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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

| 2016 Partie 3 - Engagements

Juan Manuel Aragüés

Sartre y España. Una mirada a destiempo

Article
Article

Le présent article est une réflexion sur les prises de position de Sartre à l’égard de l’Espagne, en prenant pour axe la guerre civile espagnole (1936-1939). Le positionnement de Sartre sera l’occasion de préciser davantage le processus de politisation dans lequel il s’engage tout au long des années 40. On défendra ici la thèse selon laquelle le rapport de Sartre à la guerre civile est davantage médiatisé par des questions affectives et personnelles que proprement politiques.

El presente artículo es una reflexión sobre la posición de Sartre con respecto a España, tomando como eje la Guerra Civil española (1936-1939). Dicha posición nos servirá para profundizar en la precisión del proceso de politización que sufre Sartre a lo largo de los años 40. Defenderemos la tesis de que la relación de Sartre con la Guerra Civil española está mediada por cuestiones afectivas y personales, más que políticas.

Texte intégral

En memoria de Marcelo Usabiaga, piel de compromiso.

Introducción

1Preguntar sobre la relación de J.-P. Sartre con España es otro modo de preguntar por la relación de Sartre con la política, pues España, la España de la Guerra Civil (1936-1939) y de la sanguinaria dictadura fascista del general Franco (1939-1975), es, a lo largo de buena parte del siglo xx, un tema eminentemente político. Imposible eludir la carga política que resuena en ese nombre: España.

  • 1 Jean-Paul Sartre, «Autoportrait à soixante-dix ans», S...

2Es por ello por lo que la mirada de Sartre hacia España es una mirada compleja, teñida por una relación con la política que dista mucho de ser sencilla. Cualquier conocedor de la obra de Sartre, de su biografía –¿es acaso posible separarlas?–, sabe la distancia que separa al Sartre de los años 30, sumergido en los vericuetos apolíticos del «homme seul», del militante sesentayochista. Aunque lo que sigue es un ejercicio de problematización de las declaraciones de Sartre y de su entorno más cercano respecto de sus posiciones políticas, daremos crédito a la afirmación de Sartre respecto a la importancia que la ii Guerra Mundial tuvo en su devenir vital y filosófico. «La Guerra –responde Sartre en una entrevista concedida al cumplir los setenta años– dividió verdaderamente mi vida en dos»1, dando lugar a un imparable proceso de politización, de búsqueda del compromiso y de la acción colectiva. Y España queda a los dos lados de esa frontera que es la guerra.

  • 2 Simone de Beauvoir, La Force de l´âge, Paris: Gallimar...

3Si hubiéramos de creer las declaraciones de los interesados, la Guerra Civil española fue un Acontecimiento en la vida de Sartre y Simone de Beauvoir. Ella, en La Force l´âge, escribe, con una contundencia que debiera dejar poco lugar a la duda, que «de regreso a París, nos sumergimos en el drama que dominó nuestra vida durante dos años y medio: la guerra de España»2. Merece la pena extender algo más la cita, por el dramatismo que de la misma se desprende:

  • 3 Ibid., p. 283-284.

Era una epopeya que nos llenaba de desasosiego y por la que nos sentíamos directamente concernidos. Ningún país nos era más cercano que España […]. En febrero, la voz de La Pasionaria había exaltado esas esperanzas: su derrota nos hubiera alcanzado como un desastre personal. Por otro lado, sabíamos que en la guerra de España se jugaba nuestro propio futuro […]. Nadie en nuestro campo dudaba de la victoria republicana. Recuerdo una cena, en el restaurante español del que he hablado y que era frecuentado exclusivamente por republicanos. Una joven cliente española se levantó de repente y declamó un poema a la gloria de su país y de la libertad; no comprendíamos las palabras –uno de nuestros vecinos nos indicó el sentido general– pero fuimos conmovidos por la voz de la joven, por su rostro. Todos se levantaron y gritaron: «Viva la República Española».3

  • 4 Citado en M. Contat & M. Rybalka, Les Ecrits de Sartre...

