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Líneas
Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

11 | 2018 L'âge des minorités

Hugo Alberto Finola

Miguel León-Portilla: recuperar la antigua palabra

Article

L’article reflète l’effort de Miguel León-Portilla (Mexico, 1926) pour sauver les voix silencieuses de l’ancien peuple Nahuatl, avec la conviction que ces voix et leur contenu persistaient dans le substratum de la culture mexicaine de leur temps. De ce point de vue, León-Portilla cherche à démontrer que le peuple nahuatl aurait pratiqué une vraie philosophie, tout en essayant de répondre aux mêmes questions et problèmes humains que la discipline pose depuis sa création. Nous allons analyser le travail de León-Portilla comme un effort d’auto-valorisation de l’Américain qui anticipe l’option décoloniale, soutenu par deux arguments : premièrement, les productions culturelles des anciens Mexicains étaient comparables à celles de l’envahisseur européen, bien que le développement technologique disparate eût scellé sa défaite militaire. Deuxièmement, cette culture vaincue n’a pas été détruite, et le présent du peuple mexicain ne peut être compris qu'à condition d'assumer que le passé fonctionne comme substrat.

This paper reflects the effort of Miguel León-Portilla (Mexico City, 1926) to rescue the silenced voices of the ancient Nahuatl people, with the conviction that these voices and their contents persisted in the substratum of the Mexican culture of their time. From this perspective, León-Portilla seeks to demonstrate that the Nahuatl people would have practiced a true philosophy, while trying to answer the same questions and human problems that the discipline has been posing since its inception. We will analyze the work of León-Portilla as an effort of self-valuation of the American that anticipates the de-colonial option, supported by two arguments: first, that the cultural productions of the ancient Mexicans were comparable with that of the European invader, although the disparate technological development would have sentenced his military defeat. The other, that this defeated culture was not destroyed, and that the present of the Mexican people can only be understood if the past that operates as a substratum is assumed.

El artículo refleja el esfuerzo de Miguel León-Portilla (México DF, 1926) por rescatar las voces silenciadas del antiguo pueblo náhuatl, con el convencimiento de que esas voces y sus contenidos persistieron en el sustrato de la cultura mexicana de su tiempo. Desde esa perspectiva, León-Portilla busca demostrar que el pueblo náhuatl habría practicado una verdadera filosofía, en tanto intentó responder los mismos interrogantes y problemas humanos que la disciplina se viene planteando desde sus inicios. Analizaremos el trabajo de León-Portilla como un esfuerzo de autovaloración del americano que anticipa a la corriente denominada «opción de-colonial», apoyado en dos argumentos: el primero, que las producciones culturales de los antiguos mexicanos eran comparables con las del europeo invasor, aunque el desarrollo tecnológico dispar hubiera sentenciado su derrota militar. El otro, que esa cultura derrotada no fue destruida, y que solo se puede entender el presente del pueblo mexicano si se asume el pasado que opera como sustrato.

Texte intégral

Introducción

  • 1 Aníbal Quijano, «Colonialidad del poder y clasificació...

1La teoría u opción de-colonial podría considerarse una variante latinoamericana de las teorías poscoloniales que comenzaron a desarrollarse a fines de la década de 1970, por intelectuales provenientes de excolonias europeas de Asia y África. Todas ellos aportan la novedad de analizar el fenómeno del colonialismo desde la perspectiva de la dominación epistémica como «refuerzo» de la económica y la política. Anteceden también a la visión de-colonial en el interés por rescatar la experiencia del subalterno, y de deconstruir el paradigma de la razón eurocéntrica. Sin embargo, las principales diferencias entre la teoría poscolonial y la opción de-colonial radican en que la mayoría de los trabajos sobre poscolonialismo están enraizados en la problemática de la descolonización de África y Asia, y se remontan históricamente a lo que podríamos llamar una segunda colonización, la que llevan a cabo especialmente Inglaterra, Alemania y Francia. América Latina, fruto de una primera oleada colonizadora (la de España y Portugal) no siempre fue considerada. Además, las corrientes de-coloniales introdujeron como una de sus ideas eje el concepto de «colonialidad»1, que intenta reflejar un fenómeno más profundo que el «colonialismo», fenómeno enraizado en la subalternidad racial y dimensión constitutiva de la modernidad que abarca aspectos epistemológicos y ontológicos.

2Más allá de la indudable influencia de las corrientes poscoloniales en el de-colonialismo, podemos encontrar en pensadores americanos de la posguerra verdaderos desarrollos autóctonos de un pensamiento consciente de la situación colonial que se vivía no solo a nivel político y económico sino también, y sobre todo, epistémico.

3De entre estos pensadores queremos destacar al mexicano Miguel León-Portilla. El propósito del artículo es analizar el enfoque original que desarrolló León-Portilla para narrar una historia local, contradiciendo al que fuera construido por la historia ilustrada. Nos encontraremos con el esfuerzo de un autor por rescatar las voces silenciadas del antiguo pueblo, pero desde el convencimiento de que esas voces y sus contenidos persisten en el sustrato de la cultura mexicana de su tiempo. Además, que pueden constituir un aporte no solo a la comprensión de su presente en particular, sino también al saber universal, aportando puntos de vista propios sobre la condición humana en general. León-Portilla sostendrá que el pueblo náhuatl practicó una verdadera filosofía, en tanto intentó responder los mismos interrogantes y problemas humanos que en el inicio de la disciplina se plantearon, por ejemplo, los antiguos griegos. Parte de las pruebas que ofrecerá para sostener su posición son las mismas opiniones de los colonizadores, especialmente los misioneros que estuvieron en contacto y en controversia con los sabios del pueblo. Además, y como parte de esa reivindicación del sujeto silenciado, nos presentará a partir de los materiales recogidos a un pueblo con conciencia histórica, registrada con singulares métodos gráficos equivalentes de algún modo a la escritura. Esa conciencia histórica les permitió interpretar y dialogar con los conquistadores sobre la conquista y dominación a la que estaban siendo sometidos.

  • 2 Enrique Dussel será quien introduzca en la filosofía l...

4León-Portilla no propone un modelo epistémico diferente al occidental, aunque vislumbre posibilidades de abrirlo a partir de las «ventanas conceptuales» que nos ofrecen la cosmovisión y las prácticas reflexivas nahuas. Más bien busca mostrar cómo la filosofía y la historia construidas por el antiguo pueblo, pero transmodernamente2 presentes en la cultura mexicana actual, son comparables con lo que occidente ha denominado filosofía, literatura e historia.

Devolver la voz y la conciencia al americano

  • 3 Es ya un lugar común entre los teóricos de la opción d...

5No podemos pensar que los cinco siglos que nos separan de la invención de América3 por parte de los europeos hayan sido siglos de silencio absoluto para los habitantes originarios y más tarde para los mestizos. Mucho menos que el pensamiento y la creación cultural se hubieran ausentado de la vida de los pueblos. Pero sí es cierto que en la medida en que la voz les fuera negada (incluso con la prohibición de las lenguas originarias y la imposición de los idiomas imperiales primero, y los nacionales más tarde), se fue generando la noción, en los centros de poder y entre los mismos colonizados, de no tener una voz propia y, desde otra perspectiva, un locus de enunciación. Con inteligencia y pasión, el mexicano Miguel León-Portilla comenzó a través de su obra a devolver historia, voz y pensamiento a los considerados sin historia, en el momento en que se iba consolidando epistémicamente la noción de Tercer Mundo. Y lo hizo no por un mero interés etnohistórico o indigenista, sino por el convencimiento de que no podía llegar a entenderse el presente mexicano, sin asumir que su historia se remontaba mucho más allá de la llegada de los españoles, a la existencia de una cultura cuyos agentes incluso podían identificarse e individualizarse y que no eran una mera producción anónima y folclórica. Esa cultura poseía una conciencia histórica y los medios para conservarla y trasmitirla más allá de la oralidad. Y el punto que tal vez menos menciona el autor en las obras que abordamos, pero que más nos interesa en nuestro trabajo: cultura que no ha muerto, sino que pervive allí donde muchas veces se la quiere negar pero cuya negación acarrea el permanente sentimiento de frustración, inautenticidad e inferioridad presente en los pueblos colonizados.

  • 4 Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl estudiada e...

  • 5 Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, México D...

  • 6 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través ...

  • 7 Miguel León-Portilla, Trece poetas del mundo Azteca, M...

