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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

6 | 2015 Leonardo Padura Fuentes faiseur / défaiseur de vérités

Youssouph Coly

Las neurosis existenciales del Conde de Leonardo Padura Fuentes y sus relaciones con la realidad cubana

Article
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Cette étude est axée sur la tétralogie «Las cuatro estaciones» de l’écrivain cubain Leonardo Padura Fuentes: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño. L’article démontre que le lieutenant Mario Conde souffre de névroses existentielles de type exogène, qui trouvent leur origine et leur justification dans la réalité cubaine. Il met en évidence comment cette pathologie peut être perçue dans les romans comme le fruit des frustrations qui découlent du conflit entre, d’une part, ses exigences de vie, ses idéaux, et, d’autre part, ses propres circonstances, la ville, la société, le pays ou le monde dans lequel il vit.

Este estudio se centra en la tetralogía de «Las cuatro estaciones» del escritor cubano Leonardo Padura Fuentes: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño. Este artículo demuestra que el teniente-investigador Mario Conde padece de neurosis existenciales de tipo básicamente exógeno, que tienen su origen y justificación en la realidad cubana. Se evidencia cómo esta patología puede leerse como fruto de las frustraciones resultantes del conflicto entre, por una parte, sus exigencias de vida, sus ideales, y, por la otra, sus propias circunstancias, la ciudad, la sociedad, el país o el mundo en que le toca vivir.

Texte intégral

  • 1 Ver Rogelio Rodríguez Coronel, Novela de la Revolución...

1Los años de escritura de la tetralogía de Padura Fuentes (Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño) coinciden con los momentos de frustración y desencanto económico, político e ideológico consecutivos a la caída del muro de Berlín y al desmoronamiento de la URSS y el socialismo. También coinciden con la tendencia revisionista de la narrativa policial en Cuba y en el resto de Iberoamérica. En la novela policial oficial, el comportamiento delictivo se encontraba fuera de la oficialidad, en las márgenes. Solía ser descrito como una supervivencia de prácticas anteriores –o externas– a la oficialidad revolucionaria que tenían que combatir policías portadores de la misión de restablecimiento del orden según los lineamientos ideológicos trazados por el ideal revolucionario1.

  • 2 Sobre este tema, ver: Alex Martín Escribá y Javier Sán...

  • 3 Citado por Sara Rossell, «La (re)formulación del polic...

2Padura Fuentes se inscribe pues dentro de la dinámica renovadora, que se ha venido llamando «lo neopolicial iberoamericano»2. Se trata de una nueva narrativa policial investida de una función social que, al parecer del escritor cubano, consiste en «expresar la realidad actual de nuestro países: la corrupción, el arribismo político, los problemas de la droga, la prostitución, la marginalidad»3. Padura integra, repetimos, esa nueva generación de escritores hispanoamericanos que otorgan a la literatura el cometido fundamental de ser un medio de exhibición imparcial de la realidad. En él, la novela policial ya no es sólo un medio para denunciar al delincuente común, sino un instrumento que permite hacer un buceo en la profundidad de las aguas más turbias de la realidad cubana, con sus problemas sociales, políticos y económicos, para sacar a flote las inmundicias más insospechadas. En ello, puede decirse que sus textos coinciden con los lineamientos estéticos de la llamada novela negra que surgió en Estados Unidos en el periodo de entreguerras. Según Vázquez de Parga, con el género negro,

  • 4 Salvador Vázquez de Parga, Los mitos de la novela crim...

[...] la novela criminal ha pasado a ser testimonio de una época, testimonio crítico muchas veces, pero también testimonio integrado, en otras ocasiones, en una realidad que acepta –según la ideología del autor– pero en cualquier caso testimonio angustioso de una angustiosa realidad.4

  • 5 Iván Martín Cerezo, Poética del relato policiaco (de E...

3De la misma manera, a diferencia de los detectives de la novela policial tradicional que son unos ganadores, muy inteligentes y seductores, el Conde presenta las características de los nuevos tipos de policía: cínicos, irónicos, perdedores, con una vida personal desastrosa, solitarios, aficionados –adictos casi– al alcohol, y al sexo5. Si bien es un policía eficiente que resuelve con rapidez los casos que investiga, no por ello deja de tener una inestabilidad psicológica que, en muchos aspectos, hace pensar en la neurosis existencial.