4Por su parte, Sartre, en una entrevista concedida en 1967 a la revista Jeune Cinéma sobre su relato El muro, ambientado en la Guerra Civil española, declara: «Cuando escribí El muro no estaba en relación con las tesis marxistas, estaba, simplemente, en revuelta total contra el hecho del fascismo español»4. Declaraciones de una contundencia que no debiera dejar lugar a duda alguna. Sin embargo, los hechos no parecen refrendar el entusiasmo militante de la pareja. Al parecer, el tiempo nubla los recuerdos. Comprobémoslo.

5Simone de Beauvoir comienza su apunte señalando que acaban de regresar a París. No es un dato irrelevante, pues el lugar del que regresan es la Italia de Mussolini, la Italia que tomará partido en la contienda española y que mandará sus tropas a combatir en el bando fascista. En el verano del 36, en el que, desde el 18 de Julio, España se desangra, Sartre y de Beauvoir se afanan en recorrer Italia, ajenos, al parecer, a su situación política y a su alineamiento internacional.

6Más significativos nos resultan otros datos. Como, por ejemplo, que entre 1936 y 1939, ese «drama que dominó nuestra vida durante dos años y medio», en palabras de de Beauvoir, no aparece mencionado ni una sola vez en la correspondencia que ella dirige a Sartre. También se puede señalar que ninguno de los dos participa en el Congreso internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que tuvo lugar en Madrid en Julio de 1937 y en el que sí participaron, por ejemplo, Nizan y Malraux. O que ni siquiera firmaron la «Declaración de intelectuales republicanos sobre los acontecimientos de España», publicada en la revista Commune en diciembre del 36. No parece, a tenor de los hechos, de las posiciones públicas de Sartre, que realmente el conflicto español ocupara un lugar privilegiado, siquiera importante, entre las preocupaciones del autor de El muro.

España en la obra de J.P. Sartre

7España, con ese trasfondo político al que hacíamos referencia, aparece en diversas ocasiones en la producción sartriana. Cinco son los textos en los que podría decirse que España es el tema: El muro, relato de 1937 ambientado en la Guerra Civil; las diversas referencias que aparecen, entre 1945 y 1949, en su trilogía novelística Los caminos de la libertad; el prólogo de 1950 a la novela de Juan Hermanos El fin de la esperanza, un artículo, en versión francesa e italiana, de 1963, sobre la ejecución del dirigente comunista español Julián Grimau; y el extenso prólogo al libro de Gisèle Halimi, Le Procès de Burgos de 1971. Excepto este último texto, que nos parece especialmente poco riguroso, intentaremos a continuación desentrañar la posición política que de ellos se desprende.

  • 5 M. Contat & M. Rybalka, op. cit., p. 58-59.

  • 6 Ibid., p. 59.

  • 7 Ibid., p. 58.

8En 1937, y sin ninguna duda influido por los acontecimientos de España, Sartre publica un volumen de narraciones, El muro, que toma el título de una de las mismas, ambientada en la Guerra Civil. En ella se narran las horas de cautiverio previas a la ejecución de un grupo de republicanos apresados por las tropas franquistas. En el origen del texto parece hallarse un hecho biográfico concreto: el deseo de uno de los amigos más cercanos de Sartre en aquel momento, Jacques‑Laurent Bost, de acudir a España a luchar en favor del bando republicano. Bost pidió a Sartre que hablara con Malraux para que éste, a través de sus contactos, le facilitara el viaje a España. La petición incomodó profundamente a Sartre, quien no estaba de acuerdo con la iniciativa de Bost5. Surge así un relato en el que el conflicto bélico sirve como telón de fondo para una reflexión sobre la muerte y en el que no se encuentra ningún posicionamiento político. Sartre en su texto pretende subrayar el absurdo de unas muertes que serán inútiles para la causa política, pues la guerra está perdida6. Aparece así uno de los temas recurrentes en su relación con la Guerra de España, el absurdo del compromiso con una causa que se cree perdida. Si de Beauvoir argumenta que en aquel momento nadie dudaba de la victoria republicana, Sartre la pone en cuestión constantemente en sus textos. Aunque quizá pueda verse en ello una estrategia para justificar su propia falta de compromiso, a diferencia de lo que sucede con amigos como el mencionado Bost o Fernando Gerassi. En todo caso, en El Muro Sartre se libra a una reflexión subjetivista, fruto del malestar que le provoca la decisión de su amigo. Esa guerra que aparecía en los periódicos, que ocasionalmente se manifestaba en conversaciones y acontecimientos que podían olvidarse con sencillez, se cuela de repente en el círculo más próximo de Sartre, obligando a que su mirada se pose sobre ella. Por ello, Sartre la interioriza en forma de malestar, pero de un malestar íntimo, que nada tiene que ver con posiciones políticas, con la lucha contra el fascismo. El mismo lo confirma al subrayar que es «una reacción afectiva y espontánea a la guerra de España»7.

