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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

Gastón Baquero

Pío E. Serrano

Cuerpo y circunstancia: los exilios de Gastón Baquero

Article

Résumé

Entre témoignage et analyse critique, cette étude apporte de précieuses clés de lecture pour comprendre les différents exils de Baquero et sa solitude profonde dès sa plus tendre enfance. Provincial, mulâtre et pauvre, Baquero eut à subir également tout au long de sa vie les critiques sévères de ses contemporains, poètes et écrivains. Malgré le déracinement, le départ en Espagne lui permit de retrouver enfin la liberté créatrice et d’intensifier un processus de réidentification qui culmina en 1994 avec la parfaite maîtrise de son écriture poétique et la reconnaissance de son œuvre.

Extracto

Entre testimonio y análisis crítico, este estudio entrega valiosas claves de aproximación a los diferentes exilios de Baquero y a su profunda soledad desde su más tierna edad. Provinciano, mulato y pobre, a lo largo de su vida Baquero sufrió también las críticas acérrimas de sus coetáneos, poetas y escritores. A pesar del desarraigo, el exilio en España le permitió recobrar por fin la libertad creadora e intensificar un proceso de reidentificación que culminó en 1994 con la perfecta maestría de su escritura y el reconocimiento de su obra.

Texte intégral

1I. Desde una edad muy temprana supo Gastón Baquero que lo habitaba una sensación de extrañeza, estar en el sitio que no le correspondía; un vacío vital que lo privada de ciertas certezas comunes a los otros; una incómoda ausencia advertida en la realidad que le ofrecían los ojos. Algo, en fin, que se le hacía necesario corregir. Confiesa Baquero que a los doce años escribió su primer poema, «El parque»1, y cuenta el proceso de su escritura:

El parque y los laureles eran literales, pero las ancianas me las inventé. Veía el cuadro completo, no como era exactamente, sino como yo quería que fuese. Instintivamente había comenzado ya a arreglar al mundo. […] Dramatizar un hecho irreal, o convertir en irrealidad un hecho dramático, es cosa que nació conmigo.2

2Su niñez, pobre, mestiza y carente de la figura paterna, le impedirá conocer el paraíso gozoso de la infancia. Desde entonces se siembra en él un desasosiego que le revela una ausencia, únicamente resuelta en una actividad creadora capaz de completar, de corregir la incómoda realidad.

3Los sucesivos exilios, que habitarán en la existencia de Baquero, la insatisfacción ante ciertas formas en que se nos manifiesta la realidad, lo impulsarán hacia una poética de la transfiguración, la invención, la fabulación enmendadora. Hacia la sumisión, en fin, de todos sus destierros: las pulsiones del cuerpo («No hay para nosotros una marcha nupcial, / Ni muestran una alianza de oro nuestras manos. /Nosotros reunimos nuestras soledades desautorizadamente, / Pero sabemos que Dios tiene una respuesta para todo»3); la negra noche de la piel («pero la noche nochea la sangre de negros y gitanos, y la feria, la esperanza, ¡la feria!, / se hunde en el gemido de la noche, apaga sus pequeños soles y sus lunas de papel plateado, / como se apaga la cerilla hundida en el vaso de manzanilla, la cerilla encendida en el altar de una prostituta, / y negros y gitanos lloran deshechos contra el sombrío imperio de la noche, taconeando, / […] donde solo hay en verdad la señal rencorosa de la noche devorante, / la victoriosa, coronada noche»4); la soledad de la pobreza («y allí aquel mendigo, fiero testigo en pie, con la mano extendida hacia la nada, / acompañado solamente / por las abrumadoras sombras de su soledad y de la soledad que ve en los otros»5); y, por fin, el transtierro, consumación de todos los exilios («El exilio, visto del lado político, es una enfermedad. Pero yo soy un exiliado de otro ámbito, no solo de Cuba. Siempre me he sentido como un extraño en el mundo, exiliado de la naturaleza física tan incompleta e indiferente, que tanto nos desprecia e ignora»6).

4Gastón Baquero nació en una pequeña población de la más oriental de las provincias cubanas en 19147. La economía de la zona estaba consagrada al cultivo de la caña de azúcar. Por la necesidad de una numerosa fuerza de trabajo y por lo penosa que resultaba esta actividad fue reservada para una extensa población esclava procedente de África desde el siglo xviii. Esta circunstancia favoreció una mayoritaria concentración de población negra africana que, con el tiempo, terminó fundiéndose con descendientes de españoles, chinos y exiguos sobrevivientes autóctonos.