6Consideramos para este trabajo cuatro libros del autor que van desde mediados de los años 50 a mediados de los 60: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956)4, Visión de los vencidos (1959)5; Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares (1961)6 y Trece poetas del mundo azteca (1967)7. La séptima edición del primero (1993) incluye un interesante apéndice tercero en el que el autor recoge e intenta responder a críticas, sobre todo de tipo historiográfico, que el libro recibiera a lo largo de más de treinta años. El apéndice tiene un sugerente título: ¿Nos hemos acercado a la antigua palabra? Consideraciones críticas en torno a la filosofía náhuatl; y si bien su contenido y su finalidad escapan a nuestro cometido, es muy rico en cuanto a los métodos hermenéuticos que ensaya al comparar los testimonios y las ideas transcritos en las relaciones y cantos, con los símbolos guardados en los monumentos arqueológicos y códices. Además, realiza un esfuerzo por probar que realmente existía la escritura entre los nahuas, y que los testimonios con los que contamos ahora no son una mera transcripción de relatos orales, sino que tienen un respaldo gráfico. En ese sentido interpreta la expresión «seguir el camino del libro» (amoxohloca), utilizada por los mesoamericanos, para significar que preservaban y trasmitían oralmente sus conocimientos acudiendo al contenido de libros:

  • 8 Ibid., p. 435.

Si damos fe a los testimonios de Olmos, Motolinía, Durán, Sahagún, Landa, Burgoa —y no hay razón para negársela, al menos en esto— los mesoamericanos preservaban y trasmitían oralmente sus conocimientos acudiendo al contenido de sus libros. Amoxohloca, «seguir el camino del libro», era la forma de proceder en la descodificación. No fue, por tanto, un mero transvasar la oralidad en escritura lineal alfabética. Existían libros e inscripciones en Mesoamérica.8

7A lo largo de las casi cuarenta páginas que abarca este extenso apéndice, y valiéndose incluso de imágenes y fotografías, León-Portilla va relacionando con minuciosidad testimonios trascritos por los cronistas españoles, con la simbología presente en distintos monumentos y códices de la cultura nahua, anteriores a la llegada de los europeos. Si bien el detalle del contenido del apéndice escapa a los alcances de nuestro trabajo, lo traemos a colación porque ayuda a situar al libro en un nivel que sí nos compete. El interés de esta obra, más que de las otras citadas, es epistémico. León-Portilla quiere probar que la cultura de los antiguos nahuas, a la llegada del invasor, había arribado a un grado tal de desarrollo que poseía verdadera filosofía, producida por un grupo especializado, a cuyos integrantes los mismos cronistas españoles habían catalogado como «philosophos». Para ello sostendrá una concepción de filosofía que, más que en proposiciones lógicas, se apoya en la poesía y la metáfora; pero que a su vez va más allá del mito, por lo abstracto y universal de sus planteos. La referencia constante a expresiones filosóficas de occidente para establecer comparaciones, paralelismos y contrastes, pero desde una actitud asertiva que para nada denota inferioridad o duda en su posición, lo sitúa conscientemente en una frontera cultural.

  • 9 Jaime Vieyra, «Miguel León-Portilla y el legado cultur...

8El interés de las otras tres obras estudiadas pasará por mostrar que existe una visión de los que resultaron vencidos, «una perspectiva cultural autóctona de lo propio y lo ajeno en torno a cuestiones centrales como tradición, saber y valores»9. Un relato de la historia de la conquista basado esta vez no en las crónicas de los españoles (que también tomará como fuente, pero haciendo un notable rescate de las voces de los mexicanos que aparecen en ellas), sino en los relatos y, sobre todo, los cantares de los nahuas.

  • 10 «La expresión idiomática, in xóchitl, in cuicatl, que...

  • 11 Siguiendo a Ángel María Garibay, caracteriza el difra...

9Son precisamente los cantares (llamados «flor y canto»10 según un modo de expresión en sí mismo poético y metafórico llamado «difrasismo»11, propio de la expresión de los nahuas) el elemento más característico, según León-Portilla, del pensamiento de los antiguos mexicanos. En ellos encontrará la filosofía y también el medio de contar la historia del pueblo. Pero el trabajo del autor no se detiene exclusivamente en los cantares sino que se mueve dentro de un círculo hermenéutico que va de los cantares a la monumentalidad, a la pictografía, a los relatos recogidos por algunos españoles en su idioma original o transliterado del náhuatl por indígenas o mestizos. Así, se vale de una pluralidad de fuentes nunca aisladas sino vinculadas de modo de ir, entre todas, armando unas veces una narración «histórica», y un pensamiento filosófico otras.

  • 12 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, ibid., p. 26...

10En la introducción de La filosofía náhuatl, León-Portilla nos ofrece un inmenso elenco de fuentes, tanto escritas como pictóricas o monumentales. Al final de la enumeración, considera que las fuentes más importantes son los textos en náhuatl recogidos por Fray Bernardino de Sahagún en lo que ha sobrevivido de su Historia General de las Cosas de Nueva España (censurada en su momento por sus posiciones «indigenistas») y en el libro de Los Colloquios; la colección de Cantares Mexicanos y el original en náhuatl de los Anales de Cuauhtitlán. Todos ellos, nos dice, comparten la suerte de haber sido los menos tenidos en cuenta por los investigadores, precisamente por encontrarse en náhuatl. Irónicamente, son los que narran en primera persona, los que presentan «más objetivamente» el punto de vista del mexicano, «las opiniones de los mismos contadas por ellos mismos», en fin, los que nos hacen presente su voz12. Al hablar de «más objetivamente» nos puede resonar un tanto ingenuo, y seguramente muchos se lo habrán hecho notar oportunamente, razón por la cual en la séptima edición, de 1993, incorpora el ya citado apéndice tercero en el que contrasta críticamente los relatos y cantares con otras fuentes contemporáneas, como monumentos, objetos arqueológicos y en forma especial los códices. Sus pinturas y glifos eran, según el autor, no solo nemotécnicas sino un verdadero sistema de escritura –en el caso de algunos códices mayas logosilábica, estadio al que no habrían llegado los glifos ideográficos y silábicos de los nahuas– del que se valían los antiguos para conservar sus relatos, ideas y tradiciones.

  • 13 Ver Ibid., p. 400.

Sahagún y otros, como fray Andrés de Olmos y los ya citados Motolinía y Durán, sostienen que, acudiendo a tal género de libros, hicieron el transvase de numerosos textos en náhuatl, pasándolos a escritura lineal alfabética. Se conservan algunos textos – como la Leyenda de los Soles y los Andes de Cuauhtitlán–, en los que, según veremos, es patente que fueron obtenidos a través de la «lectura» o amoxohloca de uno o varios códices.13

11El apéndice segundo reúne todas las fuentes nahuas citadas por el autor en su idioma original, transliteradas, tal como aparecen en los antiguos relatos.

Una filosofía náhuatl

  • 14 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos…, op. ci...

  • 15 Entre ellos, el autor rescata los nombres de Nezahual...

12El título La filosofía náhuatl resulta en sí mismo provocador, porque expresa desde el comienzo una posición del autor que todavía hoy es discutida, al punto de ponerse en dudas el ejercicio mismo de la filosofía en Latinoamérica, pero que León-Portilla asume sin complejos. Hablando desde una perspectiva de ampliación de fronteras propia del pensamiento filosófico contemporáneo, considera que el abordaje racional que realizaron los tlamatinime o sabios nahuas para responder preguntas o resolver problemas relacionados con la existencia propiamente humana, no tiene por qué renunciar a ser considerado filosofía. De hecho, rescata verdaderas reuniones de tlamatinime destinadas a elucidar cuestiones en forma colectiva, análogas a las casi contemporáneas quaestiones disputatae medievales. En Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares recoge uno de estos encuentros, como muestra del nivel de reflexión que los mismos nahuas tenían sobre su producción intelectual y artística, aspectos inseparables para aquella cultura. «Hacia 1490, el señor Tecayehuatzin, rey de Huexotzinco, organizó en su palacio un diálogo de poetas y sabios para tratar de esclarecer qué cosa era la poesía»14. Enumerados con sus nombres propios15, los sabios confrontan cantares con el fin de dilucidar, junto al significado de la poesía, el sentido de la vida:

  • 16 Ibid.

Estos sabios que pronto mostraron su hondo sentido poético, compusieron cantares y poemas para expresar lo más hondo de su pensamiento. Se trata de pequeños textos en los que van apareciendo preguntas de hondo sentido filosófico. Las cuestiones que el hombre de todos los tiempos se ha ido proponiendo en las más distintas formas.16

13A modo de ejemplo, tanto del proceder de los tlamatinime como del autor, ofrecemos un breve poema sobre la veracidad del hombre y su expresión profunda, flor y canto, más el comentario de León-Portilla sobre el mismo:

¿Acaso son verdad los hombres?