9Donde sí podemos encontrar una presencia más sólida y teórica de la Guerra Civil es en la trilogía Los caminos de la libertad, y muy especialmente en el segundo volumen, El aplazamiento, publicado en 1945. Es el año de la famosa conferencia El existencialismo es un humanismo, en la que ya se muestran evidentes signos de alejamiento de las posiciones de El ser y la nada, en especial de su concepción hobbesiana de relación con el Otro. Volviendo a la trilogía, es preciso subrayar su indisimulado carácter autobiográfico. En un tiempo de fuertes mudanzas personales, Sartre parece utilizar el texto como instrumento para clarificar su devenir vital, para repasar un itinerario personal que conllevará profundas repercusiones filosóficas y políticas. En ese sentido, la guerra, tanto la de España como la Mundial, tienen una presencia constante en el texto. Ambas son acontecimientos de primera magnitud para Sartre, pues le tocan en lo más personal. La Guerra Civil española porque alcanza a su entorno más cercano. Ya hemos mencionado el caso de Jacques-Laurent Bost, pero hay que añadir el de Fernando Gerassi, amigo muy próximo de Sartre que decide partir hacia España en cuanto se desencadena la guerra. Decisión que sorprende a Sartre, pues le consideraba un alma gemela en cuanto a su dedicación al arte, en este caso la pintura, y su distanciamiento de la cosas del mundo. La ii Guerra Mundial porque implicará la movilización de Sartre y, como consecuencia, el abandono, práctico y teórico, de su idea del «homme seul».

  • 8 Sartre, A puerta cerrada, Madrid: Alianza, 1981, p. 135.

  • 9 Sartre, El ser y la nada, Madrid: Alianza, 1984, p. 648.

  • 10 Pierre Verstraeten, «Sartre et Hegel», Les Temps Mode...

  • 11 Sartre, Cahiers pour une morale, Paris: Gallimard, 19...

