettre en garde les jeunes écrivains gonflés d’illusion contre les dangers d’un choix de vie hasardeux, orienté vers l’idéal de l’Art. Une mise en garde qui animait déjà la préface de son premier roman naturaliste, La mujer de todo el mundo publié en 1885. Declaración de un vencido, sorte de roman moderne d’apprentissage inversé, augure également, par sa structure fragmentaire et son style, la future « crise du roman » de 1902 où le désenchantement et le pessimisme –« la pasión del desánimo » selon l’expression de Jorge Urrutia– guideront les pas des personnages (Antonio Azorín du roman d’Azorín, La voluntad, ou Fernando Ossorio du Camino de perfección de Pío Baroja en seront les parfaits représentants).
Nous analyserons donc les manifestations de ce concept de crise dans l’œuvre à plusieurs niveaux : social, historique (réquisitoire contre la société de la Restauration) et littéraire (le pessimisme et l’échec du personnage, une structure romanesque qui s’achemine vers la fragmentation).

La novela autobiográfica Declaración de un vencido (novela social), publicada en 1887 por Alejandro Sawa (1862-1909), novelista, cronista y bohemio, autor conocido por su amistad con Paul Verlaine, Rubén Darío y Valle-Inclán, ofrece el testimonio virulento de un joven literato idealista, Carlos Alvarado Rodríguez, llegado a Madrid para formarse y «colocarse». El relato de su experiencia se sitúa bajo el signo del fracaso que él imputa a una sociedad despiadada y deshumanizada. Novela de la crisis, augurando la de 1898, Declaración de un vencido conmueve al lector por la agonía de su protagonista, Carlos Alvarado Rodríguez, revoltoso, en estado de crisis perpetua («No tiene idea de la crisis que me trabaja»1) y que toma la decisión, desde el principio de la novela, de suicidarse. Con esta novela, Alejandro Sawa, de 25 años apenas, ¿no desea avisar a los jóvenes escritores henchidos de ilusión de los peligros de un modo de vivir azaroso, orientado hacia el ideal del Arte? Un aviso que ya nutría el prefacio de su primera novela naturalista, La mujer de todo el mundo, publicada en 1885. Declaración de un vencido, especie de novela moderna de aprendizaje invertido, augura también, por su estructura fragmentaria y su estilo, la futura «crisis de la novela» de 1902 donde el desencanto y el pesimismo –«la pasión del desánimo» según la expresión de Jorge Urrutia– guiarán los pasos de los personajes (Antonio Azorín de la novela de Azorín, La voluntad, Fernando Ossorio de Camino de perfección de Pío Baroja serán sus perfectos representantes).
Analizaremos, pues, las manifestaciones de este concepto de crisis en la obra a varios niveles: social, histórico (requisitoria contra la sociedad de la Restauración) y literario (el pesimismo y el fracaso del personaje; una estructura novelesca que se encamina hacia la fragmentación).

Texte intégral

  • 2 Ibid.

1La novela autobiográfica Declaración de un vencido (novela social), publicada en 1887, de Alejandro Sawa (1862-1909), novelista, cronista y bohemio, autor conocido por su amistad con Paul Verlaine, Rubén Darío y Valle-Inclán, ofrece el testimonio virulento de un joven literato idealista, Carlos Alvarado Rodríguez, llegado a Madrid para formarse y «colocarse». El relato de su experiencia se sitúa bajo el signo del fracaso que él imputa a una sociedad despiadada y deshumanizada. Novela de la crisis, augurando la de 1898, Declaración de un vencido conmueve al lector por la agonía de su protagonista, Carlos Alvarado Rodríguez, revoltoso, en estado de crisis perpetua («No tiene idea de la crisis que me trabaja»2) y que toma la decisión desde el principio de la novela de suicidarse. El itinerario de Carlos nos permite apreciar asimismo cómo el proceso de degradación corroe progresivamente al personaje y cómo Sawa construye una doble escritura del fracaso y de la rebeldía. Con esta novela, Alejandro Sawa, de 25 años apenas, ¿no desea avisar a los jóvenes escritores henchidos de ilusión de los peligros de un modo de vivir azaroso, orientado hacia el ideal del Arte? Un aviso que ya nutría el prefacio de su primera novela naturalista, La mujer de todo el mundo, publicada en 1885. Analizaremos, pues, las manifestaciones de este concepto de crisis en la obra a varios niveles: social, histórico (requisitoria contra la sociedad de la Restauración) y literario (el pesimismo y el fracaso del personaje; una estructura novelesca que se encamina hacia la fragmentación). Por eso, prestaré primero mi atención al prefacio de la novela La mujer de todo el mundo, de corte naturalista, publicada dos años antes que Declaración de un vencido pero que prepara y anuncia la crisis de ésta. Luego, subrayaremos los diferentes aspectos de Declaración de un vencido que remiten al concepto de crisis asociado aquí no sólo con un cambio (la sociedad instala al personaje en estado de crisis) sino también, y sobre todo, con un juicio crítico de la sociedad, culpable de la decisión de poner fin a sus días. Por fin, nos propondremos mostrar cómo el narrador-protagonista remite de manera más amplia a un posicionamiento o postura literaria que se afirma en las márgenes y en la oposición es decir el fenómeno sociocultural de la bohemia.

I- La dedicatoria de La mujer de todo el mundo (1885): anuncio de una crisis de fin de siglo

  • 3 Alejandro Sawa, La mujer de todo el mundo, Madrid: Mor...

  • 4 Miguel de Unamuno, En torno al casticismo, Madrid: Esp...

2La dedicatoria o texto introductorio a La mujer de todo el mundo (1885), primera novela de juventud de Alejandro Sawa, es una confesión de un hermano a otro (a Enrique Sawa, su hermano menor) y entrega un mensaje importante que marca un hito en la literatura española finisecular. Este texto de seis páginas desborda el marco de una dedicatoria normal para adoptar la forma de un verdadero prefacio o de un pequeño ensayo preliminar. No sólo Sawa hace su profesión de fe naturalista (que ocupa las cinco últimas líneas) sino que expresa también, el corazón al desnudo, el sentimiento trágico de su pensamiento: un grito de dolor, un cansancio moral, una angustia existencial, que no son exclusivamente personales y que representan el testimonio de un estado de ánimo general (la España de la Restauración, la España de la guerra de las Independencias, la España de la crisis de fin de siglo). Por lo demás, el empleo reiterado de la primera persona del plural y de los adjetivos indefinidos que expresan la homogeneidad, la concordancia, dan cuenta de la generalización y de la trascendencia de un «mal de vivir» que se convierte en «mal del siglo»: «Estamos bajo la impresión de la misma pena, del mismo desastre; […] todo nos es común; hasta el aire que respiramos [...]»3. Esta impresión generalizada de ir hacia el desastre constituye la premisa del marasmo en el que se hundirá España después del desastre colonial de 1898. Miguel de Unamuno, tres años antes del desastre, en 1895, evoca la crisis insoportable que atraviesa una sociedad española indiferente, resignada e incluso letárgica: «Atraviesa la sociedad española honda crisis; hay en su seno reajustes íntimos, vivaz trasiego de elementos, hervor de descomposiciones y recombinaciones, y por de fuera, un desesperante marasmo»4. Unamuno concluye así sobre este estancamiento que es una de las manifestaciones de la crisis:

  • 5 Ibid.

Es un espectáculo deprimente el del estado mental y moral de nuestra sociedad española…
Es una pobre conciencia colectiva homogénea y rasa. Pesa sobre nosotros una atmósfera de bochorno; debajo de una dura costra de gravedad formal se extiende una ramplonería comprimida, una enorme trivialidad y vulgachería.
5

  • 6 Alejandro Sawa, op. cit., p. 1.

  • 7 Ibid. Las palabras en cursiva y en bastardillas son de...

  • 8 El verso exacto y completo es: «Quand le ciel bas et l...

  • 9 Alejandro Sawa, op. cit., p. 1.

  • 10 Una uniformización de las costumbres ya desvelada en ...

