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Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

1 | 2011 Pouvoirs et écritures

Elvezio Canónica

La lengua Aimara como instrumento de evangelización en la obras ‘translingües’ de Ludovico Bertonio

Article
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L’étude linguistique du P. Bertonio (1555-1625) de la langue aymara est constamment soumise à l’œuvre d’évangélisation que sa compagnie menait à bien dans la vice-royauté du Pérou. Le travail de pionnier du jésuite italien pour faire connaître cette langue est très vaste et allie un aspect doctrinal avec un autre plus proprement linguistique. Autant la structure que le contenu de ses grammaires et livres de piété bilingues (aymara-espagnol) sont conditionnés par l’objectif didactique et catéchistique qui motive son apprentissage de l’aymara, et ce sans que la rigueur scientifique dont il fait preuve à tout moment en soit affectée.

El estudio lingüístico del P. Bertonio (1555-1625) de la lengua aimara está constantemente supeditado a la tarea evangelizadora que su compañía llevaba a cabo en el virreinato del Perú. La labor de pionero del jesuita italiano para dar a conocer esta lengua es muy amplia y compagina una dimensión doctrinal con otra más propiamente lingüística. Tanto la estructura como el contenido de sus gramáticas y obras pías bilingües (aimara-español) vienen condicionados por el objetivo didáctico y catequístico que origina e impulsa su aprendizaje del aimara, esto, sin que se vea afectado el rigor científico del que da muestra a cada paso.

Texte intégral

Introducción

  • 1 Ver, entre las publicaciones más recientes, Félix Laym...

  • 2 Cito por la edición italiana: Umberto Eco, La ricerca ...

  • 3 Umberto Eco afirma que Bertonio tendría la sospecha qu...

1La figura del jesuita italiano Ludovico Bertonio, cuyo nombre es conocido básicamente entre los estudiosos de la lengua aimara por ser el autor de los primeros instrumentos lexicográficos de dicha lengua1, ha sido recientemente rescatada para el gran público por Umberto Eco, quien lo menciona en las conclusiones de su ensayo La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea2. El famoso semiólogo y novelista italiano afirma que el jesuita italiano es el precursor de la tendencia, divulgada desde la segunda mitad del siglo xix, a considerar la lengua aimara, por su extraordinaria flexibilidad y vitalidad en la creación de neologismos, como el prototipo de una lengua natural perfecta, una suerte de «lengua de Adán»3. De hecho, esta idea ocupa un lugar muy marginal en la obra del padre Bertonio, cuya preocupación principal a la hora de componer sus trabajos pioneros de la lingüística aimara era esencialmente de tipo doctrinal y estaba estrechamente vinculada con la evangelización de los indios de lengua aimara, entre los cuales ejercía su tarea misionera.

  • 4 Esta temática constituye el campo de trabajo en el que...

2La obra de Ludovico Bertonio se inserta dentro de aquella tradición de autores italianos ‘translingües’ que florece en el período de máximo contacto entre las dos penínsulas, o sea entre los siglos xvi y xvii4. En efecto, a pesar de que el italiano fue su lengua materna, escribió toda su obra en español. La preocupación por la corrección lingüística de su propia escritura asoma en algunos pasajes de sus obras, plasmándose en una serie de reflexiones metalingüísticas que muestran bien a las claras su conciencia ‘translingüe’. Por ejemplo, la primera frase del prólogo «Al Christiano y piadoso lector» de su Libro de la vida y milagros de nuestro Señor publicado en el año 1612, es la siguiente:

  • 5 Cito por la princeps, Ludovico Bertonio, Libro de la v...

Bien cierto estoy Christiano Lector, que ningun Español habrá, por poco que sepa, después que hubiere passado los ojos por alguna plana deste libro, no diga haberse hecho muy grande injuria a su lengua, pues lo que aqui ve por escrito, está tan apartado de la elegancia y modo de hablar de la lengua Española.5

3El español, pues, fue una lengua que Bertonio tuvo que aprender cuando, al entrar en la Compañía de Jesús a los 20 años, fue destinado a las misiones de las Indias Orientales. Sus 44 años de permanencia en el Perú se encargarán de afinar y perfeccionar su español, lengua que llegó a dominar, como demuestran sus escritos. En este trabajo, por lo tanto, no nos detenemos en estudiar el español de Bertonio, comparable con el nivel medio de cualquier lexicógrafo español de la época. Nuestro enfoque consiste en mostrar cómo el estudio lingüístico de la lengua aimara está constantemente supeditado a la tarea evangelizadora, que lo condiciona a todos los niveles.

Datos biográficos y contexto histórico

  • 6 Ver Enrique Torres Saldamando, Los antiguos jesuitas d...

  • 7 Esta obra ha sido recientemente reeditada por Iván Tav...

  • 8 Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aimara, La...

