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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

| 2016 Partie 1 - Existentialisme littéraire

Dolores Thion Soriano-Mollá

Individuo e indagaciones existenciales en Aún es de día de Miguel Delibes

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Aún es de día (1949) de Miguel Delibes est un cas exemplaire du sort que connurent quelques œuvres espagnoles cultivant des thèmes existentiels en butte à la censure. Dans ce roman d’analyse, Delibes élucide le mode d’être au monde de Sebastián Ferrón, tout en proposant une image réaliste et déterministe du cours de sa vie morne et misérable dans la très provinciale ville de Valladolid. L’analyse de l’intimité de Ferrón, de son essence et de ses états de conscience dans l’univers grisâtre dans lequel il évolue concentre avec une grande créativité les concepts et les mouvements dialectiques essentiels à l’existentialisme. C’est par ce biais que Delibes chercha à offrir une vision crue de l’Espagne franquiste la plus sombre, vision que la censure mutila tant et si bien que le roman tomba vite dans l’oubli et le discrédit, y compris chez son auteur lui-même.

Aún es de día (1949) de Miguel Delibes es un caso ejemplar de la suerte que corrieron en manos de la censura algunas creaciones españolas que versaron en temas existenciales. En esta novela de personaje, Delibes analiza el modo de ser de Sebastián Ferrón en el mundo y ofrece una imagen realista y determinista del fluir de su vida intrascendente y mísera en la provinciana ciudad de Valladolid. El análisis de la intimidad de Ferrón, de su esencia y de sus estados de conciencia en el entorno hosco en el que vive canaliza con creatividad los conceptos y las dialécticas esenciales del existencialismo. Con ellos Delibes quiso ofrecer una visión cruda de la oscura España franquista; visión que la censura mutiló al punto de provocar el olvido y rechazo de la novela incluso por parte del autor.

Texte intégral

1De toda la producción narrativa de Miguel Delibes, incluso podríamos decir de toda su producción bibliográfica, Aún es de día (1949), su segunda novela, es la que peor suerte ha corrido. Tal vez porque el sonado premio Nadal y el gran éxito de La sombra del ciprés es alargada en 1947 generó un horizonte de expectativas singular, o porque, el mismo Delibes esperaba con su segunda creación superar la excelencia de su primera novela, pero consideró –y a ello debió contribuir en parte la crítica– que no lo logró y se sintió defraudado por sus autoexigencias. Desde entonces Delibes rechazó abiertamente este texto, sobre todo tras las numerosas mutilaciones que la censura franquista le impuso.

2Aún es de día sigue siendo un título poco conocido del novelista valladolisetano. De hecho, no siempre se ha incluido en las sucesivas series de Obras completas y aunque se ha ido reeditando prácticamente cada diez años, desde 1949, en la barcelonesa editorial Destino, es probablemente la que menos ejemplares ha producido.

3Al igual que su predecesora, La sombra del ciprés es alargada es una obra en la que cristaliza la función de cronista que Delibes asume a la hora de representar la realidad, una realidad tremendista y determinista, de la que el narrador, en tercera persona, ofrece todas las claves para establecer un pacto de ficción intencionalmente realista desde el íncipit de la novela. Se trata una vez más de una realidad provinciana, la de Valladolid, cerrada por una esquemática y jerarquizada geografía urbana entre 1946-1947. En uno de los barrios pobres vive el protagonista de la novela, Sebastián Ferrón, sobre el que Delibes focaliza toda la atención durante unos meses de su vida. Los pequeños actos que realiza el protagonista o los hechos que van acaeciendo en su vida cotidiana constituyen la escasa acción de la novela, pero estos contribuyen a recrear el sentimiento del fluir de su vida.

4Si nos atenemos a la concepción más generalizada del existencialismo en tanto que tendencia filosófica que concede la primacía al desarrollo temporal del existir concreto, el cual, –haciendo uso de términos tradicionales–, permite la configuración paulatina de la esencia del hombre, podemos afirmar que, según estas bases mínimas, Aún es de día es una obra existencialista. Se trata de una novela de personaje porque toda la obra gravita en torno al modo de ser en el mundo de Sebastián Ferrón y en torno a su evolución en su intimidad personal, en su interioridad y respecto de aquellos que le rodean.

  • 1 Miguel Delibes, Aún es de día (1949), Obras Completas,...