10Quizá sea el momento de recordar la deriva del pensamiento sartriano, en especial en la cuestión de la intersubjetividad, en los años 40. La gran obra de referencia de esta época, El ser y la nada, desarrolla un planteamiento hipersubjetivista en el que la relación con el Otro es siempre de conflicto, tal como, desde una perspectiva literaria se encarga de transmitir uno de los protagonistas de A puerta cerrada, Garcin, cuando declara que «el infierno son los otros»8. Infierno de la alteridad que solo puede ser borrado mediante el sometimiento o la aniquilación del Otro. Tras la tensión entre los tres protagonistas a todo lo largo de la obra, esta se cierra con un «pues bien, recomencemos», que sustancia el pesimismo sartriano. Las relaciones intersubjetivas están teñidas de violencia, en una dialéctica amo/esclavo cuyo resultado necesario es el surgimiento de una subjetividad dominante. Ese es el «homme seul» al que acabamos de hacer referencia. Sin embargo, cuando se produce la publicación de El ser y la nada (1943), y precisamente como consecuencia de la guerra y la movilización, las posiciones sartrianas han desbordado el texto. El individualismo radical, el necesario enfrentamiento con el Otro, han sido desmentidos por una práctica política, en el marco de la Resistencia, que exige la acción común. Y la experiencia vital de la terrible violencia de la guerra, y de los horrores del nazismo, pondrán en cuestión también ese universo de violencia que se había venido teorizando hasta ese momento. Por ello, esos años, a partir del 43, son años de búsqueda, de experimentación teórica sobre los modos de buscar la intersubjetividad y la superación de la violencia. El texto en el que de un modo más evidente se aprecia esto es en los póstumos Cahiers pour une morale, redactados entre 1947 y 1948. El Ser y la Nada se había cerrado con la promesa de una moral9, de la que los Cahiers debían ser el cumplimiento. Por ello, en los mismos es posible encontrar un planteamiento ético en sintonía con las tesis del tratado de ontología fenomenológica de 1943, una moral asentada en relaciones de dominación y violencia y de perfiles subjetivistas. Sin embargo, las vivencias y posiciones sartrianas no se correspondían ya de ningún modo con el universo teórico de El ser y la nada. El «homme seul» de los años 30, el despreocupado por todo lo que acontece a su alrededor, incluido el asentamiento del fascismo en tres países fronterizos con Francia (Italia, Alemania, España), está a punto de fundar un partido político, el RDR, junto con otros intelectuales izquierdistas. Por ello, Sartre se ve en la necesidad de reajustar su texto, de superar los límites establecidos en El ser y la nada. Ese es el trabajo en el que se afana en los Cahiers pour une morale, un trabajo lleno de contradicciones, de dudas, de pasos atrás. No en vano, Verstraeten habla de los Cahiers como de un «banco de pruebas»10, en el que se ensayan estrategias de aproximación al Otro fuera del universo de la violencia. Aparecen figuras como la «ayuda» y la «colaboración»11 en el marco de una relación destotalizada en el que todos los sujetos poseen el mismo nivel ontológico, se perfila una propuesta de acción colectiva, de constitución de un nosotros, que anticipa lo que se teorizará en la Crítica de la razón dialéctica. En todo caso, y por lo que aquí nos interesa, a pesar de las vacilaciones y las dudas, la violencia aparece como un problema y desaparece del ámbito de las relaciones intersubjetivas. La vida había modificado el texto.

  • 12 Sartre, El aplazamiento, Buenos Aires: Losada, 1948, ...

  • 13 Ibid., p. 72-73.

11Ese cambio biográfico, preludio del tránsito filosófico, es lo que se explicita en la novela. Mathieu, alter ego de Sartre, se ve atrapado por un mundo en el que las guerras, la de España, la Mundial, se muestran obstinadamente. Pero, desde nuestro punto de vista, esa presencia tiene una dimensión exclusivamente subjetiva, no política. La guerra nos habla, por boca de Mathieu, de un malestar individual, como el Acontecimiento que da al traste con una forma de vida. La movilización coloca a Mathieu ante un mundo cuya presencia había podido sortear, o cuando menos moldear, hasta ese momento. Pero, «de golpe el cartel se puso a apuntarle; era como si hubieran escrito su nombre con tiza en la pared, en medio de insultos y amenazas. Movilizado [...]. Es la guerra [...]»12. La violencia de la situación queda convenientemente subrayada, pues Mathieu se siente amenazado, toma como un requerimiento personal el cartel que llama a la movilización. Pues sabe –Mathieu, Sartre que lo redacta–, que su vida YA no es la misma, incluso pudiera decirse que ya no es suya. «El porvenir de Mateo [sic] estaba ahí al descubierto, fijo y vidrioso, fuera de su campo de acción»13. Y añade Mathieu-Sartre:

  • 14 Ibid., p. 73-74.