  • 6 Ver Dionisio F. Zaldívar Pérez, «Pérdida de sentido y ...

  • 7 Viktor E. Frankl, Psicoanálisis y existencialismo. De ...

4Concebimos la neurosis existencial como una alteración psicopatológica que se manifiesta mediante la tendencia de los sujetos a desarrollar una amargura, una exasperación y una desesperación con la vida que llevan y con su entorno. Se trata de una patología provocada por un fracaso general en la búsqueda de un sentido vital. El neurótico existencial experimenta que no encuentra un significado satisfactorio para su vida y desarrolla el sentimiento de que no tiene sentido seguir viviéndola, luchar o tener esperanzas6. Es la razón por la cual el neuropsiquiatra austriaco Viktor F. Frankl lo considera como un sujeto cuya vivencia se resume en un «dies irae permanente»7.

5Nuestro trabajo descansa en una doble hipótesis: primero, que el teniente-investigador Mario Conde presenta la sintomatología de un ser en estados de padecimiento, de dolor, de frustración, de desencanto, de angustia y de neurosis existencial; segundo, que estas neurosis existenciales son consecuencias de las circunstancias vitales del protagonista y de la realidad cubana cuyos contornos aparecen nítidamente en los frescos políticos, económicos y sociales pintados en la tetralogía de «Las cuatro estaciones». En un primer lugar, examinaremos el cuadro clínico del Conde en cuanto policía aquejado de neurosis existencial. En el segundo, buscaremos en la realidad descrita en las novelas, los elementos susceptibles de formar parte de los desencadenantes de su comportamiento psicótico.

Las neurosis existenciales del Conde

  • 8 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, Madrid: Tu...

  • 9 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, Madrid: ...

6Si bien Mario Conde es, en lo profesional, un investigador eficiente y ganador, en lo personal, presenta, en todas las novelas que componen la tetralogía de «Las cuatro estaciones», características poco relucientes. Su retrato físico y psicológico es el de un policía soltero de treinta y seis años «prealcohólico, pseudoescritor, cuasiesquelético y postromántico, con principios de calvicie, úlcera y depresión y finales de melancolía crónica, insomnio y existencias de café...»8. Es un hombre que se caracteriza por una «mezcla de empecinamiento y pesimismo, de inconformidad con la vida y de inteligencia agresiva»9.

  • 10 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, Madrid: Tus...

  • 11 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

  • 12 Subrayemos que el Conde tiene más relación con el Fla...

  • 13 Viktor E. Frankl, op. cit., p. 224.

  • 14 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

  • 15 Viktor E. Frankl, op. cit., p. 149.

  • 16 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p...

7Otro rasgo característico del protagonista es su soledad. Es un hombre que respira a diario «el aroma profundo y oscuro de la soledad»10. Esta soledad, sobre la que confiesa en alguna ocasión que le tiene un terror pánico11, es la expresión de una situación social poco reluciente, con escasos condicionantes prosociales. En efecto, aparte de su pequeño círculo de amigos (Andrés, Candito el Rojo, el Conejo, el Flaco Carlos y su madre, Josefina)12, no tiene relación de amistad duradera. El Conde es también un policía «sexualmente neurótico»13, adicto a las masturbaciones nocturnas y que, cuando ve mujeres hermosas, tiende a sufrir erecciones callejeras repentinas, persistentes protuberancias entre las piernas14. En esto se puede decir que alcanza fases de regresión al instinto animal, al primitivismo15, donde la preocupación del individuo es la búsqueda de la satisfacción de placeres hedonistas. Pues, «magnífico cornudo»16 con fracasos estrepitosos con las mujeres, él es un hombre obsesionado por el sexo y, en muchas ocasiones mira a las hembras con perversión, tomándolas como objetos sexuales.