Porque si no, ya no es verdadero nuestro canto.

¿Qué está por ventura en pie?

¿Qué es lo que viene a salir bien?

  • 17 Ibid., p. 122.

Para comprender mejor este poema, diremos sólo que verdad, en náhuatl, neltiliztli, es término derivado del mismo radical que tla-nélhuatl: raíz, del que a su vez directamente se deriva: neihuá-yotl: cimiento, fundamento. No es, por tanto, mera hipótesis el afirmar que la sílaba temática nel- connota originalmente la idea de «fijación sólida, o enraizamiento profundo». En relación con esto, puede, pues, decirse que etimológicamente verdad, entre los nahuas, era en su forma abstracta (neltiliztli) la cualidad de estar firme, bien cimentado o enraizado. Así se comprenderá mejor la pregunta del texto citado: ¿Acaso son verdad los hombres?, que debe entenderse como: ¿acaso poseen los hombres la cualidad de ser algo firme, bien enraizado? Y esto mismo puede corroborarse con la interrogación que aparece dos líneas después, en la que expresamente se pregunta, ¿qué está por ventura en pie?, lo cual puesto en relación con las afirmaciones hechas sobre la transitoriedad de las cosas, adquiere su más completo sentido.17

14Basado en su conocimiento tanto del idioma original como de la filosofía occidental, León-Portilla plantea una suerte de exégesis dialogante que acaso pueda parecer forzada, o al menos arriesgada, ya que se desplazan a categorías occidentales/abstractas significados simbólicos de expresiones poéticas. Nada diferente, en todo caso, a lo que una importante tradición de la filosofía occidental hiciera con los mitos y el lenguaje poético de la Biblia, o con poemas helénicos con los que se expresaran los que actualmente la tradición reconoce como «protofilósofos». Precisamente, el autor se apoya en la lectura que occidente ha hecho de las sentencias de Heráclito o los poemas de Parménides, para afirmar que los cantares y otras expresiones nahuas deben ser consideradas reflexiones filosóficas:

«¿Son llevadas las flores al reino de la muerte?

¡Es verdad que nos vamos, es verdad que nos vamos!

¿A dónde vamos, ay, a dónde vamos?

¿Estamos allá muertos o vivimos aún?

¿Otra vez viene allí el existir?»

  • 18 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, op. cit. p. 50.

Y así como esto, nos salen al paso en incontables ocasiones discursos y poemas, que con igual derecho que las sentencias de Heráclito, el poema de Parménides o los himnos védicos, merecen ser tenidos por reflexiones filosóficas.18

  • 19 Martín Heidegger, «Hölderlin y la esencia de la poesí...

  • 20 Juan David García Bacca, «Comentarios a La Esencia de...

15Mas no es de extrañar que, en ese contexto, el filósofo a quien recurre para justificar su posición sea Martín Heidegger, citado dos veces en La filosofía náhuatl…, para sostener que la poesía es una forma de expresión metafísica en base a la metáfora. En la primera cita, el pensar de Heidegger es traído a través del aporte del filósofo español Juan David García Bacca. Comentando el libro de Heidegger Hölderlin y la Esencia de la Poesía 19, García Bacca expresa que: «Meta-fora y Meta-física son en el fondo y raíz una sola función: poner las cosas más allá, (meta), plus ultra..20. La segunda referencia que hace de Heidegger es más interesante, ya que traza un paralelo entre la búsqueda de un fundamento que realizan los sabios nahuas a través de la poesía, y la que hace el filósofo alemán con el mismo recurso. León-Portilla parte de lo que para él ha sido una de las experiencias originales de los tlamatinime, la transitoriedad y la fragilidad de lo que existe:

  • 21 Miguel León-Portilla, La filosofía…, ibid., p. 318.

Semejante experiencia suscitó bien pronto en la mente náhuatl una doble pregunta, la primera de sentido práctico y especulativa la segunda: «¿Sobre la tierra, vale la pena ir en pos de algo?» y «¿acaso hablamos algo verdadero aquí?». Y como la verdad es lo que da cimiento a las cosas, la última pregunta pronto se desdobló en otras dos más precisas y apremiantes aún: «¿Que está por ventura en pie?», y «¿son acaso verdad los hombres?». O sea, en otras palabras, ¿tienen cimiento y verdad cosas y hombres o sólo son como un sueño: como lo que se piensa mientras uno despierta?21

  • 22 Ibid., p. 319.

  • 23 Ibid.

16De ese aparente sinsentido, y según la interpretación del autor, los tlamatinime encontraron una respuesta en el conocimiento metafísico, elaborando a partir de la experiencia poética de flor y canto la metáfora suprema de Ometéotl, «el dios de la dualidad, el inventor de sí mismo, generación-concepción cósmica, dueño del cerca y del junto, invisible como la noche e impalpable como el viento, origen, sostén y meta de cosas y hombres»22. Así, «en base de metáforas, concebidas en lo más hondo del ser, o tal vez ‘provenientes del interior del cielo’, con flores y cantos, es como puede apuntarse de algún modo a la verdad»23. Es en este punto donde establece un paralelo con el trabajo de Heidegger de 1954 (contemporáneo al suyo) Aus der Erfahrung des Denkens, libro en el cual el pensamiento filosófico se expresa a través de poesía y aforismos, de entre los cuales cita textualmente:

Tres peligros amenazan el pensar.

El peligro bueno, y por ello salvador, es la vecindad del poeta que canta.

El peligro protervo, y por ello más agudo, es el mismo pensar. Debe pensar contra sí mismo, de lo que rara vez es capaz.

  • 24 Martín Heidegger, Desde la experiencia del pensar: de...

El peligro malo, y por ello confuso, es el filosofar.24

17Así, León-Portilla quiere mostrar, en la figura de uno de los filósofos occidentales más reconocidos de su época, que no es antojadizo pensar que verdaderamente los caminos que los sabios nahuas abrieron en búsqueda de la verdad y el fundamento de la existencia, podían ser considerados, con toda propiedad, filosofía.

  • 25 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, p. 225.

  • 26 Ver Ibid., p. 138 y 147.

  • 27 Ver Ibid., p. 110.

  • 28 Ver Ibid., p. 143.

  • 29 Ver Ibid., p. 222.

18Si bien es difícil encontrar en la obra una definición de filosofía, está llena de pistas de lo que el autor considera como tal a la hora de hablar de una filosofía náhuatl. En primer lugar, más que una disciplina es una práctica reflexiva hecha por un grupo especializado pero transmitida a través de la educación, que en el caso de los nahuas y según León-Portilla, era universal y obligatoria25. Además, era una práctica en evolución, no solo transmisión de tradiciones, como vimos en el encuentro de los sabios-poetas en Huexotzinco. Trasciende la religión, planteándose problemas del más allá (un mundo trascendente) desde la razón y expresándolos en forma poética26. Su principal inquietud es la búsqueda de un fundamento. Como la metafísica de todas las civilizaciones, la náhuatl será una exigencia lógica de fundamentación del mundo: qué es lo que hace estar a las cosas en pie, aquello con raíz, esto es, según la hermenéutica del autor, «lo verdadero»27. Arribando a la conclusión de que lo único verdadero, en una vida que se muestra siempre cambiante sobre esta tierra, son los poemas, «flor y canto»28. Seguramente la forma más correcta de entender esta sentencia es considerando todo el proceso de interrogación, búsqueda y composición/respuesta que se engloba en este nombre como resultado final. A la vez, esta búsqueda de fundamento tiene un sentido de filosofía práctica, guiar el comportamiento de las personas. Por eso el conocimiento alcanzado es transmitido, educar es un arte que consiste en la incorporación de las jóvenes generaciones a la comunidad29.

  • 30 Ver Ibíd., p. VIII.

  • 31 Ver Ibíd., p. X.

