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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

Incarner les fictions dans le monde hispanique

Anne Bardet

España, entre esperanza y fatalidad: reflexión a partir del análisis orteguiano del Quijote

Article

Dans cet article, nous mettons en lumière à quel point, chez José Ortega y Gasset, le rôle de l’histoire est fondamental dans la constitution de l’identité de l’homme – que celui-ci soit considéré individuellement ou collectivement –, et plus précisément de l’histoire en tant qu’elle est narrée : l’homme, chez Ortega y Gasset, se construit dans et par les récits. A cet égard, le Don Quichotte de Cervantès occupe une place de choix chez le philosophe madrilène. Son statut privilégié lui vient du fait que le chevalier errant, dont le romancier espagnol conte les aventures, se présente doublement comme un reflet fidèle des Espagnols en crise et comme un modèle à suivre pour rebondir et aller de l’avant. Nous nous proposons dès lors de creuser cette ambiguïté bien spécifique du personnage cervantin, en démontrant que c’est par la nouvelle équation qu’il propose entre passé et futur que Don Quichotte apparaît comme un tel exemple. Nous voulons faire ressortir le fait qu’Ortega y Gasset, lorsqu’il invite les Espagnols de son temps à imiter le héros qu’est Don Quichotte pour sortir de la crise dans laquelle ils se trouvent, ne vise pas autre chose que cette nouvelle équation.

In this article, we try to highlight how, with Ortega y Gasset, the role of history in the identity’s constitution of the man – this one being considered individually or collectively – and specifically history as narrated history: the man, with Ortega y Gasset, builds himself in and through stories. In this regard, Cervantes’ Don Quixote occupies a special place with the Madrid philosopher. His preferential status comes from the fact that the knight errant, whom the Spanish novelist relates the adventures, presents himself doubly as a faithful reflect of Spanish people in crisis and as a model for them to follow to rebound and move forward. Therefore, we propose to explore this very specific ambiguity of the Cervantes’ character, demonstrating that it’s by the new equation that he proposes between past and future that Don Quixote appears as such an example. We want to point out that Ortega y Gasset, when he invites Spanish people from his time to imitate the hero that Don Quixote incarnates to get out of the crisis in which they are, does not seek anything other than seeing this new equation achieved.

En este artículo, destacamos hasta qué punto, en Ortega y Gasset, el papel de la historia es fundamental en la constitución de la identidad del hombre –que se considere individual o colectivamente–, y más precisamente de la historia como historia narrada: el hombre, en Ortega y Gasset, se construye en y mediante los relatos. A este respecto, el Don Quijote de Cervantes es de suma importancia para el filósofo madrileño. Su estatus privilegiado le viene del hecho de que el caballero andante, cuyas aventuras cuenta el novelista español, se presenta doblemente como reflejo fiel de los españoles en crisis y como modelo a seguir para cobrar un nuevo impulso y avanzar. Por consiguiente, nos proponemos examinar esta ambigüedad específica del personaje cervantino, demostrando que si Don Quijote aparece como tal ejemplo, es por la nueva ecuación que propone entre pasado y futuro. Queremos poner de relieve que Ortega y Gasset, cuando insta a los españoles de su tiempo a imitar a ese héroe que es Don Quijote para salir de la crisis en la cual se encuentran, no aspira a otra cosa que ver esa nueva ecuación realizada.

Texte intégral

  • 1 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el qu...

Cuando un genio literario acierta a forjar una personificación vigorosa, universal, rebosante de vida y de grandeza, y generadora en la esfera social de grandes corrientes de pensamiento, la figura del personaje fantástico se agiganta, trasciende de los límites de la fábula, invade la vida real y marca con sello especial e indeleble a todas las gentes de la raza o nacionalidad a que la estupenda criatura espiritual pertenece. Tal ha ocurrido con el héroe del libro de Cervantes.1

  • 2 José Ortega y Gasset, Obras Completas, Madrid: Taurus, Fundación Ortega y ...

  • 3 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. III, p. 505.

  • 4 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 747.

  • 5 Ibid., t. I, p. 757.

1Como lo menciona en varias ocasiones en sus textos, lecciones y conferencias, José Ortega y Gasset elabora su filosofía movido por una profunda preocupación en cuanto al destino de España. En efecto, antes de la guerra civil, antes de la dictadura, antes de los oscuros años de exilio, el filósofo madrileño da la señal de alarma sobre la situación en la cual se encuentra su pueblo –una situación no sólo política, como revela esta fórmula bien conocida: «España se arrastra invertebrada, no ya en su política, sino, lo que es más hondo y sustantivo que la política, en la convivencia social misma»2–, que considera en parte responsable del estado de postración en el cual se hunde: «en España lo ha hecho todo el pueblo y lo que no ha hecho el pueblo se ha quedado sin hacer»3. Dicho de otra manera, de la misma forma que los españoles, según Ortega y Gasset, han llevado España a ser tal y como es, es a ellos a quienes incumbe la posibilidad de renovarla modernizándola. Allí es donde interviene la filosofía. De manera general, la filosofía tal y como la concibe Ortega y Gasset tiene la tarea de buscar remedios prácticos para resolver las situaciones de crisis. No puede, pues, darse por satisfecha evolucionando en esferas abstractas. En lo que le corresponde, el filósofo madrileño presenta el conjunto de sus textos como ensayos de «salvaciones»4 para España. La fórmula es conocida de sobra: «yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo»5.

  • 6 Ibid., t. I, p. 770.

  • 7 Javier Marías, citado por Pedro Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la ra...