  • 11 Ibid.

  • 12 Alejandro Sawa, Declaración, p. 231.

3Alejandro Sawa, exactamente diez años antes, había sintetizado los juicios de Miguel de Unamuno: «Estamos bajo la impresión de la misma pena, del mismo desastre; esa dolorosa y sombría y desesperadora inmersión de mamá Esperanza en la muerte: todo nos es común»6. Las primeras nueve líneas de esta dedicatoria hacen las veces de una extraordinaria síntesis de las preocupaciones ideológicas de la generación de 1898. Alejandro Sawa hasta parece anagramatizar, al repetir ciertas consonantes o grupos de letras, la palabra trágica «desesperanza» («Estamos bajo la impresión de la misma pena, del mismo desastre; esa dolorosa y sombría y desesperadora inmersión de mamá Esperanza en la muerte […]»7). Esta primera página entera parece ser escrita en la pena, con tantas aliteraciones rudas y fúnebres, con el uso del polisíndeton en «y» y de la preposición «hasta», que ralentizan la lectura, convirtiéndola en una verdadera marcha al suplicio gráfica, transformando la escritura en una respiración quejosa y lánguida. Pero esta primera observación generalizadora sobre el abandono de una sociedad española contaminada de hastío, de desesperanza, sirve también de pretexto a Alejandro Sawa para introducir y poner de relieve su propio estado de ánimo: el aburrimiento del intelectual desgarrado (y desorientado) interiormente por fuerzas contrarias (el arraigamiento forzado en el siglo siguiendo las pautas de una escuela literaria es decir, hacia 1885, el naturalismo y el deseo de tomar su independencia intelectual, estética, una tendencia bohemia). Con apenas veintitrés años, escribe como aplastado por una fatalidad implacable, siente el «lourd couvercle»8 (Charles Baudelaire) del Fastidio: «[…] esa dolorosa y sombría y desesperadora inmersión de mamá Esperanza en la muerte: […] razón de niño que ha iluminado con irradiaciones de astros las realidades bostezantes de una vida que se consume en un fastidio sin término y en una esperanza sin objeto […]»9. Por lo tanto, un joven Alejandro Sawa cansado moralmente, poseído por un «taedium vitae» favorecido por la ramplonería y la uniformidad de la vida «bostezante» de la sociedad española10. Se propone aliviarse de este «taedium vitae» con la anulación de su yo y la fusión de dos voluntades, de dos inteligencias: «Tengo la seguridad de haber sentido muchas veces con tu corazón, en vez de con el mío: con frecuencia he renegado de mi razón y te he pedido prestada la tuya cómo pueden hacerse esas cosas: identificándome contigo»11. Una desposesión de sí, auténtica y original expresión de su taedium vitae, que volverá bajo su pluma unos diecinueve años más tarde en el artículo «Autobiografía », publicado en Alma Española y recogido en Iluminaciones en la sombra, su diario íntimo, otro texto de la crisis: «Yo soy el otro; quiero decir, alguien que no soy yo mismo»12. La queja de Sawa, que comparte con su hermano menor, prosigue con la triste constatación del autor en cuanto a la suerte reservada a la Inteligencia en la sociedad de su época: al comparar al hombre inteligente con un niño enclenque, Sawa quiere decir que la Inteligencia es violentada por una sociedad que, tal como un tiburón, despedaza las exquisitas y delicadas obras producidas por «cerebros sacrificados»:

  • 13 Alejandro Sawa, La mujer, p. 2.

[…] entras con mal pie en la vida, porque eres inteligente; esa gran compasión, esa gran lástima que a mí me inspira la inteligencia, determina que te quiera más, como hacen las madres con sus hijos enfermos; […]. Ya se sabe que la inteligencia crea, da vida; pero quizás la dé como el pelícano, a costa del organismo, desgarrándose a sí propia, y repartiéndose con la inalterabilidad del mártir entre las sociedades humanas, insistentes siempre en eso de vivir en materia de pensamiento a costa de quince o veinte hombres por cada generación.13

  • 14 Ramón María del Valle-Inclán, Luces de bohemia (esper...

4Uno de los personajes de Luces de bohemia (1920) de Valle-Inclán, El Preso, militante anarquista y encerrado en una cárcel con Max Estrella (Escena 6), hace eco a las palabras de Carlos/Sawa: «En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero»14. La apatía moral, la pérdida del entusiasmo del autor corresponden al sentimiento trágico de la generación de 1898. El pesimismo finisecular saqueará los más bellos frutos de la joven generación de Alejandro Sawa, agrupada bajo la expresión de «Gente Nueva» y de la que traducirá la crisis en La mujer de todo el mundo a través de la actitud de la generación a la que pertenece el joven protagonista Eudoro Gamoda:

  • 15 Alejandro Sawa, op. cit., p. 98.

Una generación víctima de la neurosis, que no puede reposar ni estar tranquila, marchar ni arriba ni abajo, correr ni estarse quieta, que parece enamorada del porvenir y sostiene y alimenta con su sangre a todos los odiosos parasitismos del pasado […]; una generación de convulsionarios en una palabra. Podría muy bien ser representada por la figura de un hombre que mirara hacia atrás con el cuello completamente vuelto, y hacia adelante con el rabillo del ojo. Por eso, ha sido ella la que ha inventado el eclecticismo.15

  • 16 Allen W. Phillips, Alejandro Sawa. Mito y realidad, M...

5Conflicto ideológico de una generación que será el tema de la novela con rasgos autobiográficos, Declaración de un vencido (1887): recorrido iniciático de un joven literato, Carlos Alvarado Rodríguez, alter ego novelesco de Sawa, que intenta a duras penas abrirse un camino en la carrera de las Letras en el Madrid de los años 1887: «En la novela cuasi autobiográfica Declaración de un vencido, que aspira a ser el documento de toda una generación y que en realidad apenas tiene nada de naturalista, se describe la época y el estado de alma general de los jóvenes»16. En la novela, Carlos Alvarado testimonia del carácter conflictivo de su generación y confiesa claramente la necesidad de una regeneración intelectual, avanzándose así sobre les conceptos e ideales de la generación de 1898 según la cual la «europeización», así como su reacción antitética pero complementaria, la «españolización», serán las dos condiciones esenciales de este «rejuvenecimiento»:

  • 17 Alejandro Sawa, op. cit., p. 140-141.

De este malestar colectivo, de este malestar de todos, ha partido el grande e irresistible movimiento pesimista de la época. Literatura, artes, ciencias de abstracción, todo se resiente de este sudario de tristeza que nos cubre de arriba abajo, entorpeciendo la libertad de nuestros movimientos. La filosofía es positivista; la moral, determinista; el arte, rudo y atrevido, como si la nueva generación artística tuviera la misión de hacer con sus contemporáneos lo que los vándalos y los hunos con los pueblos afeminados y envilecidos que asaltaron para purificarlos. Todo es indicio de un renacimiento o del despertar de una nueva época17,

6confiesa el narrador-protagonista de Declaración de un vencido.

7Este malestar de una juventud literaria indecisa y, pues, incapaz de actuar positivamente será también el fruto de una reflexión de Leopoldo Alas «Clarín» en Apolo en Pafos, publicado el mismo año que Declaración de un vencido, o sea 1887, en el que comprueba el agotamiento intelectual de la juventud literaria:

  • 18 Clarín, Apolo en Pafos, citado por Guillermo Díaz Pla...

Nuestra generación joven es enclenque, es perezosa, no tiene ideal, no tiene energía; donde más se ve su debilidad, su caquexia, es en los pruritos nerviosos de rebelión ridícula, de naturalismo enragé de algunos infelices. Parece que no vivimos en la Europa civilizada…, no pensamos en nada de lo que piensa el mundo intelectual; hemos decretado la libertad de pensar para abusar del derecho de no pensar nada.18

  • 19 Ramiro de Maeztu, Hacia otra España, citado por Luis ...

  • 20 Maeztu in: Luis S. Granjel, op. cit., p. 141.