5Baquero crece en el núcleo de una humilde familia mestiza en la que predomina la ascendencia negra. La ausencia del padre, emigrado a La Habana, impuso a la familia (madre, tías, hermanas y un único hijo) la necesidad de trabajar arduamente para asegurar la subsistencia8. Aprende a leer y a disfrutar de la poesía al amparo de su tía, apasionada lectora de románticos y modernistas menores, y asiste irregularmente a una escuela pública. A los trece años su padre lo reclama a La Habana y allí completa su educación de forma acelerada. Su padre, telegrafista, se preocupa por que su hijo se haga de una profesión ‘práctica’ que le asegure a situarse en una sociedad donde los estudios liberales no eran la mejor defensa ante la vida para un mestizo de provincia. Ya en 1912 había sido severamente reprimido un movimiento reivindicativo por parte de la población negra que dejó un saldo de tres mil muertos9. A los 21 años se gradúa de ingeniero agrícola y hace estudios de Ciencia Naturales.

6Cumplidas las expectativas de su padre y desoyendo su previsora admonición, Baquero –mulato, provinciano y pobre– comienza una actividad literaria, primero, como poeta, que lo acerca al grupo de amigos que habría de alentar la experiencia origenista10. Posteriormente, comienza una acelerada trayectoria como periodista, que lo conduce hasta la jefatura de redacción del Diario de la Marina, uno de los periódicos más influyentes y conservadores de la Isla11. Baquero sufrió entonces el rechazo y la exclusión de algunos de sus contemporáneos, las más acerbas de Lezama Lima y Virgilio Piñera12.

7Desde sus primeros poemas publicados en 1942, Baquero no vuelve a publicar poesía en Cuba. Sí continúa escribiéndola, las más de las veces destruyéndolas o dejándoselas extraviar. Sin embargo, se sirve de su privilegiada posición en la prensa para publicar extensos artículos, verdaderos ensayos sobre literatura y poesía, monografías de inteligente exigencia y agudas reflexiones –de Juan Ramón a Eliot, de Vallejo a Borges, de Whitman a Pound, de Mallarmé a Emily Dickinson, de Césaire a Santayana…–, textos que conforman un cuerpo revelador de su propia Poética.

8A finales de la década del cincuenta, forma parte del Consejo Consultivo del gobierno autoritario de Fulgencio Batista, también nacido en Banes y mestizo. Circunstancia que de nuevo atrajo la crítica de los poetas amigos y que daba otra vuelta de tuerca a su condición de extrañado13. No obstante, Baquero, ganado un reconocido ascendiente en la sociedad cubana de los cincuenta, desde las páginas del Diario de la Marina, no solo se ocupa, desde la admiración y el elogio, de mantener una sostenida atención sobre la obra de los origenistas, de abrir la páginas del diario a Lezama, sino ejerce una saludable influencia en el ejercicio de airear la zozobra sobre la vida pública republicana14. Labor a la que une el amparo personal a creadores e instituciones culturales (entre otros, el Ballet Nacional de Alicia Alonso)15.

9En abril de 1959 Baquero viaja a España para instalarse en un prolongado exilio de 38 años. Detrás deja su familia, su biblioteca, su pinacoteca, su discoteca mozartiana… Se marcha llevando únicamente consigo el lastimoso equipaje del emigrante, y su memoria. Deja también una carta de despedida a sus lectores, donde reflexiona sobre los motivos de su partida: su imposibilidad de compartir la nueva ideología que se impone, su renuncia a enfrentar las ideas a las armas y su deseo, sin resentimiento, de ponerse al margen del «poderoso torrente» que sacude la Isla16.

10Sus primeros años en España «fueron tan penosos como pudieron serlo para cualquiera […] pero una cosa es ir a un país en plan de turista y otra es ir a instalarse en él y tratar de conseguir trabajo»17. Baquero calla, por el pudor y la discreción que siempre lo habitaron, que con anterioridad –siendo el poderoso factótum del hispanófilo Diario de la Marina, en cuyas páginas acogió las colaboraciones de numerosos escritores españoles– había viajado en seis ocasiones, las más invitado a congresos culturales, y que durante años ejerció como recaudador de la ayuda económica que desde Cuba se enviaba a don Juan de Borbón en su refugió portugués. El que llegaba entonces no era más que quien «andaba por el Madrid de los primeros sesenta con su elegancia de mulato grande, sus abrigos holgados (se los dejaba en herencia un marqués más grande que él), su cartera/acordeón de ministro sin poderes de una revolución incruenta, anticastrista, de embajador plenipotenciario de las repúblicas mulatas de la intemperie, de periodista sin periódico y poeta sin musa, incidiendo en redacciones, mendigando altivamente colaboraciones, con esa altivez de voz humilde, que también suben al cielo todos los negritos buenos», escribió con maldad innecesaria un periodista español, célebre por la roña y el resentimiento, que le debía a Baquero lo que puedo aprender en la Escuela de Periodismo de Madrid18.