8Subrayemos que sus instintos sexuales son, de alguna manera, un exutorio, una droga, un mecanismo de evitación que le ayuda a trascender la soledad y la vacuidad de su existencia. Leemos en Vientos de cuaresma que se siente atrapado en un túnel y que,

  • 17 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

sólo cuando se enamora, Mario Conde se da el lujo de olvidar por un instante aquella condena tangible y siente deseos de escribir, de bailar, de hacer el amor para descubrir que el cúmulo de instintos animales de la práctica sexual puede ser también un feliz esfuerzo por dar cuerpo y memoria a viejos sueños, a olvidadas promesas de vida.17

  • 18 Para Frankl, los instintos sexuales, o sea los impuls...

9Los impulsos sexuales se convierten para él en un medio de gozar y de suplir las ausencias, las insuficiencias y las carencias18. En efecto, trata de inhibir sus angustias y sus frustraciones mediante lo que Frankl llama una compensación sexual. Según el neuropsiquiatra,

  • 19 Viktor E. Frankl, ibid., p. 219. El subrayado es del ...

La fuga de la frustración existencial hacia la compensación sexual conduce a la caza del placer. Pero cuanto más esté un individuo a la caza del placer tanto más lo espanta y lo ahuyenta por ese mismo hecho. Y entonces, ese sentimiento de vaciedad que suelo llamar vacío existencial conduce a una inflación de la sexualidad. ¡Solamente en el vacío existencial prolifera la libido sexual!19

10Además, tanto Mario Conde como sus amigos se encuentran en un momento trágico de su vida porque se dan cuenta de que no tienen prácticamente nada, que toda su vida ha sido un cúmulo de errores, equivocaciones, fracasos, desengaños y desencantos. El teniente-investigador es consciente, en todo momento, de la vacuidad de su vida y de la no adecuación de su yo con su ideal de yo; y esto provoca en él un sentimiento de frustración doblado de angustia existencial:

Diez años revolcándose en las cloacas de la sociedad habían terminado por condicionarle sus reacciones y perspectivas, por descubrirle sólo el lado más amargo y difícil de la vida, y hasta habían conseguido impregnarle en la piel aquel olor a podrido del que ya no se libraría jamás, y lo que era peor, que sólo sentía cuando resultaba especialmente agresivo, porque su olfato se había embotado para siempre. Todo perfecto, tan perfecto y agradable como una buena patada en los huevos.

  • 20 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p...

¿Qué has hecho con tu vida, Mario Conde?, se preguntó como cada día, y como cada día quiso darle marcha atrás a la máquina del tiempo y uno a uno desfacer sus propios entuertos, sus engaños y excesos, sus iras y sus odios, desnudarse de su existencia equivocada y encontrar el punto preciso donde pudiera empezar de nuevo.20

  • 21 Leonardo Padura Fuentes, Máscaras, Madrid: Tusquets, ...

11El Conde se da trágicamente cuenta de la imposibilidad para él de cambiar sustancialmente el curso de su vida y su devenir. Se siente impotente ante la realidad asfixiante y ante el túnel en el que se encuentra arrojado, sin posibilidades de marcha atrás y pocas de mejoría. Pues, en Máscaras, tras observar desde el balcón del apartamento de Poly el vuelo de una paloma aturdida, al parecer, por el calor del momento, el teniente vio que en algo se asemejaba a aquella ave que «no tenía otra cosa que hacer: sólo remontar el vuelo, hasta perderse en el cielo y en la noche»21. De la misma manera, la situación de su amigo Carlos provoca en él una serie de interrogantes metafísicas sobre el mundo y sus injusticias. Estos obsesivos cuestionamientos, que tienen como substrato el juicio de la participación de Cuba en la guerra de Angola, lo llevarán incluso hasta la negación de la existencia de Dios:

  • 22 Leonardo Padura Fuentes, Paisaje de otoño, op. cit., ...

¿Por qué tuvo que pasarle algo así a un tipo como Carlos? ¿Por qué alguien como él tenía que ir a una guerra lejana y oscura a perder lo mejor de su vida? Dios no puede existir si pasan estas cosas, pensó, y el alma en pena del policía se sintió conmovida, casi a punto de partirse en dos...22

  • 23 Jorge Marturano, «Memorias de un cabrón recordador: l...