19El Profesor Ángel María Garibay, director de la tesis de León-Portilla cuyo producto final fue La filosofía náhuatl… y autor del prólogo de esta obra, reafirma la posición de su discípulo cuando dice que la filosofía es un conato de explicar los problemas de la existencia humana que no tiene por qué ajustarse a moldes. Los hombres de todos los tiempos y culturas tuvieron necesidad de la filosofía, y una expresión de esta es la que nos ofrecen, en su idioma, quienes formaron parte de la cultura náhuatl y que buscaban por sus vías comprender y resolver los problemas humanos30. Esta es la que aborda la obra, sin buscar la comparación según Garibay, porque ya no se cree en la existencia de una filosofía única para toda la humanidad. Se comparten normas, pero la libertad en el pensar y la originalidad en el ver no tienen límites, y el valor de cada filosofía radica en su propia construcción31. Sin embargo, podríamos criticar cierta tendencia evolucionista en la concepción de cultura de León-Portilla, y el hecho de seguir poniendo a la razón como el ápice de la cultura. No es del todo cierto lo que dice Garibay, en cuanto a una supuesta ausencia de comparaciones con otras producciones intelectuales: el medir la estatura de la producción filosófico/cultural comparándola con occidente es una tentación latente en muchas partes de la obra. Dando un paso más allá, podríamos cuestionar la pertinencia o no de reivindicar las ideas y la cultura náhuatl frente a la cultura moderna/colonial a través de su asimilación a un modelo eminentemente occidental, como es el de la reflexión filosófica.

20Sin pretender dar una respuesta concluyente, conscientes de que León-Portilla transitó por un camino fronterizo, que en cualquier momento podría entrar de lleno en un terreno que terminara, en nombre de una reivindicación, anulando la originalidad tanto del pensamiento de los antiguos mexicanos como de su forma de expresión, quisiéramos examinar más detenidamente qué es lo que el autor entendió por «filosofía».

21Por un lado, como hemos visto, León-Portilla toma posición por una concepción de filosofía que ensancha sus márgenes incorporando, si se nos permite la expresión, otras racionalidades, con sus propias otras formas de comunicación. Esa perspectiva le ha permitido abordar la actividad reflexiva y poética de los tlamatinime como filosófica. Pero no se queda allí, porque una amplitud tal carecería de rigor, ya que prácticamente cualquier expresión humana podría presentarse como filosófica, con tal de mostrar algún nivel de reflexión. Entonces, comienza a prestar atención a los contenidos de dichas expresiones, «flor y canto». Y a considerar, apoyado en sus conocimientos de filología de la lengua nahua, que aquellos poemas fruto muchas veces de encuentros de reflexión de los sabios, intentan abordar (no tanto responder sino más bien hacer explícitas) preguntas análogas a las que se ha planteado históricamente la filosofía occidental. El fundamento de la existencia, un problema metafísico. El fundamento de la verdad, y la posibilidad de que sea conocida por los humanos, cuestión central de las teorías del conocimiento. Y la posibilidad de que esos fundamentos, de la existencia y del conocimiento verdadero, pudieran imprimir un sentido al obrar humano, objeto de la ética. Así, creemos poder afirmar con cierto fundamento que cuando León-Portilla está hablando de filosofía, lo hace de una manera analógica, aferrándose a las características que considera esenciales de la práctica filosófica en general y constatando que están presentes tanto en la reflexión nahua como en la de la tradición filosófica occidental. Lo que tal vez le faltó, para remarcar este carácter analógico y prevenirse contra toda idea de asimilación, fue resaltar las diferencias. Nos inclinamos por pensar que más allá de las ambigüedades y tal vez sin proponérselo, terminó rescatando para la práctica de la filosofía que, desde una opción de-colonial quiere hacerse desde la frontera cultural, una racionalidad distinta a la moderna/occidental.

  • 32 Miguel León-Portilla, Trece poetas…, op. cit., p. 27.

  • 33 Ver Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, op....

22Quisiéramos destacar otro punto que nos resulta de suma importancia. Y es el esfuerzo por rescatar a los autores concretos de este pensamiento poético filosófico. Hay una intención consciente de sacarlos del anonimato, que finalmente tiene para nosotros dos efectos: que las palabras y los pensamientos, si bien inseparables de su cultura –como lo muestra continuamente el autor–, son obra de personas concretas, como dirían los nahuas, de «rostros que tuvieron carne y color»32. Así, Trece Poetas del Mundo Azteca es una antología de poemas con autores identificados, y en La filosofía náhuatl aparecen también algunos tlamatinime portando, junto a sus palabras, su nombre. De este modo, con esta identificación, entendemos que se persigue un ingreso a la historia: no hablamos solo de tradiciones ancestrales que surgen de un fondo anónimo e inmemorial, casi folclórico. Si bien eso existe como en toda cultura, León-Portilla muestra a personas concretas obrando colegiadamente, cuya función dentro de la comunidad es la producción poético/intelectual y que, como no se trata de un pueblo prehistórico (en el sentido que la historiografía occidental dio al término) sino de uno que lleva registro consciente y material de su andar, podemos individualizar. Un segundo efecto es romper con esa esencialización abstracta impuesta por la visión moderna, y que generalizó bajo el concepto de «indio» a la humanidad que habitaba este lado del mundo. Evidentemente, en la época en que León-Portilla escribió esta obra ya no tenía vigencia el nivel de generalización que podríamos observar en los primeros siglos de la conquista; ni podemos pensar que ya estuviera vislumbrando los actuales procesos de etnogénesis, tan marcadamente esencialistas a veces; pero vemos en el autor un esfuerzo porque lo náhuatl no sea solo una esencialización, en el hecho de este rescate de nombres propios. Esto podría ser visto de otra manera, incluso criticado, considerando que este tipo de individuación subjetiva tiene más que ver con dispositivos occidentales. Pero si nos situamos en el contexto histórico de la obra, y en las intenciones del autor, no podemos dejar de valorar su esfuerzo y de encontrar una línea de continuidad con lo que hoy llamaríamos una opción de-colonial. El hecho de rescatar las fuentes prehispánicas, de volver a dar volumen a esas voces silenciadas, e ingresarlas a la discusión académica ya no como objeto de estudio arqueológico sino como productoras de un saber, de una búsqueda, de una visión que todavía pervive, en nuestra opinión, es una tarea descolonizadora en lo que tiene de revalorización de lo americano. Aun cuando recurra a los testimonios de los vencedores, lo hará poniendo a la luz aquellas opiniones que, contemporáneas a la conquista, no hacen más que reforzar desde la perspectiva del invasor la rescatada visión de los vencidos, operando como el fondo propicio para que sobresalgan tanto esta como la valoración que de la misma hace el autor. Los «indios», nos dice un texto de fray Toribio de Benavente (Motolinía) extractado por León-Portilla, llevaban un registro del momento exacto en que esa poca gente (los conquistadores) entró por todas las provincias, exhibiendo una autoridad y osadía tal como si todos los habitantes de estas tierras fueran sus vasallos. Esta última actitud había causado el asombro de los mexicanos, según el fraile33.

  • 34 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, op. cit., p....

23Frente a un modo de educar a los jóvenes que se derivaba de las necesidades comunitarias y que generaba un modo de vivir regido por la filosofía natural y moral; la nueva «manera de policía» introducida por los españoles, echando por tierra la manera de vivir de los nahuas para compelerlos al modo de vida español, solo les acarreó vicios, malas inclinaciones y malas obras: esta fue la visión de Bernardino de Sahagún, expuesta en sus crónicas y citada por León-Portilla en su obra34. Páginas más adelante, Alonso de Zurita recoge el testimonio de un indígena consultado por las causas del aumento del desorden, los pleitos y los vicios:

  • 35 Ibid., p. 239.

Porque ni vosotros nos entendéis, ni nosotros os entendemos, ni sabemos qué queréis. Habéisnos quitado nuestra buena orden y manera de gobierno; y la que nos habéis puesto no la entendemos, e ansí anda todo confuso y sin orden y concierto. Los indios hanse dado a pleitos porque los habéis vosotros impuesto en ellos, y siguen: por lo que les decís, e ansí nunca alcanzan lo que pretenden, porque vosotros sois la ley y los jueces y las partes y cortáis en nosotros por donde queréis, y cuándo y cómo se os antoja.35

24Los testimonios de colonizadores son puestos por León-Portilla en el contexto de una valoración de la ética, la educación, la producción intelectual y estética de un pueblo cuyas raíces sobrevivieron transmodernamente a la conquista, y que es necesario reconocer y revalorizar para comprender al México actual. Y, por supuesto, del esfuerzo histórico y filosófico del autor para mostrar que los españoles no invadieron un territorio salvaje y prehistórico, sino que destruyeron una civilización que en muchos aspectos superaba a la propia.