4Ludovico Bertonio nació en el pueblo italiano de Roccacontrada, lugar de la diócesis de Sinigaglia, en la actual provincia de las Marcas, en el año 1555, y así lo hace constar en las portadas de sus obras, en las que se presenta como Italiano, de la Compañía de Jesús en la Provincia del Pirú natural de Rocca Contrada de la Marca de Ancona. Llegó a Lima en 1581, terminó allí los estudios de coadjutor espiritual y en 1593 fue incorporado, siendo destinado al pueblo de Juli, en la provincia de Chucuito (Puno), a orillas del lago Titicaca, donde pasó el resto de su vida. Murió en Lima en 1625, a los 73 años de edad. El pueblo de Juli se encuentra en la cuna de la civilización aimara, situada alrededor del lago Titicaca, y el P. Bertonio entró en contacto especialmente con la etnia de los lupacas, que en juicio del historiador peruano Enrique Torres Saldamando, era la que mejor y más elegantemente hablaba el aimara6. El P. Bertonio, para ejercer su ministerio, tuvo que aprender esta lengua, aplicando en esto los preceptos de los jesuitas, que hacían del conocimiento de las lenguas autóctonas el vehículo principal de su obra de evangelización. Los motivos profesionales en el estudio de estas lenguas desembocaron pronto en un verdadero interés científico, cuyos frutos fueron las primeras gramáticas y los vocabularios de estas lenguas. El caso del P. Bertonio, por ejemplo, corre paralelo al del P. Diego González Holguín, que publicó los primeros instrumentos lingüísticos para el aprendizaje del quechua entre 1607 y 1608, o sea casi contemporáneamente a las obras de Bertonio consagradas al aimara, que se publicaron en su mayoría en 1612. La labor de pionero del jesuita italiano para dar a conocer esta lengua es muy amplia y compagina la dimensión doctrinal con la más propiamente lingüística. De la primera vertiente, tenemos un Confesionario muy copioso en dos lenguas aymará y española con una instrucción acerca de los siete sacramentos de la Santa Iglesia, publicado en Juli en 16127; un Libro de la vida y milagros de Ntro. Señor Jesucristo en dos lenguas aymará y romance, que vamos a presentar a continuación; una Historia de los cuatro evangelios en lengua aymará con varias reflexiones para exhortar e instruir a los indios, que nos ha llegado gracias a una adaptación del P. Francisco Mercier, el cual afirma que la había sacado de un libro, hoy perdido, que en 1600 dio a luz el P. Ludovico Bertonio; de la vertiente lingüística, su obra ofrece los dos instrumentos imprescindibles, la gramática y el vocabulario. La elaboración de la fase gramatical es muy intensa y se estructura en varias etapas: a partir de una primitiva Arte breve de la lengua aymará para introducción del Arte grande de la misma lengua, cuyo título es una muestra de su labor lingüística in fieri, llegamos a una primera versión de dicha Arte grande, que se publicó en Roma en el año 1603 bajo el título de Arte y gramática muy copiosa de la lengua aymará con muchos y muy variados modos de hablar para su mayor declaración con la tabla de los capítulos y cosas que en ella se contienen; sabemos que esta edición romana no agradó a su autor, por las muchas faltas que contenía. Quizás por esta razón, Bertonio se decidió a publicar una nueva versión en 1612 titulada: Arte de la lengua aymará con una selva de frases en la misma lengua y su declaración en romance. Su labor lexicográfica se completa con la publicación de un amplio Vocabulario bilingüe de la lengua aimara, que aparece en dos tomos siempre en el mismo año de 1612: la Primera parte en la dirección español-aimara, y la segunda en la dirección contraria. Esta obra se ha vuelto a publicar en 1984 en edición facsimilar8.

5En lo que sigue, nos proponemos presentar brevemente dos de estas obras, una de corte lingüístico, el citado Vocabulario y otra de contenido más doctrinal, la Vida y milagros de nuestro señor. Como veremos, a pesar de las diferencias de género, el afán evangelizador está presente en las dos obras en casi igual medida.

El vocabulario de la lengua aimara

  • 9 Todas las citas proceden de la editio princeps: Ludovi...

6Publicado en dos partes, como se ha dicho, en Juli en 1612, el Vocabulario está dedicado a Fray Domingo Valderrama Centeno, arzobispo y primer obispo de La Paz. Va precedido por un amplio prólogo dirigido a los sacerdotes y curas de la nación aimara y de algunas anotaciones para saberse aprovechar de este vocabulario y hablar con más propiedad esta lengua Aymara9, en el que Bertonio ofrece a sus lectores un condensado de su gramática. Finalmente encontramos el cuerpo del vocabulario, dividido en dos tomos, el primero en la dirección español-aimara y el segundo en la dirección contraria. Nos vamos a detener brevemente en cada una de estas tres partes. El prólogo a sus correligionarios nos ilumina acerca de las motivaciones profundas que impulsaron al jesuita a publicar su obra. De entrada, nos comunica que:

el principal intento que tuve [...] en sacar a luz este vocabulario de la lengua Aymara [...] fue acudir al buen deseo que vuestras mercedes tienen de saber hablar congruamente a los indios de sus dotrinas: para quitar de su entendimiento las tinieblas de inorancia en las cosas de su salvación, y enseñarles los misterios de nuestra catholica religión.

7Aparece aquí con toda claridad el vínculo entre la lengua y la labor evangelizadora: el P. Bertonio concibe su Vocabulario como un instrumento para llevar a cabo eficazmente dicha evangelización y procurar la ‘salvación’ de las almas. La supeditación de la preocupación lingüística a la doctrinal queda patente en las frases que siguen a continuación:

Y teniendo esto por fin deste mi trabajo, pareciome cosa escusada tomar por asunto juntar en este libro todos los vocablos, que las dos lenguas Española y Aymara tienen: lo uno porque son tantos que en muchos años no pudieran agotarse: lo otro, porque no es tan necesario saberlos todos para enseñar nuestros sagrados misterios, y para que se tenga satisfacción de que aquí no faltarán los que para esto se requieren, diré las diligencias que se hicieron para recogerlos.