5«Sebastián se despertó sin sobresaltos»1 son las primeras palabras que descubre el lector, pero bajo ese dominante ambiente de normalidad inicial, Delibes establece las claves de desentrañamiento en la novela, esquejando en breves pinceladas la fisionomía del singular individuo y un modo de existencia que es, siguiendo a Heidegger, pura contingencia:

Sebastián sacó sus cortos brazos del embozo y se estiró por dos veces. Hacía frío. Notó el frío mordiéndole las pequeñas y deformadas manos y volvió a esconderlas bajo las mantas. Era éste, para Sebastián, el único momento feliz del día. Veinte años llevaba pensando, cada mañana, al despertar, que aquel día podría traerle un cambio radical en su existencia. (p. 807)

  • 2 Véase, a título de ejemplo: Edgard Pauk, Miguel Delibe...

  • 3 Mencionemos a este efecto las descripciones de fiestas...

6Esa vida de sombría rutina, el frío y la miseria que la envuelven y las taras físicas de aquel antihéroe –canijo, jorobado, feo…–, quien tras veinte años de inercia e inacción aún anhela cambiar su modo existencia, no fueron muy bien recibidas por el público. Se le achacó al novelista el interés por personajes poco normales, pesimistas, supuestamente alejados de los modos de ser y de vivir de los más comunes mortales de la época2 y ciertas incongruencias, que ahora sabemos, fueron fruto de los recortes de la censura, ya que éstos además debilitaron el andamiaje y el sentido de la obra. Ahora bien, como intentaremos demostrar, en aquel mundo mezquino pero posible de Aún es de día y de la España de posguerra, Delibes proyectó un proceso de realización personal, con sus consiguientes estados de conciencia y planteó unos problemas de orden existencial y moral que el lector coetáneo –e incluso actual– pudo –y puede– actualizar y que hacen de ella una novela que supera el peso de aquel realismo circunstancial que la vio nacer, en numerosas ocasiones por la desnudez de las descripciones ambientales y costumbristas3 o en la creación un tanto sintética de los personajes secundarios, lo cual le confiere significativa universalidad.

7Si volvemos a primeros párrafos antes citados de la obra, a ese momento único de felicidad provocado por una quimérica pero indolente esperanza de cambio –«Veinte años llevaba pensando, cada mañana, al despertar, que aquel día podría traerle un cambio radical en su existencia» (p. 807)– cabría esperar que Delibes propusiera en el desarrollo de su novela un dilatado proceso de reflexión por parte del personaje o el análisis introspectivo y confidencial de su trayectoria de veinte años, o incluso, del giro que Sebastián anhelaba dar a su existencia. Porque Delibes optó en su novela por un relato de corte tradicional, también hubiera podido asignar a su omnipresente narrador extensas exégesis argumentativas y valorativas. En realidad, al igual que en el modelo decimonónico acuñado por Galdós en su manifiesto del realismo, Delibes establece relaciones dialécticas entre el personaje, su pensar, su sentir y su circunstancia. Como no recordar las palabras de Camus en Le mythe de Sisyphe, cuando abundaba en el carácter íntimo y confidencial del discurso ético. En él:

  • 4 Albert Camus, Le mythe de Sisyphe. Essai sur l’absurde...

La pensée abstraite rejoint enfin son support de chair. Et de même, les jeux romanesques du corps et des passions s’ordonnent un peu plus suivant les exigences d’une vision du monde. On ne raconte plus «d’histoires», on crée son univers. Les grands romanciers sont des romanciers philosophes, c’est-à-dire le contraire d’écrivains à thèse. Ainsi Balzac, Sade, Melville, Stendhal, Dostoïevski, Proust, Malraux, Kafka, pour n’en citer que quelques-uns.4

8Sebastián Ferrón será ese «soporte carnal» al que se refería Camus para reconstruir en su verdad completa y esencial del fluir de la existencia sin raciocinios ni exégesis teóricas, al margen también de cualquier relación de objetividad entre él y el mundo que le circunda.

  • 5 Miguel Delibes solía reconocer que la muerte y el prój...

9Desde el punto de vista de las ideas, Aún es de día no puede ser obra intencionalmente realista porque sería contrario a la naturaleza de las mismas, sin embargo, en tanto que universo verbal de ficción, el texto contiene los referentes previos y necesarios para estimular el reconocimiento del presente histórico, en general, y del presente de los personajes, en particular. Así, desde las palabras inaugurales, se anuncian al lector los ejes que articularán la novela: pensamiento, cambio y existencia de un individuo pobre y deforme cuya prosaica vida transcurre en la miseria; como telón de fondo, el ruido sordo de la inhóspita ciudad provinciana de posguerra. A dichos ejes se irán engarzando –aunque el lector lo descubra paulatinamente al penetrar en el universo de Sebastián– dialécticas de raigambre existencialista, tales como determinismo frente a libertad, vacío frente a trascendencia, individualidad frente a colectividad, voluntad frente a abulia, optimismo frente a pesimismo o rebelión frente a abnegación, pero también los habituales temas de la muerte –omnipresente y recurrente con variantes como el suicidio, el infanticidio–, de la injusticia, de la consabida incertidumbre del destino, de la otredad, de la alienación, de la insolidaridad del aislamiento o la incomunicación del ser humano5. En suma, el pacto de ficción del íncipit establece los fundamentos estéticos de la novela: realista pero de trasfondo existencialista, lo cual puede parecer a primera vista una aporía.