Ahora la guerra está aquí, mi vida ha muerto; era eso, mi vida: hay que recomenzarlo todo desde el principio […]. Dejaba su vida tras sí, he hecho una muda. Cruzó la calzada, fue a acodarse en la balaustrada, frente al mar. Se sentía siniestro y ligero; estaba desnudo, se lo habían robado todo. Ya no tengo nada mío, ni siquiera mi pasado.14

12Por su parte, la Guerra de España se muestra fundamentalmente a través de la relación de Mathieu-Sartre con Gómez, alter ego, en este caso, de Fernando Gerassi, amigo de Sartre que, como hemos apuntado, se trasladó inmediatamente a España para defender a la República y luchar contra el fascismo. La Guerra Civil española es un acontecimiento que anticipa el futuro de Mathieu, un presente que se ha querido ajeno, que se rechaza, aun con remordimientos, pero que se perfila en el horizonte:

  • 15 Ibid., p. 228.

La guerra estaba allí –se abisma Mathieu mientras come con Gómez– en la pista blanca, era el resplandor muerto del claro de luna artificial, la falsa acidez de la trompeta tapada, y ese frío sobre el mantel, entre el olor del vino tinto y esa vejez secreta de los rasgos de Gómez. La guerra, la muerte, la derrota.15

13Dejando un tanto de lado el tema de la amistad entre ambos, tanto de los personajes de ficción como de los reales, es la posición ante la Guerra Civil la que va a marcar la tensión que se aprecia entre Gómez y Mathieu. Se advierte a lo largo del texto un Mathieu a la defensiva, que intenta rechazar las razones para un compromiso que le impulsara a modificar su modo de vida, al tiempo que siente remordimientos por el abandono que ha sufrido la agredida democracia española. En el texto se trasluce una posición teórica que ya había comenzado a plasmarse en los Cuadernos de Guerra, a saber, la responsabilidad individual ante el devenir de los acontecimientos. El Sartre movilizado de los Cuadernos ya se muestra consciente de los efectos de la falta de compromiso práctico. Por eso, la posición teórica no es suficiente. Quizá ahí pueda estar la explicación de que, a la vuelta del campo de concentración, Sartre encargara a sus alumnos una redacción con un tema muy significativo, el remordimiento. Mathieu, antes de ser movilizado, habla ya con la voz del Sartre movilizado:

  • 16 Ibid., p. 219.

Callaron. Mateo no estimaba tanto a Gómez [...]. Pero se sentía culpable ante él porque era un español. Se estremeció. Un pez contra el vidrio del acuario. Y él era francés bajo esa mirada, francés hasta la médula. Culpable. Culpable y francés. Tenía ganas de decirle: «¡Pero qué diablos! yo era intervencionista». Pero esa no era la cuestión. Lo que él había deseado personalmente no contaba. Él era francés y de nada servía que rompiera su solidaridad con los otros franceses. Yo decidí la no-intervención en España, yo no mandé armas, yo cerré la frontera a los voluntarios.16

14Pero el apoliticismo sartriano de preguerra se cuela en el texto:

  • 17 Ibid., p. 229.

– ¡Gómez!, dijo de pronto Mateo. Usted es fuerte, sabe por qué se bate.
– ¿Quiere decir que usted no lo sabría?
– Sí, creo que lo sabría. Pero no pensaba en mí. Hay tipos que no tienen más que su vida, Gómez. Y nadie hace nada por ellos. Nadie. Ningún gobierno, ningún régimen. Si el fascismo reemplazara aquí a la República, ni siquiera lo advertirían. Tome un pastor de los Cévennes. ¿Cree que sabría por qué se bate?
– Entre nosotros los pastores son los más rabiosos, dijo Gómez.
– ¿Y por qué se baten?
– Depende. Los he conocido que se batían para aprender a leer.17

15Y ese apoliticismo individualista, esa posición a la defensiva que hemos subrayado, desembocará en un planteamiento a nuestro modo de ver obsceno. Sartre, especialmente atento a la autojustificación retrospectiva, hace pasar a Gómez, es decir, a su amigo Fernando, por un amante de la violencia de la guerra. No se trata de una posición política, Gómez no ha corrido a España a defender la República, la democracia, a luchar contra el fascismo; España y la guerra son el lugar de un deseo de violencia y muerte:

  • 18 Ibid.