  • 24 Leonardo Padura Fuentes, Máscaras, op. cit., p. 159.

  • 25 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

12Consciente de que vivir es un caminar hacia la muerte, hacia el infierno, Mario Conde es, según Jorge Marturano, un personaje que «debe lidiar no sólo con la degradación de la vida, en Cuba sino también con la suya propia, una vida cargada de fracasos y frustraciones»23. Ha sido policía por accidente y no le satisface la vida que lleva. Si para el sargento Manuel Palacios, parece que al Conde le avergüenza ser policía24, para Karina, transmite la imagen de un hombre muy triste que va «por el mundo pidiendo perdón por estar vivo»25. Las investigaciones sobre los asesinatos contribuyen a mitigar el vacío existencial del Conde, lo cual hace que, a veces, hasta se alegra de que haya un caso de homicidio, que se lo asignen, para salir del tedio y dar un sentido a una existencia monótona y asfixiante. Al mismo tiempo, paradójicamente, aumentan su perplejidad ante el comportamiento absurdo y reprobable de muchos miembros de la élite dirigente.

  • 26 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, op. cit.,...

13Salpican las páginas de las novelas de Padura Fuentes los frecuentes lamentos generacionales del Conde y sus amigos, sobre todo de Andrés. Estas lamentaciones son motivadas por una angustia generacional fruto, a su vez, de un cúmulo de engaños y desencantos, de inutilidades y dolores, de vidas malgastadas y existencias equivocadas. En Paisajes de otoño Andrés llama la atención de sus compañeros sobre el hecho de que todos han fracasado en sus vidas respectivas por el simple hecho de que son una generación de mandados que nunca han podido hacer lo que realmente querían, sino que se conformaron con seguir la vía trazada por otros. El Conde y el resto de sus amigos descubren en la fiesta del cumpleaños del policía que el médico que todos pensaban feliz resulta ser un hombre «lleno de frustraciones y rencores, capaces de amargarlo y envenenar el ambiente que lo rodeaba»26.

  • 27 Ibid., p. 15.

14Esta frustración generacional que todos llevan en su interior y que los neurotiza es la que justifica los deseos de evasión, la voluntad de fuga del Conde. Asimismo, para cumplir su anhelo de emancipación, decide presentar una solicitud de licenciamiento que le permitiría dejar la policía y «encerrarse a morir de rones, de cigarros, de penas y rencores»27.

  • 28 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

  • 29 Ver Irvin Yalom, Psicoterapia existencial, Barcelona:...

15Pero ésta no es la única obsesión del protagonista. Escritor frustrado por no haber conseguido todavía cumplir su deseo de publicar un relato, el Conde sigue sin abandonar su proyecto de vida y está obsesionado con vivir escribiendo novelas en una casa de madera y tejas, frente al mar, en comunión con la naturaleza. De esta manera también, vería cumplirse su sueño de libertad. Se sentiría liberado de las cadenas embrutecedoras que lo hostigan y, con la literatura como mecanismo por excelencia de la fabulación, la evasión y la libertad, se transportaría a un mundo imaginario, hecho a su antojo, un mundo donde es posible tener «sueños felices, construir algo, tener algo, entregar algo, recibir algo, crear algo»28. Para Yalom, la actividad creativa permite el descubrimiento y la valoración de uno mismo a la vez que aumenta el valor de la vida y le da sentido29. Así, la escritura es para el Conde un medio de expresión, de búsqueda de su yo para la salvación y la redefinición de una personalidad ya debilitada por una existencia enajenante dentro de un ambiente asfixiante en el que no se reconoce y del que quiere huir:

  • 30 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, op. cit.,...

[...] y sólo una decisión podía colocarlo en el sendero de la redención: o nos salvamos juntos o nos jodemos los dos. Simplemente tenía que escribir, exprimir el grano, reventar el absceso, vaciar los intestinos, escupir aquella saliva amarga, ejecutar aquella operación radical, para empezar a ser él mismo.30

  • 31 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p...

  • 32 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, op. cit.,...