11Con todo, la voluntad de Baquero logra abrirse un espacio de sobrevivencia y sucesivamente ejerce de profesor de Literatura Hispanoamericana e Historia de América en la Escuela Oficial de Periodismo, de consultor en el Instituto de Cultura Hispánica y durante 30 años de redactor y traductor en Radio Exterior de España.

12II. Mi relación, tardía, con Gastón Baquero, comenzó mientras estudiaba en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, durante la primera mitad de la década de los 60. Por entonces saltó por primera vez, antes de que algún profesor se atreviera a mencionarlo, el nombre –nombre proscrito– de Gastón Baquero, depositado como se revela un misterio. Pronto nos asomamos a la antología de los diez poetas reunidos por Cintio Vitier en 1948. Allí estaba el esplendor primero de la escritura poética de Baquero. Baquero pertenece a esa minoría de poetas que, como Rimbaud o Eliot, desde sus poemas inaugurales se revelan suficientes.

13Allí estaban, en primer lugar, las deslumbrantes «Palabras escritas en la arena por un inocente», de arrolladora expresión versicular, donde una voz auténticamente americana se apropia de una herencia universal, al tiempo que la historia es solo el trasunto para hurgar en una conciencia que interroga la muerte, angustia que se resuelve en la desconcertante inocencia del poeta-niño, un ser escogido para desocultar. Ese inocente reiteradamente llamado «Bufón de Dios, poeta», tan distante del soberbio «¡Torres de Dios! ¡Poeta!» invocado por Darío. También estaba el «Testamento del Pez» o el sueño de las formas y las metamorfosis desde el que el poeta contempla su ciudad, testigo de lo cotidiano y de lo mágico, y nos la devuelve en una sustancia nueva, felizmente tocada por el ángel de la revelación, o los espléndidos pasajes de «Saúl sobre su espada» y «El Caballero, el Diablo y la Muerte». Y desde entonces, Baquero, el Ausente, se convirtió en una cotidiana presencia que nos revelaba una manera superior y más cercana de la poesía como un arte de la comunicación. En la escritura del joven Baquero descubríamos una mirada fundacional que desalojaba de la oscuridad fragmentos de la realidad ocultos por el ojo perezoso.

14Si Lezama Lima, un poeta al que ya habíamos comenzado a leer, nos adelantaba una enigmática y nutricia propuesta representada por una postura extrema del acto poético mediante una inmersión absoluta en la intimidad del lenguaje, dominado por el Eros insaciable de la palabra que renuncia, por insuficientes e imperfectas, a la lógica, la armonía y la unidad, para instalarse en un sistema que busca lo incondicionado poético en la vivencia oblicua, el súbito, el método hipertélico o la hipóstasis de la poesía, es decir, la elaboración de lo «imposible creíble», Baquero, por su parte, se nos presentaba como el espectador que testimonia una herencia que integra y reordena, amplifica y subvierte pero que, sobre todo, llegaba para enriquecer ante nuestros ojos lo incompleto de una realidad limitadamente percibida.

15Después del esplendor de este puñado de poemas inaugurales se hizo el silencio. Desde entonces y durante varias décadas, parecerá callar. Volcado en el periodismo, el poeta se hace invisible. Si bien genera un importante cuerpo de crítica literaria, donde reflexiona con hondura sobre la poesía cubana contemporánea y las voces mayores de la poesía universal.

16Cuando muchos creyeron que el fermento nutricio de la poesía se había secado en Baquero –Max Henríquez Ureña llegó a escribir: «Tal parece que la poesía de Gastón Baquero fue un meteoro fugaz»–, reaparece a partir de su llegada al exilio en 1959, recupera la palabra poética elaborando un sorprendente cuerpo poético que sucesivamente da a conocer en los Poemas escritos en España (1960), Memorial de un testigo (1966), Magias e invenciones (1984) y Poemas invisibles (1991)19. A esta labor de creación poética, añadió Baquero la publicación de una serie de ensayos20, entre los cuales, por muchas razones, el más revelador fue el que dedicara a sustanciar las identidades del indio, del blanco y el negro en la configuración de América21.