[Gómez] Adelantó la mano por encima del mantel, y cogió el antebrazo de Mateo: Mateo, –dijo en voz baja y lenta– la guerra es hermosa.
Su rostro llameaba. Mateo trató de desprenderse, pero Gómez le apretó el brazo con fuerza y continuó:
A mí me gusta la guerra.18

16Repugnante estrategia de justificación por parte de Sartre. La raya que le separa de Gerassi no es el compromiso de éste, sino su pasión por la violencia. Gerassi es un violento que ha acudido a España a dar rienda suelta a sus bajos instintos; por su parte, Sartre repudia la violencia y por ello no se implica en la guerra. Más allá de la injusta reflexión sartriana, una pregunta se impone: ¿el que habla es el Sartre que en 1945 publica estas líneas o el Mathieu de 1939 que protagoniza la escena? La falta de compromiso parece hablarnos en favor del personaje literario de 1939, pues la biografía sartriana refleja ya posiciones de un cierto compromiso al poco de la Ocupación, con la creación de los grupos de resistencia Sous la botte y Socialisme et liberté. El rechazo de la violencia, sin embargo, no es propio de la preguerra, no en vano El ser y la nada describe, como hemos dicho, unas relaciones intersubjetivas marcadas por la violencia. Esto último nos llevaría a apostar por el redactor de 1945 como la voz que descalifica a Gómez y, con él, el compromiso con la República española.

17Es decir que, frente a las declaraciones de Sartre y Simone de Beauvoir sobre el papel que la Guerra Civil española había desempeñado en sus posiciones políticas, en su vida misma, defenderemos que, en el caso de Sartre y sus textos primeros sobre la misma, lo que encontramos es la expresión de un malestar subjetivo, no una posición política. Tanto en El muro como en El aplazamiento, Sartre se ve interpelado por un Acontecimiento que, por la implicación de su entorno en el mismo, le demanda un posicionamiento. En El muro, el hecho de que finalmente Bost no acudiera al frente español a exponer su vida, permitió a Sartre una implicación más alejada, un sobrevuelo que se sustancia en una reflexión sobre la posibilidad de una muerte que él entiende como absurda, pues ya considera, quizá una excusa más, la guerra perdida. En El aplazamiento, por su dimensión autobiográfica y por la participación de Fernando Gerassi en la guerra, la implicación es más intensa, pero las raíces del malestar permanecen. Sartre se ve interpelado de una manera directa por un Acontecimiento que trastorna su vida y que, por tanto, decide estigmatizar. No cabe duda de que Sartre sentía simpatía por las posiciones republicanas, pero no hasta el punto de que eso pudiera significar un compromiso político ni una alteración de su forma de vida.

18Hay que esperar unos años para que su posición respecto a España adopte unos innegables tintes políticos. Será en 1950, cuando redacte el prólogo para la novela El fin de la esperanza, de Juan Hermanos, pseudónimo de un desconocido autor español. En dicho prólogo, política y remordimiento se dan la mano. Pero es un remordimiento que trasciende lo personal para instalarse en lo político:

  • 19 Sartre, «El fin de la esperanza», Situaciones vi, Bue...

El autor ha elegido muy bien su seudónimo; esos españoles son hermanos nuestros; esperaban apasionadamente nuestra liberación porque nuestra liberación era también la suya. Y luego vino la liberación; y no era su liberación. Todo lo que nosotros hemos vivido alegremente, ellos lo han vivido en la angustia, la decepción y el estupor.19

  • 20 Miguel Usabiaga, La joven guardia. Marcelo Usabiaga. ...

  • 21 Mercedes Yusta in: AA.VV., Historias de maquis en el ...

  • 22 Sartre, «El fin de la esperanza», op. cit., p. 57.