16En sus momentos de soledad, si no está soñando con novelas que nunca escribe, el Conde se refugia en el recuerdo, que es otro mecanismo de escape, de huida hacia tiempos pretéritos, hacia los momentos felices del Preuniversitario, hacia ese pasado perfecto y perdido que él quiere recuperar ya que no le satisface el presente. Pues, en Pasado perfecto, precisamente, manifiesta su deseo de tener otra vez dieciséis años para volver a «sentirse feliz, como casi había olvidado que se puede ser feliz»31. Su alcoholismo puede leerse también como un mecanismo de evasión con el que intenta «sumergir en ron» y hacer más llevadera una existencia cotidiana «aplastada y descolorida»32.

17De esta manera, se empieza a vislumbrar que los instintos animales del Conde, su nostalgia del pasado perfecto, sus deseos de evasión y sus anhelos de fuga hacia la ficción, los sueños, las borracheras y las tierras idealizadas, son consecuencias de las frustraciones del presente cuyo origen también habrá de buscarse en la realidad.

La realidad cubana como origen de las neurosis del Conde

18Los psicólogos coinciden en que existe una relación dialéctica estrecha, es decir de influencia, entre el entorno inmediato del individuo y sus respuestas, sus pensamientos, sus estados emocionales, su comportamiento y sus relaciones con los demás y con el propio entorno. La neurosis existencial, en cuanto derivación de un conflicto entre los valores morales del individuo y los de la sociedad, también tiene su origen en la carencia de sentido vital. La búsqueda del sentido de la vida es la búsqueda de significados y de propósitos en relación con las circunstancias específicas del individuo. Pues, el ser humano no se circunscribe exclusivamente en el en-sí. Se define también en relación con –y por– sus propias circunstancias y el otro.

19Recordemos que, cuando empezó a escribir, Padura Fuentes sabía de entrada que tenía que marcar una ruptura con la línea oficial que quería que las novelas policiales se centraran en lo didáctico y en la dialéctica entre el Bien, encarnado por el ideal revolucionario, y el Mal, o sea todo lo que estaba fuera de los lineamientos establecidos por el régimen castrista. De esta manera, se propuso escribir sobre la problematización de la realidad cubana. Para ello, ¿qué mejor es hacerlo a través de un personaje en conflicto con esta misma realidad?

  • 33 Manuel Campirano, «Padura, creando desde el presente ...

20Padura Fuentes confiesa en una entrevista que en sus textos ha buscado hacer de Mario Conde una especie de intermediario, un mediador entre la ficción novelesca y la realidad cubana que quería pintar, retratar, revelar, desvelar, «por eso en estas novelas todo lo que ocurre, lo que se lee, lo que se siente, lo que se respira, lo que se piensa, está tamizado a través de la sensibilidad de Mario Conde»33. Sus textos se caracterizan por una coincidencia entre la perspectiva del narrador y la del teniente-investigador. Este dato es de suma importancia a la hora de analizar el substrato, las implicancias ideológicas, de los procesos de plasmación de la realidad cubana, sobre todo si sabemos que el mero hecho de nombrar las fealdades y de retratar a los delincuentes equivale a denunciarlos.

21El Conde no queda indiferente ante estas injusticias sociales. Es lo que justifica el que siempre esté atento a todos los detalles, sobre todo cuando, en el marco de sus investigaciones, visita las casas de los cuadros del régimen. La toma de conciencia de que algunos han podido aprovecharse de su postura para enriquecerse provoca en él una congoja y frustración.

  • 34 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

  • 35 Leonardo Padura Fuentes, Paisaje de otoño, op. cit., ...

22De su experiencia interna en su contacto con la realidad emerge una pérdida de confianza en su entorno inmediato. Para el protagonista, la propia capital cubana es una ciudad puta que se ofrece a los que le pagan con angustia y dolor34. Su depresión se exacerba cuando se para a hacer una radioscopia de la sociedad cubana, cuando se detiene a observar la gran farsa que lo rodea, es decir una nación, pretendidamente socialista, que está organizada desde la verticalidad arriba-abajo, donde miembros de la élite, cómodamente instalados en fraudes, tráficos de influencia, persecuciones, mentiras, imposturas y traiciones de todo tipo, se permiten hacerse pasar por los garantes implacables de la pureza, la ética y la ideología político-social, mientras que los de abajo (como dijera Mariano Azuela) permanecen «maniatados y silenciados, sufriendo la enfermedad crónica e incurable de vivir en un solar...»35.