8Dichas «diligencias» nos muestran el método de trabajo del lexicógrafo italiano y de qué fuentes sacó su información. El acopio de datos se ha realizado gracias a la colaboración intensa con algunos indios ladinos, o sea los que «desde su niñez se han criado con la leche de la dotrina cristiana», los cuales recibieron el encargo de escribir:

en su lengua aymara con la mayor propiedad que fuesse possible, los principales misterios de la vida de Cristo, grande copia de exemplos y de vidas de Santos, muchos sermones de diversas materias, varias comparaciones tocantes a vicios y virtudes, algunos tratados de la Misa, de la Confesión y Comunión, de la vana superstición de la Idolatría, y de otras muchas cosas, que fuera largo de contar.

9Terminada esta fase del trabajo, el lexicógrafo reúne el material proporcionado por sus informantes y se pone a:

sacar cada vocablo que en cada renglón topaba y todas las frasis y modos de hablar elegantes, con que cada cosa se explicaba y después de averiguada la significación así de los vocablos como de las frasis con mucho trabajo, me puse a ordenar por sus letras el presente vocabulario con la mejor traza que supe.

10Como se echa de ver, se trata de un método totalmente empírico, cuyo punto de partida está formado por material producido ad hoc según los planteamientos del recolector. Al mismo tiempo, es un procedimiento muy eficaz, que se corresponde perfectamente con los objetivos prefijados, es decir ofrecer un instrumento práctico para la salvación de las almas. Sin embargo, el P. Bertonio se da cuenta de que el dominio de la lengua indígena asociado con la mejor voluntad del mundo no son garantías automáticas de éxito, porque «los indios son tan mal habituados, tan llenos de espinas y abrojos sus corazones que la semilla de la divina palabra que en ellos se siembra no puede fructificar, y, finalmente, que es tiempo perdido el cultivar esta gente». Con todo, no es posible «sufrir que a vista de ojos el común enemigo del linaje humano triunfe de las almas redimidas con precio tan costoso».

11A continuación, la evocación de la parábola evangélica del buen samaritano (Lucas, 10) le lleva a establecer un paralelismo entre la condición moral de los indios y la física del pobre hombre herido de muerte por los ladrones, al que socorre el buen samaritano, al contrario de los sacerdotes que se pasaron de largo sin ayudarle. Afirma Bertonio: «Esta miseria y estrema necesidad de estas almas, antes nos ha de mover a compasión para ayudarlas, que no a tibieza, o cobardía para desampararlas». Estas consideraciones estimulan al jesuita italiano a emprender un examen de conciencia que desemboca en un verdadero mea culpa, como se echa de ver en estas reflexiones:

si queremos entrar un poco más adentro y examinar este negocio con el nivel de la razón y verdad, confessando con llaneza la puntualidad de lo que pasa, veremos que mucha culpa puede echarnos, así de la mucha rudeza, como de los malos hábitos con que vive esta nación de los indios tan estragada.

  • 10 «Los» se refiere a los divinos misterios.

12La primera causa de este estado de abandono en el que se encuentran las almas es de tipo objetivo: Bertonio estima en más de mil los pueblos de la nación aimara y en apenas veinte, o a lo sumo cincuenta, los misioneros con conocimientos suficientes de la lengua aimara. La ignorancia de la lengua autóctona es muy perjudicial, porque los indios que reciben el bautismo son en su mayoría adultos y «el acto de creer qual es necessario en un cristiano adulto no se produce sin la instrucción necesaria de las cosas y misterios pertenecientes a la misma Fe». Además, los nuevos bautizados no pueden contar con el ejemplo de sus padres, que en su mayoría «guardan los ritos Gentílicos, adorando los cerros, confesandose con los hechiceros, y teniendo otras innumerables supersticiones [...] De donde resulta que los creen10 con muchos errores, y así vienen a ser un monstruo, ni del todo Gentiles, ni enteramente Cristianos».

13En conclusión, Bertonio vuelve a reafirmar el mea culpa, puesto que:

si los indios son desta manera por falta de enseñanza, muy claramente se echa de ver que somos culpados en ello, pues por no saber su lengua no los enseñamos, ni damos bastante noticia del Evangelio [...] y donde no se siembra ¿qué esperanza puede haber ni aun de mediana cosecha?

14Su actitud, sin embargo, no es meramente pasiva. Frente a esta situación, lanza un llamamiento a los demás misioneros para que reaccionen, en el que vuelve a insistir en la importancia central del conocimiento de la lengua indígena:

Para librarnos de esta culpa no hay otro remedio que sujetarnos al trabajo, animándonos con el ejemplo de los que no solamente le tomaron en aprender lenguas de naciones muy bárbaras para reducirlas a Cristo, sino de los que dieron sus vidas en esta tan gloriosa empresa de ganarlas para el Cielo.