Un pueblo con conciencia, registro y voz

25El pueblo indígena sometido a la destrucción en América fue absoluta y dolorosamente consciente de su situación. En La filosofía náhuatl aparece, por primera vez traducido al castellano, el diálogo sobre cuestiones religiosas que sostienen los sabios nahuas con los primeros doce frailes que arribaron a México en Tlatelolco, y que fuera recogido en idioma original por Sahagún en el libro de Los Colloquios. Más allá del tema abordado en el diálogo, León-Portilla nos quiere hacer notar el nivel de conciencia que los tlamatinime tenían de su condición de vencidos y, por ella, de su posición subalterna a la hora de la discusión. Así y todo, y poniendo ellos mismos esta situación como contexto, se animan a defender sus creencias e ideas en contra de los religiosos españoles:

872. —Señores nuestros, muy estimados señores: /Habéis padecido trabajos para llegar a esta tierra.

875. —Aquí, ante vosotros, /os contemplamos, nosotros gente ignorante...

902. —Y ahora ¿qué es lo que diremos? ¿qué es lo que debemos dirigir a vuestros oídos? /¿Somos acaso algo? Somos tan sólo gente vulgar.

920. —Tal vez a nuestra perdición, tal vez a nuestra destrucción, /es sólo a donde seremos llevados. / (Mas) ¿a dónde deberemos ir aún? /Somos gente vulgar,

somos perecederos, somos mortales, /

  • 36 Citado por Miguel León-Portilla, La filosofía…, op. c...

925. —déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer, / puesto que ya nuestros dioses han muerto. (Pero) Tranquilícese vuestro corazón y vuestra carne, / ¡Señores nuestros!36

26Eligen morir, ya que sus dioses han muerto, pero no sin antes exponer las razones que tienen para aferrarse a las tradiciones que les transmitieron sus ancestros:

930. —porque romperemos un poco, / ahora un poquito abriremos

el secreto, el arca del Señor, nuestro (dios). /

Vosotros dijisteis que nosotros no conocemos /

925. —Al Señor del cerca y del junto, / aquel de quien son los cielos y la tierra

Dijisteis nueva palabra es esta,

940. —la que habláis, /por ella estamos perturbados, /por ella estamos molestos.

Porque nuestros progenitores, /los que han sido, los que han vivido sobre la tierra,

945. —no solían hablar así. / Ellos nos dieron / sus normas de vida,

ellos tenían por verdaderos, /daban culto,

950. —honraban a los dioses. / Ellos nos estuvieron enseñando /todas sus formas de culto, / todos sus modos de honrar (a los dioses).

1001. —Y ahora nosotros /¿destruiremos la antigua regla de vida?...

Nosotros sabemos a quién se debe la vida, /a quién se debe el nacer,

1015. — a quién se debe el ser engendrado, / a quién se le debe el crecer,

cómo hay que invocar, cómo hay que rogar. /Aquí están

1045. —los señores, los que gobiernan, / los que llevan, tienen a su cargo

el mundo entero. / Es ya bastante que hayamos perdido, /que se nos haya quitado,

1050. —que se nos haya impedido / nuestro gobierno. / Si en el mismo lugar permanecemos, /sólo seremos prisioneros.

Haced con nosotros

1055. —lo que queráis. /Esto es todo lo que respondemos,

lo que contestamos, a vuestro aliento, a vuestra palabra.

  • 37 Ibid.

1060. — ¡oh, Señores Nuestros!37

27Porque según interpreta León-Portilla de la larga exposición que traduce y trascribe (de la cual hemos seleccionado algunos pasajes), los tlamatinime no solo ofrecen en ella una elevada elaboración teológica, sino que además dan muestras de una consciente continuidad cultural de los pueblos nahuas:

  • 38 Ibid., p. 135.

La conclusión, reforzada todavía con un nuevo argumento implícito, se impone: «¿cómo vamos a destruir nosotros unas normas de vida tan antiguas, aceptadas ya por los toltecas, los chichimecas, los acolhuas, los tecpanecas…?» No es posible suprimir un sistema de vida y de pensamiento que tiene hundidas sus raíces en la tradición más antigua de la vieja estirpe náhuatl.38

  • 39 Ibid., p. 243.

  • 40 En Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y ...

28Otra prueba de la existencia de lo que el autor llama «conciencia histórica entre los nahuas», son los Xiuhárnatl o «libros de los años», donde «figuraban por su orden las cosas que acaecían en cada un año, con día, mes y hora»39. La casi totalidad de esos códices fue destruida por la conquista, pero se conservan algunos, además de los testimonios de cronistas de la época que, como Sahagún, dan fe de su existencia. Tal vez el dato más curioso que León-Portilla presenta como argumento es la quema de antiguos códices ordenada por Izcoatl, rey de Tenochtitlán, hacia el año 1427. Es el período de consolidación azteca, y con esto buscaba borrar las tradiciones anteriores y establecer una versión oficial de la historia mexícatl, una suerte de refundación desde cero, con los aztecas como protagonistas centrales. Esto, según el autor, muestra de manera negativa la importancia que se daba a las tradiciones para fundar una identidad de grupo, y es fruto de la conciencia histórica del pueblo40. Es testimonio, además, de que este poseía técnicas de almacenamiento gráfico –por símbolos, pinturas, ideogramas, etc.– de sus memorias, y que recurría a ellas para la exposición de su historia, tal como aparece también en las crónicas de los invasores. Y no solo eso, existía también un grupo especializado en conservar las memorias, según el testimonio recogido en la misma obra:

  • 41 Cita del cronista mestizo Fernando de Alba, Ixtlilxóc...

Tenían para cada género sus escritores, unos que trataban de los Anales (Xiuhámatl), poniendo por su orden las cosas que acaecían en cada un año, con día, mes y hora. Otros tenían a su cargo las genealogías y descendencias de los Reyes y Señores y personas de linaje, asentando por cuenta y razón los que nacían y borraban los que morían con la misma cuenta. Unos tenían cuidado de las pinturas de los términos, límites y mojoneras de las ciudades, provincias, pueblos y lugares, y de las suertes y repartimientos de tierras, cuyos eran y a quién pertenecían.41

  • 42 Ibid., p. 248.

29Todos estos hechos, sumado el que muchos de los cantos conservados hablen de antiguas hazañas de los héroes del pueblo, tienen para el autor un significado irrefutable: en el terreno social el pueblo náhuatl se había descubierto como un grupo con una fisonomía y una trayectoria particulares en el tiempo. Un descubrimiento de ese tenor es, para León-Portilla, filosofía con resonancias sociales42.

  • 43 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos…, p. 7-8.

  • 44 Gayetri Chakravorty Spivak, «¿Puede hablar el subalte...

  • 45 Ver León-Portilla M., Los antiguos mexicanos…, op. ci...

  • 46 Ver Ibid., p. 12.

  • 47 Ver Ibid., p. 13.

30Con este convencimiento, León-Portilla escribe dos obras que de algún modo se complementan: Visión de los vencidos (1959) y Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares (1961). Esta última, si bien posterior, ofrece un marco de reflexión sobre la historia que se quiere escribir, que la diferencia de los trabajos sobre fuentes indígenas que según el propio autor se comenzaron a hacer recién en el siglo xx. El interés que persigue el libro, expresado desde la introducción, es acercarse al México Antiguo desde los relatos de los propios antiguos mexicanos, ya que: «… poseedores… de conciencia histórica, como lo prueban sus códices y tradiciones, serán fundamentalmente sus propios testimonios los que guiarán este acercamiento a su pasado cultural»43. Así es que, luego de un breve recuento de las fuentes españolas de los primeros años de la conquista (la visión de los vencedores), y algunos relatos más tardíos (como los del abate de Pauw o del Barón von Humboldt), menciona a quienes en el siglo xx comenzaran a trabajar sobre fuentes propiamente indígenas, pero solo para rescatarlas y mostrarlas en sí mismas. Lo que, según el autor, diferencia esos trabajos del suyo, es que basado en esas fuentes intentará ofrecer, «representar» podríamos decir nosotros asignándole al término el doble significado que le da Spivak44, la visión indígena de su propia cultura45. Es una obra más filosófica, a nuestro entender, que su precursora (Visión de los vencidos), en la cual nos ofreció, a partir de las mismas fuentes, la visión indígena de los hechos que marcaron su propia desgracia. Así, en el estudio de las crónicas y cantares, se buscará reconstruir la cultura a partir de algunos rasgos fundamentales: la conciencia indígena de su evolución cultural y su concepción de tradición y de historia, entre los más importantes. Pero además con un convencimiento: se abordará la cuestión desde la perspectiva de un legado cultural, esto es, valores que pueden seguir encontrando resonancia en todo ser humano que se interese por los problemas de la humanidad46. Legado que de ser real, sostenemos, nos hablará de un sustrato profundo, algo que preexistente a ella, pudo sobrevivir a la modernidad colonial. Al comienzo del primer capítulo aparece esta idea sin tapujos: el período de los largos siglos del México prehispánico, comparado con los cinco siglos más recientes, puede ser llamado con propiedad «subsuelo y raíz del México actual»47. Es decir, ese sustrato abre a la posibilidad de pensar una continuidad cultural que, a lo largo de la obra, rastreará desde tiempos anteriores a los propios aztecas, a la vez que proyectará hasta el presente.