17Lejos de cultivar el desengaño y el resentimiento propios del transterrado, desde la lejanía sus poemas se inscriben en el encantamiento del lenguaje y elabora un sorprendente espejo que lo devuelve en una imagen lúdica y maravillosa de lucidez expresiva, inversa geometría de la gravedad tonal que se hace severa en sus primeros poemas. Obra escrita desde la madurez vital y emocional del poeta, libre ahora en la soledad del exilio de otros compromisos que no fueran los del saboreo íntimo de sus invenciones poéticas y el diálogo con las estrellas. Si estos textos no son superiores a la densidad de su anterior escritura, sí sorprenden por la multiplicidad de sus registros, por el desinhibido uso del lenguaje, por la pluralidad de sus voces, por el encantamiento del humor y la ironía, por la calidez de su mirada. La sorpresa del renacer poético de Baquero se confirmó en el entusiasmo con que los jóvenes poetas españoles e hispanoamericanos residentes en Madrid acogieron la novedosa revelación de su escritura de fabulaciones e invenciones acendradas en la savia de una portentosa cultura al servicio de la imaginación poética.

18A mi llegada al exilio pude leer en España los dos primeros libros publicados por Gastón desde su salida de Cuba, desconocidos entonces en la isla. El primero, escrito y editado al año siguiente de su arribo a Madrid, Poemas escritos en España, era una declaración ya del nuevo espíritu que iluminaba su escritura. Estaba compuesto por un cuerpo inicial, «Canciones de amor de Sancho a Teresa», donde Baquero se alza hasta la sencillez expresiva del escudero, sabiamente entretejida con la poesía clásica sentimental, y con siete poemas sueltos que más tarde recogerá en Memorial de un testigo, como los espléndidos «Anatomía del otoño», «Primavera en el metro» o «Fábulas», plenamente integrados en esa nueva dicción que alumbrará el resto de su siguiente obra por venir. En la lectura de Memorial de un testigo, su segunda entrega en España, descubrí cómo el júbilo de la creación –«Fanfarria en honor del Escorial»– puede convivir con el desasosiego que produce la soledad humana en sus extremos –«El mendigo en la noche vienesa»– o con un desconcertante juego de identidades, resuelto con la levedad de la ironía y del humor –«Los lunes me llamaba Nicanor».

19En cuanto pude, me puse a la búsqueda de Baquero y lo encontré en las oficinas del Instituto de Cultura Hispánica. Allí lo visité, para encontrarme con la afabilidad, la gracia, el humor natural de dos compatriotas que se reconocen mutuamente en tierra ajena. Ni la gravedad de la arrogancia ni la impostura de la prepotencia en aquella enorme humanidad que lo encarnaba. Nacía una amistad, únicamente perturbada por su muerte.

20Mi cercanía como editor a Gastón comenzó cuando debí acudir en ayuda de mi amigo, el poeta boliviano Pedro Shimose, quien se había impuesto la tarea de recoger en un volumen la poesía de Baquero. Un proyecto al que se resistía Gastón, coherente con una postura que mantuvo hasta el final de sus días. Y es que, si bien sentía un enorme respeto por la poesía, insistía en el refugio de la soledad acompañada y, desde un profundo sentido del decoro y de su habitual escepticismo, restaba importancia a los fastos de la celebridad. En mi larga experiencia como editor nunca he conocido otro autor tan auténticamente renuente a hacerse visible, a dejarse descubrir.

21Shimose y yo debimos insistir pesadamente sobre su inamovible resistencia. El resultado, Magias e invenciones, fue una recopilación hecha desde los poemas más recientes a una estricta selección de sus primeros textos poéticos. La voz de Gastón se nos revela aquí como «una victoria del conocimiento sobre la fiebre», en palabras que él dedicara a Pound. Su poesía parece contravenir la complaciente ritualización de la mirada domesticada y la liturgia de la obviedad. Su palabra se propone redimir el presente sin relieves que oculta la densidad significativa de una memoria desacralizada. Así, su discurso se aleja de la pasiva recuperación melancólica del pasado que lo idealice como plenitud. Reivindica, en cambio, la recuperación fragmentaria y discontinua de una memoria civilizadora, aquella en la que se atisban dispersos instantes donde asoman los inciertos destellos de la felicidad y el desconcierto.