10Dos planos y dos modos de construcción se superponen dialécticamente en Aún es de día, el de los contenidos filosóficos que se han de infiltrar en el fluir de la vida de los personajes y el del yo en su contexto material y realista. Desde un punto de vista literario, aunque ambos se proyecten como verosímiles, la necesidad de conjugar lo material y objetivo con lo ideal se convierte no sólo en un reto, sino también en un acicate para el desarrollo de la creatividad. Además, en su actualización, el lector puede reunir variados aspectos de ese amplio existencialismo que aquí nos reúne. No quiero decir con ello que Delibes fuese un filósofo en el sentido pleno de la palabra, pero a todas luces en Aún es de día estaba dando cuerpo literario a unas inquietudes e ideas, en última instancia humanistas, que habían polinizando en España desde finales del siglo xix.

  • 6 Simone de Beauvoir, «Littérature et métaphysique», Les...

11Ya defendió Simone de Beauvoir la conveniencia de que el pensamiento existencial se expresase a través de ficciones, de imágenes en lugar de ensayos teóricos, para captar in vivo y de manera completa la experiencia y los problemas metafísicos y ontológicos, así como los estados de conciencia porque cualquier intento puramente racional está abocado al fracaso6. Por ese mismo motivo Miguel Delibes compone unos personajes, en particular el de Sebastián Ferrón, que encarnan ideas o conceptos en situaciones trascendentes. Para su actualización, no basta sólo la inteligencia porque el conocimiento sensible puede potenciar en mayor grado la receptividad del lector. Camus abundaba en el mismo orden de ideas también en Le mythe de Sisyphe. Porque las buenas novelas pueden ser:

  • 7 Albert Camus, op. cit., p. 138-139.

l’aboutissement d’une philosophie souvent inexprimée, son illustration et son couronnement. Mais elle n’est complète que par les sous-entendus de cette philosophie. Elle légitime enfin cette variante d’un thème ancien qu’un peu de pensée éloigne de la vie, mais que beaucoup y ramène. Incapable de sublimer le réel, la pensée s’arrête à le mimer. Le roman dont il est question est l’instrument de cette connaissance à la fois relative et inépuisable, si semblable à celle de l’amour. De l’amour, la création romanesque à l’émerveillement initial et la rumination féconde.7

12A lo largo de toda la novela, tanto el lector como el mismo Sebastián Ferrón tendrán que ir jugando entre los diferentes planos del conocimiento, del de la razón, pero, en particular, de la sensación, de la emoción, de la imaginación e incluso de la sublimación. Ya desde el íncipit, Delibes ubicaba a su personaje en las antípodas de la reflexividad. Ante aquel anhelado cambio de existencia, a Sebastián: «Jamás se le ocurrió presentir en qué consistiría este cambio. Se conformaba con anhelarlo, en la esperanza vaga de que fuese algo renovador, algo que le apartase de la triste monotonía de su vida regular y gris» (p. 807).

13Anhelar, esperar, presentir, sentir, en lugar de racionalizar y de reflexionar: existencialismo sin saber por qué. ¿Cómo ser a la vez sujeto y objeto, el que actúa y el que, de alguna manera, se mira y se piensa actuando? ¿Cómo pasa Sebastián de ser un personaje que ha de ser sus propias posibilidades –el ser-ahí óntico de Heidegger– o ente en sus circunstancias, para pasar a ser un ser que se hace, un «proyecto», un ser que debe hacer-se? ¿Cómo conciliar ese existencialismo y el determinismo tremendista que recorre la novela?

  • 8 La onomástica connota el texto con significativos valo...