  • 36 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

23Esta bipartición de La Habana queda nítidamente descrita en todas las novelas de la tetralogía. Se ve en la cartografía de la ciudad, donde existe una diferencia abismal entre los barrios en los que vive la élite y los de la gente pudiente. El Conde no es inmune al espectáculo que dan los barrios bajos de la capital cubana. Él mismo ha nacido en uno que califica como «demasiado caliente y pendenciero»36. Cada día, nada más salir de su casa y asomarse a la calle, se encuentra con un espectáculo poco alentador que le quita cualquier resquicio de gusto por seguir viviendo en ese lugar y en esa ciudad:

  • 37 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p...

Los latones de basura en erupción, los papeles de las pizzas de urgencia arrastrados por el viento, el solar donde había aprendido a jugar pelota convertido en depósito de lo inservible que generaba el taller de mecánica de la esquina. ¿Dónde se aprende ahora a jugar pelota?37

  • 38 Leonardo Padura Fuentes, Máscaras, op. cit., p. 155.

  • 39 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit...

  • 40 Ibid.

24Estos barrios de casas chatas y mal pintadas, como el del capitán Contreras, «herrumbroso, demasiado monótono y tan gris, sin jardines ni portales y, desde siempre, con pocos vidrios sanos»38, contrastan con los de los «nuevos dirigentes de los nuevos tiempos»39. A diferencia de los primeros, éstos se presentan como espacios casi paradisíacos, sin ladrones, con mujeres pulcras y angelicales, con casas bien pintadas, plantadas armoniosamente en un «coto pasteurizado»40, y donde hasta las fiestas son diferentes. De la misma manera, el lujo insolente en el que nada Caridad Delgado en Vientos de Cuaresma o la familia de Tamara en Pasado perfecto dista mucho de la miseria de Candito el Rojo, quien malvive en un solar lúgubre.

  • 41 Freddy Vilches, «Descorriendo el velo: apariencia y r...

25Asistimos aquí, de alguna manera, al juicio de la Revolución cubana, al desvelamiento de las taras de un sistema revolucionario y socialista que muchos jóvenes entusiastas creyeron inmune a los vicios del capitalismo41. Las novelas de Padura Fuentes pueden leerse como verdaderos alegatos inquisitorios no sólo contra la incompetencia, sino también contra la podredumbre ética y el enmascaramiento o travestimiento moral de muchos cuadros de la vanguardia revolucionaria idealizados durante muchos años por la propaganda oficial.

26El narrador de Paisaje de otoño es muy explícito en su denuncia de la política llevada a cabo por las autoridades, al transcribir a modo de flash-back los recuerdos del Conde de cuando el ministro Gerardo Gómez de la Peña visitó su facultad. Después de enfocar, con insinuaciones, los lujosos y relucientes zapatos del político, el narrador hace hincapié en sus promesas, con una ironía que lo deja retratado como un vendedor de ilusiones:

  • 42 Leonardo Padura Fuentes, Paisaje de otoño, op. cit., ...

El superministro era el protagonista de la velada, pues desde la altura de su responsabilidad histórico-económica parecía ser el genio maravilloso encargado de materializar todos los milagros productivos de la isla: desde llevar a sus últimas y magníficas consecuencias la economía socialista hasta –a través de esas consecuencias y esa economía– convertir al país en territorio libre de subdesarrollo, monocultivo, desempleo, escaseces, diferencias sociales y hasta de baches en las calles, eufemísticos faltantes en la gastronomía y listas de espera en las terminales de ómnibus.42

27A través de la visión satírica del ministro, pues, se ataca al propio sistema, con la corrupción de sus dirigentes, con las falsas expectativas, con las promesas falsas, utópicas –e inalcanzables a causa de su incompetencia– con las que embarcaron no sólo al joven y entusiasta estudiante que era Mario Conde, sino también a todo un pueblo. Esa es una de las manifestaciones del ya aludido desencanto de los jóvenes a propósito de los espejismos y las promesas no cumplidas de la Revolución.

