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Líneas
Revue interdisciplinaire d'études hispaniques

12 | 2019 Philosophie en Ibéro-Amérique

Lucas Domínguez Rubio

¿Hermanas, quiénes? La autonomía quebrada: una discusión entre los principales proyectos profesionalizadores de la filosofía en la Argentina de la década del treinta

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Dans les années 1930, Francisco Romero y Coriolano Alberini affirme, sous différents angles, l'existence d'une "normalité philosophique". A partir de cette date, ces auteurs se sont positionnés comme les principaux acteurs de l'essor des carrières philosophiques dans les universités de Buenos Aires et de La Plata. Cet article vise à comprendre les projets philosophiques de ces deux auteurs par rapport à leurs positions politiques et académiques. A cette fin, dans un premier temps, une interprétation du cadre des interventions philosophiques est proposée dans laquelle leurs propositions théoriques sont impliquées. Dans un second moment, nous proposerons une interprétation des interventions des textes et des discours de Coriolano Alberini. Dans un contexte où l'université des années 1930 a vu s'achever bon nombre des réalisations du processus réformiste entamé en 1918, la version dépolitisante du processus historique des idées argentines menée par Coriolano Alberini a travaillé parallèlement à son insistance continue comme doyen sur la nécessité d'une "université professionnelle sans clans étudiants". Troisièmement, nous proposons une interprétation de la dérive phénoménologique personnaliste particulière de Francisco Romero, extrêmement similaire au réseau de contacts internationaux, d'abord antifasciste puis anticommuniste, dont il faisait partie. Comme nous le verrons, la guerre civile espagnole et l'avènement du fascisme et du nazisme ont été les événements qui ont conduit les différents philosophes à déterminer leurs positions qui seront consolidées plus tard face à la seconde guerre mondiale et à l'émergence de la figure de Perón. Avec cet itinéraire, nous passerons en revue les tentatives qui, au cours de la décennie des années trente, ont tenté de se consacrer spécifiquement à une tâche universitaire professionnalisante et ont discuté entre eux de manière explicite de la caractérisation de l'autonomisation et de la professionnalisation de la philosophie comme discipline.

In the 1930s, from different points of view, Francisco Romero y Coriolano Alberini affirmed the existence of a "philosophical normality". From this date, these authors positioned themselves as the main heads of the growth of philosophy careers at the universities of Buenos Aires and La Plata. This article aims to understand the philosophical projects of these two authors in relation to their political and academic positions. To this end, at first, an interpretation of the framework of philosophical interventions is proposed in which their theoretical proposals are involved. In a second moment we will propose an interpretation of the interventions of the texts and speeches of Coriolano Alberini. In a context in which the university of the 1930s saw ended many of the achievements of the reformist process begun in 1918, the depoliticizing version of the historical process of Argentine ideas carried out by Coriolano Alberini worked alongside his continuous insistence as dean on the need for a "professional university without student cliques". Thirdly, we propose an interpretation of the personalist phenomenological drift of Francisco Romero, extremely like the network of international contacts, first anti-fascist and then anti-communist, of which he was a part. As we shall see, the Spanish civil war and the advent of fascism and Nazism were the events that led the different philosophers to determine their positions that would later be consolidated in the face of the Second World War and the emergence of the figure of Perón. With this route, we will review those attempts that during the decade of the thirties tried to devote themselves specifically to a professionalizing university task and discussed among themselves in an explicit way about the characterization of the autonomization and professionalization of philosophy as a discipline.

Desde distintas perspectivas, Francisco Romero y Coriolano Alberini han sostenido en la década de 1930 la existencia de una «normalidad filosófica». A partir de esta fecha, estos autores se autoposicionaron como las principales cabezas del crecimiento de las carreras de filosofía de las universidades de Buenos Aires y La Plata, pero también de Tucumán y Cuyo, sobre las cuales en distintos momentos tuvieron una importante gravitación. El presente artículo se propone comprender los proyectos filosóficos de estos dos autores en relación con sus posicionamientos políticos y académicos. Con este fin, en un primer momento, se propone una interpretación del marco de intervenciones filosóficas en el que se involucran sus propuestas teóricas. Principalmente este primer punto pretende ser logrado mediante un armado minucioso de las discusiones en juego con un mapa del campo filosófico argentino de estos años. En un segundo momento propondremos una interpretación de las intervenciones de los textos y discursos de Coriolano Alberini. En un contexto en que la universidad de la década del treinta vio cerciorados muchos de los logros del proceso reformista iniciado en 1918, la versión despolitizante del proceso histórico de las ideas argentinas que llevó a cabo Coriolano Alberini funcionaba a la par de su continua insistencia como decano en la necesidad de una «universidad profesional sin camarillas estudiantiles». En tercer lugar, proponemos una interpretación de la particular deriva fenomenológica personalista de Francisco Romero, sumamente afín a la red de contactos internacionales primero antifascistas y luego anticomunistas de la que formó parte. Como veremos, efectivamente fueron la guerra civil española y el advenimiento del fascismo y el nazismo los acontecimientos que llevaron a los diferentes filósofos a determinar sus posiciones que luego se consolidarían frente a la segunda guerra mundial y el surgimiento de la figura de Perón. Con este recorrido, revisaremos aquellos intentos que durante la década del treinta procuraron consagrarse específicamente a una tarea universitaria profesionalizante y discutieron entre sí de manera explícita sobre la caracterización sobre la autonomización y profesionalización de la filosofía como disciplina.

Texte intégral

«Hay cinco universidades: Tucumán, Buenos Aires, Litoral, Córdoba y La Plata. La Universidad de Tucumán queda descartada por su absoluta insignificancia. […] La Universidad de Córdoba es completamente reaccionaria, incluso fascista. La Universidad del Litoral y de La Plata son hoy en día bastante liberales. En la Universidad de Buenos Aires se debe diferenciar entre las facultades. El estudiantado de todas las universidades es de izquierda, vale decir: comunistas y socialistas. Esto tiene un gran significado, pues los órganos universitarios, así como el decano y los consejos de las facultades se eligen conjuntamente entre docentes y estudiantes. […] Para romper con esta influencia izquierdista de los estudiantes, el gobierno terminó por intervenir la Universidad del Litoral que es la más izquierdista de todas. En la Universidad de Buenos Aires, luego de la revolución de Uriburu ha sido modificado el sistema electoral por uno más ‘democrático’, […] pero en verdad se trata de una modificación reaccionaria, porque la posibilidad de influencia política de los estudiantes sobre los órganos universitarios ha sido excluida».

Carta de Franz Neumann a Max Horkheimer (14/08/1936).

Introducción. Tres momentos del proceso de autonomización filosófica en Argentina: «hermanas-enemigas», «hermanas-abrazadas» y «la caverna de la academia»

  • 1 Sobre la correspondencia conservada: Martin Traine, «Lo...

1El diagnóstico político sobre el sistema universitario argentino desde la visión de un extranjero sirve especialmente para ilustrar las preguntas que parecían instalarse en el ámbito intelectual a través de los años que comenzaron con el primer golpe militar argentino y continuaron en un fraude electoral sistemático. La temprana visita de Félix Weil (1895-1978) seguida por la breve estadía de Franz Neumann (1900-1954) en los primeros años de la década del treinta abrieron el interrogante sobre si el Institut für Sozialforschung en ese momento dirigido por Max Horkheimer (1895-1973) no barajó la posibilidad de instalarse en Argentina a través del contacto que había establecido con el filósofo argentino Luis Juan Guerrero (1899-1957) durante el viaje de este último por Alemania. Según el epígrafe escogido, las preguntas determinantes con las que evaluaban la situación académico-política del país parecían ser dos. ¿En qué medida estaban desarrollados aquí los estudios teóricos? Y ¿cuán receptivas al fascismo y al nazismo se había mostrado la cultura argentina? Más allá de las respuestas que esbozaron, como sabemos, la decisión fue reubicar su famoso instituto en los Estados Unidos1.