8Diferentes reflexiones que provienen de la pluma crítica de escritores de la generación de 1898 corroboran las de Alejandro Sawa, anteriormente evocadas en cuanto al marasmo intelectual de España. En un artículo titulado «Parálisis progresiva», recogido en el libro Hacia otra España, Ramiro de Maeztu evoca, además del estado miserable tanto a nivel político como cultural en el que se encuentra España, la inanidad de una juventud literaria, prisionera de la «parálisis», «sin ideas, sin pena ni gloria, tan bien adaptada a este ambiente de profunda depresión, que no parece sino que su alma está en el Limbo; ni siente ni padece»19. Otro artículo, «Un suicidio», de Hacia otra España (1899), será otra vez una dura crítica contra la España que sigue soñando con los laureles de la gloria pasada, quedando ciega al desastre interior y exterior (colonial): «[…] mírase siempre en la leyenda, donde se encuentra grande y aprieta los párpados para no verse tan pequeña»20. Pío Baroja, por su parte, fustiga este insoportable conservadurismo moral y político de una España anclada obstinadamente a las orillas del pasado:

  • 21 Pío Baroja, «Santa Austeridad», El Tablado de Arlequí...

Somos el pueblo del mínimum. Mínimum de inteligencia, mínimum de vicios, mínimum de pasiones, mínimum de alimentación, mínimum de todo…; yo no encuentro por donde miro más que vida ñoña y gente ñoña. Y por encima de esto, una estúpida capa de austeridad espesa e impenetrable.21

9Por fin, Azorín, en Anarquistas literarios (1895), describe con el mismo impulso crítico una España decadente:

  • 22 Azorín, Los anarquistas literarios, citado por Luis S...

La apatía nos ata las manos, callamos ante la injusticia, doblamos la cabeza al peso de mil exacciones y tributos […]; los tributos aumentan, la industria muere, la agricultura agoniza; el cansancio se apodera de todos. El elector huye de los comicios; el obrero no espera nada del Estado.22

  • 23 Azorín, La voluntad, Madrid: Castalia, 2010, p. 86.

  • 24 Alejandro Sawa, op. cit., p. 231.

  • 25 «Qu’il soit prononcé sur le ton de la tristesse ou de...

10Tema tratado de nuevo en su novela La voluntad (1902): «[…], yo me entristezco, me entristezco ante este rebajamiento, ante esta dispersión dolorosa del espíritu de aquella España»23. El pesimismo del pensamiento de Sawa prefigura pues el de los «noventayochistas» y, de manera más estética, la melancolía de los modernistas. Justamente, Alejandro Sawa, convertido al credo poético verlainiano (después de su estancia dorada de seis años en París de 1890 a 1896), se definirá así en un artículo «Autobiografía», recogido más tarde en Iluminaciones en la sombra (1910): «Soy un hombre enamorado del vivir, y que ordinariamente está triste»24. En su dedicatoria, Alejandro Sawa hace el elogio del progreso como fuerza liberadora pero es este progreso destinado a colmar las necesidades urgentes o superfluas el que hace del hombre un ser incapaz de ser feliz. Estas primeras consideraciones introducen, dos años antes, las pruebas autobiográficas de Carlos Alvarado Rodríguez de Declaración de un vencido integradas en el marco general del gran cuadro psicológico de toda una generación: el mal de siglo y el sentimiento de «desesperanza» propio del «fin de siglo», época de desequilibrio, de decadencia25. El individuo se divide, se desgarra. Así como en el seno de una persona luchan razón y pasión, en la sociedad se oponen los partidarios vencidos del ideal y «los hombres de carne», la masa –«los puercos» para Sawa en Declaración de un vencido– que gozan plenamente de los placeres materiales. La dedicatoria de Sawa de 1885 acaba por ser para nosotros la revelación de la constitución de una crisis moderna en las Letras españolas y se inserta en esta corriente o actitud finisecular europea de los años 1880 a 1900. Sawa, a través de su dedicatoria, da cuenta del acabamiento de un mundo, considera su época a contrapelo y se proclama a los 23 años al margen de una sociedad progresista, industrializada, burguesa. Esta dedicatoria es casi el manifiesto pesimista de una juventud literaria (la generación de Sawa) que zozobra en la desesperanza, presa de la crisis que se traduce por la inconstancia («el eclecticismo» prefiere Alejandro Sawa) del pensamiento, buscando a tientas una identidad. El pesimismo que invade el discurso narrativo de Sawa resulta ser fatal en Declaración de un vencido, verdadera requisitoria contra la sociedad del siglo xix.

II- Declaración de un vencido: el yo y una novela finisecular en crisis

  • 26 Pierre-Jean Dufief, Les écritures de l’intime de 1800...

  • 27 Ibid.

  • 28 Ibid., p. 27.

  • 29 Hacia 1885 comienza a formarse en Madrid un grupo lla...

11Declaración de un vencido responde a los criterios del género de la novela personal definidos por Pierre-Jean Dufief. La novela personal, entre la novela memorialista del siglo xviii (personajes y hechos totalmente ficticios) y la autobiografía (pacto de sinceridad y exigencia de verdad), es un relato de vida «[dont] l’histoire se trouve alors reconstruite en fonction de l’ordre du souvenir et non plus du vécu ; le roman connaît les tensions qui seront celles de l’autobiographie entre l’ordre objectif et l’ordre subjectif. Le roman à la première personne implique enfin des perspectives narratives particulières. Le monde est vu par un regard, perçu par une sensibilité particulière. Le point de vue joue un rôle déterminant ; la focalisation interne s’impose»26. Como en la novela personal, Sawa, en Declaración de un vencido, desde el prefacio o preámbulo, se distancia con su personaje (rechaza todo parecido con él). Contrariamente al prefacio de la autobiografía en el que el autor «promet de raconter sans mentir sa propre vie»27, el de la novela personal «dénonce le pacte autobiographique et récuse toute ressemblance entre le romancier et le personnage»28. Además, Declaración de un vencido se dedica al relato de un período crítico, la etapa bohemia de Carlos Alvarado Rodríguez (la bohemia puede ser calificada de crisis de adolescencia literaria). «Le roman personnel –afirma Pierre-Jean Dufief– est un roman qui décrit souvent une durée brève, une crise violente, qui peut être liée aux troubles de l’adolescence». Declaración de un vencido (confesión de un hijo fin de siglo, entre novela autobiográfica y novela intimista) puede ser leída como una obra que refleja el espíritu de toda una generación, la de los años 1880, del grupo de «Gente nueva»29. El personaje principal procura trazar su perfil, descubrir su identidad y practica con rigor el examen de conciencia que es uno de los fundamentos de la escritura de lo íntimo. El personaje –Carlos Alvarado Rodríguez–, con rasgos que lo acercan al autor, cobra un valor de ejemplo, de símbolo, como lo subraya Allen W. Phillips:

  • 30 Allen W. Phillips, op. cit., p. 210-211.

Carlos Alvarado, oriundo de Cádiz y luego vecino de Madrid, vive los mismos conflictos sociales e intelectuales de Sawa y de todos los demás jóvenes escritores que se iniciaban en las letras en la década anterior al desastre de 1898. Identificado de modo estrecho con aquella juventud, nuestro autor habla en su novela, según hemos señalado, del malestar colectivo, del pensamiento pesimista de la época, de la filosofía positivista y de una cierta moral determinista. Y ¿el arte? A su juicio, fuerte y audaz, con la misión de purificar un pueblo envilecido, lo cual le permite reafirmar su fe en un posible renacimiento y en el despertar de una nueva conciencia por la función combativa de este nuevo arte.30

12La tercera novela de Sawa quiere instruir al lector (a quien se dirige directamente o con quien asocia con un testigo desde la página de apertura, acabando por ser así el interlocutor privilegiado del autor). A este cuidado de ejemplaridad se añade una voluntad de catarsis. El héroe examina sus errores y, al mismo tiempo, intenta justificarlos por la influencia nefasta de las circunstancias históricas o de la sociedad. Por lo demás, la novela de Sawa se construye como una larga requisitoria contra la sociedad española de fines del siglo xix: recurre a un lenguaje penal, jurídico, recordando la intención del autor (un proceso contra la sociedad que lo destruyó).