15Bertonio cierra su prólogo haciendo hincapié una vez más en el vínculo indisoluble entre lengua y doctrina, porque «ni el saber la lengua de los indios aprovechará, sin la enseñanza continua desta soberana doctrina; ni tampoco el saber esta misma doctrina, si no se supiesse manifestar con claridad de los vocablos y frases y modos de hablar que para enseñarla se requieren».

16Tras el prólogo, Bertonio presenta una serie de «anotaciones para saberse aprovechar deste vocabulario, y hablar con más propiedad esta lengua Aymara». Se trata de cinco breves apartados en los que se exponen los principales rasgos del aimara, que se reparten en: pronunciación y ortografía; vocablos; cosas menudas; modo de estudiar esta lengua y «de los verbos de llevar y de movimiento». El capítulo más extenso es el primero, que trata con cierto detalle los problemas de pronunciación y de ortografía de los fonemas aimaras que no tienen equivalentes en español. Bertonio descarta la posibilidad de inventar nuevos grafemas, aunque la considere la más correcta, porque «si no hubiere maestros de escuela que enseñen a pronunciar aquella nueva forma de letras, solamente el inventor dellas sabrá pronunciarlas».

17Por lo tanto, opta por la segunda posibilidad, que consiste en usar «de las misma letras que tenemos en romance duplicándolas, o acompañándolas con otras, o de otra manera, como mejor pareciere, a así duplicadas, y acompañadas se apliquen a la pronunciación que fuere menester».

18Al fin y al cabo, comenta Bertonio:

no es nuevo hacer esto, porque la lengua Italiana y Española usan de las mismas letras latinas, o las acompañan con otras, v.g. en esta dicción «Amarillo», aquellas dos ll se pronuncian differentemente que en latín, y para escribir esto mismo en italiano escribieran «Amariglio».

19Sigue a continuación una lista de 13 grafemas iniciales con grafía geminada, que corresponden a fonemas guturales y oclusivos. Sin embargo, al no tener la posibilidad de juntar a su diccionario un juego de cintas o un CD-rom, Bertonio tiene que explicar de alguna manera cómo se realiza la pronunciación de dichos sonidos. Ante todo, aconseja seguir en esto el método empírico, o sea preguntar «al indio ladino o al criollo que mamaron esta lengua con la leche [...] y advirtiendo como pronuncia el indio, procurar de pronunciar de aquella propia manera, haciendo hábito en las tales pronunciaciones».

20Sin embargo, se decide a dar también algunas indicaciones sobre la producción de los sonidos, es decir nociones de fonética articulatoria. Estamos aún lejos de la austeridad científica de las descripciones modernas, pero ganamos en el plano imaginativo y metafórico. Para dar a entender, por ejemplo, cómo se pronuncia el fonema «ka», acude a esta comparación: «apretando mucho la garganta como quien da castañeta».

21Por último, Bertonio insiste en las posibles equivocaciones que pueden derivarse de malas pronunciaciones, que pueden acarrear conflictos o ser causa de burlas y de risas. Uno de los ejemplos se refiere a la esfera de la sexualidad, y el latín le sirve de pantalla y le permite evitar el término tabú con un elegante eufemismo: «en lugar de algún vocablo honesto dirá otro que es torpe, como Hallu con aspiración significa «lluvia», o «aguacero», y sin ella quiere decir pudenda virorum».

22El segundo apartado se refiere al vocabulario y pondera la gran abundancia de voces en la lengua aimara, que se debe al hecho de que «en las acciones de las cosas no miran tanto al efecto como al modo con que se hace: y como este sea vario resulta dello grande variedad, y copia de vocablos».

23De ello se desprende que la categoría verbal es la más amplia y variada, lo que hace necesario un apartado en el que se presentan «los verbos de llevar y de movimiento». «Nosotros», dice el P. Bertonio, «para dezir llevar una cosa, no miramos más, sino que la cosa se pase de una parte a otra, y así hay un verbo general para personas y cosas qualesquiera que sean, que es el verbo llevar, y esto está recebido en la lengua romance».

24Al contrario, en la lengua aimara «los verbos de llevar y movimiento no solamente alcanzan nueva significación sobre la que tienen: sino muchas veces la mudan totalmente, según las partículas con que se componen».

25La lista de verbos de llevar y de movimiento es por ello muy nutrida, y da cabida a matices cuales: «llevar cosas largas», «llevar por delante muchas personas, o animales», «llevar loza», «levar como en litera o en peso», «levar arrastrando», «ir muchos juntos, personas, o animales», «caminar con la fresca de la tarde o mañana», «andar los niños», «andar los niños o los pájaros», «andar la culebra», etc.

26Al lado de estas observaciones técnicas sobre las características del léxico aimara, el P. Bertonio advierte también la influencia del español en el de la lengua autóctona, lo que produce una situación de hibridismo lingüístico. En efecto, «los indios usan ya de muchos vocablos tomados de la lengua española, o porque no las hay en la suya, o porque se les han pegado con el trato de los españoles».