22Poemas como «El galeón» o «Brandenburgo 1526», mediante la invención libre y la fabulación que corrige la torpe realidad, no proponen más que la acción mágica de desocultar la otra cara del espejo. Recupera así la densidad de un tiempo poético dotado con la reciedumbre de una memoria que ensambla lo disperso, reordena sus fragmentos, fabula nuevos encadenamientos en la invención de una imagen que gana espacios en la celebración de la existencia, al tiempo que entregaba sus espléndidas versiones de la que consideraba la más auténtica poesía negra, fuera africana o americana, y ajena al horror que le causaba la llamada poesía «negrista»22.

23Años después, ya Gastón convertido a su pesar en una celebridad auspiciada por Francisco Brines, Luis Antonio de Villena, Carlos Bousoño, Víctor García de la Concha y Luis Alberto de Cuenca entre otros españoles, y por los hispanoamericanos Juan Cobo Borda, Carlos Contramaestre, Elizabeth Burgos y muchos más, homenajeado por las universidades de Salamanca y La Laguna, presentes sus poemas en las más importantes revistas literarias, me empeñé en arrancarle un nuevo libro con los poemas que en su bien administrada soledad había ido acumulando.

24Nació así el proyecto de Poemas invisibles (1991), que habría de ser su último libro unitario publicado. Gastón se había resistido a publicar de nuevo, a pesar de las ofertas que recibía continuamente. Verbum comenzaba su andadura y yo quería prestigiar su botadura con la presencia de su poesía. Tampoco fue fácil. A su resistencia debí oponer entonces el recurso de la significación que tendría para nuestra modesta editorial que su nombre quedara vinculado al de la primera revista fundada por Lezama, Verbum, a cuyo amparo dimos nombre a la novísima editorial cubano-española. Gastón aceptó la propuesta, considerándola como un homenaje a Lezama, al que siempre llamó «Maestro». Y entonces comenzó la lucha por titular el volumen. Como en Memorial de un testigo, yo quería titularlo acogiéndome al de su primer poema, «El viajero», a lo que Gastón se negó. Días después me llamó para anunciarme que ya tenía el título: Poemas invisibles. Un título que él mismo explicaría, desde su señorial escepticismo, en sus primeras páginas: «Esta parva cosecha lleva el nombre de Poemas invisibles porque adivino para los que la componen el mismo destino limbal que tuvieron sus hermanos». Desde su casa en la madrileña calle de Antonio Acuña, Baquero parecía contemplar el mundo de las vanidades, la urgencia de los escribidores apresurados, el relumbrón circunstancial de los otros con la dignidad que otorgan la distancia y el decoro del desterrado isleño convertido él mismo en isla.

25Baquero sostiene en estos poemas la confirmación de la plenitud de una escritura que era a la vez una actitud y un ethos en textos como «Manuela Saénz baila con Giuseppe Garibaldi el rigodón final de la existencia», «Con César Vallejo en París –con aguacero» o «Invitación a Kenya». No pretende otra cosa, y no es poco, que intensificar un proceso de re-identificación, donde un sentimiento de pérdida o ausencia se complementa con una reescritura lúdica –libre– de la historia en la que el texto corrige esa estrecha imagen de un vacío con las que el espejo nos miente.

26En poemas como «¿Qué pasa, que está pasando…», Baquero vuelve sobre una de sus más íntimas obsesiones: la naturaleza mutable del ser. El hombre no es, deviene, parece advertirnos en los versos que observan la obstinada identidad de la naturaleza enfrentada al infatigable proceso de transformación y metamorfosis que enturbia el doliente corazón humano.

27Todavía Gastón tuvo oportunidad de ver la publicación de un nuevo libro, ablandada ya su resistencia. Se trata de la Autoantología comentada, publicada en Madrid en 1992, donde Baquero seleccionó la música que debía acompañar la lectura de los poemas seleccionados.

28A la publicación de Poemas invisibles, Gastón Baquero recibió en 1994 el homenaje internacional de la Universidad de Salamanca que culminó con la publicación de dos espléndidos volúmenes que recogían su obra poética y en prosa, a los que se añadió un tercero, Celebración de la existencia, donde se agrupó la veintena de ensayos sobre su vida y su obra, presentados por poetas y académicos españoles e hispanoamericanos. Este fue el año en que Gastón Baquero fue nominado para el premio Internacional de Poesía Reina Sofía.

29A su muerte, con el consentimiento de su sobrina Rita Pérez Baquero, Verbum comenzó a preparar la edición de sus poemas completos, una tarea que hubiera sido imposible sin la colaboración de Cintio Vitier y Fina García Marruz, quienes nos hicieron llegar una gran parte de la poesía primera de Gastón y que hasta ese momento era prácticamente desconocida, y a la que se añadió un puñado de poemas póstumos inéditos, ampliados en la segunda edición de 2013.