2A este respecto, el Don Quijote de Cervantes constituye una «selva ideal»6 que permite aprehender la manera como se constituye una identidad colectiva (a escala nacional) a partir de un relato, y cómo, al mismo tiempo, un pueblo puede recibir de dicho relato las orientaciones para su conducta. Según el análisis que propone de ello Ortega y Gasset, parece que el personaje de Don Quijote aparece en efecto como un espejo que refleja al pueblo español tal y como es, a la vez que como una fuente de inspiración posible para el pueblo español tal y como debería ser. En la medida en que destaca esa doble condición del personaje de Don Quijote, a la vez espejo y modelo, reflejo fiel y ejemplo a seguir, la obra de Cervantes «representa para Ortega la clave de la realidad española»7: es a la vez revelador de una tendencia a encerrarse en el pasado –tendencia que Ortega y Gasset considera como particularmente incrementada en la España de la primera mitad del siglo xx– y esperanzador, según la lectura que propone de ello el pensador, ya que Don Quijote encarna también la figura del héroe que, gracias a su imaginación resueltamente girada hacia el futuro, se proyecta, adelantándose, en su porvenir.

3Asimismo, el ejemplo de Don Quijote permite llevar a cabo una reflexión sobre el vínculo entre identidad e historia; y más exactamente sobre la manera en que los pueblos se construyen basándose en los relatos. Intentaremos en efecto, en un primer momento, entender qué lugar podemos conceder al relato en la constitución de una identidad colectiva, presentando la manera en que Ortega y Gasset defiende la idea de que el hombre no tiene otra naturaleza que su historia –una historia de la cual veremos que es fundamentalmente historia narrada–. Nos fijaremos luego más de cerca en el Quijote de Cervantes, estudiando cómo, en Ortega y Gasset, este relato da claves para entender España tal y como se presenta al mismo tiempo que le sugiere pistas que seguir para realizar avances.

«El hombre no tiene naturaleza, sino que tiene… historia»

  • 8 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 73.

4A Ortega y Gasset8 le gusta reafirmar en numerosas ocasiones la idea de que el hombre, en vez de una naturaleza, dispone –y tendríamos que decir que sólo dispone– de una historia. Esta fórmula puede dar lugar a distintas interpretaciones. Aquí sólo tendremos dos en cuenta, que nos parece que puedan contribuir a nuestra reflexión.

5Primero, se trata para Ortega y Gasset de afirmar que el pasado constituye el único elemento en relación con el cual se pueda definir al hombre:

  • 9 Finalmente, Ortega y Gasset revisará esa opinión: el pasado, a partir del ...

  • 10 Op. cit., t. VI, p. 71.

[…] nuestra vida, que es siempre ésta, la de este instante presente o actual, se compone de lo que hemos sido personal y colectivamente. Si hablamos de ser en el sentido tradicional, como ser ya lo que se es, como ser fijo, estático, invariable y dado, tendremos que decir que lo único que el hombre tiene de ser, de «naturaleza», es lo que ha sido9. El pasado es el momento de identidad en el hombre, lo que tiene de cosa, lo inexorable y fatal.10

6El pasado ocupa un sitio tan central en la constitución de la identidad del hombre que el filósofo madrileño piensa la existencia humana en términos de preexistencia fundamental: lo que es el hombre está –por lo menos en parte– ya aquí, antes que él:

  • 11 Ibid., t. VI, p. 359.

El individuo humano, al nacer, va observando todas esas formas de vida [las formas de vida que le preceden]: asimila la mayor parte, repele otras. El resultado es que, en uno u otro caso, queda constituido positiva o negativamente por esos modos de ser hombre que estaban ahí antes de su nacimiento. Esto trae consigo una extraña condición de la persona humana que podemos llamar su esencial preexistencia. Lo que un hombre o una obra del hombre es no empieza con su existencia, sino que en su mayor parte precede a ésta. Se halla preformado en la colectividad donde comienza a vivir. Este precederse en gran parte a sí mismo, este ser antes de ser, da a la condición del hombre un carácter de inexorable continuidad. Nunca un hombre empieza a ser hombre; ningún hombre estrena la humanidad, sino que todo hombre continua lo humano que ya existía.11

  • 12 Ibid., t. VI, p. 69.

7Esto significa también que el haber sido que constituye el ser del hombre, la historia que constituye su naturaleza, no reside en un pasado que sería únicamente individual: en mi pasado se encuentra también todo un pasado «colectivo»: «la experiencia de la vida no se compone sólo de las experiencias que yo personalmente he hecho, de mi pasado. Va integrada también por el pasado de los antepasados que la sociedad en que vivo me transmite»12. La historia de la cual habla Ortega y Gasset, y que, según él, se sustituye a la naturaleza del hombre, supera de hecho tanto el nivel del individuo que incluye todas las formas por las cuales ha pasado la humanidad. La «naturaleza» del hombre, dicho con otras palabras, no es otra cosa que la totalidad de la historia del hombre; corresponde a la historia universal.

  • 13 Ibid., t. VI, p. 64.

  • 14 Ibid. Cabe recordar que el drama no es el melodrama. Cuando Ortega y Gass...

  • 15 Ortega y Gasset justifica esa elección lexical en numerosos textos suyos....

8Segundo, Ortega y Gasset intenta, a través de esta fórmula, desmarcarse de toda una tradición filosófica que piensa el hombre en términos de sustancia –afirma así regularmente que «el hombre no es cosa ninguna»13– para privilegiar la idea de movimiento –«el hombre no es cosa ninguna, sino un drama», persigue14–. En efecto, veremos que finalmente, la historia, en Ortega y Gasset, no corresponde tanto a la suma de los eventos pasados como a esa variación fundamental que caracteriza al hombre. Decir de éste que no tiene naturaleza equivale a afirmar que nada, en él, es estático, invariable. Ninguna esencia –y Ortega y Gasset, más que de esencia, hablará de consistencia15– precede el drama que constituye su vida y que, poco a poco, va forjando su identidad.

  • 16 Las diatribas de Ortega y Gasset en contra de la concepción dominante y l...

  • 17 Ibid., t. VI, p. 66.

  • 18 Ibid.

  • 19 Ibid., t. VI, p. 786.

  • 20 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 335.

  • 21 El hombre no es sólo actor de la historia, sino también y sobre todo narr...

  • 22 En esa idea, el filósofo español escribe: «El hombre no es nunca un prime...