  • 31 «Quizá es la crítica política uno de los signos mayor...

  • 32 Alejandro Sawa, op. cit., p. 146.

13La novela se compone de trece capítulos que se pueden agrupar en cuatro secuencias: la primera la constituyen la «Nota al lector», fechada el 18 octubre de 1886 en Madrid y el Libro I; la segunda el Libro II, verdadero panorama crítico de la historia política, social y económica de la España de la Restauración (para Sawa, el estado de la economía de su país explicaría el pesimismo literario y filosófico de su generación, anterior a 189831); la tercera secuencia abarca el Libro III hasta el Libro VII (la niñez y la adolescencia de Carlos Alvarado Rodríguez en Cádiz; su marcha para Madrid) y la última del Libro VIII al XIII (su vida en Madrid y sus experiencias desgraciadas; su suicidio). De su ciudad natal (Cádiz) a Madrid, el personaje se ve involucrado en un proceso de degradación progresiva: de joven conquistador pasa a ser un bohemio amargo; se hunde en el proxenetismo y en el alcoholismo, por exceso de lucidez (toma conciencia del marasmo intelectual y del vacío de la sociedad española) y decidirá suicidarse. Carlos Alvarado Rodríguez es un personaje desorientado, intelectual y afectivamente. Así como lo vimos, desde 1885, en su dedicatoria de La mujer de todo el mundo, Sawa confesaba su amargura, ya testimoniaba de su fracaso, se colocaba entre los «vencidos». La amargura que anima dos años más tarde las palabras de su personaje, así como el espíritu suicidario, modifican el perfil del héroe: Carlos, al principio lleno de aspiraciones de gloria que no consigue concretizar, va hundiéndose poco a poco en la rebeldía, la frustración y la salida de la dinámica del fracaso es el suicidio, solución ya elegida por Eudoro Gamoda, personaje secundario de La mujer de todo el mundo. El principio de su itinerario es marcado por la injusticia. A la edad de los ocho años, lo castigan a quedar encerrado en un cuarto durante una semana por haber protestado contra la actitud de un profesor que iba a sancionar a un alumno porque éste se había negado a realizar una actividad: «[…] mis ilusiones de toda la vida quedaban en cambio chorreando sangre, me impulsaron a la impenitencia y hasta a la revuelta, constituyendo ésa quizá la primer[a] manifestación seria de mi destino»32. Después de este episodio que constituirá el fundamento de su sentimiento de revuelta contra las instituciones, empieza a germinar en él la sed de conquista y de convertirse en un famoso escritor:

  • 33 Ibid., p. 150-151.

[…] comenzó a gestar mi espíritu, […] la resolución formal, de mudar los horizontes sensibles de mi vida, de emprender la conquista del porvenir, de sentar plaza en el ejército de los que se pelean por la posesión de la gloria, y no la aceptan sino con la condición de que esté amasada con sangre de combatientes, con sangre de uno mismo si es preciso. […] fugarme de mi casa en busca de aventuras –yo no sabía cuáles–, de aventuras, quizás, que hicieran atraer sobre mi cabeza las miradas de todas las multitudes; ya es algo eso de tener una resolución […]33

  • 34 Ibid., p. 154.

  • 35 El bohemio, independiente, marginal, reivindica a men...

  • 36 Ibid., p. 155.

  • 37 Ibid.

  • 38 Ibid., p. 155-156.

14El demonio de la gloria literaria acaba por dominarlo después de la publicación de uno de sus artículos: a los 16 años, quiere sobrepasar las fronteras de su gloria regional para conquistar otra nacional y se propone escribir su obra de bautismo y de consagración literarios («Me propuse llevar calor de mi sangre y electricidad de mis nervios a todas las páginas de esa obra, de mi obra, haciéndola de tal modo humana […]»34). Carlos, único35, injustamente tratado, asaltado por la duda, fascinado por la gloria literaria, soñador, dotado de una gran voluntad, ilustra las primeras etapas (provincianas) del recorrido bohemio literario. La etapa superior es pasar a la acción («Me lancé a la acción»36), prepararse a la lucha: cree más en el poder de la voluntad («voluntad y cerebro desde los pies a la cabeza»37) que en el talento. Usa tanto de él al principio para arrancarse de su región que llega a Madrid, el lugar de sus sueños, ya cansado. Se declara obrero del pensamiento, minero de la reflexión –«proletario del arte»–: «Me entregué al laboreo del pensamiento; hice de mi vida lo que el minero de la suya: sumirla en profundidades muy hondas, a ver si lograba arrancar con mis manos un pedazo tan grande como me fuera posible […]»38. La «Nota al lector» ilumina aún más al lector sobre la intención y la significación de la obra de Sawa. Pone de realce la veracidad y la objetividad de la escritura de esta declaración (empleamos la palabra «declaración» como sinónima de deposición, revelación); se compromete a decir la verdad y nada más que la verdad:

  • 39 Ibid., p. 201.

Voy a reproducir sin comentarios el diálogo que se cambió entonces entre nosotros. Habrá quien se maraville de que yo recuerde esos detalles sin olvidar el más insignificante rasgo de pensamiento que pueda afectarlos. Habrá también quien atribuya a la inventiva lo que es determinación del recuerdo. Soy el reo, y puedo responder con la frase que el juez instructor, o la conciencia, pone en boca del acusado por la justicia humana: -«Juro decir verdad en cuanto sepa y se me pregunte».39

  • 40 Ibid., p. 115.

  • 41 Ibid., p. 160.

  • 42 Ibid., p. 113.

15El autor de esta nota se dirige regularmente al lector a lo largo de la obra, considerándolo como un testigo de las injusticias sufridas por Carlos Alvarado: «Figuraos lo que se os ocurrirá»40; «Pero, ¿verdad, los que leáis este libro [...]?»41. Su objetivo es conmover intensamente al público dando cuenta de un momento de crisis sufrida por el personaje-narrador: «Y de modo de hacer sentir al lector con más intensidad todas las amarguras que a mí me conmovieron la tarde del relato, he elegido adrede la forma autobiográfica, que simpatiza más con el fin artístico que me propongo que otra forma literaria cualquiera»42. A fuerza de observaciones objetivas o que pretenden serlas, el autor se identifica con el personaje, pues encuentra rasgos de similitud:

  • 43 Ibid.

Yo lo he anotado, he hecho curiosos estudios de observación d’après nature; y de tal modo he llegado, para escribir este libro, a identificarme con uno de esos jóvenes a que hago referencia, que sin lisonja propia puedo afirmar que lo conozco bastante más que a mí mismo.43

16La crisis afecta también la forma autobiografica declarada del relato: para que haya un verdadero pacto autobiografico, se sabe que la identidad del autor tiene que ser la misma que la del narrador y del personaje. No es el caso aquí a pesar del juego de confusión novelesca creado entre Sawa, el narrador y Carlos.

17En una sociedad donde reinan las leyes del mercado, «tan azotada por la ambición», al joven escritor de provincias a la conquista de Madrid y de Europa, se le condena de antemano al dolor, al sufrimiento («deben sufrir esos inteligentes jóvenes que vienen desde provincias»44). Carlos Alvarado Rodríguez se inscribe en el linaje de los personajes bohemios que llegan a la capital henchidos de esperanza y de ilusiones, con único equipaje «un drama, una novela, o una obra literaria cualquiera, bien acondicionadas en el fondo del baúl, y dos o tres cartas de recomendación para otros tantos personajes acreditados en la corte»45. Sawa declara ser el destinatario de pensamientos («palabras») e impresiones («sollozos») de un ser cuyas ilusiones han sido barridas, el talento estropeado, la existencia machacada por las maquinaciones de una sociedad condenable porque perversa, cruel, egoísta e indiferente. Declaración de un vencido es el juicio de un testigo de una época entablada contra la sociedad-verdugo y constituye para el autor un elemento importante del dossier que el historiador o el tribunal podrían consultar:

  • 46 Ibid., p. 248-249.