31El núcleo fuerte de la obra, desde nuestra perspectiva de abordaje, está sin dudas en el capítulo quinto, titulado Legado espiritual del México Antiguo. En él, León-Portilla afirma que los antiguos mexicanos han legado algunos bienes a la humanidad, como ser plantas alimenticias o medicinales, y animales domésticos. Pero mucho más valioso es su poco conocido legado espiritual, las «ventanas conceptuales» abiertas por los nahuas para contemplar de un modo desconocido para occidente los misterios de la existencia:

Pero, valiosas como son estas aportaciones del México Antiguo a la cultura universal, parece aún más interesante su herencia espiritual, hasta ahora tan poco conocida. Nos referimos principalmente a esas «ventanas conceptuales», abiertas por los sabios nahuas para contemplar a su manera —nueva para el mundo occidental— los misterios del hombre, del universo y de Dios.

Gracias a sus libros de pinturas y sobre todo a los numerosos textos en idioma indígena, lo que antes pareciera tan sólo osamenta de una cultura —pirámides, restos de palacios, esculturas y cerámica— puede recobrar «su rostro y corazón», para dejar oír una vez más el antiguo mensaje.

  • 48 Ibid., p. 146.

Los textos prehispánicos son llave maestra, que ayudará a «abrir un poco el arca, el secreto» de la Huehuetlamatiliztli, «sabiduría antigua del mundo náhuatl». Existen en ella no pocos temas y preocupaciones de los tlamatinime o sabios, que podrán hallar resonancia en el pensamiento y en la vida del hombre universal y contemporáneo.48

32Ese aparente mundo muerto, representado durante décadas por los restos arqueológicos, cobra nueva vida si se lo encarna a partir de los libros, las pinturas y los relatos que nos llegan en su idioma original. En este sentido, el autor vuelve a tomar posición y, sin decirlo, se está considerando un aporte para este rescate de la cultura que no es solo un esfuerzo curioso por comprender el pasado sino, y ante todo, un paso necesario para entender el presente. Pero para aproximarse con fruto a esas «ventanas conceptuales», es imprescindible despojarse de los parámetros occidentales que terminan siempre ocultando la novedad, intentando transformar lo otro en una versión más o menos lograda de lo mismo. En el capítulo cuarto ya lo había expresado, al hablar de la historia y la tradición como un tópico importante en la cultura náhuatl, pero que no pueden ser entendidas del mismo modo como las entiende occidente. En el capítulo quinto pondrá énfasis en el arte, recogiendo incluso el testimonio de artistas occidentales reconocidos, como Alberto Durero, quienes se manifiestan asombrados por la estética de los objetos provenientes del Nuevo Mundo. Aunque los comentarios hubiesen sido de admiración, muchas de estas expresiones artísticas les resultan incomprensibles, precisamente porque no pueden despojarse, a la hora de juzgarlas, de las categorías occidentales dentro de las cuales se mueven y que definen, para ellos, la esencia de lo estético:

  • 49 Ibid., p. 157.

Y sin embargo, todas esas esculturas y objetos tan diversos eran creación de una misma cultura. Dentro de ella obviamente tenían un sentido. Para lograr descubrirlo, para poder leer su mensaje, sería necesario despojarse de la mentalidad y el antiguo criterio artístico occidental, hasta descubrir los módulos propios de ese género de creaciones indígenas. Por fortuna, quienes han intentado con profundo sentido humano captar el mensaje de esas creaciones antiguas, han sido conscientes de la existencia de textos en idioma náhuatl, en los que precisamente se ofrece una reflexión indígena acerca del origen y contenido simbólico de ellas.49

  • 50 Ver Ibid.

  • 51 Ibid.

33Esta actitud es la que predominó, según el autor, durante mucho tiempo, en los medios cultos europeos que expresaban sus juicios sobre lo que él mismo llama arte prehispánico50. Pero tanto lo considerado hermoso como lo feo o incomprensible, tenía sin dudas un sentido dentro de la cultura que lo había creado. Para lograr descubrir el sentido sería necesario despojarse de la mentalidad y el criterio artístico occidentales hasta descubrir los módulos propios de ese género de creaciones indígenas. Uno de los caminos que ayudarían a esto, según el autor, es un trabajo hermenéutico que vincule la expresión artística con los textos indígenas51.

  • 52 Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, op. cit.

34No es este un trabajo de estética ni de antropología para analizar si el método propuesto por León-Portilla es el indicado, ni vamos a entrar en la discusión que él mismo quiso zanjar sobre la autenticidad de las voces que encontramos en esos textos. Para nuestra indagación nos basta con rescatar el espíritu que motiva al autor: hacer lo posible por «devolver la voz», es decir, que sea el propio vencido quien, recuperando el habla, nos enseñe; sin creer que el discurso occidental moderno tenga la capacidad de categorizarlo todo, de develar lo que cada acontecimiento presenta y oculta. Esa misma perspectiva es la que nos ofrece Visión de los vencidos 52 que, como leemos en su presentación, inaugura una nueva forma de historiografía:

  • 53 Ibíd, p. 4 (presentación a cargo de Roberto Moreno de...

Visión de los Vencidos ha marcado el inicio de una nueva forma de historiografía cuyo propósito central es mostrar «la perspectiva y la imagen del otro». No es extraño, por tanto, que este libro concebido y estructurado por Miguel León Portilla, haya sido inspiración de otros. Esta obra en la que hablan quienes contemplaron el enfrentamiento con los hombres de Castilla, ha sido traducida ya en muchas otras lenguas como el inglés, francés, alemán, italiano, polaco, sueco, húngaro, serbo–croata, hebreo, japonés, catalán y portugués. Además de las numerosas reimpresiones que de ella ha hecho la Universidad Nacional, otras más han aparecido en castellano, Cuba y España.53

  • 54 Ibid., p. 19.

  • 55 Ver Ibid., p. 19-20.

  • 56 La «diferencia colonial» es una intersección entre la...

35Refiriéndose a su obra, el autor la trata como una «especie de antología de las relaciones indígenas de la conquista»54, sin pretender ser una edición crítica de las mismas sino más bien un intento de abrirlas tanto a un público poco iniciado como a nuevas investigaciones de interés histórico, en especial aquellas cuyo motor sea valorar la raíz más honda del propio «rostro y corazón» de México, esto es, la fisonomía cultural y étnica que surgió de la «dramática unión» entre los pueblos originarios y el mundo hispánico55. No le resultó difícil, según lo que venimos viendo, ya que estos pueblos mesoamericanos presentaron un gran interés en registrar los acontecimientos. Así, en la introducción, León-Portilla hará un elenco de las principales fuentes a las que acude, a todas ellas las hemos mencionado en alguna parte de este artículo. Lo que sí ha resultado más difícil es encontrar en occidente una lectura con cierto espíritu de reciprocidad. El «descubrimiento» representó una revitalización de la historiografía, la ibérica en primer lugar, y luego la del resto de los países centrales de Europa. Pero la disciplina nunca intentó enfocarse desde la otra perspectiva, la impresión que la invasión causó en los habitantes de estas tierras. Dentro de estos, al menos dos culturas mesoamericanas (mayas y nahuas) pudieron dejarnos registro de esa vivencia, y es la que León-Portilla, desde una «diferencia colonial»56 consciente y explícita– podríamos agregar, recordando a Los Colloquios, consciente hasta para los mismos sabios nahuas de entonces– quiere rescatar. Los registros de los que echa mano serán las relaciones y las pinturas (que aparecen reproducidas en la edición de la obra). De todos modos, y fiel a sí mismo, dedicará el último capítulo a los cantares, los cantos tristes de la conquista. Toda la obra le deja al lector un sabor amargo, una tristeza lúgubre que dista de los relatos épicos narrados desde la otra orilla. Y para ello no hace falta que el autor explicite demasiados puntos de vista propios, sencillamente deja hablar a los textos, que nos asombran por su profundidad y por el nivel de conciencia del pueblo que los produjo. El resultado buscado (y logrado, agregaríamos), en palabras del autor:

  • 57 Ibid., p. 15.