30Octavio Paz afirmó que entre la soledad de la creación y el ruido del mundo exterior, el escritor debe fundar un espacio nuevo: el del diálogo. A medida que creció el discurso poético de Baquero se fue poblando de voces disímiles, discontinuas, fragmentarias. Su palabra parece suspendida entre la nostalgia de la totalidad irrecuperable y la vertiginosa frontera de lo puramente inmediato y disperso. Desde su escritura nos descubrió que somos muchas cosas a la vez, pero que no necesariamente estas presencias se manifiestan en continuidad y menos aún que adquieran relieve en una unidad homogénea, sino más bien que se diluyen y fragmentan, se dispersan en una incierta pluralidad. Todo ello conduce a Baquero a depositar en sus lectores la agridulce almendra de un cierto escepticismo. Una distancia previsora, un guiño cómplice; una maliciosa señal que alerta para evitar en entusiasmo indócil o la torpe solemnidad de la certidumbre. Baquero escribe: «garabatea incesantemente palabras en la arena. / Y no sabe si sabe o si no sabe» y parece repetir con Heidegger: «Lo seguro no es en el fondo seguro; es inseguro». Insiste Baquero: «Saber y creer que no hay Enigma, pero seguir, ¡desde tanto tiempo!, tejiendo y retejiendo las palabras como si hubiera enigma, es pelear con la Nada, pedalear en la Nada […] En esa perplejidad nos encogemos de hombros […] y nos entretenemos en el juego de la Poesía en libertad», para devolvernos así a la lucidez inútil, es decir, lúdica, no intercambiable.

31En el escepticismo de Baquero se observa una actitud de distancia, de fuga; un dispositivo que elabora para huir a la sumisión del destino. Baquero se muestra irreverente ante todo lo que dignifique una decisión irrevocable, se deja sorprender por lo incondicionado. Hace una mueca al destino. Con Ortega contempla la vida como «abandono del ser en disponibilidad» y, cauteloso, únicamente se permite la renuncia para mantenerse plenamente libre. Solo una acción se reserva Baquero para salvarse del pesimismo, la que le dicta las «palabras escritas en la arena».

32Finalmente quiero recordar un momento singular en que Gastón mostró la integridad de su profundo sentir cubano. Aprovechó Gastón la Dedicatoria que escribiera a Poemas invisibles para dejarnos una hermosa reflexión de eticidad y auténtico fervor cubano.

33Ajeno a toda ortodoxia, sospechoso de todo discurso unívoco y excluyente, Gastón Baquero se convirtió en el más influyente poeta de las nuevas generaciones cubanas. Los jóvenes han sabido descubrir en el discreto escepticismo baqueriano una muralla contra la intolerancia. Latía en él una entrañable pasión por su tierra, una pasión serena y distante de toda exacerbación de fácil emotividad. Sustancialmente cubano, y por tanto europeo y africano, abrió sus puertas a todo joven cubano de dentro y de fuera de la Isla. El forzado transtierro no lo ocultó. El silencio hostil de los comisarios que quisieron borrar su nombre hizo crecer un vacío que los jóvenes poetas desearon llenar peregrinando a la calle Antonio Acuña para palpar al innominado, para rescatar al secuestrado.

34Así pudo escribir en esa Dedicatoria: «El orgullo común por la poesía nuestra de antaño, escrita en o lejos de Cuba, se alimenta cada día, al menos en mí, por la poesía que hacen hoy –¡y seguirán haciendo mañana y siempre!– los que viven en Cuba como los que viven fuera de ella. Hay en ambas riberas jóvenes maravillosos. ¡Benditos sean! Nada puede secar el árbol de la poesía».

Bibliographie

Anhalt, Nedda G., de, «Gastón Baquero: una isla rodeada de libros», in: Dile que pienso en ella, México D.F.: Ediciones La Otra Cuba, 1999, p. 113-145.

Baquero, Gastón, Indios, blancos y negros en el caldero de América, Madrid: ediciones de Cultura Hispánica, 1991, 289 p.

Baquero, Gastón, Ensayo, Alfonso Ortega y Alfredo Pérez Alencart (ed.), Salamanca: Fundación Central Hispano, 1995, 332 p.

Baquero, Gastón, Poesía completa, edición Pío E. Serrano, 2ª ed. revisada y ampliada, Madrid: Verbum, 2013, 385 p.