27Frente a esta situación, la actitud del jesuita italiano dista mucho de las modernas preocupaciones en favor del purismo lingüístico, y ello una vez más se debe en última instancia a razones de eficacia y de oportunismo doctrinal. En este caso, es el uso el que determina el valor de un vocablo. Los ejemplos que proporciona se refieren a realidades importadas, como «candelero», «vinagrera», «sombrero». Aunque sería posible «inventarles nuevos términos en su lengua», sin embargo es mejor seguir usando los hibridismos, porque son «más recebidos y usados». Por último, siente la necesidad de disculparse por haber incluido en su vocabulario «algunos vocablos de cosas torpes», o sea términos vulgares y malsonantes. Sin embargo su conocimiento es importante para los confesores, los cuales «entenderán más fácilmente lo que se dice en confesión sabiendo los tales vocablos que no sabiéndolos, y servirán también para percebir mejor las circunstancias de los pecados, y aprenderlos con este fin no puede dañar».

28Otro fenómeno que señala el P. Bertonio con respecto al vocabulario aimara, está en el elevado porcentaje de sinónimos, a lo cual encuentra una explicación en la «redución de muchos pueblos, porque en cada uno habría alguna diferencia [...] juntándose después todos en un pueblo y comunicándose vinieron a usar para una misma cosa de otros vocablos que los moradores usaban, y los moradores de otros que eran propios de los advenedizos».

29Esta aguda observación hace hincapié en el estado primitivo de la lengua aimara, que efectivamente se encontraba fraccionada en diferentes dialectos que se fueron unificando en una lengua general común. Sin embargo, la presencia de muchos sinónimos es un obstáculo serio para el aprendiz de aimara; aunque podría excusarse su estudio en la comunicación del español con el indio, esto no es posible en la dirección contraria «porque no sólo hemos menester saber hablar con los indios, para lo cual bastarían menos vocablos, sino que también es necesario que sepamos entenderlos cuando ellos hablan».

30Al lado de estas observaciones acerca de las principales dificultades que plantea el estudio de la lengua aimara, el P. Bertonio añade un apartado de carácter pedagógico, en el que da algunos consejos prácticos para estudiar esta lengua. El motor de este aprendizaje se encuentra en el «deseo grande de salir con ella para procurar de veras la salvación de los indios: porque sin este despertador cesará todo el cuidado que en esto debe haber». El dominio de la lengua sólo se conseguirá con un constante ir y venir de la teoría, o sea los instrumentos lexicográficos y gramaticales, a la práctica, echando mano de los indios ladinos, aunque en esto «no hay duda sino que unos indios son más aptos, y entendidos que otros: y es bien hacer prueba de muchos».

31El vocabulario propiamente dicho se abre con una advertencia en la que su autor, entre otras cosas, comenta el asombro que puede causar la presencia de «vocablos de cosas que no tienen los indios: pero por que muchas veces se ofrece ocasión es forzoso tratar de ellas, no será tiempo perdido poner aquí los tales vocablos, y decir el modo como los indios podrán entenderlos».

32Un ejemplo de este método lo tenemos en la definición de la voz ‘abadesa’: tras dar una explicación en aimara, el lexicógrafo añade: «y cuando los indios estuvieren enterados en la significación de estos vocablos, bastará decir abad y abadesa: y lo mismo se hará en otros semejantes, y a dos o tres veces que los oigan por aquel circunloquio entenderán fácilmente lo que significa».

El Libro de la vida y milagros de Nuestro Señor

33La publicación de esta obra puede considerarse como la realización práctica del programa de evangelización mediante el empleo de la lengua materna de los indios. La obra persigue dos objetivos: uno lingüístico y otro doctrinal. Como vemos, en el P. Bertonio estas dos dimensiones están siempre íntimamente vinculadas. Dicha relación queda tajantemente encarecida por el autor en el prólogo:

  • 11 Todas las citas proceden de la editio princeps, citad...

porque no quiero persuadirme que uno se atreva a decir que para Indios bárbaros basta saber hablar en su lengua comoquiera, aunque sea con lenguaje muy bárbaro, pues esto sería decir que no es menester tomar con tanto cuidado el negocio de procurar la salvación de los indios, los cuales cuánto menos capacidad tienen tanto mayor traza es menester hallar para hacerlos capaces de lo que tanto han menester para salvarse, que aunque no se les hayan de enseñar grandes teologías, ni cosas tan delicadas que no puedan alcanzar con su ratero y corto entendimiento. Pero por el mismo caso que concedemos que algunas, y aun muchas cosas se les han de enseñar para ser cristianos, tanto como pueden serlo según su talento y auxilio del Cielo, es necesario también concedamos que eso mismo que se les ha de enseñar, poco o mucho que sea, conviene se les proponga con la claridad y fuerza de razón que el modo de su entender pide y requiere.11

34Como podemos apreciar, su autor mata dos pájaros de un tiro, ya que esta obra fue concebida «para saber la lengua Aymara a los que desean aprenderla con mucha perfección, y por medio della guiar al puerto de su eterna salvación a estos Indios Aymaraes».