9Por lo tanto, la historia orteguiana no corresponde sólo al pasado16. De hecho, cuando el filósofo afirma que el hombre, además de ser el animal que tiene una historia, aparece como el animal que cuenta su historia, hace hincapié, más allá de su historia pasada, en toda una dimensión futura: «El hombre es novelista de sí mismo, original o plagiario»17. Cuenta a la vez lo que ha sido, reconstruyendo a posteriori el pasado, y lo que podría ser (aquí, lo que podrá ser de manera auténtica si logra inventar una figura que le conviene; de manera inauténtica si se contenta con reproducir esquemas ya existentes): «Se olvida demasiado que el hombre es imposible sin imaginación, sin la capacidad de inventarse una figura de vida, de “idear” el personaje que va a ser»18. Dicho de otra manera, si lo propio del hombre consiste en tener una historia y narrarla, el hombre también es el que, por excelencia, se ocupa de su futuro19. En ese sentido, la historia del hombre es una historia sin fin, «el cuento de nunca acabar»20. Ser hombre, es oír unos relatos y narrar21 otros nuevos, heredar22 los relatos de sus ancestros al mismo tiempo que proyectarse hacia el porvenir en y a través del relato.

10El filósofo madrileño va todavía más lejos: no sólo el hombre produce y oye relatos, sino que esos relatos van forjando en gran medida su identidad, que le consideremos individual o colectivamente. En la idea de que el hombre se construye basándose en los relatos, Ortega y Gasset escribe:

  • 23 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 917-918.

[…] son […] mitología las creencias básicas de que parte nuestro edificio espiritual, las tendencias intelectuales que constituyen el empellón inicial recibido del ambiente por nuestra conciencia infantil; es el módulo decisivo, el ritmo mental que penetra íntegramente nuestra estructura psicológica, atmósfera omnipotente e irradiante, siempre y dondequiera eficaz, substancia colectiva de que los individuos somos sólo variaciones. Una mitología es un pueblo. La mitología en que nacemos es nuestra fatalidad y nuestro determinismo.23

11En el fondo, dirá Ortega y Gasset, el hombre no es otra cosa que lo que cuenta que es. Y en este mismo sentido, no hay otra historia que la que fijamos en y a través de las palabras. La Geschichte, historia efectiva, o real, desaparece delante de la Historie, historia narrada.

  • 24 Ibid., t. I, p. 757.

12Para entender adecuadamente esta idea, hay que tener en cuenta la célebre fórmula del filósofo español según la cual «yo soy yo y mi circunstancia»24: si el hombre, considerado de manera universal, es el animal que tiene una historia, no tiene mucho sentido pensarle independientemente de la circunstancia en la cual se encuentra, es decir de lo que, literalmente, está alrededor (circum) suyo. La gran originalidad de Ortega y Gasset reside, en nuestra opinión, en el hecho de que este mundo, este contexto o contorno, independientemente de lo que le constituye como tal –el lugar y la época que le caracterizan, pero también su sistema de gobierno, sus instituciones, etc.– está primariamente edificado sobre historias –las que hemos recibido de nuestros antecesores y las que nos permiten proyectarnos hacia delante–. Y la manera en la cual se organiza cada circunstancia finalmente no es sino el resultado de esos relatos subyacentes.

  • 25 José Luis González Quirós, «Tres Quijotes: Ramón y Cajal, Unamuno y Orteg...

13Veamos ahora cómo Ortega y Gasset hace del Don Quijote de Cervantes el gran relato por el cual, fatalmente, se constituye España; y en qué, a partir de allí, «es [según él] necesario entender e interpretar el Quijote, para poder hacerse cargo de la historia española»25.

Don Quijote, espejo de España

  • 26 Es interesante constatar que, a pesar de la presencia de Sancho Panza, Do...

  • 27 José Luis González Quirós, «Tres Quijotes: Ramón y Cajal, Unamuno y Orteg...

  • 28 Anthony Close, The Romantic Approach to Don Quixote, Cambridge: Cambridge...

14Parece efectivamente que el personaje de Don Quijote refleja como un espejo algunos rasgos que el filósofo madrileño considera característicos del pueblo español26. De hecho, es bastante habitual considerar al que Cervantes llama «el caballero de la triste figura» como símbolo de los percances y las desgracias de los españoles, hasta el punto de que se ha vuelto comúnmente aceptado que Don Quijote es una obra íntimamente vinculada a la decadencia de España27. Así, Anthony Close escribe por ejemplo que «Don Quijote ha venido a ser considerado como la obra del desencanto nacional»28.

  • 29 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el q...

  • 30 Otra vez, cabe subrayar que Ortega y Gasset no se interesa tanto por Espa...

15Pero más que el desencanto, es la relación de los españoles a su tradición lo que Ortega y Gasset quiere poner de manifiesto en su análisis del Quijote. Sin llegar a decir que los españoles se parecen a Don Quijote en la medida en que, como él, están «tenazmente enamorados de un pasado imposible e incapaces de acomodación a la realidad y a sus útiles y salvadoras enseñanzas»29, Ortega subraya en numerosas ocasiones en su obra el hecho de que España se caracteriza por su adhesión indefectible, por no decir su culto a las tradiciones30.

  • 31 Ibid., t. I, p. 758.

  • 32 Ibid., t. I, p. 759.

  • 33 Ortega y Gasset exclama al respecto: «¿No es un cruel sarcasmo que luego ...

16La relación entre los españoles y su pasado constituye según Ortega y Gasset «uno de los terribles morbos nacionales»31, al mismo tiempo que «una cuestión de las más delicadas»32. Investigando esta relación, dice Ortega y Gasset, entenderemos por qué España es una nación tan sumamente cerrada a lo posible33. El pensador madrileño cita la Antropología de Kant para ilustrar esa idea:

  • 34 Ibid., t. I, p. 758.