…más que constatar diferencias y posibles contradicciones entre las fuentes indígenas y las españolas, nos interesan aquí los textos que van a aducirse en cuanto testimonio profundamente humano, de subido valor literario, dejado por quienes sufrieron la máxima tragedia: la de ver destruidos no ya sólo sus ciudades y pueblos, sino los cimientos de su cultura.57

36Para redondear este breve recorrido por las obras que podríamos llamar clásicas pero que responden a un período relativamente corto de la extensa vida de Miguel León-Portilla, diremos que percibimos en él un interés que se repite en todos los libros, más allá del tema, y es el de rescatar el pasado pero desde otras perspectivas, dos al menos. La primera, desde la de quienes fueron considerados y consideradas como la parte pasiva, atrasada, de esta relación colonial –los vencidos–, intentando devolverle sus voces originales, si bien mediadas hoy por otra lengua y otras formas de representación:

Y todo esto pasó con nosotros. /Nosotros lo vimos, /nosotros lo admiramos.

Con esta lamentosa y triste suerte / nos vimos angustiados.

En los caminos yacen dardos rotos, /los cabellos están esparcidos.

Destechadas están las casas, /enrojecidos tienen sus muros.

Gusanos pululan por calles y plazas, / y en las paredes están salpicados los sesos.

Rojas están las aguas, están como teñidas, /y cuando las bebimos, /

es como si bebiéramos agua de salitre.

Se nos puso precio. /Precio del joven, del sacerdote, / del niño y de la doncella.

Basta: de un pobre era el precio /sólo dos puñados de maíz, /sólo diez tortas de mosco;

  • 58 Ms. Anónimo de Tlatelolco, 1528 (Biblioteca Nacional ...

sólo era nuestro precio veinte tortas de grama salitrosa.
Oro, jades, mantas ricas, /plumajes de quetzal, /todo eso que es precioso, / en nada fue estimado…58

  • 59 «Hoy en día la literatura náhuatl ha traspuesto ya lo...

37La segunda perspectiva, desde quienes no son pieza de museo sino sustrato vivo de una cultura que no se puede comprender sino abordando su lado negado, o al menos rechazado, y en la que el autor se incluye. En este sentido, y pensando en la época en la que comenzaba a escribir, si bien él mismo se reconoce como parte de un incipiente movimiento que buscaba rescatar el valor transmoderno, diríamos hoy, de los sustratos culturales prehispánicos de estas tierras59 también exhibe la conciencia y la intención de abrir caminos para futuros trabajos de investigación:

  • 60 Ibid., p. 23.

Al presentar a este primer grupo de forjadores de cantos, testimonio de un arte y un pensamiento con raíces milenarias, repetimos que son ellos tan sólo una muestra. El campo queda abierto a mejores formas de investigación. Lo merecen ciertamente los maestros de la palabra, prenuncio indígena de la serie sin fin de nuestros vates. La voluta florida del canto, símbolo potencialmente universal de la poesía, adquirirá así cabal sentido, religada para siempre con los rostros definidos de quienes la pensaron y supieron expresarla.60

Miguel León-Portilla como precursor de la opción de-colonial

  • 61 Ver nota 2.

  • 62 Ver León-Portilla, M., La filosofía náhuatl…, p. V.

  • 63 Hans Georg Gadamer, Verdad y Método, T I, Salamanca: ...

38Hay muchos aspectos centrales de lo que hoy llamaríamos la visión u opción de-colonial que están fuertemente presentes en, al menos, estos primeros quince años de producción del autor mexicano. Pensemos, por ejemplo, en la idea de transmodernidad propuesta por Enrique Dussel61 y que, según el análisis de Mignolo, es una de las categorías fundantes de la visión de-colonial. Está latente en el pensamiento de León-Portilla, tanto en el contenido de sus investigaciones como en su actitud no confrontativa sino, más bien, dialogante y pluriversa, en especial a la hora de situarse como un intelectual que quiere aportar a la comprensión y a la construcción de la cultura de su pueblo. Así, y con una gran autovaloración, considera sin complejos a la cultura náhuatl como una de las grandes culturas universales que, si bien fue parcialmente colonizada, negada y reprimida, continuó viva y evolucionó frente y junto a la modernidad mexicana, de la que en algún modo formó parte. El trabajo académico de re-visibilización de esa cultura –que seguramente siguió siendo visible, aunque en ocasiones con una vergüenza de origen exógeno, por parte del pueblo– es parte del trabajo de descolonización. Podríamos decir que León-Portilla se ha valido para tal fin de una metodología hermenéutica (como él mismo lo declara en el Prefacio de La filosofía náhuatl…)62, sobre todo en el sentido de historia efectual que le da Hans-Georg Gadamer63. Eso mismo es lo que refuerza su opción de-colonial, el autor se siente deudor y partícipe, como mexicano, de la antigua tradición que está mostrando a la vez que analizando y, de alguna manera, incorporando a la gran tradición de lo que llamamos filosofía.

39León-Portilla realiza así un develamiento de la historia local, descubriendo riquezas culturales y filosóficas de los antiguos habitantes de esa porción de América despreciadas por prehistóricas o primitivas, o directamente consideradas como parte de un pasado muerto. Al mismo tiempo, propone que se las redescubra todavía vivas, como sustrato de la cultura mexicana contemporánea. Lo hace consciente de la diferencia colonial que relegó epistémicamente a las formas de pensamiento no occidentales en América (así como en otros territorios que fueron colonizados). Mas en el convencimiento de su subsistencia transmoderna, busca traducirlas a categorías metafísicas, literarias, éticas, pedagógicas, estéticas –entre otras– que puedan dialogar críticamente con, por ejemplo, la filosofía occidental, suscitando él mismo formas de pensamiento fronterizo fuerte, al tiempo que rescata como tal otros de corte débil, como el del tan citado fray Bernardino de Sahagún.

40Hay una expresión que pasa casi desapercibida, pero que entendemos que no solo es muy lúcida sino que está llena de potencialidad en el campo de-colonial: ventana conceptual. La hemos definido más arriba como una perspectiva que una cultura ofrece a otra, para la cual es novedosa, y que amplía sus posibilidades de pensar. Es una categoría productiva, en tanto –y siguiendo la misma línea metafórica– permite concebir una puerta a la alteridad en cuanto tal, una visión no sesgada por la propia perspectiva si se es capaz de acogerla en el pensamiento. Una ventana abierta en la superficie cerrada de la mismidad y que invita a la creatividad más que a la confrontación: es una noción que resume los contenidos más profundos de los conceptos de transmodernidad y de pensamiento fronterizo. Un verdadero aporte que ha pasado desapercibido por los autores de-coloniales, al menos explícitamente.

41Mientras revaloriza la historia local de su pueblo, León-Portilla es muy consciente de que el discurso que produce es disruptivo, escribe –como diría Mignolo– una «historia otra», en tanto ha dado intencionalmente un giro total en la perspectiva, escribiendo desde y por los vencidos. Es el último punto que queremos abordar. El americano que él nos ofrece dista mucho de ser el Calibán que aprendió el idioma del invasor para maldecirlo. No es el sujeto construido por la modernidad colonial, bárbaro y primitivo; es una persona identificada con su nombre, capaz de afirmarse frente a su vencedor y de discutir, consciente de su derrota, en su idioma o en el impuesto, dando razón de sus ideas y sus creencias. Pero, además, y si comprendimos bien el sentido de la obra, quiere ser un mensaje para el americano contemporáneo, animándolo a sentirse capaz de pensar, de filosofar y no solamente por lo que tiene de europeo, sino precisamente por el mestizaje que le permite ofrecer perspectivas novedosas. Aquí ni siquiera se discute si por historia o capacidad es posible hablar de una filosofía latinoamericana, se asume que ella existe desde antes de la conquista, y sigue brindando nuevas perspectivas a la elucidación de los problemas humanos desde el sustrato de las culturas resultantes de tan dolorosa como insalvable fusión.

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Notes

1 Aníbal Quijano, «Colonialidad del poder y clasificación social», Journal of world-systems research, (Colorado), VI, 2, Fall/Winter 2000, p. 342-388, Special Issue: Festchrift for Immanuel Wallerstein, Part I [on line]. Disponible en: <http://www.jwsr.org/wp-content/uploads/2013/05/jwsr-v6n2-quijano.pdf> (consultado el 2 de julio de 2015).