  • 2 Hugo Biagini, «Entrevista», in: Alejandro Herrero y Fab...

2 En busca de una respuesta para estas mismas preguntas centradas en el ámbito filosófico, revisaremos aquellos intentos que durante la década del treinta procuraron consagrarse específicamente a una tarea universitaria profesionalizante. Desde distintas perspectivas, Coriolano Alberini (1886-1960) y Francisco Romero (1891-1962) han sostenido en la década de 1930 la existencia de una «normalidad filosófica» para referirse al «ejercicio de la filosofía como función ordinaria de la cultura»2. Estos autores se autoposicionaron como las principales cabezas del crecimiento de carreras de las de filosofía de Buenos Aires y La Plata, pero también de Tucumán y Cuyo, sobre las cuales en distintos momentos tuvieron una importante gravitación.

3 Sin embargo, la afirmación sobre el proyecto mismo de una «normalidad filosófica» no deja de resultar llamativa. Como indica también el epígrafe escogido, la universidad de la década del treinta vio cerciorados muchos de los logros del proceso reformista iniciado en 1918, sobre todo por un nuevo intervencionismo gubernamental y una notable disminución del presupuesto universitario. En este contexto, el proyecto despolitizador de «afirmación» de la Reforma universitaria que llevó a cabo Coriolano Alberini funcionaba a la par de su continua insistencia como decano en la necesidad de una universidad profesional sin «camarillas estudiantiles».

  • 3 Desarrollé este contexto de discusiones en: Lucas Domín...

4 Varios interlocutores respondieron al proyecto de Alberini de diferentes formas. Desde la izquierda, algunos autores hablaron de la existencia de una «contrarreforma universitaria» iniciada en 1930. Muchos otros levantaron un diagnóstico de «crisis espiritual» basada en la debacle económica y el golpe de Estado pero cuya causa y consecuencia era la patente desconexión de las ideas en general y de la filosofía académica en particular con el resto de la sociedad. En esta +ultima línea, autores como Saúl Taborda (1895-1943), Carlos Astrada (1894-1970) y Homero Guglielmini (1903-1968) compartieron la agenda propuesta por el revisionismo histórico y una reflexión constante sobre la nacionalidad en términos ontológicos y ensayísticos. Consideraremos esta línea «revisionista filosófica» de intervenciones, que fueron del vitalismo soreleano al existencialismo heideggeriano, como sumamente crítica del academicismo universitario. Cabe destacar entonces que los dos proyectos profesionalizadores de la filosofía en Argentina a los que haremos mención, aquellos encabezados por Coriolano Alberini y Francisco Romero, se instalaron frente a las críticas de la existencia de una «caverna de la academia». Es decir, en el momento en que estos autores «revisionistas» diagnosticaban el fracaso de la Reforma universitaria y el definitivo encapsulamiento de la filosofía en las casas de estudio3.

  • 4 Pablo Buchbinder, Historia de las universidades argenti...

5 Estas posiciones surgieron en un momento concreto que enmarcaremos sucintamente. En 1913, El hombre mediocre de José Ingenieros, El payador de Leopoldo Lugones y el inicio de la publicación de las Influencias filosóficas en la evolución nacional de Alejandro Korn, desde distintas posiciones, documentaban un nuevo vinculo de los «intelectuales» con la sociedad, cuya relación con la política era mucho más mediada que la que habían tenido en la década anterior. Pero, sobre todo, abrían una pregunta: ¿cuál sería la función social del intelectual a partir de ahora? Aproximadamente hasta 1918, puede observarse cierto acuerdo de amplio consenso entre profesores y estudiantes sobre la existencia de una «función social» de las facultades de humanidades, es decir, de las respectivas casas de estudio de La Plata y Buenos Aires. Claro que el acuerdo se basaba en su notable abstracción, pero puede pensarse que, de diferentes maneras, los estudios en humanidades proveerían a la sociedad de un análisis empírico de corte positivista4. Con todo, poco después este «acuerdo» mostró sus quiebres.

  • 5 Jorge Eugenio Dotti, «Las hermanas-enemigas», in: Las v...

6 La separación de las «hermanas-enemigas» de Dotti ―es decir, la Filosofía respecto a la Ciencia― fue un proceso ríspido de disputa que, al menos dentro del ámbito académico comenzó asistemáticamente en la revista estudiantil Verbum a partir de 1913 y se mostró hegemónico hasta al menos 1944 y la aparición de la revista Minerva (1944-1945) de Mario Bunge; aunque, en rigor, el antipositivismo funcionó dentro de los programas de las cátedras al menos hasta la década del sesenta. En cambio, así como Natalia Bustelo, pese a los últimos intentos de José Ingenieros, señaló la existencia de una comunidad entre las dos «hermanas-abrazadas» ―la Filosofía y la Literatura― desde 1918, la filosofía comenzó a despegarse de la literatura sistemáticamente a partir de 1927, con el cierre de lo que podríamos llamar un «ciclo vitalista» y los escritos de Alberini5. De hecho, poco después esta separación se volvería notoria a partir de las primeras revistas institucionales de filosofía, el Boletín del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba (1934-1939) y la publicación Centro de estudios filosóficos (1936-1937), que de hecho no tuvieron noticias de ningún nexo literario.

  • 6 Saúl Taborda, La crisis espiritual y el ideario argenti...

7 Alrededor del año 1930 resulta posible fechar el final de una serie de enunciaciones retóricas que eran lanzadas desde varios flancos para justificar la función de la Facultad de Filosofía y Letras. Hasta ese momento, sus egresados se proponían «guiar» a la sociedad en general mediante la construcción de diferentes tipos de valores o ideales sociales; la disputa consistía en claro en si estos «ideales sociales» debían ser construidos en relación con la estética, la ética y/o la ciencia. Sin embargo, este optimismo, casi ingenuo, aparece ya quebrado hacia finales de la década del veinte. En ese momento, no sólo surgió el plan fuertemente autonomizante de la filosofía a cargo de Alberini según el cual la relación de la facultad con la sociedad debería ser mucho más mediada, sino también, como contracara, en ese momento surgió la fuerte crítica recién mencionada al encapsulamiento universitario, principalmente a cargo de Saúl Taborda, y la denuncia de la mencionada existencia de una «caverna de la academia». Con esto, además, Taborda se alejaba directamente de la filosofía profesionalizada que proponía Alberini en relación con sus últimas intervenciones sobre el sentido de la Reforma universitaria, la cual, según Taborda se encontraba alejada de «la sociedad viviente» y de «los afanes de los talleres y los campos»6.

8 En contraposición a estas lecturas, Francisco Romero fue el encargado de desarrollar una deriva gnoseológica personalista, teóricamente afín a la apropiación husserliana realizada por un conjunto de fenomenólogos norteamericanos. De manera que paulatinamente Francisco Romero le reconoció cada vez más a su propia tarea la función de sustentar la importancia del liberalismo político, primero frente al fascismo y al nacionalismo y luego frente al peronismo y al comunismo. Efectivamente, sin lugar a duda fueron la guerra civil española y el advenimiento del fascismo y el nazismo los acontecimientos que llevaron a los diferentes intelectuales que mencionaremos a determinar sus posicionamientos que luego se consolidarían frente al surgimiento de la figura de Perón.