Dice Kant que los turcos cuando viajan suelen caracterizar los países según su vicio genuino, y que, usando de esta manera, él comprendía la tabla siguiente: 1.° Tierra de las modas (Francia). 2.° Tierra del mal humor (Inglaterra). 3.° Tierra de los antepasados (España). 4.° Tierra de la ostentación (Italia). 5.° Tierra de los títulos (Alemania). 6.° Tierra de los señores (Polonia).34

  • 35 Ibid., t. I, p. 758.

  • 36 Ibid., t. I, p. 759.

  • 37 Ibid.

17Sigue así: «¡Tierra de los antepasados…! Por lo tanto, no nuestra, no libre propiedad de los españoles actuales. Los que antes pasaron siguen gobernándonos y formando una oligarquía de la muerte, que nos oprime»35. Una lectura rápida podría dejar pensar que la crítica que Ortega y Gasset hace a los que siguen gobernando es esencialmente política. Creemos que la crítica es mucho más fundamental, y que el pensador español apunta, más allá de los políticos de su tiempo, a todos los que se encierran en lo que llama «el reaccionarismo radical»36, es decir a la gente que «arranca [el pasado] de la esfera de la vitalidad, y, bien muerto, lo sienta en su trono para que rija las almas». Luego sigue: «Esta incapacidad de mantener vivo el pasado es el rasgo verdaderamente reaccionario»37.

  • 38 Ibid.

  • 39 La estaticidad es el gran problema de España, según Ortega y Gasset: «Los...

  • 40 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. III, p. 425.

  • 41 «España no existe como nación», exclama de manera muy polémica Ortega y G...

  • 42 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 106.

  • 43 Ibid., t. X, p. 102.

  • 44 « Gravitan sobre nosotros tres siglos de error y de dolor […]. No llaméis...

18Si la semejanza que nota y subraya Ortega y Gasset entre el personaje de Don Quijote y el pueblo español se sitúa primero a nivel de una mirada nostálgica común, girada hacia un pasado ya terminado –de la misma forma que Don Quijote mira continuamente hacia un pasado desaparecido y se encierra en la imagen de un ideal sin vida, los españoles de la primera mitad del siglo xx, herederos del pesimismo de la generación del 98, se estancan–, cabe no obstante matizar: mientras que Don Quijote recurre a pistas del pasado para seguir adelante, los españoles de principios del siglo xx consideran el pasado que contemplan con nostalgia, haciendo de él un objeto inerte. Pues bien, «sólo un modo hay de dominar el pasado, reino de las cosas fenecidas: abrir nuestras venas e inyectar de su sangre en las venas vacías de los muertos», escribe Ortega y Gasset38. Dicho de otra forma, no es cuestión para él de instar a los españoles a desviarse de su pasado, abandonando las tradiciones que tanto quieren. Pero tienen que ser capaces de hacerlas vivas, en vez de contemplarlas en su estaticidad39. Tienen que mirar no hacia el pasado, sino hacia el futuro: «Suele el español hacerse ilusiones sobre el pasado en vez de hacérselas sobre el porvenir, que sería más fecundo», escribe Ortega y Gasset40. En esa conversión de la mirada, reside la condición de posibilidad, para España, de convertirse en una nación en sentido propio41. Porque «sólo hombres capaces de vivir en todo instante las dos dimensiones sustantivas del tiempo –pasado y futuro– son capaces de formar Naciones», afirma42. En otros términos, la solución del problema de España se aloja en una mejor ecuación entre lo que nuestro autor nombra «su ser inercial –receptivo, tradicional– y su ser ágil –emprendedor, afrontador de problema»43. Hay esperanza –y Ortega y Gasset, de hecho, suele presentar su filosofía como una filosofía optimista44, desmarcándose en este sentido de numerosos contemporáneos suyos–, siempre y cuando la tradición vaya de la mano de la empresa.

19Examinemos ahora precisamente en qué sentido aconseja a los españoles que se inspiren de Don Quijote.

Don Quijote, modelo para España

20A primera vista, es sorprendente constatar que en Ortega y Gasset, si Don Quijote vive de manera anacrónica, sumido en el mundo ficticio de las novelas de caballería y viendo alrededor suyo todo tipo de elementos que pertenecen a épocas superadas, o incluso legendarias, no está de ningún modo afectado por el reaccionarismo radical que antes mencionábamos. Al contrario, dice el pensador madrileño que encarna la figura del héroe por excelencia. Tras una consideración más detenida, nos parece que el heroísmo de Don Quijote se impone lógicamente en el pensamiento de Ortega y Gasset, y que no procede tanto de su valentía –la cual le hace prestar asistencia a la viuda y el huérfano, sin detenerse ante ningún peligro– como de su capacidad de anticipar el porvenir, prolongando de una cierta manera el pasado que hereda.

  • 45 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 80.

  • 46 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 81.

  • 47 Ortega y Gasset cita esta fórmula de Heráclito en su curso de 1940, «Sobr...

21A la cuestión de saber por qué recurrir al pasado cuando se trata del porvenir, contestamos primero que según Ortega y Gasset, no podemos apoyarnos sobre otra cosa que el pasado en la medida en que, sencillamente, nos disponemos de otra cosa: «El hombre enajenado de sí mismo, se encuentra consigo mismo como realidad, como historia. Y, por vez primera, se ve obligado a ocuparse de su pasado, no por curiosidad ni para encontrar ejemplos normativos, sino porque no tiene otra cosa»45. Por otra parte, el pasado limita las posibilidades del hombre: en virtud de lo que el filósofo madrileño llama «el sentido negativo de la historia», y siguiendo la idea heracliteana (siendo calificado Heráclito por Ortega y Gasset como «el más genial de los pensadores»46) según la cual «todo fluye. No bajamos dos veces al mismo río»47, el hombre no puede volver a vivir lo que ya ha vivido:

  • 48 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 72-73.