35Para alcanzar este doble objetivo el P. Bertonio opta por «traduzir en lengua española algo que esté bien escrito en esta Aymara, tan universal en esta tierra». El texto elegido es: «el Vita Christi del Licenciado Alonso de Villegas, que se hallará al principio de su Flos Sanctorum». Se trata de una obra en prosa que da a conocer, en un estilo llano y directo, la figura ejemplar de Jesucristo, desde su ascendencia hasta su nacimiento, pasión y muerte. Se publicó al frente de uno de los muchos compendios de vidas de santos que florecieron a lo largo del siglo xvi, los populares Flos sanctorum. En este caso, el P. Bertonio elige la recopilación del dramaturgo toledano Alonso de Villegas, publicada en cinco tomos entre 1580 y 1603. Su autor es más conocido con el seudónimo de Selvago, del nombre de su comedia más famosa, la Comedia llamada Selvagia que se publicó en Toledo en 1554, una de las numerosas imitaciones de La Celestina y una de las primeras del teatro español en que aparece el personaje del indiano, o sea «el que ha ido a las Indias, que de ordinario éstos vuelven ricos», como explica Covarrubias en su Tesoro (1611). En realidad, se trata de una adaptación del texto de Villegas, «quitando y añadiendo algunas cosas según que a los padres desta casa mejor nos parecía». Esta operación de selección del material queda ya patente desde la portada de la obra, cuyo título completo reza Libro de la vida y milagros de Nuestro Señor Iesu Christo en dos Lenguas, Aymara y Romance, traducido de el que recopiló el Licenciado Alonso de Villegas, quitadas y añadidas algunas cosas, y acomodado a la capacidad de los Indios. Como se echa de ver, la obra se destina por su contenido a los indios, y por su forma a los sacerdotes españoles, ya que el mantenimiento de las dos versiones frente a frente hace hincapié en su función didáctica. Sin embargo, la versión en aimara ocupa la columna de la izquierda, la que se corresponde en general con la lengua original, y el texto español la de la derecha, o sea la que se reserva a la lengua terminal. Esto significa que de hecho, la operación del P. Bertonio ha sido doble: en un primer momento ha traducido el texto de Villegas al aimara, y en una segunda fase ha vertido este texto aimara al español. Para la primera etapa, es decir la traducción del español al aimara, el jesuita italiano nos informa que ha sido ayudado en su tarea por «un indio ladino deste pueblo de Iuli por nombre don Martín de Sancta Cruz Hanansaya del ayllo Cara, bien conocido en esta provincia [...] muy hábil para cualquier cosa de ingenio y entendimiento y aun para aprender cualquiera ciencia si le enseñasen».

36Es evidente que la colaboración de un nativo añade esmero y autoridad a la traducción, al tiempo que ofrece buenas garantías en materias de doctrina, puesto que el citado indio ladino es muy asiduo en lo tocante a la práctica devocional: «[ha] oído de ordinario los sermones y pláticas que en todo el discurso del año hacen los padres desta casa, que le ha importado mucho para entender mejor los misterios que en este libro se ponen».

37Con todo, a pesar de las evidentes cualidades del indio, quedaba aún pendiente la cuestión de la ortografía:

porque don Martín de Santacruz, aunque es tan aventajado en su lengua pero todo lo que escribiera en ella lo escribiera como si se hubiera de pronunciar en romanze, lo cual causará tanta confusión al que comienza a estudiar esta lengua, que sin falta perdiera la esperanza de poder aprender por lo que fuese leyendo.

38Por esta razón, el P. Bertonio se vio en la obligación de:

establecer la ortografía desta lengua para que se acierte a distinguir sus vocablos y a pronunciarlos. Y para que se tenga satisfacción que la deste libro y la del Vocabulario es bien trazada, di a entender al Indio la pronunciación que tengo aplicada a cada letra [...] y enterado dello el mismo Indio después sin decirle yo nada escribía los vocablos con la letra que su pronunciación pedía, y no con la confusión que antes solía.

39Estas afirmaciones parecen indicar que esta traducción le sirvió al P. Bertonio de ejercicio preliminar para la composición de su Gramática y de su Vocabulario, obras en las que sus reglas ortográficas presentan una forma más acabada. Al mismo tiempo, da a entender que el mismo indio intervino activamente también en la elaboración de las obras lexicográficas. Como podemos apreciar, la colaboración entre el padre jesuita y el indio ladino es muy estrecha y tiene un carácter de reciprocidad, simbolizando el binomio renacentista entre Arte y Naturaleza: el primero ofrece sus conocimientos librescos mientras que el segundo pone a disposición su competencia de hablante nativo.

40La segunda fase, la de la retraducción del texto aimara al español, es obra del propio Bertonio. Se trata de una traducción ad sensum, o sea atenta al significado, pero también, en lo posible, a la correspondencia de las categorías gramaticales, para que pueda cumplir con su cometido pedagógico, y por ello:

no va siguiendo rigurosamente el orden de las palabras de la otra lengua, sino que las va ordenando con anteponerlas, y posponerlas según fuere necesario, para que se entienda lo que en la otra se dice: guardando cuanto se sufre los modos, y tiempos que corresponden en cada lengua, traduziendo el nombre, por nombre, el verbo por verbo, y así cada una de las otras partes con que la oración se compone.

41El resultado de esta retraducción al español no puede ser muy elegante, y de ello se da cuenta su autor, quien se disculpa en una nota preliminar: «El estilo de este libro en lo que toca al romance va muy atado al frasi de la lengua Aymara, de donde resulta ser tosco y humilde mucho».