9 A partir de este cuadro, veremos que estos proyectos profesionalizadores rivalizaron entre sí y dieron lugar a una primera, aunque efímera camada de revistas institucionales específicas de filosofía y una serie de más amplias colecciones editoriales. Tomaremos en cuenta entonces una serie de artículos y libros que permiten dar lugar a esta discusión entre proyectos filosóficos rivales a partir de dos ejes de disputa, fuertemente involucrados entre sí: sobre la autonomización y la profesionalización disciplinaria.

  • 7 Sobre los trabajos relativos a la profesionalización ac...

10 En el marco de este artículo, considero el proceso de profesionalización determinado por ciertas marcas que en buena medida responden a una mirada teleológica desde la configuración académica actual; es decir, teniendo en cuenta cuáles son hoy en día los índices de profesionalización, bajo la pregunta ¿de qué manera estos índices fueron apareciendo paulatinamente? Sin embargo, como resultará obvio, los mismos proyectos de profesionalización disciplinaria aquí revisados nunca dejaron de proponer otras formas de interacción social y cultural más allá de estos mismos índices7.

11 Precisamente, esta última indicación nos lleva al segundo eje referido a la autonomización disciplinaria. Cada proyecto profesionalizador de quienes estuvieron a cargo de puestos de gestión en las carreras de filosofía se ocupó también de dar una definición sobre cuál debería ser la función de la filosofía como disciplina. Y, claro, con ello, esta definición tenía también un aspecto fuertemente negativo que permite observar la polémica con los proyectos rivales con la pregunta ¿de cuáles otros saberes debería autonomizarse la filosofía en Argentina para lograr profesionalizarse? O, en otras palabras, cómo la filosofía debe mantener a raya la relación con sus «hermanas» problemáticas: la ciencia, la literatura, la política, la religión.

La operación Alberini: el profesional escindido

12Ya en 1914 la revista editada por el Centro de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Verbum (1912-1936) hacía la siguiente caracterización cómica pero respetuosa de su figura:

  • 8 Roberto F. Giusti, «De gestis virorum illustrium Facult...

Alberini o de la filosofía. Él y la filosofía son una misma cosa: a simple vista no se distinguen uno de la otra. Unidos por un estrecho cordón umbilical, se asemejan a dos hermanos siameses. Alberini es un polemista formidable. Argumento que se encuentra al alcance de sus anteojos está perdido: lo desmenuza sin piedad. La historia de la Lógica se divide en dos ciclos: el pre-alberínico y el post-alberínico.8

13En retrospectiva, este semblante irónico resulta altamente significativo. Efectivamente Alberini se declaró más tarde «hermanado» a la filosofía argentina por varios motivos. Uno de ellos, sin duda muy cierto, debido a su larga carrera a través de diferentes cargos dentro de la Facultad de Filosofía y Letras porteña.

14 Cuando era estudiante comenzó desempeñándose como bibliotecario de esta facultad hasta recibirse en 1909. Sus primeros trabajos aparecieron a partir de 1908 en publicaciones como Nosotros, Revista de la Universidad de Buenos Aires, Archivos de Psiquiatría y Criminología y en la Revista de ciencias políticas. Desde 1912, a sus 26 años, fue director interino de la Revista de la Universidad de Buenos Aires. Su ingreso como profesor universitario se dio en 1918 cuando fue nombrado profesor adjunto de ‘Psicología’ durante la renovación del claustro propulsada durante el decanato de Alejandro Korn (1860-1936). También dentro de la facultad porteña, en 1920 asumió en la recién creada cátedra de ‘Introducción a los estudios filosóficos’ y dos años después como titular en ‘Psicología II’. En 1923 tomó un nuevo cargo docente y enseñó ‘Gnoseología y metafísica’ en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en La Plata. Sobre su ascendente presencia, por ejemplo, Carlos Cossio (1903-1987) sostuvo que ya alrededor de 1920 Coriolano Alberini contaba a la par de Alejandro Korn con sus propios seguidores discipulares.

15 Al mismo tiempo desarrolló una rápida carrera a través de distintos cargos de gestión universitaria. Desde 1918 fue varias veces Consejero Académico y Delegado al Consejo Superior. Luego de los decanatos de Korn (1918-1921) y Ricardo Rojas (1921-1924), en 1925 asumió el cargo por primera vez hasta 1928. A partir de esta fecha pasó a ser vicerrector de la uba, para luego volver a ser decano de ffyl entre 1931 y 1932 y, luego, una vez más, por tercera vez, entre 1936 y 1940. Fue también en 1928 el creador y primer director del Instituto de Filosofía de esta facultad hasta retirarse en 1946, sólo reemplazado de manera interina por Luis Juan Guerrero durante los años en que Alberini ejerció su último decanato.

  • 9 En estas cruzadas, sobre todo fue remarcado el autoposi...

  • 10 En 1926 fue el primer profesor argentino a asistir a u...

16 Su proyecto insistió en una disciplina filosófica emancipada de la ciencia, la literatura y la política9. Éste fue sin duda el mensaje principal del ciclo de conferencias locales e internacionales que inició asumido su primer mandato en una serie de reconocimientos que se daban por primera vez a un filósofo local. La primera conferencia fue dictada a mediados de 1926 cuando Alberini partió a Estados Unidos para participar del vi Congreso Internacional de Filosofía en la Universidad de Harvard como delegado argentino10. Acompañado por su joven esposa, una exalumna suya, este viaje constituía la primera participación de un filósofo local en un congreso internacional especializado que también tuvo como objetivo conocer el sistema universitario europeo. De modo que más tarde, ese mismo año, viajó a Italia, en donde asistió a clases de Giovanni Gentile y conoció a Benedetto Croce. Al finalizar el año fue invitado por la Sociedad Filosófica Francesa para dar una conferencia en París. En Francia también visitó a Meyerson y a Bergson. Luego, en Alemania, se volvió a encontrar en Berlín con Einstein ―a quien había recibido en su visita a Argentina en 1925― y, más tarde, gracias al contacto provisto por Astrada, en Friburgo se entrevistó con Husserl y con Heidegger. Por último, en Münich conoció personalmente a Spengler. A diferencia de Saúl Taborda, Luis Guerrero y Carlos Astrada que viajaron para completar sus estudios durante esos mismos años, Alberini ―quien tenía unos cuarenta años como Taborda― realizaba ya una serie de conferencias como decano por cada ciudad por la que pasaba.

17 Estas conferencias publicadas en distintas revistas señalaban un cambio respecto a su producción anterior, consistente sobre todo en reseñas y comentarios producto de cierta lectura. Se diferenciaban por el tipo de intervención que proponían a partir de conferencias dictadas desde sus puestos de gestión que luego eran publicadas. Por esto, y a pesar de su enorme dispersión, adquirían un tono casi prescriptivo. De modo que su proyecto profesionalizador puede rastrearse diseminado en varios textos.

  • 11 José de España, «El Dr. Alberini, amigo de la cultura»...