Ahí está, esperando nuestro estudio, el auténtico «ser» del hombre –tendido a lo largo de su pasado. El hombre es lo que le ha pasado, lo que ha hecho. Pudieron pasarle, pudo hacer otras cosas, pero he aquí que lo que efectivamente le ha pasado y ha hecho constituye una inexorable trayectoria de experiencias que lleva a su espalda, como el vagabundo el hatillo de su haber. Ese peregrino del ser, ese sustancial emigrante, es el hombre. Por eso carece de sentido poner límites a lo que el hombre es capaz de ser. En esa ilimitación principal de sus posibilidades, propia de quien no tiene una naturaleza, sólo hay una línea fija, preestablecida y dada, que pueda orientarnos; sólo hay un límite: el pasado. Las experiencias de vida hechas estrechan el futuro del hombre. Si no sabemos lo que va a ser, sabemos lo que no va a ser. Se vive en vista del pasado.48

  • 49 Ibid., t. VI, p. 76.

  • 50 En este sentido decíamos más arriba que Ortega y Gasset revisa su idea se...

22Sin embargo, este pasado que, como mencionábamos antes, constituye la identidad del hombre, sólo tiene sentido en función del presente, y para ser más exactos, en función de la manera con la cual pretendemos prorrogar este pasado en el porvenir. De este modo, Ortega y Gasset escribe que se suele «[…] hacer del pasado una cosa abstracta e irreal que quedó inerte allá en su fecha, cuando el pasado es la fuerza viva y actuante que sostiene nuestro hoy. No hay actio in distans. El pasado no está allí, en su fecha, sino aquí, en mí. El pasado soy yo –se entiende, mi vida–»49. Esto es, el pasado no equivale a algo estrictamente cumplido50:

  • 51 Ibid., t. VI, p. 70.

[…] pervive todo el pasado humano que nos es conocido. Este pasado es pasado no porque pasó a otros, sino porque forma parte de nuestro presente, de lo que somos en la forma de haber sido; en suma, porque es nuestro pasado. La vida como realidad es absoluta presencia: no puede decirse que hay algo si no es presente, actual. Si, pues, hay pasado, lo habrá como presente y actuando ahora en nosotros.51

23De este modo, cuando Ortega y Gasset habla del héroe como el que prolonga el pasado, transformándolo en una fuerza viva, en el fondo no dice otra cosa que ésta: el héroe es el hombre que asume su historicidad fundamental –Heidegger hablaría aquí de historialidad52–. Por lo tanto, no se trata en absoluto para el héroe de desligarse de sus responsabilidades, conformándose con los relatos de los antecesores. En efecto,

  • 53 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 816.

[…] cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sino él mismo. Y este querer él ser él mismo es la heroicidad. No creo que exista especie de originalidad más profunda que esta originalidad «práctica», activa del héroe.53

24Se trata de originalidad y de novedad, tal como lo demuestra el texto siguiente:

  • 54 Ibid.

Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto. Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto. Una vida así es un perenne dolor, un constante desgarrarse de aquella parte de sí mismo rendida al hábito […].54

  • 55 Pedro Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la razón práctica, op. cit., p...

25Es relativamente sencillo admitir que el héroe no se deja dirigir por las convenciones establecidas, o llevar por las costumbres de antaño; quizás sea más difícil entender que su originalidad y el carácter nuevo de sus acciones derivan del pasado; que son el resultado de exploraciones de posibles55 heredados del pasado –esto es, de futuros pasados–. En Ortega y Gasset, el héroe es quien, como Don Quijote, reactualiza los posibles pasados, reconduciéndolos en su circunstancia.

  • 56 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el q...

  • 57 Ibid.

  • 58 Marina Mestre Zaragoza, «Folie et altérité dans le Don Quichotte», in : P...

  • 59 Ibid.

26En este sentido, Don Quijote aparece como un modelo: aparte de «la devoción y el apagamiento excesivos a la tradición moral e intelectual de la raza»56, es aquel que se proyecta hacia el futuro, dando muestras de un «culto ferviente a un alto ideal de conducta, la voluntad obstinadamente orientada hacia la luz y la felicidad de la humana colmena»57. Gracias a su imaginación desbordante, Don Quijote evita el escollo que consiste a enterrarse en la tradición: «la imaginación es […] lo que permite a Don Quijote re-elaborar la realidad que sus sentidos le trasmiten»58. Más ampliamente, la imaginación –esa facultad mencionada más arriba, en cuanto orientaba hacia la autenticidad o hacia la inautenticidad– es «también la potencia que permite a cada uno hacer hipótesis […], prever las cosas, proyectarse hacia el futuro, e incluso decidir de una actuación requerida»59. La imaginación es la facultad gracias a la cual, en términos orteguianos, Don Quijote está en medida de trasformar la tradición en empresa; en ella reside la posibilidad para cada uno de «despertar» su pasado, reconduciéndolo en su presente. De suerte que a Ortega y Gasset le gusta citar a A. Comte:

  • 60 Ortega y Gasset remite a Auguste Comte en francés. Reproducimos aquí la t...

  • 61 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 81.

En 1844 Auguste Comte escribía (Discours sur l’esprit positif, […]60): «Hoy se puede asegurar que la doctrina que haya explicado suficientemente el pasado en su conjunto obtendrá inevitablemente, mediante esta sola prueba, la presidencia mental del porvenir».61

27La puesta entre paréntesis del yo en beneficio de la circunstancia es otro aspecto que señala Ortega y Gasset en Don Quijote, y que, otra vez, se impone como un ejemplo. Consideramos efectivamente que cuando el filósofo madrileño insta a los españoles a comportarse como Don Quijote, les dice también que reanuden con lo que llama su altruismo fundamental.

  • 62 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 207.

  • 63 Ibid.

  • 64 Ibid.

  • 65 El hecho de que el trabajo filosófico esté pensado junto con esa torsión ...

  • 66 Ibid., t. X, p. 209.