19Efectivamente, tras la derrota en la Guerra Civil, los republicanos españoles exiliados en Francia intentan prolongar el conflicto con actividad guerrillera en varias zonas montañosas de España. Los Pirineos, el Maestrazgo, la Cordillera Cantábrica cobijan núcleos de maquis cuya pretensión es mantener vivo el conflicto para que los aliados, una vez liberada Francia, entren en España en apoyo de las fuerzas democráticas. Desde el otro lado de los Pirineos, incluso, se lanza, en 1944, una ofensiva con grupos de guerrilleros que tenían sus cuarteles generales en ciudades francesas como Pau20. España, sin embargo, fue abandonada de nuevo a las garras del fascismo. De Gaulle ordena a los guerrilleros españoles retirarse a 20 kilómetros de la frontera21. De ahí, el fin de la esperanza. De ahí que Sartre, de manera categórica, argumente que «es demasiado tarde»22.

  • 23 M. Contat & M. Rybalka, op. cit., p. 390.

20Finalmente, en 1963, y con ocasión del fusilamiento por el régimen franquista del dirigente comunista Julián Grimau, Sartre publicó un artículo en Libération, los días 27 y 28 de abril, bajo el título Grimau, en el que condenaba la acción del gobierno español. Julián Grimau había sido detenido en Madrid en 1962 por miembros de la policía secreta, tras despedirse de otro dirigente comunista, Víctor Díaz Cardiel. Trasladado a las dependencias de la policía política, que dependía del Ministro del Interior, Manuel Fraga (fundador del actual Partido Popular), fue lanzado por una ventana, lo que le ocasionó graves heridas, pero no la muerte. Esta le llegaría tras un juicio-farsa el 20 de abril de 1963, ante un pelotón de fusilamiento. En su artículo, Sartre denuncia la «imbécil ferocidad del régimen» y advierte que solo hay «una solución para Franco: la sangre; tiene que correr. Cada vez más: el terror solo se mantiene incrementándose»23. Su simpatía hacia las posiciones comunistas queda de manifiesto.

21En todo caso, estos dos últimos textos, en los que la referencia a España está teñida de política, son fruto de un Sartre ya inmerso en el compromiso. Su apoliticismo de preguerra había ido cediendo paso a una progresiva politización, que desemboca en la fundación en 1949 de un partido político, el RDR. Si la mirada hacia España se vuelve política es porque la mirada sartriana se había hecho política.

Conclusión

22Las líneas que anteceden desembocan en una clara conclusión: a pesar de las declaraciones de Sartre y Simone de Beauvoir en sentido contrario, la Guerra de España no transformó ni los posicionamientos políticos ni las actitudes vitales de ambos. El evidente malestar por la Guerra Civil que se manifiesta en ciertos textos de Sartre tiene unas causas fundamentalmente subjetivas, no políticas. La politización de la mirada sartriana no tiene su origen en los acontecimientos de España. Antes al contrario, la transformación de la mirada sobre España, acontecida a partir de 1950, tiene su origen en una previa politización de Sartre.

23Sí concedemos credibilidad a la afirmación sartriana de que la Guerra Mundial dividió su vida en dos. No cabe duda de que el Sartre movilizado, el Sartre que pasa por el Stalag, rompe amarras con el Sartre de preguerra. Se inicia un camino hacia la politización, pero un camino sinuoso y complejo. Un camino en el que el pasado reaparece en ciertos momentos, como se puede constatar en los Cahiers pour une morale. Por eso nos preguntamos: las posiciones que se ponen de manifiesto en El aplazamiento, ¿corresponden al Mathieu de 1939 o al Sartre de 1945? Probablemente, ni a uno ni a otro, sino a los dos, en una ósmosis difícilmente evitable. En todo caso, esta obra pone de manifiesto la nula carga política presente en la relación de Sartre con la Guerra Civil española.