18 En primer lugar, cuando asumió por primera vez este puesto, los impulsores de la revista de vanguardia literaria Martín Fierro (1924-1927) consideraron este hecho altamente auspicioso. Según sus esperanzas, el nuevo mandato de Alberini era la oportunidad de que las salas de la facultad se abran a «los más altos cultores de las nuevas corrientes estéticas»11. Sin embargo, Alberini se alejó súbitamente de su leves referencias líricas y estéticas para de hecho comenzar a criticarlas por la necesidad de confeccionar una práctica filosófica profesional con mayor claridad y menos retórica.

  • 12 Alejandro Korn, «La filosofía argentina», Nosotros, 21...

19 Como se desprende de su discurso frente a las autoridades, éste es entonces también su proyecto como decano de la universidad en contra del «anti-intelectualismo» esteticista. Desde múltiples artículos, conferencias y entrevistas, Alberini impuso una visión al respecto. De modo que, si bien se trató de una tendencia general dentro de varias revistas universitarias, y por ejemplo Korn había sostenido una crítica la «efervescencia retórica» de Bergson, finalmente fue Alberini como filósofo y decano quien capitalizó esta cruzada des-estetizadora12.

  • 13 Coriolano Alberini, «La Reforma universitaria y la Fac...

«Las vaguedades retóricas del vitalismo contemporáneo nos están llevando a una nueva cultura bizantina, que no será la pedantería del cerebro pero de hecho corre el riesgo de convertirse en pedantería de la médula a fuerza de querer exaltar a Don Juan frente a Sócrates. Es precisamente lo que ha hecho Ortega y Gasset. Como suele ocurrir, los discípulos han abusado del pensamiento del maestro».13

  • 14 Coriolano Alberini, «La filosofía y las relaciones int...

  • 15 Ibid., p. 20.

20En segundo lugar, Alberini solía presentar la función social que debían adquirir filósofos por su independencia política: «los filósofos tienen el deber de no dejarse perturbar por las pasiones colectivas de un momento determinado, así sea el más dramático»14. Respecto a esto mismo, cinco páginas después en el mismo texto, sostenía: «La convicción filosófica se dogmatiza al trocarse en la creencia militante […] la petrificación utilitaria o académica de los productos del espíritu puede destruir la fecundidad del espíritu».15

  • 16 Roberto Giusti, «A propósito de un discurso universita...

21 Sin embargo, la crítica a esta autonomización de la filosofía no tardó en llegar. A partir de este momento es posible encontrar críticas directas al desenvolvimiento de Alberini dentro de la gestión universitaria; es decir, contra «quien ha convertido una Facultad en un cacicazgo e introducido en ellas las peores mañas en el arte nada lírico de doblar a los hombres y acaparar los beneficios»16. Por eso, ahora, un poco más de diez años después, las referencias a Alberini que hicieron Giusti y Bianchi desde Nosotros no fueron nada benévolas. Principalmente, le criticaban hasta ese momento haber logrado una meteórica carrera docente que continuó dentro de la gestión, desde la revista, la facultad y la universidad, mientras sólo había publicado «dos monografías de estudiante» y carecía de una obra sustantiva.

  • 17 Coriolano Alberini, «Presentación de Ortega y Gasset»,...

22 Sin embargo, a pesar de sostener con orgullo su «bella inutilidad», Alberini mismo debía expedirse respecto sobre su funcionalidad social. En esta línea, Alberini sostuvo que «las disciplinas que se estudian en esta casa son gloriosamente inútiles»17, «sin embargo, son las únicas capaces de dar al país una personalidad espiritual». De modo que la historia, la literatura y la filosofía son las que «permiten al hombre forjarse la ilusión de que es una persona». De este modo mucho más mediado, al menos retóricamente también Alberini sostiene que la función de sus trabajos y sus clases consistía en contribuir a conformar una identidad nacional. A diferencia de sus predecesores, explicitaba el modo en que debía hacerlo un filósofo especialista, profesional, en su función de profesor.

23 Aunque exagerada, la hipótesis de Alberini ―luego difundida contra los sucesivos contextos de politización estudiantil por su discípulo Diego Pro― resulta clara. Mientras la Reforma universitaria fue sólo una reforma dentro de los claustros frente reclamo común de profesores profesionales, la «reacción positivista» tuvo una repercusión cultural mayor. Por lo que, al pasaje citado anteriormente, agregaba:

  • 18 Coriolano Alberini, «La Reforma universitaria y la Fac...

En todo caso, si hay quien siente la voluptuosidad de cultivar apostolados referentes a ideales inconclusos, bueno es que lo hagan en la calle, en la tribuna o en los partidos. Mas no se convierta la Universidad en arena política; de lo contrario, las necesidades de la acción pragmática perturbarán la específica vida de la casa. La existencia pasional sobre tales métodos traerá una recrudescencia del pragmatismo argentino en la Universidad.18

  • 19 Lejos de ser una posición aislada, ésta era compartida...

24Efectivamente, desde su primera asunción como decano, atacó teórica y prácticamente este politicismo; como sabemos, por ejemplo, procurando quitar de los programas académicos cualquier texto vinculado al marxismo19. Desde este punto de vista, la «reacción antipositivista» era entonces la que incluía un reclamo de «Reforma universitaria». Ahora las ideas «interesan por ellas mismas y no como simples instrumentos de la acción inmediata». Esta es la concepción de Alberini de la «verdadera filosofía».

25 Con profesores graduados dedicados a su tarea, revistas no periodísticas sino universitarias y el hecho de que «ya no dependemos de traducciones», Alberini caracteriza una nueva función del filósofo como especialista y docente. El cambio está dado en que ahora la filosofía no es recibida en forma tardía y de segunda mano. Mientras, como señalamos, para Korn, el intelectual-filósofo tiene que concienciar y promover valores en contacto con otras esferas sociales, en cambio, para Alberini, el lugar del filósofo es el de la docencia. Por lo que también es dentro de ella en dónde hay que evaluar el éxito del proceso.

  • 20 Coriolano, Alberini, Problemas de la historia de las i...

Ello prueba que ya nos estamos alejando del viejo tipo de profesor latinoamericano, siempre entregado a múltiples ocupaciones heterogéneas, fundamentalmente profesional de la medicina o eterno aspirante a ministro o diputado. Por lo que toca a la cultura superior, cabe presumir que tiende a declinar el reinado del diletantismo y de las vocaciones imprecisas.20

26Si le creemos a su operación de autoposicionamiento, Alberini pudo atravesar en importantes puestos de gestión diferentes procesos políticos y culturales. Primero, como decano durante la presidencia de Alvear y el yrigoyenismo, luego también como decano durante la década del treinta mientras diversas instituciones y universidades fueron intervenidas. Más tarde como partícipe cercano de algunas entidades culturales fascistas y luego con elogios a Perón y su ministro Ivanissevich. Con todo, es cierto que, como fuimos señalando, sus gestos políticos no pueden ser rastreados desde sus textos, discursos y notas que se conservaron. Desde esta perspectiva, la filosofía no debía tener hermanas, y debía huir de sus vínculos con la ciencia, la literatura y la política.

La operación Francisco Romero: un liberalismo con bases fenomenológicas

27Como recordaba Aníbal Sánchez Reulet, inicialmente la imagen de un militar de uniforme al frente de una clase de filosofía resultó chocante para la generación reformista de estudiantes, pero, hasta lo que sabemos, sólo hasta ahí existió algún tipo de resquemor al respecto. Finalmente, en 1931 Francsico Romero se retiró del ejército para dedicarse a la enseñanza y a la investigación filosófica. Además, coincidió también con el momento en que eligió dejar de lado la escritura de poesía, aunque de todas formas siguió publicando numerosos artículos sobre crítica literaria ―en revistas como Nosotros, Megáfono (1930-1934) y La vida literaria (1928-1932)― y a partir de esos años integró el consejo de redacción de la revista Sur. Si bien es claro que ―a diferencia de Coriolano Alberini― Francisco Romero no propuso un gesto de quiebre explícito entre filosofía y literatura, esta intención personal de abandonar una disciplina para abrazar a la otra en 1931, sin insistir en la existencia de vínculos constitutivos profesionales, resulta altamente significativa.