28Este altruismo del cual habla Ortega y Gasset no es una virtud; no se opone al egoísmo, sino que designa la mera apertura hacia los demás: «el Hombre al estar a nativitate abierto al otro, al alter que no es él, es a nativitate, quiera o no, gústele o no, altruista»62. Si este estado «permanente y constitutivo del Hombre»63 no implica una actitud especialmente generosa o amical (el robo o el crimen presuponen este altruismo fundamental al igual que el beso o el sacrificio64), es no obstante la condición de posibilidad del convivir. En el fondo, cuando Ortega y Gasset dice del hombre que es fundamentalmente altruista, no dice otra cosa que lo que sigue: desde el principio, el hombre está girado hacia el exterior antes que hacia sí mismo; está siempre en la alteración65. Cuando los que habitan mi circunstancia dejan de ser individuos indefinidos para convertirse en tús, con los cuales interactúo, el altruismo se prolonga en lo que Ortega y Gasset llama el nostrismo, o la nostridad: «Si al estar abierto al otro he llamado altruismo, este sernos mutualmente deberá llamarse nostrismo o nostridad»66. Entonces, y sólo entonces, hay sociedad.

  • 67 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el q...

  • 68 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 784.

29Ramón y Cajal, en su análisis del Quijote67, hace hincapié en esa dimensión del personaje: pone de relieve cómo el amor de Don Quijote por la justicia y su sentido del sacrificio –Don Quijote no duda en sacrificar su persona al servicio y en beneficio de la colectividad– hacen del texto de Cervantes una especie de manifiesto contra el individualismo. Nos parece que ese aspecto también está presente en Ortega y Gasset, aún si, en nuestra opinión, la gran cualidad a imitar de Don Quijote no reside tanto en la manera con la cual prolonga su altruismo en nostrismo como en la manera con la cual se instala en lo que el filósofo español llama una ecuación problemática entre el pasado y el porvenir68, reequilibrando la relación entre tradición y empresa.

  • 69 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el q...

  • 70 Esa expresión de «loco sublime» aparece en la pluma de Ramón y Cajal, «La...

  • 71 José Luis González Quirós, «Tres Quijotes: Ramón y Cajal, Unamuno y Orteg...

  • 72 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. IX, p. 539.

  • 73 Esta idea ya está presente en un texto muy corto que escribe en 1910, y q...

  • 74 Marina Mestre Zaragoza, « Folie et altérité dans le Don Quichotte », op. ...

30Los dos hombres concuerdan no obstante en la idea de que España tiene que inspirarse en Don Quijote: «El quijotismo de buena ley, es decir, el depurado de las roñas de la ignorancia y de las sinrazones de la locura tiene, pues, en España, ancho campo en que ejercitarse»69. De este modo, Ramón y Cajal propone hacer de ese «loco sublime»70 que es Don Quijote el «modelo del esfuerzo patriótico que se necesita […] para poner a España a la altura de las otras naciones»71. Si no se trata para Ortega y Gasset de instar a los españoles a imitar a Don Quijote en cualquier punto –aunque su demencia es «noble»72, Don Quijote está efectivamente loco, dice, y sería peligroso y absurdo querer comportarse como él–, el filósofo ve sin embargo en el personaje de Cervantes un ejemplo que seguir para una España que se representa como «posible»73 y que, para salir de la decadencia en la cual ha caído y que la caracteriza ahora, tiene que intentar modernizarse. De modo que «la locura de Don Quijote corresponde […] más a una posición filosófica frente a la realidad que a un rechazo de ésta; constituye, pues, desde el punto de vista teórico, la condición de posibilidad de una verdadera sabiduría»74.

Conclusión

31Hemos visto que, en el pensamiento de Ortega y Gasset, el personaje de Don Quijote es a la vez el símbolo de una España decadente –un símbolo en el cual, de hecho, se reconoce comúnmente– y el modelo a seguir para salir de la crisis. Como Don Quijote, los españoles de la primera mitad del siglo xx viven con la mirada puesta en un pasado desaparecido, hundidos en la tradición. Pero a diferencia de éste, no convierten su mirada hacia el porvenir; se quedan en ese pasado ya terminado y que, en cierta manera, está caduco.

  • 75 Ibid., p. 25.

32También hemos querido subrayar hasta qué punto es revelador el hecho de que Ortega y Gasset haga de un personaje de ficción el gran modelo a seguir: nos parece que la idea de Marina Mestre Zaragoza según la cual Don Quijote es un ejemplo perfecto de lo que la ficción nos puede llevar a ser –soñando éste su vida en función de sus lecturas de novelas de caballería– y según la cual, en el fondo, «sin ficción, no puede haber verdadera ejemplaridad»75, adquiere pleno significado con el filósofo madrileño, en la medida en que la vida humana, en su pensamiento, está de parte en parte atravesada por historias. La vida del hombre no corresponde a otra cosa que a su historia. Su pasado sólo tiene importancia a partir del momento en que está narrado, y la proyección hacia el futuro, a su vez, sólo se hace a través del relato.

  • 76 Ibid., p. 12.

  • 77 Jean Canavaggio, « Les métamorphoses de Don Quichotte : naissance et déve...

33De hecho, la ejemplaridad de Don Quijote va más allá del marco estricto de España a principios del siglo xx. En efecto, si Ortega y Gasset ve en este personaje un reflejo del carácter de su pueblo, cabe observar que esa «figura grandiosa [es] al mismo tiempo muy cercana a cada uno de nosotros, un verdadero paradigma de humanidad»76. Si la obra de Cervantes aparece como «un cuadro viviente y completo […] de España» y se presenta como «símbolo del carácter español», refleja también «la vida misma», y el personaje de Don Quijote se impone como «emblema de la condición humana»77. En el fondo, nos parece que Ortega y Gasset se dirige a cada hombre cuando dice que hay que imitar el héroe que es Don Quijote, asumiendo y respetando su pasado, pero sin olvidar de mirar hacia delante.

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Notes

1 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el quijotismo», Arbor, ed. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Vol. 179, N705, 2004, p. 7 [en línea], disponible en: <http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewFile/536/537> (consultado el 08.03.2016).

2 José Ortega y Gasset, Obras Completas, Madrid: Taurus, Fundación Ortega y Gasset, X vol., 2004-2010, t. III, p. 482.

3 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. III, p. 505.