  • 43 Ibid., p. 57.

28Al Conde también le revienta oír cómo el antiguo ministro Gómez de la Peña hace alarde de su aprovechamiento de su posición de alto funcionario del gobierno postrevolucionario para enriquecerse a costa de las expropiaciones. Traduce muy bien su exasperación esta frase que el policía suelta para sus adentros tras escuchar al ex ministro corrupto: «Si pudiera cogerte en algo, hijo de puta»43. La frase es también una confesión de impotencia ante una situación repugnante. Mario ve que mientras que llevaba muchos años cazando a criminales y ladrones, había otros peores que, desde la cima del poder robaban desvergonzadamente, sin conciencia republicana, con toda impunidad y con alevosía. Por eso dispara esta pregunta al antiguo ministro:

  • 44 Ibid., p. 57.

– Si puede volver a ser sincero, respóndame otra pregunta: ¿no le parece realmente bochornoso tener en esa pared de esta casa un cuadro millonario, comprado con su cargo mientras allá abajo hay gentes que se pasan la semana comiendo arroz y frijoles después de trabajar ocho o diez horas y a veces no tienen ni una pared para colgar un almanaque?44

29Con esta pregunta del investigador, Padura Fuentes pone el dedo sobre la injusticia y la falta de equidad social que, paradójicamente, se proponía resolver la Revolución cubana. Descubre la perpetuación del antiguo sistema. Pero, esta vez, la clase hegemónica burguesa queda sustituida por los nuevos caciques del régimen.

30Para cerrar este artículo, recalquemos que una lectura atenta de las novelas de Leonardo Padura Fuentes protagonizadas por el detective Mario Conde deja transparentar una doble visión de este personaje. En un primer nivel, tenemos a un teniente-investigador muy inteligente, a la vez reflexivo e intuitivo, y de espíritu agudo en lo profesional, que resuelve todos los casos que le someten, cosechando así el afecto y la consideración de su jefe, el mayor Rangel, y la envidia de algún que otro compañero de la Central. En un segundo nivel, más personal, íntimo y psicológico, el lector descubre un protagonista que presenta las características de un ser que padece unas neurosis existenciales; las cuales se manifiestan en un sentimiento de vacío, una desgana, una falta de entusiasmo, cierto inconformismo con la realidad, constantes estados de depresión en los que, si no añora el tiempo pasado, es decir el pasado perfecto, se refugia detrás de unas máscaras como mecanismo de evitación. En esto, puede decirse que encaja con el prototipo de detective de la novela negra: un antihéroe psicológicamente inestable.

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Notes

1 Ver Rogelio Rodríguez Coronel, Novela de la Revolución y otros temas, La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1983, p. 62-63.

2 Sobre este tema, ver: Alex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero. «Una mirada al neopolicial latinoamericano: Mempo Giardinelli, Leonardo Padura y Paco Ignacio Taibo II», Anales de Literatura Hispanoamericana, vol. 36, 2007, p. 49-58.

3 Citado por Sara Rossell, «La (re)formulación del policial cubano: la tetralogía de Leonardo Padura Fuentes», Hispanic Journal, nº 21, 2, 2000, p. 451.

4 Salvador Vázquez de Parga, Los mitos de la novela criminal, Madrid: Planeta, 1981, p. 184. Vázquez de Parga insiste también en que «La novela negra es testimonio de una sociedad que circunda al crimen, y el enigma se pierde en esa realidad arropado por circunstancias literarias nuevas». Ibid., p. 183.

5 Iván Martín Cerezo, Poética del relato policiaco (de Edgar Allan Poe a Raymond Chandler), Murcia: Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2006, p. 68.

6 Ver Dionisio F. Zaldívar Pérez, «Pérdida de sentido y neurosis existencial», Revista Cubana de Psicología, Vol. 14, n° 1, 1997, p. 66.

7 Viktor E. Frankl, Psicoanálisis y existencialismo. De la psicoterapia a la logoterapia, México D.F.: Fondo de cultura económica, 2001, p. 292. El subrayado es del autor.