28 «Acallada poco a poco la polémica antipositivista» ―sostuvo más tarde Romero respecto a este período― «la filosofía hispanoamericana empieza a entrar en sus cauces normales». De esta manera, a diferencia de Alberini, con su llegada tardía al ámbito académico y su escasa participación de las publicaciones y agrupaciones previas, él mismo se autoposicionó en un momento posterior de la batalla contra la presencia hegemónica del positivismo. Este gesto involucraba también la búsqueda de un nuevo tipo de referencias intelectuales. Según Romero, ya no se trataba de retrotraerse específicamente a autores clásicos o contemporáneos con los fines de lo que Dotti llamó «philosophia militans» , por ejemplo bajo la forma de una con una «vuelta a Kant», sino, de ahora en más, la tarea en ciernes consistía para Romero en difundir y discutir la nueva filosofía contemporánea, por lo que, durante años, siguió ejerciendo la crítica bibliográfica y la exposición sistemática de diferentes autores en casi todos los casos alemanes.

29 En sus permanentes revisiones, Romero también explicó la nueva «normalidad» en función de su nuevo cauce institucional, específicamente logrado gracias a tres o cuatro nuevas plataformas culturales y filosóficas que, según él, partieron de la herencia de su maestro Alejandro Korn y luego tuvieron al propio Francisco Romero entre sus principales promotores. Él mismo destacó así la importancia filosófica de dos instituciones fundadas por su maestro que funcionaron fuera de la academia: la Sociedad Kantiana de Buenos Aires y el Colegio Libre de Estudios Superiores, y, en tercer lugar, luego de la muerte de Korn, la Casa del Pueblo del Partido Socialista y la Universidad Popular Alejandro Korn (upak), institución que de manera discontinua organizó ciclos de conferencias y cursos sobre problemas culturales.

30 Queda claro entonces en el tenor de estas instituciones que Francisco Romero no descuidó en ningún momento su preocupación divulgadora. Respecto al cles, dice Romero que es una «institución con la cual nos consolamos de la Universidad», para referirse principalmente a las nuevas políticas de intervención gubernamental que sufriría la facultad a partir de 1930. Fue entonces en 1939 cuando, con un gesto de cierto malestar, Romero publicó un texto que renegaba de su tono de «manifiesto». Por un lado, en clave antimarxista, allí Romero reconocía la afortunada ausencia de una filosofía cientificista que niegue el resto de los pensamientos. Según él, la caída de este «empirismo racionalista totalitario» se ha debido a su incapacidad de tomar como objeto de estudio los valores, sentimientos, creencias, opiniones y otros elementos culturales que hacen a las distintas «concepciones del mundo». Por esto, por otro lado, su «manifiesto» afirmaba la importancia de la filosofía como disciplina. Negar la importancia de la filosofía equivale a estar afirmado en una «concepción del mundo» que se considera legítima por sobre todas las cosas, ya sea porque afirma conscientemente su suficiencia teórica o porque con ingenuidad desconoce sus límites.

  • 21 Ésta fue entonces la intención de Romero al finalmente...

31 Romero no se refiere aquí a un contexto argentino regido todavía por una «concepción del mundo» utilitarista, sino vinculado a un retraso en la llegada de las nuevas ideas respecto al cual la función de la filosofía debe ser la actualización constante del diálogo intelectual y su injerencia en el pensamiento nacional. Por eso, como él mismo reconocía, en relación con el establecimiento «normal» de la filosofía hacía falta una tarea de gestión cultural mucho más amplia de apertura, opuesta al repliegue en una búsqueda interna de la nacionalidad en la que se habían inmerso numerosos filósofos y pensadores21. De manera que, bajo este programa, y como sostuvieron sus alumnos, Francisco Romero elaboró sus ensayos sobre la ‘persona’ en oposición a los extremismos de izquierda y de derecha.

  • 22 Por su amistad con Victoria Ocampo y su pertenencia al...

32 A través de toda su tarea de estudio y revisión de la filosofía alemana, Romero se especializó en Husserl, Dilthey, Hartmann, Freyer y Scheler. Fue el enfoque gnoseológico escogido el que lo llevó tanto a una reflexión constante sobre la filosofía de la cultura como a la antropología filosófica en estrecha relación al enfoque gnoseológico y la noción de «concepción del mundo» (Weltanschauung). Pero a este continuo interés gnoseológico, Francisco Romero fue el único filósofo local en sumar sin mayores referencias lo que en Francia comenzó a desarrollarse como ‘personalismo’ y más tarde logró continuidad en la Universidad de Browne en los Estados Unidos.22

33 Según la lectura personalista bastante instalada entre Francisco Romero y sus allegados, tanto el vitalismo ―irracional y fascista― como el comunismo ruso ―positivista― parecían diluir a la «persona». Por fuera del marxismo, que por estos años no participaba de los programas universitarios, básicamente se trata de dos derivas fenomenológicas, opuestas teórica y políticamente. Abandonado el neokantismo, con posterioridad al acercamiento de los intereses vitalistas ―puntualmente de Nietzsche, Sorel, Bergson, y Simmel (en ese orden)― a la estética de vanguardia, surge una paulatina introducción del existencialismo, que convive de hecho junto a Bergson hasta al menos el Congreso de Filosofía de 1949. La segunda tendencia se mantiene más cercana a la fenomenología, en el concepto de ‘visión del mundo’ y de allí se interesó por una tardía lectura de Dilthey, el personalismo y la obra de Hartmann. El interés de esta segunda deriva por el existencialismo se concretó en Argentina recién con la paulatina aparición de los textos de Sartre en la revista Sur.

34 Contra el marxismo-positivista y el existencialismo heidegeriano-organicista, Romero sostuvo que, de manera opuesta al análisis atómico que llevaba a cabo el positivismo en su racionalismo ingenuo, por el contrario, las nuevas construcciones filosóficas «sintéticas» poseían una temeraria tendencia que se acercaba peligrosamente el irracionalismo. De modo que éste se muestra como uno de los principales problemas políticos que se debe tener en cuenta en un contexto en que «de la perfecta racionalidad hemos saltado a la irracionalidad suma». En buena medida, por esto, al igual que Alberini, Francisco Romero sostuvo que la filosofía debía apuntar a problemas universales y considera que no debe hablarse estrictamente de «filosofía argentina».

35 Desde este punto de vista, la filosofía como disciplina debía emanciparse de la ciencia, la literatura y la religión. También de la política, pero, como tuvo que reconocer sólo unos años después, Francisco Romero no tenía más opción que admitir que la política nacional e internacional tenían una irrupción directa dentro de los claustros e incluso dentro de la misma teoría. Aunque, después de 1956, ya instalado en un lugar de consagración académico, como admite en su correspondencia, pudo dedicarse a la práctica «pura» de la disciplina.