4 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 747.

5 Ibid., t. I, p. 757.

6 Ibid., t. I, p. 770.

7 Javier Marías, citado por Pedro Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la razón práctica, Madrid: Biblioteca Nueva, 2011, p. 3.

8 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 73.

9 Finalmente, Ortega y Gasset revisará esa opinión: el pasado, a partir del momento en que es objeto de reinterpretaciones continuas, no tiene en realidad nada estático o invariable.

10 Op. cit., t. VI, p. 71.

11 Ibid., t. VI, p. 359.

12 Ibid., t. VI, p. 69.

13 Ibid., t. VI, p. 64.

14 Ibid. Cabe recordar que el drama no es el melodrama. Cuando Ortega y Gasset dice que la vida del hombre consiste en un drama, no pone allí ninguna connotación patética. La vida del hombre constituye un drama en el sentido (teatral) en que es, sencillamente, una historia que se va desarrollando.

15 Ortega y Gasset justifica esa elección lexical en numerosos textos suyos. Por ejemplo: «Frente al término existencia uso el de consistencia. El algo que existe tiene una consistencia, es decir, consiste en esto o lo otro». Ibid., t. VI, p. 60.

16 Las diatribas de Ortega y Gasset en contra de la concepción dominante y las prácticas tradicionales de la historia son particularmente reveladoras. El filósofo español reprocha a los historiadores que pretendan manejar hechos –cuando, como diría Nietzsche, sólo hay interpretaciones– y, más ampliamente, que sólo miren hacia el pasado. «La Historia, si quiere conquistar el título de verdadera ciencia, se encuentra ante la necesidad de superar la mecanización de su trabajo» (José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. V, p. 240) desplazando su centro de investigación del pasado hacia el futuro: los historiadores tienen que tender a acercarse lo más posible a los profetas (José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 480-484).

17 Ibid., t. VI, p. 66.

18 Ibid.

19 Ibid., t. VI, p. 786.

20 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 335.

21 El hombre no es sólo actor de la historia, sino también y sobre todo narrador. No sólo «la actitud fundamental desde la cual el historiador trabaja es la de un narrador», sino que la narración incumbe a toda existencia humana. De este modo, dispone de un doble estatus de actor y de narrador. Respecto a esto, el personaje de Don Quijote se presenta como relativamente emblemático, siendo a la vez actor y narrador –por lo menos en algunos momentos, como, por ejemplo, cuando cuenta sus aventuras en la cueva de Montesinos– de la ficción.

22 En esa idea, el filósofo español escribe: «El hombre no es nunca un primer hombre, sino siempre un sucesor, un heredero, un hijo del pasado humano». José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 470.

23 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 917-918.

24 Ibid., t. I, p. 757.

25 José Luis González Quirós, «Tres Quijotes: Ramón y Cajal, Unamuno y Ortega», in: José Luis González Quirós (ed.), El Quijote y el pensamiento moderno, Tomo I, Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2007, p. 468.

26 Es interesante constatar que, a pesar de la presencia de Sancho Panza, Don Quijote aparece en la pluma de Ortega y Gasset (como también en muchos autores) como un héroe solitario. Es un punto en el que pone énfasis J. Canavaggio, « Les métamorphoses de Don Quichotte : naissance et développement d’un mythe », [en línea], disponible en: <http://www.litterature-poetique.com/pdf/quichotte_canavaggio.pdf> (consultado el 08.03.2016), p. 1.

27 José Luis González Quirós, «Tres Quijotes: Ramón y Cajal, Unamuno y Ortega», op. cit., p. 451-483.

28 Anthony Close, The Romantic Approach to Don Quixote, Cambridge: Cambridge University Press, 1977, p. 133.

29 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el quijotismo», art. cit., p. 7.

30 Otra vez, cabe subrayar que Ortega y Gasset no se interesa tanto por España en general como por España a principios del siglo xx –en otras palabras, por su circunstancia propia. No se trata tanto, para el filósofo madrileño, de caracterizar los pueblos –en este caso, el suyo– de manera esencialista como de pensarlos de manera circunstanciada. Recordemos lo que hemos mencionado al principio de nuestra reflexión: el hecho de que uno de los grandes retos de la filosofía orteguiana es conseguir que España salga del estado de crisis y de postración en el cual se encuentra: «El lector descubrirá, si no me equivoco, hasta en los últimos rincones de estos ensayos, los latidos de la preocupación patriótica». José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 762.

31 Ibid., t. I, p. 758.

32 Ibid., t. I, p. 759.

33 Ortega y Gasset exclama al respecto: «¿No es un cruel sarcasmo que luego de tres siglos y medio de descarriado vagar, se nos proponga seguir la tradición nacional? ¡La tradición! La realidad tradicional en España ha consistido precisamente en el aniquilamiento progresivo de la posibilidad España». Ibid., t. I, p. 793.

34 Ibid., t. I, p. 758.

35 Ibid., t. I, p. 758.

36 Ibid., t. I, p. 759.

37 Ibid.

38 Ibid.

39 La estaticidad es el gran problema de España, según Ortega y Gasset: «Los españoles somos un pueblo fantasma a quien un conjuro ha tornado en piedra: somos una raza fósil». Ibid., p. 54.

40 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. III, p. 425.

41 «España no existe como nación», exclama de manera muy polémica Ortega y Gasset (citado por C. Vilanou, «De la crisis finisecular al regeneracionismo pedagógico: Ortega y Gasset y Eugenio D’Ors, dos modelos culturalistas (1898-1914)», Revista de educación: La educación y la generación del 98, no extraordinario, Ministerio de educación, 1997, p. 56).

42 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 106.

43 Ibid., t. X, p. 102.

44 « Gravitan sobre nosotros tres siglos de error y de dolor […]. No llaméis esto pesimismo: reconocer la verdad no es nunca un acto pesimista. Carecer de sensibilidad para los inmensos dolores ambientes, no percatarse de la terrible mengua española, negar la espantosa realidad de nuestra situación, no podrá ser nunca verdadero optimismo: será siempre una falsedad». José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. II, p. 87).