[…] y creo también que estas páginas pueden servir de pieza de acusación el día, que yo creo próximo, en que se entable un proceso formal contra la sociedad contemporánea. Auxilio a los historiadores del porvenir publicándolas. Por eso las titulo Declaración de un vencido. […] hago el proceso formal de mis acontecimientos, y me siento tranquilo al llegar a la conclusión de que en todo lo que llevo narrado no hay otro canalla latente que la sociedad.46

  • 47 Ibid., p. 115.

  • 48 Ibid.

  • 49 Ibid., p. 116.

  • 50 Ibid.

18A fin de mejor mostrar el vínculo muy estrecho entre personaje y autor, Carlos, narrador homodiegético y autodiegético, en las primeras frases del Libro primero, desvela la intención de su relato autobiográfico: «[e]stas páginas son un pedazo de documento humano que yo dedico a la juventud de mi tiempo, a mis compañeros de jornada»47. Antes de hacer el juicio de la sociedad, Carlos hace su propio proceso que es una apología de su personaje: lúcido («De mí sé decir»48), trabajador incansable («Soy además un trabajador a quien no le pesa su azada»49), es consciente de que lo que está proponiendo al lector es un texto polémico («Además, el hombre que escribe este libro, el hombre que ha vivido este libro, sabe lo que hace publicándolo. Sabe que ofrece en él un proceso, un verdadero proceso moral, que, aun siendo subjetivo por su forma, no es en su gran síntesis otra cosa que el proceso psicológico de toda la juventud de su tiempo»50). Carlos Alvarado revela su carácter revoltoso a lo largo del Libro II cuando critica la estupidez nacional y ataca al hombre satisfecho de sí. Carlos no pertenece al pueblo al que intenta acercarse al principio de su recorrido ni a la sociedad. Cree en el porvenir y se agarra a él, cree en el renuevo del país (preocupación «regeneracionista») del que no participará, pues desde el primer Libro, decide morir y en el momento en el que escribe este proceso autobiográfico, es un moribundo, su espíritu ya es viejo:

  • 51 Ibid., p. 141.

Todo es indicio de un renacimiento o del despertar de una nueva época. Sólo que, por próxima que se halle, yo no podré conocerla, no podré manifestarme en su seno, porque voy a morir. Sin embargo, palpitando entre estas líneas, yo envío a esa nueva época, yo envío al porvenir mis ardientes besos de enamorado. Creer en el porvenir, ¡bah! ya es algo. Y yo necesito agarrarme a esa creencia para no morirme de pronto y del todo?51

  • 52 Ibid., p. 174.

19Aunque el joven escritor está lleno de sueños progresistas y de misiones filantrópicas, considerado desde el presente de su escritura, no deja de ser cierto que sólo reina en él la angustia: «Y siempre que mi memoria evoca esos recuerdos, ya un tanto lejanos le acomete inexplicable angustia»52. En Madrid, la primera y única función ejercida por Carlos Alvarado Rodríguez es la de redactor en el periódico La Voz Pública.

20La dinámica del fracaso se pone en marcha: desilusión, rechazo, humillación. La novela se construye en la crisis. El largo cuestionamiento que clausura el Libro 11 traduce la desorientación del personaje:

  • 53 Ibid., p. 215.

¿Qué recurso me queda por intentar? ¿Qué es lo que me resta hacer? ¿Volver al periodismo? Bueno. Pero ¿qué eran las subvenciones vergonzosas de La Voz Pública sino tortas y pan pintado junto a lo que sorprendí, con náuseas de mi estómago, en las redacciones de los otros periódicos? Nada. Tengo demasiada honradez de pensamiento para ponerlo de venta como hacen las rameras con su sexo. Y entonces, ¿qué hacer? ¿Escribir a mi casa pidiendo auxilio? ¿Salir a la calle y detener al transeúnte para pedirle una limosna por el amor de ese mismo Dios que me abandona?53

  • 54 Ibid., p. 220.

21Esta serie de preguntas marca una etapa decisiva en la novela ya que Carlos se orienta de modo definitivo, sin vuelta posible, hacia la vía de la degradación, del envilecimiento y se alista a lo que él llama «el sombrío pelotón de los miserables». El personaje en crisis se ve abocado a degradarse moralmente. Enamorado apasionado y desesperado, se esconde para espiar al nuevo amante de Julia («Espiaba vergonzosamente, escondiéndome en todos los portales, la salida de Tomás»54); escritor, su pluma no interesa a nadie.

  • 55 «¡Iba a casarme con la adversidad, que me aguardaba e...

  • 56 Ibid., p. 160.

22Entre su marcha, cuyos preparativos se parecen a los de una muchacha a punto de casarse –una boda simbólica con la adversidad55– y el tiempo de la escritura, es decir entre 1880 y 1887, su situación es idéntica: el joven literato se estanca. El final del Libro 5 anuncia el principio de la declaración del fracaso de su vida y la espera de la muerte: «Soy, pues, continúo siendo, un náufrago cansado […]. Acaricio con amarga voluptuosidad la idea de mi próxima e inevitable muerte»56. La imagen del vencido aparece aquí con fuerza: Frédéric Moreau, de L’éducation sentimentale, acaba arrastrado por el oleaje; Galdós en Lo prohibido utilizaba también la imagen del artista náufrago, signo de su fracaso; Azorín, en La voluntad, nos presenta a un personaje sin voluntad. Carlos, consciente de sus elecciones, explica las razones de su naufragio al invocar la estupidez, la irresponsabilidad y la absurdidad de la humanidad:

  • 57 Ibid.

Y hasta tal punto la humanidad es imbécil, que no se le puede pedir cuenta, exigir responsabilidad, de lo que hace ni de lo que deja de hacer. Mata con la misma lógica del rayo, y se estremece en revoluciones con exacta posesión de conciencia que un terremoto. Irresponsable y absurda.57

  • 58 Ibid., p. 243.

  • 59 Ibid.

  • 60 «Ser capaz de llevar voluntariamente a cuestas sobre ...

23Desde su presente de escritura, confiesa el fracaso de su recorrido causado por los demás («Reconozco y siento que soy un vencido. Reconozco y siento que todos esos hombres que me han condenado desatendiéndome, han podido más que yo»58). Su objetivo al componer este libro es acusar, denunciar y, por lo tanto, instaurar una literatura de la rebeldía («Pero me resisto a morir tan oscuramente como he vivido; a morir como un soldado cualquiera, y por eso escribo este libro […]»59). En la novela de la crisis de fin de siglo, Carlos Alvarado Rodríguez asume la función de chivo expiatorio de la humanidad y, por consiguiente, la de salvador. Quiere llevar la cruz de la miseria y de la justicia social60. El bohemio se siente próximo a los oprimidos, a los afligidos, a los perseguidos que nunca serán vengados, a los hambrientos a los que se niega el pan y toma la defensa de los vencidos para hacerlos vencedores a pesar de la sangre derramada es decir fomentando la revolución.

  • 61 Ibid., p. 167.

  • 62 Alejandro Sawa, ibid., p. 169. Su viaje en tren hacia...

  • 63 Ibid., p. 170.

  • 64 Ibid., p. 173-174.

24En Declaración de un vencido, Carlos Alvarado Rodríguez aspira a conocer Madrid, la ciudad-luz, el trampolín de la gloria. Su llegada a Madrid –una noche de julio, a la edad de los dieciocho años– corresponde con la pérdida de las ilusiones, así como ocurrirá en el Azorín de La voluntad: «Madrid: ¡si sólo por haber llegado a él ya me siento más chico por dentro y por fuera! »61. Madrid es una mentira, «todo el mundo me había engañado»62. El mito de la capital se viene abajo: las aceras no son tan anchas, las calles no tan largas como se lo imaginaba, la elegancia de las mujeres madrileñas artificial, «cursis», pero se queda pasmado ante la hermosura picaresca de éstas63. Carlos se despierta de su credulidad provinciana y adolescente y sangra de angustia de esta pérdida: «Tener diez y ocho años, y un alma fresca y grande, abierta a todas las expansiones generosas […]. Pues así fui yo antes de que me empujaran al Calvario»64.