24Mirada a destiempo. El compromiso de Sartre con España llega tarde, muy tarde. Demasiado tarde, como él mismo escribe. El momento de la solidaridad, ese que entendieron muchos intelectuales europeos, hubiera debido ser 1936. Pero Sartre, como Simone de Beauvoir, no se hallaba preparado para ello en fechas tan tempranas. Será preciso que sus biografías se vean alteradas por otra guerra para que germine una conciencia política. Hasta ese momento, España es la geografía de un malestar subjetivo, no el territorio en el que se está jugando nada menos que el destino de Europa. España fue abandonada. Las potencias democráticas prefirieron contemporizar con el fascismo antes que defender la democracia española. Sartre ni siquiera eso, la suya no fue una opción política, aunque esa opción no política tuviera, como siempre, consecuencias políticas. El «homme seul» se empeñaba en seguir mirando desde su atalaya.

Bibliographie

aa.vv., Historias de maquis en el Pirineo aragonés, Jaca: Pirineum, 1999, 234 p.

Aragüés, Juan Manuel, El viaje del Argos. Derivas en los escritos póstumos de J.-P. Sartre, Zaragoza: Mira, 1995, 312 p.

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Contat, Michel & Rybalka, Michel, Les Ecrits de Sartre, Paris: Gallimard, 1970, 788 p.

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Verstraeten, Pierre, «Sartre et Hegel», in: Les Temps Modernes, no 539, 1991, p. 131-153.

Notes

1 Jean-Paul Sartre, «Autoportrait à soixante-dix ans», Situations x, Paris: Gallimard, 1976, p. 180.

2 Simone de Beauvoir, La Force de l´âge, Paris: Gallimard, 1960, p. 283.

3 Ibid., p. 283-284.

4 Citado en M. Contat & M. Rybalka, Les Ecrits de Sartre, Paris: Gallimard, 1970, p. 59.

5 M. Contat & M. Rybalka, op. cit., p. 58-59.

6 Ibid., p. 59.

7 Ibid., p. 58.

8 Sartre, A puerta cerrada, Madrid: Alianza, 1981, p. 135.

9 Sartre, El ser y la nada, Madrid: Alianza, 1984, p. 648.

10 Pierre Verstraeten, «Sartre et Hegel», Les Temps Modernes, n° 539, 1991, p. 132.

11 Sartre, Cahiers pour une morale, Paris: Gallimard, 1983, p. 285 y siguientes.

12 Sartre, El aplazamiento, Buenos Aires: Losada, 1948, p. 71-72.

13 Ibid., p. 72-73.

14 Ibid., p. 73-74.

15 Ibid., p. 228.

16 Ibid., p. 219.

17 Ibid., p. 229.

18 Ibid.

19 Sartre, «El fin de la esperanza», Situaciones vi, Buenos Aires: Losada, 1968, p. 56.

20 Miguel Usabiaga, La joven guardia. Marcelo Usabiaga. Una vida de compromiso y lucha, Irún: Ikerlanak, 2012.

21 Mercedes Yusta in: AA.VV., Historias de maquis en el Pirineo aragonés, Jaca: Pirineum, 1999, p. 25.

22 Sartre, «El fin de la esperanza», op. cit., p. 57.

23 M. Contat & M. Rybalka, op. cit., p. 390.

Pour citer ce document

Juan Manuel Aragüés, «Sartre y España. Una mirada a destiempo», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, L’existentialisme en Espagne, Partie 3 - Engagements, mis à jour le : 29/04/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1827.

Quelques mots à propos de :  Juan Manuel  Aragüés

Juan Manuel ARAGÜÉS (Zaragoza, 1965), es profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza.

Especializado en pensamiento contemporáneo, ha publicado libros sobre Sartre (los mencionados en bibliografía y una traducción de Mallarmé. La lucidez y su cara de sombra, Madrid: Arena Libros, 2008), sobre Gilles Deleuze (Deleuze, Madrid: Ediciones del Orto, 1998), y de carácter temático (Líneas de fuga. Filosofía contra la sociedad idiota, Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas, 2002; De la vanguardia al cyborg. Aproximaciones al paradigma posmoderno, Zaragoza: Eclipsados, 2012).

aragues@unizar.es