Conclusión

42Como se ha podido apreciar, en todas las obras lexicográficas del P. Bertonio la preocupación lingüística está siempre supeditada a la dimensión ética. En ocasiones, como se ha visto, el jesuita italiano no tiene reparos incluso en hacer violencia a la lengua española, su lengua adoptiva, porque esta operación le permite conseguir sus dos objetivos, doctrinal para los indios y pedagógico para sus correligionarios. Esta jerarquía de valores queda perfectamente ilustrada por la falta de traducción de los conceptos teológicos cristianos. Incluso el ‘nombre de Dios’ se deja tal cual, añadiéndole a lo sumo un sufijo (por ejemplo «Diosna»); así ocurre también con los nombres de «Jesu Cristo», «gracia», «patriarca», «cruz», «ángeles». El mismo fenómeno se observa con palabras que remitían a realidades desconocidas por los indios, como «judíos», «ovejas», «mercaderes», «elementos», etc. El caso de la voz «escritura», referida a la Sagrada Escritura, es muy significativo, en cuanto va más allá de su contenido teológico. En efecto, la noción de ‘escritura’ es extranjera a la cultura aimara, fundamentalmente de tipo oral. Son precisamente los jesuitas los que pretenden dar a esta cultura un soporte escrito, una ‘escritura’ que es a la vez sagrada y profana, a un tiempo medio y fin de su obra de evangelización.

Bibliographie

Bertonio, Ludovico, Confesionario muy copioso en dos lenguas aymará y española con una instrucción acerca de los siete sacramentos de la Santa Iglesia, Juli, 1612.

___________________, Libro de la vida y milagros de Nuestro Señor Iesu Christo en dos Lenguas, Aymara, y Romance, traducido de el que recopilo el Licenciado Alonso de Villegas, quitadas, y añadidas algunas cosas, y acomodado a la capacidad de los Indios por el Padre Lvdovico Bertonio, italiano dela Compañia de Iesus en la Prouincia de el Piru natural de Rocca contrada de la Marca de Ancona dedicado al illvstrissimo y reverendissimo Señor don Alonso de Peralta primer Arçobispo de los Charcos, Impresso en la Casa de la Compañia de Iesus de Iuli Pueblo en la prouincia de Chucuyto por Francisco del Canto, 1612.

___________________, Vocabulario de la lengua aymara. Primera parte, donde por abecedario se ponen en primer lugar los vocablos de la lengua española para buscar los que les corresponden en la lengua Aymara compuesto por el Padre Lvdovico Bertonio italiano dela Compañia de Iesus en la Prouincia de el Piru natural de Rocca contrada dela Marca de Ancona, dedicado al illvstrissimo y Reuerendissimo Señor Don Fray Domingo Valderrama Centeno Maestro en sancta Theologia, Arçobispo, y primer Obispo de la Paz, del consejo de su Magestad, Impresso en la Casa de la Compañia de Iesus de Iuli Pueblo en la prouincia de Chucuyto por Francisco del Canto, 1612.

___________________, Vocabulario de la lengua aimara (1612), La Paz: Ceres, 1984, 387 p.

___________________, Confesionario muy copioso en dos lenguas aymará y española con una instrucción acerca de los siete sacramentos de la Santa Iglesia, Lima: ed. Tavel, 2003, 350 p.

Canónica, Elvezio, «Le poesie spagnole del Basile nel canzoniere del Duca d’Alba» in: Patrizia Botta, Carmen Parrilla, Ignacio Pérez Pascual (eds.), Canzonieri iberici, Actes du Colloque International de Padoue (du 27 au 30 mai 2000), La Coruña: Universidad de La Coruña, 2001, t. II, p. 167-188.

__________________, «Poesia translingue italo-spagnola fra Cinque e Seicento: alcune prospettive di ricerca», in: Antonella Canceller, Renata Londero (eds.), Atti del XIX Convegno dell’Associazione degli Ispanisti Italiani (Roma, 16-18 settembre 1999), Padova: Unipress, 2001, p. 85-95.

___________________, «Producción española de autores italianos (siglos xvi-xvii)», in: María Luisa Lobato, Francisco Domínguez Matto (eds.), Memoria de la palabra. Actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO) (Burgos-San Millán de la Cogolla, 15-19 juillet 2002), Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2004, vol. I, p. 447-457.

___________________, «Venere translingue: scrittura amorosa in spagnolo di autori italiani, fra Cinque e Seicento», in: La penna di Venere. Scritture dell’amore nelle culture iberiche, Atti del XX Convegno (Firenze 14-16 marzo 2001), Lippolis: Messina 2002, p. 59-69.

___________________, «Un canzoniere secentesco italo-spagnolo di contenuto agiografico», in: Andrea Baldissera, Giuseppe Mazzochi (eds.), I Canzioneri di Lucrezia, Los cancioneros de Lucrecia, Atti del Convegno Internazionale sulle raccolte poetiche iberiche dei secoli xv-xvii (Ferrara, 7-9 ottobre 2002), Padova: Unipress, 2005, p. 487-502.

Eco, Umberto, La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea, Laterza: Roma-Bari, 1993, p. 372-373.

Layme Pairumani, Félix, «Ludovico Bertonio y lengua Aimara», Revista Andina, no 1, julio 1984, Lima.

Suárez Roca, José Luis, Lingüística misionera española, Oviedo: Pentalfa ediciones, 1992, 324 p. 

Tavel, Iván, «Ludovico Bertonio, el primer etnólogo del mundo aimara», Yachay no 13, s.a., p. 77-88.

Torres Saldamando, Enrique, Los antiguos jesuitas del Perú, Lima: 1892, 416 p.