  • 65 Ibid., p. 228.

25Madrid es el reflejo de una sociedad gangrenada: ella aplasta, machaca el corazón puro, noble y generoso del joven escritor. Por otra parte, al final de la novela, Carlos lleva a Carmen, la prostituta con quien se pasa los últimos momentos de su vida, al campo, a La Puerta de Hierro, ensanchando así el espacio de la novela, delimitado hasta entonces, excepto en el Libro 3, por las salas de redacción, por las buhardillas arruinadas y por el centro de la capital. Esta evasión despreocupada al campo circundante se convierte en el espacio simbólico de la última confesión antes del gran salto (este día de escapada es el más feliz de su vida). De bohemio noble, Carlos pasa a “bohemio tabernario” al entregarse al juego, al alcohol a pesar de su propia aversión y acaba por aceptar la invitación de una prostituta. Carlos sufre una crisis nerviosa aguda. En este abismo de desconcierto surge el espectro del suicidio agitado desde el principio de la novela («Entonces fue cuando por segunda vez en aquella noche se irguió ante mi vista el vago espectro del suicidio»65). Atormentado por la crisis, Carlos, a lo largo de su declaración, tiene el proyecto de morir, pues nada, ni siquiera la bebida, logra salvarlo del abismo. El suicidio de Carlos traduce el deseo de matar su fracaso, y, con él, la sociedad que lo engendró. Carlos pertenece a esta rara categoría de artistas puros que defendía Alfred de Vigny en su drama Chatterton (1835) en el que el héroe, un poeta, se suicida haciendo de la sociedad la única responsable. Sawa traduce el drama del artista confrontado al ensanchamiento del mercado artístico: el autor –y él lo demostrará toda su vida– reclama el derecho de ser artista o escritor sin producir grandes obras, sencillamente basándose en la ambición, en la personalidad, en el modo de vivir. Carlos Alvarado Rodríguez aparece como un nuevo Chatterton repudiado por la sociedad de su tiempo y como el hermano novelesco de Jacques Vingtras de la trilogía de Jules Vallès (1832-1885) constituida de Les Réfractaires (1865), Le Bachelier (1881) y L’Insurgé (1886). Declaración de un vencido o la trayectoria del bohemio literario finisecular, que acababa en el alcohol y en la miseria, es el diario de un condenado a muerte cuyo acto de escritura casi frenético es una manera de atrasar el momento fatídico del suicidio. Declaración es también el testamento o la confesión de un autor que quiere hacer la paz, casi con asco, consigo mismo y con su pasado:

  • 66 Ibid., p. 243.

Estas páginas son, pues, la última ilusión de mi existencia marchita. Están escritas atropelladamente, porque tengo ansia de morir. Cuando llegué a la resolución de matarme, me propuse no alentar sino el tiempo preciso para escribir este libro. Ya va estando escrito, y ya voy, de consiguiente, estando de más en esta saturnal de pillos que forman el rebaño humano. Como cuando salí de Cádiz, también ahora, que salgo de la vida, tengo que despedirme de muy poca gente. De mi familia, de Adolfo, de la desventurada que me ve escribir este libro, sin sospechar siquiera lo que contiene; de Julia con el pensamiento, y de los demás con asco.66

26El objetivo, inconfesado al comenzar su obra, que se añade al de hacer el proceso de la sociedad de su siglo, es disuadir al joven provinciano sediento de conquista y de gloria literaria volverse un perdedor, un vencido:

  • 67 Ibid., p. 18.

Quizá andando el tiempo lea esto, desde su oscuro rincón de provincia, algún joven corroído por la pasión de la gloria, ganoso de aventuras, azotado por la misma borrasca de emociones que el autor de este libro, y quizás también, al compadecerme, aproveche las experiencias de que pretendo dejar llenas estas hojas, tomando otros derroteros y otros caminos que los que yo he seguido.67

27Declaración de un vencido es el lugar de la crisis, sobre todo de la del personaje (dominado por la idea del suicidio, convencido del fracaso de su vida, atraído por el vacío de la existencia, el fracaso como postura literaria) hasta de la novela autobiográfica (la dificultad del autor en el momento de situarse frente a su personaje, a su narrador; un pacto autobiográfico con que el lector fantasma o con el que sueña). Sawa declara acaso la crisis de su propia creación que sólo se salva por la palabra acusatoria o tal vez el joven autor intente acabar con su propia etapa de novelista naturalista, como si quisiera la muerte del naturalismo de cierto modo. No es Declaración de un vencido ¿una novela asociada con una etapa vital de formación para el autor, la revelación de una actitud fin de siglo?

III- Declaración de un vencido: manifestación de una actitud bohemia de fin de siglo

28Allen W. Phillips, en En torno a la bohemia madrileña, declara:

  • 68 Allen W. Phillips, op. cit., p. 15.

Frente al burgués pedestre, de existencia apacible y tranquila, los nuevos escritores tendían a endiosar al personaje que vivía fuera de las normas establecidas por la sociedad. […] Así se intentó evitar toda nivelación, y de estas actitudes fundamentales, al menos en parte, se derivan los grupos jóvenes de la bohemia rebelde, de cuya aversión hacia la burguesía no puede dudarse. Cultivaban una posición de desafío ante los demás, procurando destacarse por encima de la masa y subvertir al mismo tiempo los tradicionales valores morales.68

29Por su parte, José Esteban y Anthony N. Zahareas subrayan en Los proletarios del arte que:

  • 69 José Esteban, Anthony N. Zahareas, Los proletarios de...

La actitud bohemia es, pues, una clara vocación de inadaptación social, a la vez una protesta individualista contra el capitalismo y la sociedad burguesa ya instalados en el poder. Celoso de su independencia […]. Provocador por naturaleza, el bohemio llama filisteos a los adocenados burgueses, que han mercantilizado la vida y las conductas e intenta asustar sus bien asentadas creencias, así como sorprenderlos, adoptando un aire anárquico en todas sus manifestaciones, tanto artísticas como vitales.69

30En efecto, para el bohemio, marcar su diferencia, su singularidad es atrincherarse en la provocación, la rebelión y la insumisión (anticlerical, antiburguesa, asocial), es, pues, situarse bajo el signo de la marginalidad. Además, para él, ponerse voluntariamente al margen de la sociedad decorosa y biempensante es la garantía de su libertad moral e ideológica, y, sobre todo, de su sinceridad. Desviarse es legitimarse como bohemio (y el bohemio español de los años 1890 se inscribe plenamente en este código moral). La bohemia española de fines del siglo xix y de principios del siglo xx atraviesa el período de gran trastorno artístico que había supuesto el modernismo (Juan Ramón Jiménez habla del medio siglo modernista que él hace principiar en 1882 para hacerlo terminar en 1932) que, más que una «actitud» (Juan Ramón Jiménez) o una escuela, se impuso como una revolución en el mundo de las artes y de las letras:

  • 70 Federico de Onís, Antología de la poesía española e h...

El modernismo es la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu que inicia hacia 1885 la disolución del siglo y que se había de manifestar en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera, con todos los caracteres, por lo tanto, de un hondo cambio histórico cuyo proceso continúa hoy.70

  • 71 Iris M. Zavala, estudio preliminar a Iluminaciones en...

31La bohemia es un epifenómeno de un potente fenómeno. La bohemia nació de la crisis (elegir la bohemia es elegir la crisis también), en un tiempo de «desastre», de «marasmo» (Unamuno), de agitación (ya hablamos de la desorientación psicológica del bohemio, herencia de un sentimiento nacional): «Tumulto, paradoja, conciencia, paraísos artificiales, búsqueda de nuevas formas de afirmación, tal es el mundo europeo finisecular»71.