8 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, Madrid: Tusquets, 1998, p. 208.

9 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, Madrid: Tusquets, Colección Maxi, 2011, p. 83.

10 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, Madrid: Tusquets, 2000, p. 13.

11 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 133.

12 Subrayemos que el Conde tiene más relación con el Flaco Carlos y con Josefina, la madre de éste, quien les prepara suculentos platos de comida. Con el resto se ve en escasas ocasiones, cuando los necesita para los casos que investiga (sobre todo Candito el Rojo) o en las fiestas de cumpleaños.

13 Viktor E. Frankl, op. cit., p. 224.

14 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit, p. 16.

15 Viktor E. Frankl, op. cit., p. 149.

16 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p. 55.

17 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 153.

18 Para Frankl, los instintos sexuales, o sea los impulsos sexuales carentes de meta, se proyectan hacia la descarga de un estado de tensión. Ver Viktor E. Frankl, op. cit., p. 220.

19 Viktor E. Frankl, ibid., p. 219. El subrayado es del autor.

20 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p. 56.

21 Leonardo Padura Fuentes, Máscaras, Madrid: Tusquets, 1997, p. 233.

22 Leonardo Padura Fuentes, Paisaje de otoño, op. cit., p. 19.

23 Jorge Marturano, «Memorias de un cabrón recordador: la mascarada de la rectificación en Leonardo Padura», The Colorado Review of Hispanic Studies, Vol. 6, 2008, p. 132.

24 Leonardo Padura Fuentes, Máscaras, op. cit., p. 159.

25 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 95.

26 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, op. cit., p. 23.

27 Ibid., p. 15.

28 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 25.

29 Ver Irvin Yalom, Psicoterapia existencial, Barcelona: Herder, 1984.

30 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, op. cit., p. 198.

31 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p. 28. En Vientos de cuaresma (p. 127) el Flaco Carlos reprocha a su amigo de pasarse la mayor parte de su tiempo «viviendo de la nostalgia».

32 Leonardo Padura Fuentes, Paisajes de otoño, op. cit., p. 174.

33 Manuel Campirano, «Padura, creando desde el presente la memoria del futuro (Entrevista con Leonardo Padura)» [en línea], Belphegor, Vol. 09, No. 3, diciembre de 2010, p. 7, disponible en: ˂http://dalspace.library.dal.ca/bitstream/handle/10222/47789/09_03_campir_padura_es_cont.pdf?sequence=1> (Consultado el 27-02-2015)

34 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 139.

35 Leonardo Padura Fuentes, Paisaje de otoño, op. cit., p. 176.

36 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 29.

37 Leonardo Padura Fuentes, Pasado perfecto, op. cit., p. 18.

38 Leonardo Padura Fuentes, Máscaras, op. cit., p. 155.

39 Leonardo Padura Fuentes, Vientos de cuaresma, op. cit., p. 52.

40 Ibid.

41 Freddy Vilches, «Descorriendo el velo: apariencia y realidad en Las cuatro estaciones de Leonardo Padura», in: Carlos Uxó (ed.), The Detective Fiction of Leonardo Padura Fuentes, Manchester: Manchester Metropolitan University Press, 2006, p. 70.

42 Leonardo Padura Fuentes, Paisaje de otoño, op. cit., p. 48-50.

43 Ibid., p. 57.

44 Ibid., p. 57.

Pour citer ce document

Youssouph Coly, «Las neurosis existenciales del Conde de Leonardo Padura Fuentes y sus relaciones con la realidad cubana», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, Leonardo Padura Fuentes faiseur / défaiseur de vérités, mis à jour le : 28/11/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1654.

Quelques mots à propos de :  Youssouph  Coly

Youssouph Coly - Université Assane Seck de Ziguinchor (Sénégal). Docteur en littérature hispano-américaine de l’Université Complutense de Madrid, enseignant-chercheur en Langue espagnole et Civilisations Hispaniques et chef du Département de Langues Etrangères Appliquées de l’Université. Ses axes de recherche englobent l’étude de la littérature hispano-américaine des xxe et xxie siècles, de la didactique de l’espagnol, de la traduction et des questions interculturelles.

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