La autonomía quebrada: momentos de determinación intelectual

36Con las consideraciones realizadas, los primeros años de la década del treinta dieron lugar en Argentina a los primeros proyectos profesionalizadores de la filosofía como disciplina que la pensaban autonomizada tanto de la política como de la ciencia y la literatura. Los proyectos filosóficos que marcaron los lineamientos académicos a partir de 1930 hasta al menos 1955 comenzaron pugnando por una autonomización de la disciplina que al poco tiempo se volvió imposible. La guerra civil española y el advenimiento del fascismo llevaron a distintos filósofos a proponer vínculos directos entre sus opciones teóricas y políticas, o, por el contrario, en el caso de Alberini, afirmar en la teoría y en la práctica su total independencia.

  • 23 Sigo: Andrés Bisso, «El antifascismo argentino : Image...

37 Como señalaron tanto Leticia Prislei como Andrés Bisso, si bien en un primer momento el fascismo italiano pareció ser aceptado como una opción política más, en cambio, el auge del nazismo y del antisemitismo llevó a una fuerte politización intelectual que se volvió inevitable con el comienzo de la guerra civil española23. Dentro del arco intelectual, también los filósofos que venimos siguiendo tomaron sus respectivas determinaciones políticas. Mientras Homero Guglielmini ya mostraba una militancia firme cercana al nacionalismo desde su regreso de los Estados Unidos, de diferentes maneras, tanto Coriolano Alberini como Francisco Romero esbozaron sus posiciones a partir de 1937.

  • 24 Leticia Prislei, «Redes intelectuales ante el fascismo...

  • 25 Arturo Capdevila, «Semblanza de Coriolano Alberini», i...

38 Como señalamos, Coriolano Alberini no justificó ni teórica ni explícitamente su posición desde su producción textual. Quizás podemos pensar que no se trató necesariamente de un ocultamiento, sino que fue parte de su estrategia intelectual, según la cual el discurso teórico no debería politizarse; como un modo de intentar ―de manera coherente con su propuesta sobre la función del letrado― escindir la práctica política de la teórica. Sin embargo, por un lado, como apuntamos, como decano intentó poner a buen resguardo los programas universitarios de todo material marxista, incluso de un marxismo de alta calidad académica como el de Rodolfo Mondolfo (1877-1976), a quien Alberini contribuyó a traer a la Argentina. Por otro, en aquel momento, el surgimiento de nuevas instituciones y revistas referentes a la situación italiana llevaron a casi todos los ítalo-argentinos a definirse. En junio de 1937 se formó en Argentina la primera plataforma oficial pro-fascista vinculada al consulado italiano: la Agrupación Argentina Amigos de Italia. Entre los filósofos locales, un octogenario Rodolfo Rivarola (1857-1942) aparecía como miembro honorario de la comisión consultiva junto al en ese momento decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Coriolano Alberini. Siguiendo el texto de Prislei, a esto se sumaba que Manuel Gálvez utilizó en estos años la Facultad de Filosofía y Letras para presentar a algunos intelectuales filo-fascistas que llegaban de Italia24. En la misma línea, Alberini recibió dos polémicas distinciones. La más discutida de ellas como doctor honoris causa de la Universidad de Leipzig durante al nazismo ―por lo cual los estudiantes comunistas se comenzaron a referir a él como «Dr. Nazi»―, y, la segunda, como Commendatore de la corona italiana durante el gobierno de Mussolini. Sobre estas notas, solo después de su fallecimiento, el ensayista Arturo Capdevila (1889-1967) recordó con cierta ironía a «su maestro»; por un lado, remarcó que, en su temprana estancia en Italia, Alberini «no le negó sus reverencias» al entonces Ministro de Instrucción Pública de Mussolini, Giovanni Gentile, mientras, por otro lado, le interesó recalcar que Alberini era afecto a los chistes de judíos.25

39 A esto se sumó que, durante las décadas de su accionar en la Facultad, fue Alberini, con un apoyo inicial de Alejandro Korn, quien pugnó por incorporar la filosofía medieval a las facultades de Buenos Aires y La Plata como un modo de superar el positivismo mediante los estudios clásicos, en batalla directa con los cientificistas que veían esto como una pérdida de tiempo. De este modo, al mismo tiempo, Alberini también propició el ingreso de una serie de profesores tomistas vinculados con asociaciones franquistas. Entre ellos, se destacó Tomás Casares (1895-1976), vicedecano del tercer período de Alberini al frente de la facultad porteña y un aliado de Alberini dentro de la política universitaria. Demás está recordar que Casares ingresó como profesor suplente en 1928 a la cátedra de ‘Introducción a la filosofía’ que estaba a cargo de Alberini mientras participaba como redactor de la publicación nacionalista La Nueva República (1928-1931) dirigida por Rodolfo Irazusta. Entre 1930 y 1931 dirigió la revista Criterio. Durante la dictadura militar del General José Félix Uriburu fue nombrado decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata por un tiempo, ya que luego, cuando Atilio Dell'Oro Maini fue puesto como interventor de la provincia de Corrientes, Casares ocupó allí también funciones como ministro provincial.

40 A los fines de este artículo, el recorrido de Casares resulta relevante para tener en cuenta lo que pasó en la década siguiente. Especialmente a partir del golpe militar de 1943, la intervención universitaria permitió el ingreso de una importante cantidad de profesores tomistas, nacionalistas y franquistas, en buena medida alentada por Casares y al menos permitida por Alberini. Entre los nuevos nombres que ingresaban al claustro docente, se destacaron Alberto Baldrich (1898-1982), Juan Sepich (1906-1979), Octavio Nicolás Derisi (1907-2002), Hernán Benítez (1907-1996) e Ismael Quiles (1906-1993). De esta manera, la filosofía académica pasaría a acercarse con fuerza a una hermana que ingresaba de a poco a los claustros y tendría una nueva visibilidad a partir del peronismo: la religión.

41 En el caso de Romero, paulatinamente a partir de 1938 intervino de manera más directa desde su producción teórica en la discusión sobre el individuo y la sociedad que traían los distintos acontecimientos políticos y una consistente producción adversa que cada vez ganaba más espacios académicos y culturales. De este modo, Francisco Romero sí hizo explícitas sus adhesiones políticas con su participación dentro de las plataformas vinculadas a la Unión Democrática; de la cual, por ejemplo, entre los filósofos, también participó un joven Mario Bunge (1919-). Si bien Francisco Romero realizó un reconocido apoyo, no lo hizo mediante conferencias, discursos o artículos de análisis coyuntural. En cambio, sí lo hizo en función de editor e impulsor de publicaciones periódicas, libros e instituciones, mientras buscó permanentemente una justificación teórico-filosófica de ellas con una fuerte reflexión sobre la noción de ‘persona’ primero en relación con el antifascismo, luego respecto al peronismo y más tarde también contra el comunismo, en lo que significó una politización creciente que se haría cada vez más visible en su producción teórica.

42 Cerraremos, el presente artículo haciendo una alusión al proyecto, en su momento todavía marginal, de Mario Bunge y su revista Minerva (1944-1945); en tanto desde este punto de vista, la Filosofía debería volver a hermanarse con la Ciencia.

43 Al año siguiente, cuando lanzó en 1944 ya recibido como físico su revista Minerva (1944-1945), Mario Bunge sabía entonces cuál era su ámbito de incidencia. Junto a él, impulsó esta publicación Risieri Frondizi (1910-1985), quien recientemente había concluido sus estudios en la Universidad de Michigan y por lo tanto estaba familiarizado con la filosofía anglosajona. Por esto, se trató de una publicación atípica para el momento dentro de la serie de revistas sobre filosofía que desde fuera de la academia emprendió una militancia específica contra la línea fenomenológica que en aquel momento predominaba en las universidades de Buenos Aires y La Plata.