14Recordemos, antes de avanzar en nuestra reflexión, el argumento de Aún es de día. Sebastián Ferrón vive con su madre, Aurelia –una mujer sin sentimientos, autoritaria, despreocupada y alcohólica– y su media hermana, Orencia –clarividente y lúcida, vive alejada del mundo infantil y explotada por su madre en las tareas domésticas. Sinécdoque de sus vidas, su casa es destartalada, fría y sucia; como el cuerpo de Sebastián, como el de su difunto padre, con importantes taras físicas. Sus vidas grises empiezan a cambiar cuando Sebastián es admitido como mozo y, después dependiente en unos grandes almacenes de tejidos. Este empleo es augurio de mejoras y de novedades. Con él llega todo, el amor falso y el amor platónico, ya que su madre negocia su boda a sus espaldas para encubrir un embarazo. Sin embargo, Sebastián se enamora de Irene8, icono de belleza, de riqueza y de bienestar de las clases pudientes de la ciudad. Sebastián también descubre al grupo, el de los empleados que con él trabajan y de quienes es el blanco de sus burlas y sus engaños. Aunque Sebastián siempre fue víctima de su inseguridad, con su nuevo empleo y enamorado tratará de luchar por todos los medios contra la cruda realidad, a base de voluntad, de optimismo y refugiándose en la religiosidad.

15A todas luces, ningún talante tiene Sebastián de pensador existencialista antes de que cambie el rumbo de su vida. Si la obra se abre con un ser pasivo –se cierra con gran paralelismo– es porque él no sabe ser en el mundo; pero ese primer triunfo que resulta el contrato en los grandes almacenes aniquila –en apariencia– el determinismo genético y ambiental. Ese contrato era «la suerte de su vida» (p. 802) y con él había superado el ser-ahí de su difunto padre y de su familia hasta el punto de considerarse por ello «un triunfador» (p. 802). Al fin y al cabo, como escribía Ortega en Meditaciones del Quijote (1914): «¿Cuándo nos abriremos a la convicción de que el ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es cosa alguna determinada, sino una perspectiva?»6.

16Recién estrenada aquella nueva vida, Sebastián empieza a ser sujeto pleno de conocimiento y empieza a descubrir algunas experiencias vitales, tales como el sexo, la muerte y el amor, en condiciones patéticas en las que con crueldad sentirá el despecho, la condena, el vacío, o el absurdo. Por ejemplo, la primera vez que entró en la trastienda a buscar una caja de mantillas, nos describe el narrador la sensación extraña que aquel espacio «clausurado para el mundo años atrás», sin luz, en el que «todo cooperaba a forjar una idea rígida de paralización y entumecimiento», descubrió un maniquí de mujer:

  • 9 Incluimos en cursiva el texto censurado y remitimos al...

tirado en un rincón, desnudo y desamparado como una mujer pública. A Sebastián le conmovió su desamparo; y quizás más que su desamparo, la rotundidad explosiva de sus curvas, turgentes y apretadas. [Y comenzó a galoparle el corazón con una energía absurda e inusitada, conforme daba pasos hacia el maniquí. Evocó repentinamente los grupos de soldados que se detenían ante el escaparate donde tres piernas de madera bien formadas pregonaban la belleza de unas medias de cristal. Y se explicó aquella reacción.
El viejo maniquí, antiguo y polvoriento, hipnotizaba a Sebastián. «Una mujer que no hable, ni sienta, ni piense; he ahí mi ideal, se dijo», y acarició con un frenesí loco, sensual, las curvas llenas de serrín. Luego tomó el pelele por los hombros y besó sus rojos y muertos labios con ardor volcánico, ansiando transmitirle un poco de la efervescencia de su sangre. Permaneció un rato a su lado, refocilándose, y, al cabo, se incorporó y sintió un inconcreto asco de sí mismo
]. (p. 865-867)9

17En ese proceso de realización y de proyección personal, Delibes acentúa la caracterización individualizadora de su protagonista, la angustiosa sensación de sentirse diferente de los demás integrantes de un mundo que él percibe como una realidad extraña al yo. Por ello, uno de los motivos recurrentes de la novela es el miedo que Sebastián siente ante los demás empleados de la tienda: «Les temía. Temía que, en cualquier instante, le escupiesen una chirigota o sacasen a relucir sus deformidades físicas» (p. 893).

  • 10 Randolph Pope, Novela de emergencia: España, 1939-194...

  • 11 Oscar Barrero, La novela existencial española de posg...