Notes

1 Ver, entre las publicaciones más recientes, Félix Layme Pairumani, «Ludovico Bertonio y lengua Aimara», Revista Andina, no 1, julio 1984, Lima y asimismo Iván Tavel, «Ludovico Bertonio, el primer etnólogo del mundo aimara», Yachay no 13, s.a., p. 77-88. Véase también las páginas a él dedicadas por José Luis Suárez Roca, Lingüística misionera española, Oviedo: Pentalfa ediciones, 1992.

2 Cito por la edición italiana: Umberto Eco, La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea, Laterza: Roma-Bari, 1993, p. 372-373.

3 Umberto Eco afirma que Bertonio tendría la sospecha que la causa de la gran perfección de la lengua aimara estribaría en un «artificio». Esta apreciación, al no ir acompañada por ninguna cita textual, hace surgir la sospecha de que la mención de Bertonio por parte de Eco es una típica cita de segunda mano, probablemente procedente del texto citado a continuación en su ensayo (y cuya referencia bibliográfica brilla por su ausencia en la bibliografía final): La lengua de Adán, obra publicada en 1860 por el lingüista boliviano Emeterio Villamil de Rada, inspirada en las ideas lingüísticas del romanticismo alemán (en particular la obra de Schlegel: Uber die Sprache und Weisheit der Inder de 1808). A continuación, el estudioso italiano aduce una cita de una publicación mimeografiada – por lo tanto de acceso muy problemático – en la cual varios autores ponderan la especial ‘traducibilidad’ de la lengua aimara. Estos reparos mínimos al ensayo de Umberto Eco no pretenden de ninguna manera disminuir el alcance de esta obra, cuyo enfoque es muy amplio (desde el Génesis hasta nuestros días), sino tan sólo llamar la atención acerca de la utilización de las fuentes, a veces algo desenvuelta.

4 Esta temática constituye el campo de trabajo en el que se funda un proyecto de investigación a cargo del que escribe estas líneas y que se está actualmente llevando a cabo en el marco del equipo Erpi (Equipe de Recherche sur la Péninsule Ibérique) de la universidad de Burdeos. Doy una visión de conjunto sobre este fenómeno en las siguientes contribuciones: Elvezio Canónica, «Poesia translingue italo-spagnola fra Cinque e Seicento: alcune prospettive di ricerca», in: Antonella Cancellier, Renata Londero (eds.), Atti del XIX Convegno dell’Associazione degli Ispanisti Italiani, Padova: Unipress, 2001, p. 85-95; Elvezio Canónica, «Producción española de autores italianos (siglos xvi-xvii)», in: María Luisa Lobato, Francisco Domínguez Matito (eds.), Memoria de la palabra. Actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (Aiso), Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2004, vol. I, p. 447-457. En otros trabajos presento aspectos más puntuales de la misma problemática: en Elvezio Canónica, «Le poesie spagnole del Basile nel canzoniere del Duca d’Alba» in: Patrizia Botta, Carmen Parrilla, Ignacio Pérez Pascual (eds.), Canzonieri iberici, Actes du Colloque International de Padoue, du 27 au 30 mai 2000, La Coruña: Universidad de La Coruña, 2001, t. II, p. 167-188, en Elvezio Canónica, «Venere translingue: scrittura amorosa in spagnolo di autori italiani, fra Cinque e Seicento», in: La penna di Venere. Scritture dell’amore nelle culture iberiche, Atti del XX Convegno, Firenze 14-16 marzo 2001, Lippolis: Messina 2002, y Elvezio Canónica, «Un canzoniere secentesco italo-spagnolo di contenuto agiografico», in: Andrea Baldissera, Giuseppe Mazzochi (eds.), I Canzioneri di Lucrezia, Los cancioneros de Lucrecia, Atti del Convegno Internazionale sulle raccolte poetiche iberiche dei secoli xv-xvii, Padova: Unipress, 2005.

5 Cito por la princeps, Ludovico Bertonio, Libro de la vida y milagros de Nuestro Señor Iesu Christo en dos Lenguas, Aymara, y Romance, … Impresso en la Casa de la Compañia de Iesus de Iuli Pueblo en la prouincia de Chucuyto por Francisco del Canto, 1612.

6 Ver Enrique Torres Saldamando, Los antiguos jesuitas del Perú, Lima: 1892, p. 170.

7 Esta obra ha sido recientemente reeditada por Iván Tavel (ver Ludovico Bertonio, Confesionario muy copioso en dos lenguas aymará y española con una instrucción acerca de los siete sacramentos de la Santa Iglesia, Lima: ed. Tavel, 2003).

8 Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aimara, La Paz: Ceres, 1984.

9 Todas las citas proceden de la editio princeps: Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara. Primera part, …, Impresso en la Casa de la Compañia de Iesus de Iuli Pueblo en la prouincia de Chucuyto por Francisco del Canto, 1612.

10 «Los» se refiere a los divinos misterios.

11 Todas las citas proceden de la editio princeps, citada en la nota 4.

Pour citer ce document

Elvezio Canónica, «La lengua Aimara como instrumento de evangelización en la obras ‘translingües’ de Ludovico Bertonio», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, Pouvoirs et écritures, mis à jour le : 01/05/2017, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/265.

Quelques mots à propos de :  Elvezio  Canónica

Professeur des Universités

Ameriber - Université Bordeaux Montaigne