  • 26 Ibid.

Pero Minerva no se propone ser una revista común de filosofía. Minerva renace ahora, después de siglos, porque la razón peligra. Peligro de muerte y ―lo que es peor― de suicidio. Y, nace, como la hija de Zeus, armada y combatiente. Armada de razón y combatiendo por la razón y contra el irracionalismo. El dilema filosófico de nuestro tiempo no es ya el origen del conocimiento. Es el problema del valor del conocimiento, de la razón, de la Ciencia y de la Filosofía.26

44Como se repite luego a lo largo de los cinco números de la revista, y haciendo referencia directa a su contexto cultural y universitario, se trata también de un problema político de la «civilización». Con todo, no defendió explícitamente una determinada concepción de la filosofía. Por eso, su revista no estuvo especialmente dirigida a la definición de los campos epistemológicos, nociones matemáticas y los problemas del lenguaje, sino principalmente ejercer una función negativa contra el irracionalismo filosófico. Esta afirmación no quita el hecho de que los artículos constructivos y positivos sobre el Círculo de Viena, la filosofía científica y la epistemología hayan tenido un lugar central. Probablemente, el artículo del austríaco Lindemann sobre el Círculo de Viena debe ser considerado una de las primeras noticias locales al respecto.

45 Con esto, el cumplimiento de los cien años del nacimiento de Nietzsche dio lugar a una serie de conferencias y publicaciones en el tono con el que vente años antes los pensadores locales se habían expedido sobre Kant; entre las cuales se destacó la aparición del libro de Astrada, Nietzsche, profeta de una edad trágica (1945), pero que también contó con el aporte de Francisco Romero, «Nietzsche a lo lejos» (1944) y el Nietzsche de Martínez Estrada de 1947. El joven Mario Bunge también aprovechó la oportunidad para atacar a la «esfinge sin enigma» que todos homenajeaban. Pero la crítica era más amplia y aprovechaba para extenderse a toda una rama del pensamiento de indagación alemán. Obviamente, una vez más, atacar al referente internacional involucraba la desclasificación de sus seguidores locales, en relación con quienes la revista no ahorró calificativos: «charlatanes de feria, ilusos entusiastas» y agrega «algunos axiólogos desmemoriados». Como vemos, bajo los estandartes de la filosofía alemana y la axiología prácticamente caían casi todos los filósofos a cargo de las distintas cátedras. El ingreso de la filosofía analítica al campo filosófico argentino no comenzó en términos pacíficos.

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Traine, Martin, «Los vínculos del instituto de investigaciones sociales de Frankfurt con la Universidad de Buenos Aires en los años 30», Cuadernos de filosofía, 49, 1994.

Notes

1 Sobre la correspondencia conservada: Martin Traine, «Los vínculos del instituto de investigaciones sociales de Frankfurt con la Universidad e Buenos Aires en los años 30», Cuadernos de filosofía, 49, 1994.

2 Hugo Biagini, «Entrevista», in: Alejandro Herrero y Fabián Herrero, Las ideas y sus historiadores: un fragmento del campo intelectual en los años noventa, Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral, 1996.

3 Desarrollé este contexto de discusiones en: Lucas Domínguez Rubio, Filosofía e historia en las primeras historias de las ideas argentinas proyectos intelectuales, académicos y políticos durante el proceso de profesionalización de la filosofía en Argentina (1912-1955), Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires, 2018.

4 Pablo Buchbinder, Historia de las universidades argentinas, Buenos Aires: Sudamericana, 2005.

5 Jorge Eugenio Dotti, «Las hermanas-enemigas», in: Las vetas del texto: una lectura filosófica de Alberdi, los positivistas, Juan B. Justo, Buenos Aires: Punto Sur, 1990; Natalia Bustelo, «Hermanas abrazadas, filosofía y literatura en la reacción antipositivista», in: Alejandra Maihle, Pensar al otro / pensar la nación vol. II, La Plata: Al Margen, 2017. En esta dirección, desde la historia conceptual, Martín Cremonte habla de un “momento soreleano” alrededor de la revista Inicial (1923-1928). Martín Cremonte, El momento soreleano: tesis de maestría [inédita], Buenos Aires: UNSAM, 2018.

6 Saúl Taborda, La crisis espiritual y el ideario argentino, Rosario: Instituto Social de la Universidad Nacional del Litoral, 1934, p. 20.

7 Sobre los trabajos relativos a la profesionalización académica de las distintas disciplinas, si bien contamos con estudios sobre el proceso de profesionalización de las ciencias sociales ―por distintos trabajos de Carlos Altamirano y Alejandro Blanco―, la historia ―por Alejandro Cattaruzza, Alejandro Eujanian, Fernando Devoto y Nora Pagano― y los estudios literarios ―a cargo de Altamirano y Sarlo y más recientemente por Verónica Delgado; sin embargo, aún no hay trabajos específicos sobre el proceso de institucionalización de la filosofía en Argentina. Desde la década del diez cuando se hablaba de una «naciente» filosofía argentina, hasta las décadas del ‘30 y el ‘50, cuando, bajo diferentes condiciones, por ejemplo, Alberini y Romero, coinciden en afirmar una «normalización» de la disciplina en la Argentina, encontramos quizás algunos diagnósticos al respecto, aunque escasamente justificados. Biagini trazó un mapa de las revistas y de otros indicadores académicos de la actividad en Argentina, como ser congresos, traducciones, exportación de profesores. Por lo que, con todo, aún no contamos con trabajos sobre la profesionalización de la disciplina. Dante Ramaglia propuso también ciertas hipótesis al respecto para pensar los cambios en la disciplina hacia 1918. Específicamente sobre las revistas de filosofía y su profesionalización seguimos de cerca el texto de Cassini sobre este tema publicado en 1998 y el trabajo más general de Romanos de Tiratel de 2008. Carlos Altamirano, «Entre el naturalismo y la psicología: el comienzo de la ‘ciencia social’ en la Argentina», in: Federico Neiburg y Mariano Plotkin (eds.), Intelectuales y expertos: la constitución del conocimiento social en Argentina, Buenos Aires: Paidós, 2004; Alejandro Blanco, Razón y modernidad: Gino Germani y la sociología en la Argentina, Buenos Aires: Siglo veintiuno, 2006; Alejandro Cattaruzza y Alejandro Eujanian, Políticas de la historia: Argentina 1860-1960, Madrid: Alianza, 2003; Fernando Devoto y Nora Pagano, Historia de la historiografía argentina, Buenos Aires: Sudamericana, 2009; Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo, Ensayos argentinos: de Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1983; Verónica Delgado, El nacimiento de la literatura argentina en las revistas literarias (1896-1913), La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2006. Dante Ramaglia, «Condiciones y límites del proceso de institucionalización de la cultura filosófica argentina a comienzos del siglo XX», Solar, 6, 2010, p. 13–39; Alejandro Cassini, «Los caminos hacia la profesionalización de la filosofía: las revistas argentinas de filosofía en el último cuarto de siglo», Cuadernos de Filosofía, 43, 1998; Susana Romanos de Tiratel et al., Revistas argentinas de humanidades y ciencias sociales, Buenos Aires: INIBI, 2008.

8 Roberto F. Giusti, «De gestis virorum illustrium Facultatis», Verbum: órgano del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, 23, 1914, 27–35.