18Randolph Pope consideró que se trataba de una respuesta –común en la novelística de la época– a la situación política10, aunque, como acertadamente matiza Oscar Barrero, es en el fondo existencial y no en el sociopolítico en el que alcanza verdadero significado el personaje de Delibes11. En la geografía urbana y socioeconómica de Aún es de día, si ésta tiene influencia no es tanto como problema político, pero sí como estructura y jerarquización de una humanidad a la que no pertenece el protagonista y con la que entabla relaciones de alteridad para subrayar su extrañamiento y su anormalidad: «Yo soy un desgraciado que no puede querer a nadie» (p. 867), le confiesa a su hermana Orencia. Por ello, Sebastián responde al modelo de hombre amenazado desde su infancia por la falta de cariño y, durante toda su vida, por la insolidaridad; amenazado asimismo por la inseguridad que la mezquindad de su cuerpo le crea y por su extrema sensibilidad:

tras aquella imagen pequeña y retorcida se ocultaba un alma que sufría y que conservaba eternamente sangrantes las huellas de los impactos. Sebastián soportaba las pullas con una frágil sonrisa y de su amargura interna solo él tenía conciencia. A sus compañeros les parecía que de aquel manojo inarmónico de músculos y huesos no tenía razón de sufrir. (p. 855)

19El sustrato que impulsa a Sebastián en su proyecto de autorrealización no es aquel temple inconsciente o ánimo subyacente que está en la base de nuestra conciencia –según Heidegger–, sino las bases de un humanismo a su alcance, de un cristianismo hecho a su medida, vitalista más que trascendente. Un día Sebastián entró al convento de los capuchinos mientras se estaba celebrando misa. Las impresiones que generan en él el espacio y el ambiente condicionarán su aprehensión hiperestésica de la realidad, la cual determinará sus reacciones del modo siguiente: «Sebastián notó un estremecimiento al ver emerger de la barandilla a un hombre embutido en una túnica basta y oscura y con el rostro enmarcado por una barba espesa e imponente» (p. 855). Obsérvese cómo el narrador interviene como contrapunto a la interpretación hipersensible matizando la representación de la realidad desde otra perspectiva, la de la voz de autoridad del narrador:

  • 12 Entre paréntesis restituimos el texto censurado.

[Más que verle a él, veía su silueta proyectada por la luz de la palmatoria sobre el frío y húmedo muro. Se recortaba allí la sombra fantasmal de aquel hombre barbudo e impresionante, con las manos levantadas sobre la cabeza y asomando por unas bocamangas enormemente anchas y desgarbadas]. […] Sebastián apenas le oía, agobiado por una impresión borrosa de irrealidad, pero acusaba los impactos de su voz retumbante, que subía enroscándose hasta la cúpula, para descender, después, sobre sus hombros como una lluvia mansa y amortiguada. (p. 855-856)12

20Una vez ha creado el ambiente con el que el personaje establece relación metonímica, inicia Delibes su supuesta transformación religiosa:

–Respetad esos cuerpos en cuanto son templos vivos del Espíritu Santo –decía; pero cultivad vuestra alma, luchad por perfeccionarla; no olvidéis un instante que es ella la que redime al cuerpo y que está por encima de él. Un alma blanca es la suprema satisfacción de un cristiano.
Sebastián notó una violenta rebelión interior y estuvo a punto de gritar: «¡Mentira; no le hagáis caso! Ese hombre miente». Pero se contuvo en último extremo. Creía que el cura se había dirigido a él y tomó sus últimas palabras como un desafío personal. (p. 934)

21Para un cuerpo deforme, el alma era un excelente lenitivo. Este «desafío personal» imprime un nuevo sesgo a la búsqueda de su esencia personal; la del alma como entidad niveladora con el resto de los seres humanos; el alma que engrandece al individuo, y en última instancia, el alma abnegada cuya misión es «darse prisa en tapar los agujeros que otras almas perdidas abrieron» (p. 994-995) en el ejercicio de perfeccionamiento moral, que Delibes concentra en la honradez y la dignidad de Sebastián. La conquista de estos dos únicos valores –cristianos, cierto, pero también humanos– son los que van a guiar las acciones en aras al perfeccionamiento del alma de Sebastián y de su familia. No es la trascendencia lo que él busca sino la felicidad. Cuando toma esta resolución en la última parte de la novela, Sebastián empieza a elaborar un plan y un orden de vida, ahora sí, en los que se proyecta reflexivamente desde su personal e irracional perspectiva para aplicar las rudimentarias enseñanzas del fraile. Pese al carácter determinista y tremendista de la novela, Miguel Delibes no dejará a su protagonista sin pequeñas victorias, es decir, la de poder ser-con los otros –reducido esto a su familia–, así como la de intentar comprenderse y comprenderlos en aras a la mejora de su propio ser-yo. En la cotidianeidad de los pequeños gestos familiares, Sebastián sabe existir, puede existir, porque puede comprender. En ese ámbito íntimo, Sebastián es capaz de «imponerse» por primera y única vez en su vida. En esa pequeña cotidianeidad del ser ahí –que no es sino la realidad humana– puede llegar a ser en su realidad y puede, en última instancia, involucrarse de manera eficaz y lógica en cualquier acción que paulatinamente otorgue mayor razón de ser en el complejo proceso de autorrealización y de afirmación personal. Sus propósitos de apartar a su madre del alcohol, mejorar su aseo y el de su hermana Orencia, de sacarlas del mundo cerrado de su decrépito hogar son objetivos, por ejemplo, que irá alcanzando en ese proceso de perfeccionamiento de su alma. Con ello espera poder salvar las abismales diferencias que lo alejan de su idolatrado e inalcanzable ideal: Irene.