2 Enrique Dussel será quien introduzca en la filosofía la categoría de «transmodernidad», definiéndola como «todos los aspectos que se sitúan ‘más-allá’ (y también ‘anterior’) de las estructuras valoradas por la cultura moderna europeo-norteamericana, y que están vigentes en el presente en las grandes culturas universales no-europeas y que se han puesto en movimiento hacia una utopía pluriversa» (E. Dussel, «Transmodernidad e Interculturalidad (Interpretación desde la Filosofía de la Liberación)», in: Raúl Fornet-Betancourt, Crítica Intercultural de la Filosofía Latinoamericana Actual, Madrid: Editorial Trotta, 2004, p. 123-160. Versión digital [en línea] disponible en <http://afyl.org/transmodernidadeinterculturalidad.pdf> (consultado el 22 de abril de 2015).

3 Es ya un lugar común entre los teóricos de la opción de-colonial el hablar no de un «descubrimiento» sino de una «invención» de América. El historiador mexicano Edmundo O´Gorman es señalado por Mignolo como el iniciador de esa línea argumentativa (Walter Mignolo, La idea de América Latina: La herida colonial y la opción decolonial, Barcelona: Gedisa, 2007, p. 29).

4 Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, Serie Cultura Náhuatl, Monografías/10, Séptima Edición, 1993.

5 Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, México D.F. 04510: Difusión Cultural Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Publicaciones Digitales, 2003. [en línea] URL: <www.academia.edu/8118601/MIGUEL_LEÓN_PORTILLA_-_La_vision_de_los_vencidos>, (acceso 30 de junio de 2015).

6 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, México: Fondo de Cultura Económica, Primera Edición en Lecturas Mexicanas, 1983.

7 Miguel León-Portilla, Trece poetas del mundo Azteca, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, Serie Cultura Náhuatl Monografías/11, Segunda Edición, Tercera reimpresión, 1984.

8 Ibid., p. 435.

9 Jaime Vieyra, «Miguel León-Portilla y el legado cultural indígena», Devenires, Revista de Filosofía y Filosofía de la Cultura, Facultad de Filosofía e Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, III, 6, 2002, p. 75-109, disponible en línea, URL: <http://devenires.umich.mx/wp-content/uploads/2014/09/71-109.pdf> , p. 25.

10 «La expresión idiomática, in xóchitl, in cuicatl, que literalmente significa «flor y canto», tiene como sentido metafórico el de poema, poesía, expresión artística, y, en una palabra, simbolismo. La poesía y el arte en general, «flores y cantos», son para los tlamatinime, expresión oculta y velada que con las alas del símbolo y la metáfora puede llevar al hombre a balbucir, proyectándolo más allá de sí mismo, lo que en forma misteriosa, lo acerca tal vez a su raíz». Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos…, op. cit., p. 126.

11 Siguiendo a Ángel María Garibay, caracteriza el difrasismo como «un procedimiento que consiste en expresar una misma idea por medio de dos vocablos que se complementan en el sentido, ya por ser sinónimos, ya por ser adyacentes». Ver Miguel León-Porrilla, La filosofía…, op. cit., p. 143.

12 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, ibid., p. 26-27.

13 Ver Ibid., p. 400.

14 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos…, op. cit., p. 114.

15 Entre ellos, el autor rescata los nombres de Nezahualcóyotl, el sabio rey de Texcoco, Tecayehuatzin y Ayocuan de Huexotzinco, Tochihuitzin de Tlatelolco y Totoquihuatzin de Tacuba. Ver Ibid., p. 118.

16 Ibid.

17 Ibid., p. 122.

18 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, op. cit. p. 50.

19 Martín Heidegger, «Hölderlin y la esencia de la poesía», Arte y Poesía, Buenos Aires: F.C.E, 1992.

20 Juan David García Bacca, «Comentarios a La Esencia de la Poesía de Heidegger», Revista Nacional de Cultura, Caracas, no 112-113, p. 226. Citado por León-Portilla, La filosofía…, op. cit., p. 146.

21 Miguel León-Portilla, La filosofía…, ibid., p. 318.

22 Ibid., p. 319.

23 Ibid.

24 Martín Heidegger, Desde la experiencia del pensar: debajo y a través de los altos abetos, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Vórtice, 2014 (E-Book), p. 13. Citado por León-Portilla, La filosofía…, p. 319.

25 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, p. 225.

26 Ver Ibid., p. 138 y 147.

27 Ver Ibid., p. 110.

28 Ver Ibid., p. 143.

29 Ver Ibid., p. 222.

30 Ver Ibíd., p. VIII.

31 Ver Ibíd., p. X.

32 Miguel León-Portilla, Trece poetas…, op. cit., p. 27.

33 Ver Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, op. cit., p. 9.

34 Ver Miguel León-Portilla, La filosofía…, op. cit., p. 232.

35 Ibid., p. 239.

36 Citado por Miguel León-Portilla, La filosofía…, op. cit., p. 129 ss.

37 Ibid.

38 Ibid., p. 135.

39 Ibid., p. 243.

40 En Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, narrará este mismo hecho para afirmar que implícitamente se estaba reconociendo a la historia como elemento de dominación (Ver Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos…, op. cit., p. 90-91).

41 Cita del cronista mestizo Fernando de Alba, Ixtlilxóchitl, en Ibid., p. 247.

42 Ibid., p. 248.

43 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos…, p. 7-8.

44 Gayetri Chakravorty Spivak, «¿Puede hablar el subalterno?», Revista Colombiana de Antropología, [en línea] 2003, vol. 39, enero-diciembre, p. 308.

45 Ver León-Portilla M., Los antiguos mexicanos…, op. cit., p. 11.

46 Ver Ibid., p. 12.

47 Ver Ibid., p. 13.

48 Ibid., p. 146.

49 Ibid., p. 157.

50 Ver Ibid.

51 Ibid.

52 Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, op. cit.

53 Ibíd, p. 4 (presentación a cargo de Roberto Moreno de los Arcos).

54 Ibid., p. 19.

55 Ver Ibid., p. 19-20.

56 La «diferencia colonial» es una intersección entre la racionalidad occidental, justificada en su metafísica y operativizada epistemológicamente en su ciencia; y los principios no occidentales que gobiernan las formas de pensar en las historias locales. Estas últimas fueron reprimidas, pero en su condición transmoderna subsistieron y hoy dialogan críticamente con la modernidad, dando origen a un «pensamiento fronterizo». Entendemos por tal aquel que se fuera desarrollando desde el momento mismo de la invasión europea y, hundiendo sus raíces en las culturas pre-modernas, sobrevive a los siglos de modernidad y aflora en la actualidad, presentándose como alternativa a un pensamiento moderno/occidental que, detrás del discurso del desarrollo, pretende imponerse como global (Ver Walter Mignolo, Historias Locales/Diseños Globales: colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo, Madrid: Akal, 2003).

57 Ibid., p. 15.

58 Ms. Anónimo de Tlatelolco, 1528 (Biblioteca Nacional de México), citado por Miguel León-Portilla en Ibid., p. 179.

59 «Hoy en día la literatura náhuatl ha traspuesto ya los límites de un interés meramente científico y comienza a ser valorada, al lado de otras creaciones indígenas en el campo del arte, desde un punto de vista estético que busca la comprensión de las vivencias e ideas de hombres que, básicamente aislados de contado con el Viejo Mundo, fueron también a su modo creadores extraordinarios de cultura». Miguel León-Portilla, Trece poetas…, op. cit., p. 12.

60 Ibid., p. 23.

61 Ver nota 2.

62 Ver León-Portilla, M., La filosofía náhuatl…, p. V.

63 Hans Georg Gadamer, Verdad y Método, T I, Salamanca: Sígueme, 1977, p. 331 ss.

Pour citer ce document

Hugo Alberto Finola, «Miguel León-Portilla: recuperar la antigua palabra», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, L'âge des minorités, mis à jour le : 29/06/2018, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/2758.

Quelques mots à propos de :  Hugo Alberto  Finola

Universidad de Valparaíso

Magister en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Nacional de Quilmes.

Se desempeña en la Dirección General de Desarrollo Institucional y Aseguramiento de la Calidad de la Universidad de Valparaíso. Imparte clases de filosofía en la Universidad Adolfo Ibáñez.

Su investigación se enfoca en el desarrollo de la Opción De-Colonial.

hugofinola@yahoo.com.ar