45 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 80.

46 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 81.

47 Ortega y Gasset cita esta fórmula de Heráclito en su curso de 1940, «Sobre la razón histórica» (J. Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. IX, p. 545), exponiendo cómo se propone desplazar el enfoque del ser hacia el devenir, haciendo del movimiento fundamental del hombre el punto de partida de su filosofía.

48 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 72-73.

49 Ibid., t. VI, p. 76.

50 En este sentido decíamos más arriba que Ortega y Gasset revisa su idea según la cual el pasado corresponde a algo estático, fijo. Siendo siempre un pasado para el presente, está siempre reinvertido, revisitado, reinterpretado en función de este presente. En otras palabras, está siempre sometido a algo del orden de la variación.

51 Ibid., t. VI, p. 70.

52 Este concepto de historialidad nos parece esclarecedor aquí en la medida en que, aplicado al Dasein, hace de éste un puro a caballo entre el nacimiento y la muerte, un puro estiramiento entre un ya no y un todavía no; un ente que no se puede pensar en el modo de la cosa –que no tiene naturaleza, diría Ortega y Gasset–, sino que tenemos que pensar en los términos de una variación histórica fundamental. En este punto, se remitirá a los párrafos 72 à 77 de Ser y Tiempo: Martin Heidegger, Sein und Zeit, Tübingen: Max Niemeyer, 2006, p. 372-403.

53 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 816.

54 Ibid.

55 Pedro Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la razón práctica, op. cit., p. 66-67.

56 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el quijotismo», op. cit.

57 Ibid.

58 Marina Mestre Zaragoza, «Folie et altérité dans le Don Quichotte», in : Philippe Meunier (dir.), La représentation de l’autre dans le Don Quichotte de Cervantès, Actes de la journée d’étude du 13 octobre 2005, Cahiers du G.R.I.A.S. – C.E.L.E.C., n12, Saint-Étienne : Publications de l’Université de Saint-Étienne, 2007, p. 21. Aquí, como en las citas siguientes que reproducimos de este texto, traducimos nosotros.

59 Ibid.

60 Ortega y Gasset remite a Auguste Comte en francés. Reproducimos aquí la traducción en español de J. M. Revuelto y C. Bergès: A. Comte, Curso de filosofía positiva (lecciones I y II), Discurso sobre el espíritu positivo, trad. J.M. Revuelto y C. Bergès, Barcelona: Folio, colección «Biblioteca de filosofía», 2002, p. 151.

61 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 81.

62 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 207.

63 Ibid.

64 Ibid.

65 El hecho de que el trabajo filosófico esté pensado junto con esa torsión hacia el interior que supone el ensimismamiento hace de ello un trabajo fundamentalmente no natural: «En la realidad auténtica del humano vivir va incluido el deber de la frecuente retirada al fondo solitario de sí mismo. Esa retirada en que a las meras verosimilitudes, cuando no simples embelesos e ilusiones en que vivimos, les exigimos que nos presenten sus credenciales de auténtica realidad es lo que se llama con un nombre amanerado, ridículo y confesionario, filosofía. La filosofía es retirada, Anábasis, arreglo de cuentas de uno consigo mismo, en la pavorosa desnudez de sí mismo ante sí mismo». José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. X, p. 202.

66 Ibid., t. X, p. 209.

67 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el quijotismo», op. cit.

68 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. VI, p. 784.

69 Santiago Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el quijotismo», op. cit., p. 11.

70 Esa expresión de «loco sublime» aparece en la pluma de Ramón y Cajal, «La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el quijotismo», op. cit., p. 3.

71 José Luis González Quirós, «Tres Quijotes: Ramón y Cajal, Unamuno y Ortega», op. cit., p. 457.

72 José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. IX, p. 539.

73 Esta idea ya está presente en un texto muy corto que escribe en 1910, y que titula «España como posibilidad» (José Ortega y Gasset, Obras Completas, op. cit., t. I, p. 336-337). España es una posibilidad, a condición que cambie la orientación de su mirada, y esto a dos niveles que son complementarios el uno del otro: como hemos explicado más arriba, España tiene que dejar de mirar hacia su pasado para fijarse en su porvenir; éste es el primer nivel. A un segundo nivel, también tiene que ser capaz de convertir su mirada, hasta aquí centrada sobre sí misma, en una mirada girada hacia el exterior, y más exactamente hacia Europa. No es dentro del conjunto cerrado que representa donde podrá encontrar la solución, si no amplía su perspectiva a lo que pasa fuera de ella. En esa idea, que constituye uno de los principales puntos de desacuerdo entre él y Unamuno (cuando Ortega y Gasset piensa que la solución al problema de España reside en Europa, Unamuno propone un modelo hermético para sacar España de la situación de crisis en la cual se encuentra hundida), Ortega y Gasset escribe: «España es una posibilidad europea. Sólo mirada desde Europa es posible España» (Ibid., t. I, p. 337).

74 Marina Mestre Zaragoza, « Folie et altérité dans le Don Quichotte », op. cit., p. 19.

75 Ibid., p. 25.

76 Ibid., p. 12.

77 Jean Canavaggio, « Les métamorphoses de Don Quichotte : naissance et développement d’un mythe », op. cit., p. 3-10.

Pour citer ce document

Anne Bardet, «España, entre esperanza y fatalidad: reflexión a partir del análisis orteguiano del Quijote», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, Incarner les fictions dans le monde hispanique, mis à jour le : 08/12/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/1876.

Quelques mots à propos de :  Anne  Bardet

Anne Bardet, doctoranda en el Centre Próspero – Langage, image et connaissance, Université Saint-Louis – Bruxelles.

Anne Bardet imparte clases de filosofía en la Université Saint-Louis – Bruxelles, donde está actualmente preparando un doctorado de filosofía. Su investigación está centrada en el pensamiento orteguiano de la historia.

anne.bardet@usaintlouis.be