Cabrera Infante, Guillermo, Vidas para leerlas, Madrid: Alfaguara, 1998, 294 p.

Fermoselle, Rafael, Política y color en Cuba. La guerrita de 1912, Madrid: Editorial Colibrí, 1999, 213 p.

Lázaro, Felipe, Conversación con Gastón Baquero, Madrid: Betania, 1987, 88 p.

Rojas, Rafael, Tumbas sin sosiego, Barcelona: Anagrama, 2006, 505 p.

Serrano, Pío E., Shimose, Pedro, Entrevistas a Gastón Baquero, Madrid: Betania, 1998, 104. p.

Notes

1 «El parque de mi pueblo tiene / cuatro laureles y el busto de un patriota. // Cuando la tarde es hecha una lumbre tranquila, / acuden silenciosas las ancianas. // La tarde es lo más bello de este pueblo, / y son tristes sus noches, // cuando el parque se queda desolado, / con sus cuatro laureles y el busto de un patriota». Gastón Baquero, Poesía completa, 2ª ed., Madrid: Verbum, 2013, p. 346.

2 Felipe Lázaro, Conversación con Gastón Baquero, Madrid: Betania, 1987, p. 13 y 14.

3 Gastón Baquero, «Palabras de Paolo al hechicero», Poesía completa, op. cit. p. 107.

4 «Negros y gitanos vuelan por el cielo de Sevilla», ibid., p. 117.

5 «El mendigo en la noche vienesa», ibid., p. 130.

6 Nial Binns, «Una visión de la poesía cubana del siglo xx: Gastón Baquero», in: Entrevistas a Gastón Baquero, Madrid: Betania, 1998, p. 87.

7 Sobre la fecha de nacimiento de Baquero, existe una generalizada confusión, debida a la doble certificación de su nacimiento. Baquero nació en Banes el 4 de mayo de 1914 junto a su hermana melliza, Fredesvinda. Un certificado de nacimiento, expedido en La Habana, con fecha 20 de febrero de 1908, confirma la fecha de 1914. Este doble registro era habitual en el interior de la Isla, y en esta oportunidad fue gestionada por su padre, divorciado ya y residente en La Habana.

8 «Yo fui un niño bastante especial en el sentido de que, como tuve que trabajar desde pequeño, trabajar duro junto con mi madre, pues no conocí eso que se llama jugar, ni fui al colegio como los demás niños, porque, te repito, tenía que trabajar. […] En realidad no puedo decir que tuviese una verdadera niñez». Carlos Espinosa Domínguez, «La poesía es magia e invención», in: Entrevistas a Gastón Baquero, op. cit., p. 34.

9 Rafael Fermoselle, Política y color en Cuba. La guerrita de 1912, Madrid: Editorial Colibrí, 1999.

10 Baquero siempre rehusó considerar a los origenistas como una generación: «En rigor, no hay tal generación de Orígenes. Usted no puede hallar nada más heterogéneo, más dispar, menos unificado, que el desfile de obra de cada uno de los presuntos miembros de la generación». Felipe Lázaro, op. cit., p. 22.

11 «[el periodismo] es una profesión que apenas tiene que ver con la literatura, no obstante que se hace con letras, y apenas tiene que ver con la filosofía no obstante que maneja ideas». Y más adelante revela lo que lo condujo al periodismo: «Necesito un trabajo bien retribuido, por motivos familiares» (Ibid., p. 17). Por esos años Virgilio Piñera tiene que emigrar a Argentina y Lezama Lima ejerce de abogado de oficio en la cárcel del Castillo del Príncipe.

12 «Comprendo el horror con que vieron algunos amigos de la juventud mi entrada en firme en un periódico» (Ibid.).

13 Más tarde, con el triunfo de la Revolución, en 1959, Baquero, junto a una larga lista de «intelectuales culpables» -entre los que se encontraban Lezama Lima, Fernando Ortiz y Jorge Mañach, entre otros-, fue severamente denunciado: «Muchos de ellos se escudaban en la neutralidad de la cultura; otros estimaban que hacer acto de presencia en un organismo oficial de aquel gobierno no constituía una falta grave». José Rodríguez Feo, «La neutralidad de los escritores», citado en Rafael Rojas, Tumbas sin sosiego, Barcelona: Anagrama, 2006, p. 162.