  • 72 Pío Baroja, Galería de tipos de la época, Desde la úl...

32Los bohemios no conciben el arte más que independientemente del grupo, como un compromiso individual; el arte es asunto del «yo», de lo íntimo, de lo secreto, pues « El arte es la mayor egolatría, el más intransigente signo de individualismo» confirma el bohemio Emilio Carrere en un artículo titulado «Retablillo literario» publicado en Madrid cómico el 7 de julio de 1912. La elección de un personalismo estético en el que cada uno es libre de seguir la vía que le apetece constituye, tal vez, la causa de la fragmentación del «grupo» bohemio o, por lo menos, de su falta de cohesión notoria. La adhesión del bohemio a la visión personalista del arte puede realmente demostrar hasta cuánto ella depende no sólo de la estética modernista sino también, y sobre todo, del ideal anarquista. En efecto, a fines del siglo xix y a principios del siglo xx, la frontera entre «arte» y «anarquía» tiende a borrarse, hasta tal punto que Rubén Darío decreta en 1901, en España contemporánea, que «anarquismo, en el arte, [es] la base de lo que constituye la evolución moderna o modernista», y Pío Baroja añade en sus Memorias: «Esta equiparación de la anarquía con la literatura no se podía considerar disparatada, sino más bien certera, porque la anarquía de ese tiempo era cosa más literaria que política»72.

  • 73 Luis Bello, «Los malogrados: Alejandro Sawa», El Mund...

  • 74 Alejandro Sawa, «Autorretrato», Iluminaciones en la s...

  • 75 Luis S. Granjel, op. cit., p. 436.

33Alejandro Sawa representa un caso de transferencia cultural particular en la historia de la literatura española finisecular (su obra póstuma, Iluminaciones en la sombra (1910), da perfectamente cuenta de ello). Nacido en Sevilla el 15 de marzo de 1862, se marcha para Madrid donde se hace conocer rápidamente, sobre todo en las reuniones y en los debates que tenían lugar en el Círculo Nacional de la Juventud fundado en 1881 por Urbano González Serrano. El joven Sawa, triunfante y elocuente, audaz y apasionado («Sawa era, a los veinte años, la osadía, el talento, la elocuencia. Sawa era el triunfo»73), llevaba todas las esperanzas de la juventud literaria. Es la figura de proa de esta juventud combativa e idealista llamada Gente Nueva de la que ya nos ocupamos al evocar tanto la novela La mujer de todo el mundo (1885) como Declaración de un vencido (1887). Con este primer período madrileño corresponden las novelas naturalistas que representan la casi totalidad de su producción de creación. «Luego mi vida transcurrió fuera de España –en París generalmente–, y a esa porción de tiempo corresponden los bellos días en que vivir me fue dulce» 74 confiesa Sawa en «Autobiografia» o «Autorretrato». París fascinaba al joven Alejandro Sawa de los años 1880-1885 y su viaje o, mejor dicho, su peregrinaje a París fue más que un simple descubrimiento, constituyó una revelación, la realización de sus deseos más profundos: «El suceso, la estancia en la capital francesa, no fue para Sawa un simple episodio en su vida de bohemio, pues ejerció decisiva influencia en sus preferencias literarias, dando motivo a una auténtica conversión»75.

  • 76 Ernesto Bark en Modernismo había calificado justament...

  • 77 Luis Antonio de Villena, Biografía del fracaso, Barce...

34Declaración de un vencido o la confesión de un hijo del siglo76, es el libro de toda una generación. Carlos Alvarado, como su creador, quiere imprimir su única y última manera de ser al final del siglo xix: el fracaso como última respuesta de protesta a una sociedad materialista, cada vez más modernizada e industrializada, alejada de las aspiraciones de Belleza y de Arte. Sawa, ya desde 1887, funda su propio mito de perdedor que no dejará de cultivar a lo largo de su existencia hasta declararse, al final de su vida, en su diario íntimo Iluminaciones en la sombra, completamente extranjero («extemporáneo»), es decir al margen de su época, olvidado, vencido. Luis Antonio de Villena lo incluirá en su Biografía del fracaso (1997), confirmando esta idea según la cual la bohemia literaria española se forjó un mito del fracaso. Sin embargo, «[p]erder no sería carecer de éxito. Perder no podía ser simple mala suerte en la vida. Perder entraba en la categoría sublime de una actitud. De un modo de encarar la vida, mitad anarquista, mitad aristocrática. Era, en último término, una lectura muy personal del Non serviam que dijo el pueblo de Israel, según Jeremías»77. Grito de palabras, crisis del yo. Crisis de las palabras, grito del yo. El personaje grita su crisis. La acumulación (tanto de datos históricos como lexicales), la enumeración, las repeticiones, las anáforas, las comparaciones a ultranza, la letanía y la obsesión del fin («era preciso sucumbir»), el acta constante de su fracaso son las manifestaciones de esta crisis del yo que desestructura la materia narrativa puesto que ésta se convierte en invectiva, en requisitoria, en una simple materia autobiográfica, de la categoría de lo íntimo y lo íntimo es la sede de la crisis. El escritor se forma en el dolor. Declaración de un vencido, novela moderna de aprendizaje invertida, deformada, ¿no augura también, por esta «pasión del desánimo» según la expresión de Jorge Urrutia, la futura «crisis de la novela» de 1902 en la que el desencanto y el pesimismo guiarán los pasos de los personajes (Antonio Azorín de la novela La voluntad de Azorín será el perfecto representante o Fernando Ossorio de Camino de perfección de Pío Baroja)?

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Notes

1 Alejandro Sawa, Declaración de un vencido, Madrid: Cátedra, 2009, p. 244.

2 Ibid.

3 Alejandro Sawa, La mujer de todo el mundo, Madrid: Moreno-Ávila Editores, 1988, p. 1.

4 Miguel de Unamuno, En torno al casticismo, Madrid: Espasa Calpe, 1991, p. 149.

5 Ibid.

6 Alejandro Sawa, op. cit., p. 1.

7 Ibid. Las palabras en cursiva y en bastardillas son del autor del artículo.

8 El verso exacto y completo es: «Quand le ciel bas et lourd pèse comme un couvercle» («Spleen», Les Fleurs du mal, Paris: Le livre de poche, 1972, p. 92).

9 Alejandro Sawa, op. cit., p. 1.

10 Una uniformización de las costumbres ya desvelada en 1862 por Gustavo Adolfo Bécquer en un artículo «La Nena», publicado en El Contemporáneo: «La civilización, ¡oh, la civilización es un gran bien; pero al mismo tiempo es un rasero prosaico, que concluirá por hacerle adoptar a toda la Humanidad un uniforme! España progresa, es verdad; pero a medida que progresa abdica de su originalidad y su pasado» (Obras completas, Madrid: Aguilar, 1954, p. 748).

11 Ibid.

12 Alejandro Sawa, Declaración, p. 231.

13 Alejandro Sawa, La mujer, p. 2.

14 Ramón María del Valle-Inclán, Luces de bohemia (esperpento), Madrid: Espasa Calpe, Colección Austral Teatro, 2006, p. 101.

15 Alejandro Sawa, op. cit., p. 98.

16 Allen W. Phillips, Alejandro Sawa. Mito y realidad, Madrid: Ediciones Turner, 1976, p. 186.

17 Alejandro Sawa, op. cit., p. 140-141.

18 Clarín, Apolo en Pafos, citado por Guillermo Díaz Plaja, Modernismo frente a 98, Madrid: Espasa Calpe, 1951, p. 3.

19 Ramiro de Maeztu, Hacia otra España, citado por Luis S. Granjel, Panorama de la generación del 98, Madrid: Ediciones Guadarrama, 1959, p. 140.