9 En estas cruzadas, sobre todo fue remarcado el autoposicionamiento que posteriormente también Alberini buscó resaltar como el gran profesionalizador anti-positivista de la filosofía argentina: Clara Ruvituso, «Pensamiento filosófico, inserción universitaria e idearios políticos en Alejandro Korn y Coriolano Alberini», in: Osvaldo Graciano y Germán Soprano (eds.), El Estado argentino y las profesiones liberales, académicas y armadas, Rosario: Prohistoria, 2010, 114–39; Mauro Donnantuoni Moratto, «El antipositivismo y la formación de un nuevo discurso filosófico en Coriolano Alberini», Revista de filosofía y teoría política, 45, 2014.

10 En 1926 fue el primer profesor argentino a asistir a un congreso internacional de filosofía. Además, Alberini fue uno de los primeros que publicó la totalidad de sus artículos en medios universitarios y revistas bastante específicas. A lo que se suma que también en estos años Alberini también fue el primer filósofo local en publicar en una revista profesional de filosofía como The Monist (Illinois, 1890-1936; 1962-): Coriolano Alberini, «Contemporary philosophic tendencies in South America, with special reference to Argentina», The Monist, 37, 3, 1927, 328–334.

11 José de España, «El Dr. Alberini, amigo de la cultura», Martín Fierro, 30-31, julio de 1926, 10.

12 Alejandro Korn, «La filosofía argentina», Nosotros, 219–220, 1927, 52–68. Sobre estos cambios en las revistas sobre filosofía, ver: Lucas Domínguez Rubio, «La profesionalización de la filosofía a través de sus revistas», Información, cultura y sociedad, 38, 2018, p. 13–40.

13 Coriolano Alberini, «La Reforma universitaria y la Facultad de Filosofía y Letras», Universidad: revista de la Universidad del Litoral, 56, 1931, 5.

14 Coriolano Alberini, «La filosofía y las relaciones internacionales», Síntesis: artes, ciencias y letras, 2, 1927, p. 15.

15 Ibid., p. 20.

16 Roberto Giusti, «A propósito de un discurso universitario», Nosotros, 62, 234, 1928, 277–80.

17 Coriolano Alberini, «Presentación de Ortega y Gasset», Síntesis IV, 10, 1928, p. 17.

18 Coriolano Alberini, «La Reforma universitaria y la Facultad de Filosofía y Letras», ibid, p. 6.

19 Lejos de ser una posición aislada, ésta era compartida por algunos grupos estudiantiles. Entre ellos, los jóvenes que editaban la revista Megáfono (1930-1934) que se presentaba como una revista «reformista» de la «nueva generación» fuertemente crítica de la producción «fragmentaria e insincera» que la nueva generación había producido hasta ese momento. Básicamente compartían el diagnóstico de Alberini: la nueva sensibilidad fracasó, precisamente a causa del «diletantismo y [la] superficialidad», «y en eso se asemejaron a los atacados hombres de letras que platicaban filosofía de filosofía en las puertas de un comité»; «Editorial», Megáfono, 8, agosto 1931, p. 7. Su conclusión contra los «neo-sensibles» era: «confirmados en lo erróneo de toda construcción a priori de la cultura de un país, nos limitamos a marcar un muchas veces repetido pero esencial axioma de metodología intelectual: seriedad. […] La milicia política nos parece contraria a la Reforma universitaria»; «Editorial», Megáfono, 9, diciembre 1931, 62. Desde estos puntos de vista, el colectivo de Megáfono sostenía que ‘Reforma universitaria’ refería únicamente a «teoría de la universidad», por lo que criticaban también «pragmatismo» estudiantil y defendían las jerarquías universitarias.

20 Coriolano, Alberini, Problemas de la historia de las ideas filosóficas en la Argentina, La Plata: Instituto de Estudios Sociales y del Pensamiento Argentino-Universidad Nacional de la Plata, 1966, p. 74.

21 Ésta fue entonces la intención de Romero al finalmente compilar sus primeros artículos pedagógicos de divulgación en Nosotros. En la introducción sostuvo respecto a este gesto que le interesaba: «Los ensayos y notas recopilados en este volumen están entresacados de una producción continua y relativamente vasta, proseguida a lo largo de unos cuantos años. Algunos de los asuntos tratados eran poco o nada conocidos entre nosotros en la fecha de la publicación original»; Francisco Romero, Filosofía contemporánea, Buenos Aires: Losada, 1941. En su mayoría consistieron en lecturas de textos que reponían los sistemas de determinados filósofos: sobre Dilthey, sobre Vorlander, sobre Tilgher y otros «relativistas contemporáneos», Hartmann, Husserl, Ueberweg, Herman Driesch, Hans Vahinger, Harald Hoeffing, Kulpe, Keyserling, Natorp, Wihelm. A los que sumaba algunas revisiones pedagógicas de filósofos clásicos como Leibniz y Schopenhauer. Con lo cual, desde temprano, podía observarse su predilección por la filosofía alemana contemporánea.

22 Por su amistad con Victoria Ocampo y su pertenencia al núcleo de Sur, Francisco Romero conoció desde sus inicios la revista Esprit (1932-1941) editada en Paris por Emmanuel Mounier. Victoria Ocampo se transformó en una seguidora de este liberal cristiano a quien Romero no citó directamente, pero sí a sus repercutores norteamericanos respecto a quienes esbozó su obra más sistemática en un diálogo que se mantendría al menos durante dos décadas más. Como el mismo Mounier lo dice en su artículo traducido en Sur, se trata de una filosofía que atenta contra el «impersonalismo político», «enoja» al liberalismo francés, se reformula como «socialismo humanista» y se considera totalmente opuesta al materialismo marxista. Emmanuel Mounier, «La tradición del personalismo francés», Sur, 9, 57, 1939, p. 76-81. Efectivamente en un inicio, desde Sur se entendió el personalismo como una opción al marxismo: Nicolai Berdaiev, «Personalismo y marxismo», Sur, 5, 13, p. 7-39.

23 Sigo: Andrés Bisso, «El antifascismo argentino : Imagen de redención ‘democrática’ de la sociedad civil en la Argentina fraudulenta y militar de los años 30 y 40», Trabajos y Comunicaciones, 26/27, 2001, 211–32. Leticia Prislei, Los orígenes del fascismo argentino, Buenos Aires: Edhasa, 2008.

24 Leticia Prislei, «Redes intelectuales ante el fascismo: polémicas culturales y políticas acerca de las leyes raciales italianas y los exilios en Argentina», Pasado y Memoria: Revista de Historia Contemporánea, 11, 2012, p. 93–113.

25 Arturo Capdevila, «Semblanza de Coriolano Alberini», in: Coriolano Alberini, Escritos de ética, Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 1973.

26 Ibid.

Pour citer ce document

Lucas Domínguez Rubio, «¿Hermanas, quiénes? La autonomía quebrada: una discusión entre los principales proyectos profesionalizadores de la filosofía en la Argentina de la década del treinta», Líneas [En ligne], Numéros en texte intégral /, Philosophie en Ibéro-Amérique, mis à jour le : 10/09/2019, URL : https://revues.univ-pau.fr/lineas/3395.

Quelques mots à propos de :  Lucas  Domínguez Rubio

Lucas Domínguez Rubio

Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Becario postdoctoral del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda perteneciente a la Universidad Nacional de San Martín (CeDInCI-UNSAM) | lucaslmdr@autistici.org| https://lucaslmdr.github.io