22Como se puede observar, uno de los problemas esenciales de Sebastián es del conocimiento, tanto desde un punto de vista gnoseológico como epistemológico. A menudo «no se da cuenta exacta de la realidad» (p. 875), le corrige incluso el narrador, porque en la otredad, Sebastián suele estar «aturdido» (p. 816), «aturado» (p. 817), «confundido» (p. 876), incluso, cuando el narrador precisa que «resultaba evidente» (p. 864). Sebastián no percibe o no se proyecta en la realidad bajo esa perspectiva racional y lógica. Consecuencia de este modo de relacionarse con el mundo, «Sebastián recelaba siempre. Quizá su constitución o el proceso de su vida le habían forzado a ser así» (p. 888), apostilla la contra voz del narrador.

23Los modos de conocimiento de Sebastián son un tanto rudimentarios, primitivos e irracionales, que no siempre le permiten ponerse en contacto con la realidad material –la que domina en la perspectiva de los otros– aunque él de alguna manera la presienta. En esto casos, el sensismo corporal puede sustituir a la reflexividad, el organicismo corporal a la expresión verbal racional. Cuando Aurora finge seducir a Sebastián «a él, un ser despreciable de todo el mundo» (p. 860), mientras va filosofando sobre la vida para encandilarlo, ella logra despertar en él sentimientos, emociones y sensaciones nuevas. Sin embargo, «yo creo que la vida no es interesante nunca» (p. 860) es lo único que Sebastián puede responder porque le cede la palabra a su cuerpo: «Notaba Sebastián recorrerle el cuerpo como un líquido muy cálido y fluido, como si todo lo que encerrase bajo su piel se derritiese de repente» (p. 860). La expresión orgánica, el solipsismo, la irracionalidad, el subjetivismo individualista o todo aquello que puede ser considerado como falta de clarividencia para entender o ver la realidad desde una perspectiva material y científica queda subrayado en el relato de Delibes. Se trata de un conocimiento emancipado respecto de la colectividad, fruto en particular de la profunda introversión de Sebastián. No por nada éste acaba viviendo de elucubraciones: «En los ratos libres Sebastián se encerraba en casa o pindongueaba, solitario, pensando siempre» (p. 893). Encerrado en su soledad, se siente incapaz de entablar relación con el tú, pero también de conocerse «realmente» a sí mismo, pese a pasar mucho tiempo reflexionando sobre sí mismo y sobre su realidad. Por todo ello, su proyección y sus relaciones con el mundo se entablan en términos de angustia, de otredad. En la novela, tan sólo mantiene una verdadera relación de amistad con Orencia. Ella es quien le acerca a la realidad haciéndole descubrir que sus perspectivas suelen ser, desde el punto de vista materialista y realista que ella encarna, autoengaños, su único asidero en su aislamiento y en su soledad, en particular, ante la indiferencia de su madre.

  • 13 Janet Díaz, Miguel Delibes, Nueva York: Twayne, 1971,...

24En suma, porque Sebastián es un ser profundamente falible, Delibes ofrece al lector dos planos de la realidad, el sensible y el material, el del conocimiento subjetivo y el de la implacable lógica y, de su choque, nacen nuevos planos de lectura, como en el ejemplo de la misa antes citado o el de la interpretación del catolicismo de Delibes. Es cierto que la religiosidad humanista de Sebastián introduce cierto fulgor de optimismo, pero también introduce la abnegación y la sublimación. En ese proceso, Delibes se distancia de su primera novela y en cierto modo del que ahora podríamos considerar el modelo de personaje existencialista. Es cierto también que Sebastián, como ya señaló Janet Díaz, nunca pierde totalmente la esperanza y el deseo, a pesar de los embates de la vida, de los golpes bajos de los otros, de los problemas sentimentales y económicos y de las frustraciones que hubieran creado en él un irremediable desengaño y una amargura profunda13. Sebastián acaba esperando en una escena final semejante a la primera, símbolo de circularidad e imagen de eterno retorno. Si en aquella salía de su cama, para el cierre de la novela, Sebastián vuelve a ella. En el desenlace, llegó huyendo Sebastián a su casa tras una amarga escena de humillantes acusaciones, que concluyeron en el despido del comercio de telas:

Ya en el portal de su casa, hubo de apoyarse en el muro para no caer. Dirigió una mirada desmayada al idolillo de la cara de león y los pechos cónicos y le sonrió con languidez, con una acentuada expresión de cansancio en los ojos enrojecidos. [...] y ascendió penosamente las escaleras.
Sin detenerse llegó hasta su alcoba, se quitó los zapatos quitándose los contrafuertes y se derrumbó sobre la cama. No había nadie en casa. De la calle ascendían mil ruidos diversos, amortiguados por el balcón cerrado. Sobre el fondo de aquella algarabía apenas si se oyó el desgarrado sollozo de Sebastián. En la mano derecha apretaba el guante de crochet de Irene. Por su cerebro, rendido sobre la almohada, desfilaban las palabras del cura de las barbas, imbuyéndole una pausada serenidad: «La dignidad y la honradez humana son como el agua en un colador». Y una vez más, Sebastián se representó a Benjamín Conde, el absurdo y grotesco Benjamín Conde de sus pesadillas, dando estocadas furiosas a un colador con la afilada punta de un mondadientes. (p. 1065-1066)

  • 14 Edgard Pauk, op. cit., p. 21.

25La crítica suele reconocer en Aún de día un catolicismo existencial que después Delibes desarrollará en otras novelas. En Aún de día, como escribe Edgard Pauk, el protagonista «en nombre de un existencialismo cristiano, busca un orden y un significado para el absurdo de la existencia»14. Sin embargo, en nuestra opinión, las distancias que introducen los comentarios y juicios valorativos del narrador y la divergente interpretación de la realidad que éste propone respecto de la antepuesta por Sebastián, obligan al lector a tomar cierta distancia a lo largo de la novela. Frente al vacío y en una España dominada por el nacionalcatolicismo, Sebastián Ferrón buscará una personal lectura y experiencia religiosa, pero en ese proceso, como acabamos de indicar Delibes introduce cierto perspectivismo y escepticismo. ¿Por qué no ha de ser la visión y los sentimientos religiosos que desarrolla sobre todo al final, una experiencia religiosa puramente engañosa? Reconfortante sí, sin duda, en el desarrollo de la obra, en los momentos en que ésta le hacía ver una realidad deformada, incluso algo trágica y burlesca, pero no tan apaciguadora ni ordenadora como se ha pretendido. Al fin y al cabo la obra se cierra con la vivencia del fracaso, la frustración y el acoso del individuo por una sociedad cruel. Con el guante de Irene en la mano de Sebastián -símbolo del amor inalcanzable y a modo de tabla de salvación-, la novela se cierra con el fracaso del protagonista. Esto la convierte en una obra aún más trágica y pesimista, más cruel e implacable.

26Porque la realidad de la existencia se le impone como si tuviese carácter inevitable e inmodificable, Sebastián, exhausto, con mayor soledad, aislamiento e incomunicación que nunca, sólo puede emitir aquel «desgarrado sollozo» antes citado y volver a los orígenes. Si en su cerebro sólo quedaban las palabras del viejo sacerdote, «la dignidad y la honradez humana son como el agua en un colador» (p. 1066), lo que Delibes está transmitiendo al alma enferma de su personaje son valores humanos y valores éticos, pero no forzosamente religiosos. ¿Quiso Delibes mostrar sutilmente el autoengaño de Sebastián? ¿Quiso simplemente reflejar a tantos españoles de la posguerra a quienes la religión sirvió de abnegado pero pasivo autoconsuelo? Porque como recordaba el protagonista, todo depende del tamaño «de los agujeros del colador», ¿hubiese admitido la censura un final más trágico? Según declara el propio Delibes:

  • 15 Miguel Delibes, «Los escritores somos seres de una id...

La eficacia sobrenatural no puede encerrarse en los límites estrechos y cortos de nuestros patrones meramente humanos que plantea la sociedad contemporánea, yo he optado por los débiles, los pobres seres marginados dentro de un progreso materialista e irracional. Esto significa que como novelista, he adoptado una actitud ética, siempre unida a mi preocupación estética, con el fin de procurar un perfeccionamiento social. Sin estas inquietudes como estímulo, es muy posible que mi obra literaria no se hubiera realizado.15

  • 16 Emilio Alarcos Llorach, ibid.

27Delibes refleja en su Aún es de día una actitud conciliadora a pesar del radical pesimismo que se desprende de ella e introduce cierto optimismo esperanzador, porque nos dice el novelista que no se ha perdido todo, mientras uno subyace en la tierra16.