14 Ibid., p. 132, 133.

15 Gastón Baquero, «mecenas literario, entonces un poderoso periodista, enérgico y agresivo y rico y no el pobre exiliado ecuánime que es hoy. Era un antiguo colaborador de Orígenes y protector de Lezama». Guillermo Cabrera Infante, «Tema del héroe y la heroína», en Vidas para leerlas, Madrid, Alfaguara, 1998, p. 19.

16 «Por eso ante ellas [las revoluciones], quienes no tenemos vocación política y no nos inclinamos a participar en movimientos contrarrevolucionarios por mucho que la revolución nos persiga, no sabemos hacer otra cosa que ponernos al margen, dejar pasar el poderoso torrente y desear, sin el menor resentimiento, que triunfe y se consolide cuanto sea bueno para Cuba, y que se disuelva rápidamente en el vacío cuanto pueda ser un mal para esta tierra de la cual pueden incluso hasta arrojarnos, pero no pueden impedir que la amemos con la misma pasión que puede amarla el más revolucionario de sus hijos». Diario de la Marina, 19 de abril de 1959.

17 Carlos Espinosa, op. cit., p. 37.

18 Francisco Umbral, «Gastón Baquero», Diario 16, 16 de mayo de 1997.

19 Para Baquero el exilio significó una liberación, una recuperación de lo más íntimo de su ser, ajeno a cualquier otro compromiso: «Hay quien dice que volví a la poesía cuando me vi liberado de mis obligaciones en el periódico, al venir a España como exiliado. Es posible. Tuve entonces mucho tiempo para rumiar la soledad, falta de trabajo y otras cosas», Bladimir Zamora, «Mi mayor placer es inventar», in: Entrevistas a Gastón Baquero», op. cit., p. 49.

20 Algunos de los cuales fueron recogidos en el volumen Ensayo, compilado por Alfonso Ortega y Alfredo Pérez Alencart, Salamanca: Fundación Central Hispano, 332 p.

21 Baquero pudo, al fin, lejos de los prejuicios de la sociedad cubana, y como un acto de liberación, abordar un tema que desde siempre estuvo presente en su pensamiento. Así pudo escribir: «Lo que vamos a ver en estas notas que siguen, escritas sin resentimiento, sin cólera, sin racismo negro, sin desatender lo positivo del balance histórico, es que toda la historia de Cuba, desde el siglo xvi hasta nuestros días, se explica en función del problema negro, en razón de la presencia cuantiosa, predominante en ocasiones, pero intensamente repudiada, del negro en Cuba». Gastón Baquero, Indios, blancos y negros en el caldero de América, Madrid: ediciones de Cultura Hispánica, 1991, p. 94.

22 «Hice esas traducciones de Senghor, Bolanda, Okara y otros para decir ‘Aquí está la poesía negra africana’. No esas boberías de un costumbrismo atroz, que terminó por ser racista. Desde el momento en que conviertes al negro en objeto de risas, lo haces bufón». Nedda G. de Anhalt, «Gastón Baquero: una isla rodeada de libros», entrevista en Dile que pienso en ella, México D.F.: Ediciones La Otra Cuba, 1999, p. 134.

Pour citer ce document

Pío E. Serrano, «Cuerpo y circunstancia: los exilios de Gastón Baquero», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral, Gastón Baquero, mis à jour le : 29/04/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1473.

Quelques mots à propos de :  Pío E.  Serrano

Poeta, ensayista y editor nacido en San Luis, Oriente, Cuba. Fue profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. En Cuba participó de los proyectos culturales de los sesenta «El Puente» y «El Caimán Barbudo». Exiliado en España desde 1974. En 1990 fundó la Editorial Verbum, especializada en sus inicios en textos de español para extranjeros. Con la posterior inclusión de la colección Verbum Ensayo en 1992, se abrió al campo de la filología, la estética, la filosofía y la historia. Por su parte, la colección Verbum Poesía alienta la presencia de voces alejadas del entorno eurocéntrico. Así surgió la Serie Literatura Coreana, que hasta la fecha ha publicado medio centenar de autores cultivadores de diversos géneros. Su obra ensayística aparece en numerosos volúmenes colectivos y en revistas especializadas de Europa y América. Ha dado conferencias y seminarios en universidades de España, Suiza, Francia, Italia, EE UU y Corea. Ha publicado cuatro libros de poesía, fragmentos de la cual ha sido recogida en una veintena de antologías. En 1996 fundó, junto al novelista cubano Jesús Díaz, la revista Encuentro de la Cultura Cubana y es miembro del consejo de redacción de la revista de la Fundación Hispano-Cubana.

pio.ed.verbum@gmail.com