20 Maeztu in: Luis S. Granjel, op. cit., p. 141.

21 Pío Baroja, «Santa Austeridad», El Tablado de Arlequín, citado por Granjel, art. cit., p. 142.

22 Azorín, Los anarquistas literarios, citado por Luis S. Granjel, op. cit., p. 142.

23 Azorín, La voluntad, Madrid: Castalia, 2010, p. 86.

24 Alejandro Sawa, op. cit., p. 231.

25 «Qu’il soit prononcé sur le ton de la tristesse ou de l’exaltation, le vocable fin de siècle ne semble pouvoir apparaître entre 1880 et 1900 sans impliquer une autre idée, omniprésente, et qui lui est intimement liée: celle de la décadence» (Guy Ducrey, Introducción a Romans fin de siècle 1890-1900, Paris: Éditions Robert Laffont, 1999, p. XV).

26 Pierre-Jean Dufief, Les écritures de l’intime de 1800 à 1914 – Autobiographies, mémoires, journaux intimes et correspondances, Paris: Bréal, 2001, p. 26.

27 Ibid.

28 Ibid., p. 27.

29 Hacia 1885 comienza a formarse en Madrid un grupo llamado «Gente Nueva» (que viene de un libro de Luis París), inmediatamente anterior a la generación de 1898 pero «infinitamente menor en talento artístico y trascendencia estética» (Phillips, op. cit., p. 53) y en el que Alejandro Sawa desempeña un papel preponderante. Se puede decir que es la figura de proa de esta juventud combativa e idealista que Sawa retrató a través del recorrido artístico de su personaje, el pintor Eudoro Gamoda de La mujer de todo el mundo (1885) y, después, en su novela autobiográfica Declaración de un vencido (1887). Estas dos obras son características de los conflictos sociales e ideológicos en los que se debatía esta juventud audaz y de la que se puede decir también que llevaba en germen algunas de las ideas fundadoras de la generación de 1898, así como lo asegura Manuel Machado: «No quisiera rememorarlos aquellos días tan próximos ¡y tan pasados! en que una «elite» inteligente y fuerte, precursora de los renovadores puramente literarios y artísticos del 98, sentía ya acongojado su entusiasmo por algo así como el presentimiento de la gran catástrofe colonial y política y se debatía airada contra el statu quo y el marasmo de su España de entonces, no mucho más inconsciente y dormida que la actual. Se debatía y protestaba con motines, con asonadas, con libros subversivos y periódicos rojos. Vivía inquieta y desazonada» (Manuel Machado, «La función de la Prensa», Un año de teatro, Madrid: 1918, p. 57, citado por Phillips, op. cit., p. 55).

30 Allen W. Phillips, op. cit., p. 210-211.

31 «Quizá es la crítica política uno de los signos mayores del aporte considerable de Sawa a la literatura regeneracionista. El escritor pasa revista a los males de la Patria arremetiendo principalmente contra la España de la Restauración. Además de atacar directamente a los hombres políticos, Sawa denuncia algunas lacras nacionales: la demagogia, el centralismo, el caciquismo, la corrupción, la Inquisición, y la alianza del Altar y el Trono» (Jean-Claude Mbarga, Alejandro Sawa: novelística y periodismo, Madrid: Ed. Universidad Complutense, Colección Tesis Doctorales, n81/91, 1991, 2 vols., p. 333).

32 Alejandro Sawa, op. cit., p. 146.

33 Ibid., p. 150-151.

34 Ibid., p. 154.

35 El bohemio, independiente, marginal, reivindica a menudo el carácter único de su persona: «Nuevo, en el sentido de que soy yo solo el que es como yo; nuevo, en el sentido de que no me parezco a nadie» (Ibid., p. 146).

36 Ibid., p. 155.

37 Ibid.

38 Ibid., p. 155-156.

39 Ibid., p. 201.

40 Ibid., p. 115.

41 Ibid., p. 160.

42 Ibid., p. 113.

43 Ibid.

44 Ibid.

45 Ibid.

46 Ibid., p. 248-249.

47 Ibid., p. 115.

48 Ibid.

49 Ibid., p. 116.

50 Ibid.

51 Ibid., p. 141.

52 Ibid., p. 174.

53 Ibid., p. 215.

54 Ibid., p. 220.

55 «¡Iba a casarme con la adversidad, que me aguardaba en Madrid con ansias de enamorado! ¡Iba a casarme, sí, a casarme con ella, y nuestro lazo de unión, férreo y bien apretado, iba a ser eterno e indisoluble por toda la vida! ¡Por toda la vida!» (Alejandro Sawa, op. cit., p. 159).

56 Ibid., p. 160.

57 Ibid.

58 Ibid., p. 243.

59 Ibid.

60 «Ser capaz de llevar voluntariamente a cuestas sobre las espaldas la pesada carga de todos los sufrimientos, de todas las penas, de todas las aflicciones que desesperan y hacen triste a la pobre especie humana, sin rehuir el peso de una sola lágrima, ni el ardor de un solo sollozo». Ibid., p. 173.

61 Ibid., p. 167.

62 Alejandro Sawa, ibid., p. 169. Su viaje en tren hacia la capital se asocia con la búsqueda de una mujer imaginaria pero que «no acudió en ninguna de las estaciones del tránsito la mujer soñada». Esta primera decepción de su deseo es premonitoria y lo sitúa definitivamente del lado de los «vencidos»: «[…] insomne, abatido, falto de todas las enterezas que se exigen para el combate, casi vencido antes de haber luchado, me dejó el tren en Madrid, inconsciente de cuanto me rodeaba, disgustado de mí y de los otros» (Alejandro Sawa, op. cit, p. 165). En él, la imaginación es más fuerte que la realidad.

63 Ibid., p. 170.

64 Ibid., p. 173-174.

65 Ibid., p. 228.

66 Ibid., p. 243.

67 Ibid., p. 18.

68 Allen W. Phillips, op. cit., p. 15.

69 José Esteban, Anthony N. Zahareas, Los proletarios del arte. Introducción a la bohemia, Madrid: Celeste Ediciones, Biblioteca de la Bohemia, 1998, p. 10.

70 Federico de Onís, Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932), Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1934, p. 273.

71 Iris M. Zavala, estudio preliminar a Iluminaciones en la sombra (Madrid: Ediciones Alhambra, 1977, p. 12).

72 Pío Baroja, Galería de tipos de la época, Desde la última vuelta del camino, Obras completas, Tomo VII, Madrid: Biblioteca Nueva, 1949, p. 837.

73 Luis Bello, «Los malogrados: Alejandro Sawa», El Mundo, 03/03/1909 citado por Phillips, Alejandro Sawa, op. cit., p. 52.

74 Alejandro Sawa, «Autorretrato», Iluminaciones en la sombra, Madrid: Nórdica Libros, 2009, p. 233.

75 Luis S. Granjel, op. cit., p. 436.

76 Ernesto Bark en Modernismo había calificado justamente Declaración de un vencido de «"confesiones de un hijo del siglo" del modernismo español» (Madrid: 1901, p. 65) citado por Phillips, op. cit., p. 211.

77 Luis Antonio de Villena, Biografía del fracaso, Barcelona: Editorial Planeta, 1997, p. 74.

Pour citer ce document

Xavier Escudero, «Declaración de un vencido (1887) de Alejandro Sawa: novela-requisitoria de un yo fin de siglo en crisis», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, Crises et représentations, Partie 2 - Représentations littéraires de la crise, mis à jour le : 09/12/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1337.

Quelques mots à propos de :  Xavier  Escudero

Xavier Escudero est Agrégé et Maître de Conférences au Département de Langues de l’Université du Littoral Côte d’Opale à Boulogne-sur-Mer. Il est spécialiste de littérature espagnole contemporaine (xixe, xxe, xxie) et a travaillé notamment sur la décadence, la bohème littéraire fin de siècle, Azorín, Alejandro Sawa, Pedro Luis de Gálvez, Antonio de Hoyos y Vinent, Juan Manuel de Prada, Enrique Vila-Matas. Il est l’auteur d’une thèse soutenue à Paris IV, La bohème littéraire espagnole de la fin du xixe au début du xxe siècle : d’un art de vivre à un art d’écrire, publiée en 2011 aux éditions Publibook (Paris).

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Université du Littoral Côte d’Opale, H.L.L.I. (EA 4030)