28Todavía en mayo de 2007, seguía afirmando Miguel Delibes en la Advertencia al lector que acompañaba la edición en anexo de la novela en las Obras completas de Destino: «Yo no era partidario de publicar ahora mi novela fallida Aún es de día, pero acabé aceptando el argumento de los editores. Sin esta novela de la Obra nunca estará completa. Verdad inobjetable» (p. 805). Verdad inobjetable asimismo es afirmar que pese a las reticencias del autor, hubiese sido una significativa pérdida para el lector contemporáneo el dejar este texto en el olvido, sin el cual y pese a las opiniones del novelista quedaría su trayectoria y el desarrollo de sus indagaciones individuales, personales, filosóficas y estéticas, incompletas.

Bibliographie

Alarcos Llorach, Emilio, «Los escritores somos seres de una idea obsesiva», Literatura viva. Ciclo de conferencias de la Fundación March, Madrid, 23-10-1975. Archivo Biblioteca Fundación March.

Barrero, Oscar, La novela existencial española de posguerra, Madrid: Gredos, 1987, 306 p. ISBN: 9788424912390.

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Notes

1 Miguel Delibes, Aún es de día (1949), Obras Completas, Barcelona: Destino, 2007, p. 807. De ahora en adelante citaremos siempre por esta edición indicando entre paréntesis en el cuerpo del texto, el número de página.

2 Véase, a título de ejemplo: Edgard Pauk, Miguel Delibes: desarrollo de un escritor (1947-1974), Madrid: Gredos, 1975.

3 Mencionemos a este efecto las descripciones de fiestas populares, de la jornada al cementerio el día de Todos los Santos, etc.

4 Albert Camus, Le mythe de Sisyphe. Essai sur l’absurde. Nouvelle édition augmentée d’une étude sur Franz Kafka, Paris : Les Éditions Gallimard, 1942, p. 138-139.

5 Miguel Delibes solía reconocer que la muerte y el prójimo, junto con la naturaleza y la infancia eran sus centros de preocupación y sus constantes literarias.

6 Simone de Beauvoir, «Littérature et métaphysique», Les Temps Modernes, 1946, 1, n° 6-9, p. 1153-1163, reproducido en L’existentialisme et la sagesse des nations (1948), Paris: Gallimard, 2008, p. 71-84.

7 Albert Camus, op. cit., p. 138-139.

8 La onomástica connota el texto con significativos valores. Por ejemplo, al igual que en la historia de Sebastián mártir, Irene es la que platónicamente le salva por los sentimientos que en él despierta, aunque como amor silenciado e imposible, ello redunde de nuevo en plano de la realidad en una frustrante e imposible ensoñación. Orencia, su hermana y amiga, simboliza la luz naciente y esa función desempeña en el texto. De Aurelia, madre de Sebastián, da una visión antagónica e irónica, muy distante del oro que debería brillar.

9 Incluimos en cursiva el texto censurado y remitimos al lector a nuestro estudio: «Aún es de día (1949), condenada de nacimiento», in: Renata Londero y Maria Teresa de Pieri (eds.), Miguel Delibes: itinerarios de vida y escritura, Valladolid: Cátedra Miguel Delibes, Universidad de Valladolid, 2014, p. 83-104. Recordemos asimismo las declaraciones del novelista sobre este asunto: «En aquellos años (mediados del siglo xx) los novelistas solíamos “poner carnaza” en los escritos para atraer a los censores y que dejasen a salvo lo que considerábamos importante. En este punto no conseguí nada por la explosión de tremendismo, mal gusto y brutalidad que introduje en el texto». Ibid., p. 805.

10 Randolph Pope, Novela de emergencia: España, 1939-1945, Madrid: SGEL, 1984, p. 3.

11 Oscar Barrero, La novela existencial española de posguerra, Madrid: Gredos, 1987, p. 360.

12 Entre paréntesis restituimos el texto censurado.

13 Janet Díaz, Miguel Delibes, Nueva York: Twayne, 1971, p. 38 y ss.

14 Edgard Pauk, op. cit., p. 21.

15 Miguel Delibes, «Los escritores somos seres de una idea obsesiva», Literatura viva. Ciclo de conferencias de la Fundación March, Madrid, 23-10-1975. Archivo Biblioteca Fundación March.

16 Emilio Alarcos Llorach, ibid.

Pour citer ce document

Dolores Thion Soriano-Mollá, «Individuo e indagaciones existenciales en Aún es de día de Miguel Delibes», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, L’existentialisme en Espagne, Partie 1 - Existentialisme littéraire, mis à jour le : 29/04/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1821.

Quelques mots à propos de :  Dolores  Thion Soriano-Mollá

Universidad de Alicante

Professeur des universités

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